Mirando con incredulidad lo cotidiano, y buscando humanidad en lo “exótico”.

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ibarra, el sol, y nuestra sombra

foto:http://pr.indymedia.org

La saga de Villas del Sol continúa.  Ahora que (por fin!) la burocracia boricua se apresta para permitir el empapelado paso de los permisos de rigor, y así mudar a los vecinos del Villas del Sol a su nuevo espacio, le han asestado un nuevo golpe al Dr. Ibarra, prohibiéndole estar presente en la ceremonia.

¿Cómo así?

Los residentes de Villas del Sol representaban un problema para el gobierno, que a todas luces se disponía a sacarlos de allí.  De hecho en varias ocasiones les quitaron la luz y el agua.  Ibarra donó unos terrenos.  El gobierno puso trabas.  Ibarra insistió, y sectores del país le hicieron eco.  El gobierno alegó que no se podía porque los terrenos había que conservarlos. Ibarra riposta que se pueden permutar y así, voilá, el gobierno logra matar (¿dar vida?) dos pájaros de un tiro: conserva terrenos para el país y le da un hogar a un grupo de necesitados.

No debería ser tan difícil. Pero lo fue. Lo es, según relatan otros que han optado por dedicarle tiempo al cada vez más exótico asunto de ayudar a otros. [Pulse aquí para ver testimonios de Matria, Iniciativa Comunitaria y otros.]

Y digo exótico porque es complicado, y sus complicaciones, más que prácticas, son de carácter ideológico.  Alguna de esas trabas ideológicas son particulares al gobierno de turno – otras, tristemente, parecerían ser más masivas.  Al gobierno de turno (y a pesar de sus referencias ocasionales el “tercer sector”)  le molesta eso de la filantropía, especialmente si la misma es no-religiosa, independiente, apela a vocablos peligrosos como “justicia”, y resuelve cuestiones que le deberían tocar al estado,  desnudándolo como ineficaz.  O peor aún, derrumbando el discurso fatulo del “compassionate conservatism” que de compasivo no tiene nada y que los de acá han heredado de los de allá, usándolo de distracción para hacer poco o nada contra las necesidades reales del pobre y el marginado.

Pero eso más o menos lo sabíamos, y lo esperábamos.  La tendencia a mirar al pobre con pena pero sin intención alguna de ayudar, la convicción gubernamental de que  el pobre (y su familia) se merece su estado actual, la lógica ilógica de rescatar corporaciones grandes pero no gente pequeña, todo eso era evidente.  Pero a mí, lo que me ha estado angustiando últimamente son las expresiones colectivas de fobia al “otro”, enfocadas con especial ira en los pobres – y los extranjeros.

De hecho, y gracias a google, me he enterado hoy de que la fobia al pobre tiene nombre: aporofobia. En nuestro país, como he pensado en voz alta en este espacio, la fobia al pobre parece guardar una fuerte relación con la generación de una identidad colectiva, una “clase media” de leyenda, que el pobre, y sus espacios marcados como “de pobre”, amenazan.

En el caso de Villas del Sol, se añade un tercer elemento, una segunda forma de “otredad”, y el sentimiento que ella genera: la xenofobia.  Los comentarios de una parte del público, la prensa,y funcionarios gubernamentales giraban en torno a la “dominicanidad” de los vecinos de Villas del Sol, y la “mexicanidad” de Ibarra.

Por ejemplo, leamos la respuesta de un lector de la noticia de primera hora de hoy, que de hecho representa una especie de xenofobia “simpática” en el sentido de que alega sentir “pena” por Ibarra:

“Dr. Ibarra siento mucha pena por lo que le pasa, pero antes de hacer esa donacion debio, de haber pensado a quien le estaba donando ese terreno, la mayor parte de esa gente son dominicanos sin papeles en P.R. usted creo un monstruo si queria hacer algo bueno por la patria que lo acogio, debio haber viso quienes eran los residentes, esa gente asi son buscones, por que nadie con tres dedos de frente invade un terreno que no le pertenece. La proxima vez pienselo mejor o vallase a Mexico hacer la obra de caridad.”

