Mirando con incredulidad lo cotidiano, y buscando humanidad en lo “exótico”.

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En peligro las becas Pell. En peligro el acceso a la educación superior.

Columna publicada en el Nuevo Día de hoy sábado.  Pulse aquí para visitar el original en endi.com.

Últimamente muchos se cuestionan el verdadero valor de un grado universitario. Pero lo cierto es que alcanzar un grado universitario aumenta las probabilidades de obtener un empleo, así como la calidad de vida, el salario promedio de un empleado y su potencial contribución al fisco a través del pago de impuestos.

Nuestros estudiantes puertorriqueños saben esto, y por ello se matriculan en grandes cantidades, cada año, en alguno de los programas universitarios disponibles en la isla.

En gran medida, pueden hacerlo gracias a la existencia de ayudas financieras, la más importante de las cuales es la beca federal Pell. Un total de 276,549 estudiantes en Puerto Rico reciben beca Pell, incluyendo dos de cada tres estudiantes matriculados en alguno de los recintos del sistema de la Universidad de Puerto Rico.

Pero las becas Pell corren peligro y el silencio de nuestros políticos con respecto a ese peligro no deja de asombrar. Hace algunos meses, nuestro comisionado residente, confiadamente, indicó que no habría recortes a la beca Pell. Sin embargo, en estos momentos, tanto la Cámara como el Senado estadounidenses discuten proyectos de presupuesto y muchos de esos proyectos, algunos con apoyo de ambos partidos, incluyen propuestas que cortan significativamente los fondos asignados al programa Pell.

El presupuesto aprobado por la Cámara recientemente reduciría significativamente la elegibilidad de la Pell y también reduciría el máximo de beca a $3,040 por estudiante por año. Eso es $2,010 menos que el máximo actual.

En Puerto Rico, ello implicaría que cerca de 22,000 estudiantes que hoy reciben beca Pell ya no serían elegibles y la perderían, y que aquellos que mantengan su elegibilidad experimentarían una reducción promedio de $1,881. Ello justo después de que la matrícula de la universidad menos costosa de la isla ha sufrido un aumento de $800 por año, y que la inversión promedio anual de un estudiante en libros de texto y materiales ronda los $1,137.

Tenemos un gobernador republicano y un comisionado residente demócrata. ¿Qué están haciendo ambos para evitar lo que a todas luces sería un desastre para la educación puertorriqueña?

 

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hyde?

…it was the best of times, it was the worst of times…empieza una gran novela de Dickens. Un poco así me sentí ayer, cuando ví, incrédula, las imágenes de una turba estudiantil atacando a la rectora de Rio Piedras.

Era una turba. No se trataba, me parece, del movimiento que he visto actuar en tantas otras ocasiones.  No sé si algunos de los actores eran los mismos. Tal vez sí, tal vez no.

Pero el movimiento es el que se reunió, una y otra vez, a conversar y debatir entre sí, a construir posturas concertadas, a hacer democracia desde abajo y hacia los lados, a exigir diálogo, a resistir pacíficamente, a inventar, escribir, comunicar, crear.  Ese es. Porque si algo ha aprendido el país de sus estudiantes, es la importancia que tiene pensar y discutir , en colectivo, para la democracia. Y de preservar los espacios para ello.

La turba es la que (frustrada) ataca y grita. La que le permite al oponente cínico asumir el high moral ground.  La que arroja objetos, la que ataca a su enemigo con las armas que lleva ya algún tiempo repudiando.  Con las que todos debemos evitar.

Con toda mi alma espero ver de nuevo al movimiento. Para turbas-ya tenemos a la legislatura.

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imagen y sonido

foto:r.alcaraz, diálogo digital

Estoy lejos.  Observo a través del lente de los medios (y de facebook, que se ha convertido en una herramienta