Ahí está.  El problema, para este ciudadano o ciudadana, estriba en que 1)los pobres de Villas del Sol no son puertorriqueños e Ibarra tampoco, 2)la supuesta “dominicanidad” de los vecinos los hace ser unos “buscones”, 3)Ibarra debería hacer cosas por los puertorriqueños, que lo han acogido (y eso, que las campañas de turismo aluden constantemente a nuestra hospitalidad) y que si no cae en tiempo “ideológico” con el resto del país debe 4) irse.

El pobre y el extranjero, si se mantienen invisibles, no generan tanta fobia. Es cuando les da por querer hacer cosas que “no les tocan” que generan la manifestación colectiva de la fobia. Cuando a la abuelita del caserío le da por tener antena de satélite, por ejemplo.  Eso nos mata. Gesticulamos, chillamos, armamos lío.  O cuando al médico extranjero le da por llegar, ver el tranque entre los vecinos de Villas del Sol y el estado, y decir “que tal….que tal si en lugar de sacarlos a patadas y abandonarlos a su suerte les damos un terreno? yo tengo un terreno, yo tengo suficiente para vivir más que bien, me parece justo compartir…..”

Uf.  Un individuo que osa decirle al estado, con sus acciones, que no está haciendo su trabajo. Que más aún, parecería insinuar que las nociones de justicia con las cuales el estado opera (nociones como, por ejemplo, de que no era “justo” dejarles el agua conectada, aún en plena epidemia de influenza, porque no la pagaban, y eso lo dijo el gobe con su boca de comer) no son las adecuadas.  Que para colmo, se toma el asunto en sus manos, lidera con el ejemplo, y todo esto….¿de un extranjero? Mucho tardó, el castigo a Ibarra.

La xenofobia y la aporofobia parecerían ser parte de nuestra sombra, como diría el colega Mario Núñez siguiendo a Carlos Jung. Es decir, parte del conjunto de características que son contrarias a la imagen propia, que percibimos como negativas, pero que igual nos definen y generan acciones. Queremos pensarnos generosos, justos, hospitalarios. Puerto Rico lo hace mejor. Pero nuestras fobias nos revelan una historia más compleja.

Bueno, suelto el teclado. Pero no sin antes, desde aquí, y por lo que valga, aplaudir de metafórico pie, sacándome el metafórico sombrero, las acciones de Ibarra y las de todos aquellos y aquellas que día tras día laboran el ingrato ejercicio de hacer lo correcto, no por caridad sino porque es lo justo, lo que hay que hacer.

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Haití: La caridad y la otredad

Tal vez por aquello de ser antropóloga, o tal vez por preguntona, lo primero que sentí no fue la indignación, sino la pregunta:  ¿Por qué? ¿En qué estaban pensando los médicos que sonrientes, nos miran desde las fotos, cerveza o negra pierna de paciente en mano? ¿Qué motiva la sonrisa?  Y más extraño todavía, ¿qué motiva la foto?

Posiblemente sean hasta buenas personas, estos médicos que salen en las fotos.  Después de todo, fueron allá a ayudar.  Pero las fotos revelan algo turbio.  O lo confirman, porque suele haber turbidez en todo lo que tenga que ver con la forma en que el mundo trata a Haití. Aún en medio del ejercicio de la  caridad.

Busqué en la prensa y en facebook, donde empezó el escándalo.  Pero no encontré muchas respuestas.  Encontré sólo indignación.  Probablemente justificada, dicho sea de paso.  Una mujer semi-desnuda a quien le suman, encima del vejamen de la semi-desnudez y de la tragedia de la amputación inminente, la humillación de la fotografía.  Tal vez no la ha visto, tal vez no sabe que la han fotografiado, pienso, para consolarme un poco.  Pero entonces es peor, me riposto. Si ni siquiera sabe, si no tuvieron la decencia de pedirle permiso, de avisarle, entonces es peor…

Veo otra foto, ésta de un niño, o niña.  Un cuerpito amputado. Me pican los ojos, se me anudan el alma y la garganta, me siento culpable..no sé exactamente de qué, pero de algo. Cierro los ojos, aprieto next.

La foto que le sigue no contiene ningún haitiano.  Sólo el médico boricua, armado con un rifle y una sonrisa.  Y sigo sin entender por qué (¿por qué tiene un rifle? ¿por qué sonríe?), pero empiezan a tener algo de familiar.  No tanto las fotos como las sonrisas.  ¿Donde he visto sonrisas como esas antes?

Varias respuestas vienen a mi mente.  1.  En el escándalo de Abu Ghraib, las sonrisas de los soldados que martirizaban a sus víctimas iraquíes y que posaban junto a ellos en situaciones que dejaban clara la diferencia de poder entre prisionero y soldado.  2.  En las fotos que los que visitan zoológicos suelen tomarse al lado de las jaulas, especialmente aquellas cuyos huéspedes son pensados como particularmente peligrosos (tigres, leones, culebras) o, tal vez con mayor frecuencia, particularmente graciosos (delfines, chimpancés, avestruces.) 3. Los turistas colorados que se toman una foto cerca del “nativo” del lugar que visitan.

Todas esas situaciones tienen en común una combinación particular de dos seres:  Uno, dueño de la cámara o amigo/cónyuge/colega del que la porta, que sonríe para la audiencia que de seguro verá la foto y que él/ella conoce, porque será él/ella el que la enseñe; Otro, tal vez invitado, tal vez no, por el primero, tal vez sonriente, tal vez no, tal vez consciente de ser fotografiado, tal vez no,  un ser asumido como un “otro”, como “diferente” de alguna forma fundamental, intrínseca, un “otro” que no le mostrará la foto a nadie porque no es dueño de la cámara, ni de la situación.

Claro que las tres situaciones que resumí arriba son, moralmente, distintas.  La sonrisa del soldado en Abu Ghraib que encadena al prisionero como un perro, o que lo obliga a posar, desnudo y en abierta violación a lo que su religión (la de la víctima), su ideología (la de la víctima) , le indican como correcto, es moralmente mucho más grave que el visitante que se toma una foto al lado del delfín o del chimpancé del Zoo, o que la del turista que se toma una foto al lado de un nativo que al final del día, quizás hasta esté de acuerdo.

Pero las tres ejemplifican una sonrisa que sugiere la satisfacción, el regodeo, de un ser relativamente acomodado, móvil, viajero, visitante, guerrero, que posa, feliz, junto a alguien a quien considera no solamente distinto, sino de alguna manera inferior.  Porque si pensáramos a ese “otro” como un igual, le pediríamos permiso, le ofreceríamos una copia de la foto, tendríamos un cuidado, un respeto, que ninguno de los ejemplos indica.

(Una excepción aparente: Las fotos que se toma la gente con los artistas, o las figuras políticas.  Ahí suele también haber sonrisa, pero no la sonrisa que genera la situación que aquí estoy describiendo.  El artista o figura pública no es menos poderoso que el dueño de la cámara, es dueño de la situación, y es equivalente a un monumento, una maravilla.  Típicamente es objeto de la admiración del que toma la foto.  Es percibido como un “otro”, pero superior, no inferior.  Y la sonrisa resultante es distinta, aniñada, agradecida.)

El escándalo de los médicos enviados por el Senado a Haití se parece, más que a ningúna otra foto, en el contenido, en las sonrisas, al de Abu Ghraib. Distinto, sí, en que después de todo no estaban torturando sino curando, aliviando, al “otro”, pero parecido en la sensación que la fotografía produce en el que la mira.  Hay alguien sufriendo y hay alguien feliz en la misma foto. Y el que está contento domina la cámara y la situación.  La diferencia racial le añade otra capa de desazón al asunto – el feliz tiene la piel más clara que el sufriente. Y no sabemos si el sufriente sabe de la foto, o si le importa. De hecho del sufriente no sabemos nada, es un prop, un signo, un espectáculo, dentro de una escena donde el protagonista, el que tiene nombre y profesión, es el doctor.  Del sufriente sabemos sólo que sufre.  Se le ha negado su historia, su humanidad, su protagonismo. Podría ser cualquiera de los tantos amputados, víctimas del terremoto, de la esclavitud, de los bancos internacionales, de la globalización, de los tiranos locales y mundiales, de la indiferencia, del racismo, del desinterés.  El primer país del mundo en abolir la esclavitud, castigado y maldecido para siempre por tener el descaro de tomar esa abolición en sus manos, en lugar de esperar por la generosidad y la diplomacia blancas.

La caridad es mejor que la indiferencia.  Pero aún en medio de la caridad afloran, como un burbujeante precipitado químico, inesperado pero inevitable, las ideologías que rigen nuestra actitud (y la del mundo) para con Haití.

Posdata:  Me quedé pensando en este post mientras hacía otras cosas y entré de nuevo para aclarar algo que me parece importante: Esta entrada examina otro ángulo – la idea de que el tipo de foto mostrada (especialmente las que contienen pacientes) son sugestivas de esa perpetua otredad, de ese racismo, de ese desprecio, que el mundo ha mostrado por el pueblo haitiano por tanto tiempo, y que muestra aún mientras lo ayuda.  Que el paciente haitiano no merece la misma privacidad, o seriedad, que el paciente común y corriente. Que sentimos simpatía pero nos quedamos  cortos en empatía.

No creo que estos médicos merezcan un castigo que anule sus carreras o afecte radicalmente sus vidas.  No los acuso por beber cerveza (yo probablemente me hubiera bebido varias, después de un día trabajando en una tragedia como esa) o por lo que algunos en internet están llamando, con desprecio, “fiestar” en plena tragedia.  De hecho me parece que con todas sus faltas, el médico que opta por irse a Haití a ayudar de gratis es digno de admiración-después de todo, la mayoría de nuestros médicos se quedaron acá, algunos haciendo muchos chavos.  Quizás, si hubieran sido parte de un contingente más experimentado, como el de Vargas Vidot, esto no hubiera pasado.  Ojalá que los que salen en las fotos sigan cultivando la generosidad que mostraron al tomar la decisión de ir a ayudar,  y que a la vez opten por examinar sus prejuicios -ellos, y nosotros.  Ese, y no el castigo,  sería el mejor resultado de todo este episodio.

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picada de ojos: Fortuño vs. Obama, 2012

palinamd_fortunoLa versión en línea del Primera Hora de ayer miércoles cita una noticia de Prensa Asociada que a su vez hace referencia a una columna de Newsweek que, dice el PH, menciona a Fortuño como posible compañero de papeleta de Palin. Cuando se me pasó un poco el susto, busqué la columna original de Andrew Romano en newsweek.com.  Parece, en primer lugar, que en la cadena formada por Newsweek, AP y PH pasó un poco como en ese juego de niños donde alguien dice un mensaje al principio de la fila, se lo pasan de oreja a oreja y al final llega convertido en otra cosa.  Porque la columna original, titulada Absurdly Premature 2012 Watch…the Governor or Puerto Rico…for President? de lo que habla es de Fortuño como posible candidato (sin la Palin) a la presidencia.

Ahí me volvió el sobresalto.  Pero yo soy de esos desafortunados seres que cuando más se asustan es cuando más tienen que mirar – de los que por ejemplo, tienen que examinar la aguja, con los ojos bien abiertos, mientras les sacan la sangre en el laboratorio clínico.  De modo que seguí leyendo.  Y escribiendo esto, para compartir con ustedes mi alarma así, en “real time”.  La columna de Romano, que empieza por reconocer abiertamente y desde el título mismo lo absurdo que resulta discutir candidaturas republicanas con tres años de anticipación, relata lo que constituye, fundamentalmente, un chisme interesantísimo, un faranduleo político encantador.  El hombre divide a los posibles candidatos a presidente en cuatro categorías – los evidentes (gente como Romney y Huckabee), los “wild cards”, como Palin o Gingrich, los “long shots” (republicanos prominentes que podrían correr, si quisieran), y…Fortuño.

¿Por qué Fortuño? Porque se lo mencionó personalmente al autor, como posible candidato, un personaje de nombre Grover Norquist, muy mentado e influyente en círculos republicanos, que entiende que Fortuño podría surgir rápidamente como un candidato nacional viable, y que ha logrado cosas “impresionantes” en Puerto Rico:

“He could pop up on the national level like that,” said Norquist, snapping his fingers. “I’m very impressed with both his presentation and what he’s accomplished so far.”

¿Quién es este señor Norquist? Es un republicano firmemente ubicado a la derecha de la derecha, emisor de la famosa cita “Yo no quiero abolir el gobierno [federal].  Simplemente deseo reducirlo a un tamaño que pueda arrastrar hasta el baño y ahogar en la bañera. (“I don’t want to abolish the government. I simply want to reduce it to the size where I can drag it into the bathroom and drown it in the bathtub.”)  Su causa más sonada ha sido la reducción del gobierno y de los impuestos utilizados para sostenerlo, y es el autor del libro Leave us alone: Getting the government’s hands off our money, our guns, and our lives.

¿Y por qué esta persona está “impresionada” con Fortuño?  Porque, dice Romano en la columna, Fortuño ha logrado utilizar efectivamente el estímulo que resulta de las políticas de “big government” de Obama para hacer todo lo contrario – recortar la nómina gubernamental. También, dice Romano que le dijo Norquist, Fortuño aprovechará que tiene una “legislatura republicana” (ejem…reality check para la mayoría de los legisladores, que se pensaban demócratas) para pasar dos medidas más, al gusto de sus colegas en el continente: Un proyecto de “school choice” (léase privatización del sistema de educación público) y otro de “reducción del tope de impuestos” a los que más ingresos generan.

El autor de la columna deja claramente establecido que la idea de Fortuño como candidato es lo suficientemente remota como para salirse incluso de la categoría de “long shot”.  Pero una cosa es clara: Las políticas públicas y las ideologías que aquí están haciendo a Fortuño cada vez menos re-elegible en unas elecciones boricuas son dulce carnada para la extrema derecha norteamericana, que ha demostrado ser capaz de aceptar como parte del club a políticos minoritiarios ultra-conservadores (¿se acuerdan de Condoleeza Rice? ¿y de Alberto González?) y que necesita caras nuevas y jóvenes con bocas que emitan mucho la palabra “cambio”.

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los nuevos “joscos”

sotomayorLa candidata de Obama, Sotomayor, recientemente ha tenido que responder preguntas bastante..raras, por lo general enlazadas unas con otras en surreal y disparatada cadena racista-sexista.  Esta señora tiene una trayectoria políticamente centrista y jurídicamente conservadora.  Sacándole el binomio etnia-género a su perfil, éste sería absolutamente aceptable para los senadores estadounidenses en un gobierno de consenso.  Pero es evidente que la etnia y el género los ponen nerviosos.  [Puede ver una de esas secuencias de preguntas, sobre el "temperamento" de la juez, particularmente desagradable pero muy ilustrativa del tipo de interrogatorio al cual estuvo sometida Sotomayor,  aquí, y leer sobre otras secuencias sobre su supuesto "racismo"  acá].  Las preguntas (generalmente opiniones, más bien largas y no muy articuladas, disfrazadas de pregunta) delatan un sensación de incomodidad, que los comentaristas atribuyen (correctamente, me parece) a la etnicidad y género de la candidata.

Esa es la palabra clave.  Incomodidad.  Unease. Es distinta del racismo/sexismo tradicional, porque no se manifiesta o se activa sencillamente con la presencia del objeto que se tiene, consciente o inconscientemente, en poca estima (el negro,la mujer, el árabe) sino más bien cuando el objeto en cuestión se pone “parejero”, upitty. Cuando (con frecuencia, e irónicamente, como resultado de seguir las reglas del juego impuestas por el grupo que lo desprecia) a la mujer latina o al hombre negro les dá por hacerse de una carrera ilustre, saltan un montón de obstáculos, y adquieren (horror de horrores) poder político.  A esa mujer o hombre latino/a o negro/a (en cualquier combinación) les toca entonces hacer malabares de diplomacia.  El hombre negro tiene que ser particularmente suave, softspoken, y mesurado, para no agitar estereotipos de “negro violento” en las mentes de los amables blancos que lo rodean.  La mujer latina tiene que seguir una línea jurídicamente conservadora porque si no, será “acusada” (y sí, es una acusación) de liberal.

[Esto aplica a otras minorías también: el hombre y la mujer gay tienen que "disimular", ella llevar el pelo largo y aretes, él vestirse de manera evidentemente (pero no excesivamente) masculina, ninguno de los dos tener pareja en público, todo esto para lograr "aprobación" incluso de muchos de aquellos que alegan simpatizar con su opresión.  Obama está obligado a ser conciliatorio y a no subir la voz, cosa que McCain no tenía que hacer porque los señores mayores blancos sí pueden subir la voz.  Hillary tenía que ser de centro y hasta de derecha, militarmente halconesca, rotunda en sus decisiones - de otra manera se hubiera proyectado como "girlie". Pero volvamos a Sotomayor y la "parejería".]

En una columna reciente en el Washington Post, Eugene Robinson discute el parecido entre el caso de Sotomayor y el arresto reciente de Gates  justamente en estos términos.  Gates, al momento de su arresto, había dejado claro que era el dueño de la casa. Imaginen la escena: El policía blanco se encuentra un señor con bastón, que le dice (probablemente de manera grosera y a gritos) que esa es su casa y que se vaya pal….., de modo que lo arresta.  Lo arresta, no por pillo, sino por parejero.  Que no es lo mismo que decir que lo arrestó por arrogante – en ese vecindario, nos recuerda Robinson, encontrarse con un profesor que resulte ser arrogante  es como encontrarse con un jugador de baloncesto que resulte ser…alto.  No, señor.  Lo arrestó porque era arrogante y negro.  Porque esa combinación disgusta, porque la perdonan en el ámbito del entertainment (se la perdonan a los cantantes de rap) pero en el de la política, en ese espacio que define quién tiene más o menos poder y que le aplica tanto a la interacción con el guardia como al senado, no se perdona sin que el objeto de la incomodidad racista y/o sexista haga penitencia.

¿Recuerdan “Bagazo”, de Díaz Alfaro?  En una escena genial, y tristísima, el obrero (negro y a pie) de la caña, pobre y sin trabajo, intercepta a su superior (blanco y a caballo) para pedirle trabajo.  El otro le dice que no.  Entonces el obrero agarra la brida, para evitar que se vaya, para insistirle,  y escucha: “No sea parejero, suelte esa brida.”  Si usted es negro y pobre, en otras palabras, no se atreva a sujetar la brida del supervisor blanco, no ose interrumpirlo.

Lo mismo le están diciendo a Sonia Sotomayor.    Si usted es un juez blanco, hombre y de derecha, por supuesto que puede decir cosas como que su experiencia de vida es relevante y tiene algún papel que jugar en sus decisiones jurídicas.  Si usted es Latina y mujer, ni se le ocurra.  Quédese en el centro o mejor aún, en la derecha de los issues.  No mencione el barrio, ni el racismo.  Ni se atreva a hablar en español.  No interrumpa las larguísimas (y profundamente estúpidas, en muchos casos) “preguntas” de los senadores.  No sea parejera, suelte esa brida.

Imagen tomada de: WhiteHouse.gov,”Sotomayor Bio: Pictures from Throughout Judge Sotomayor’s Life“, commons 3.0 license.

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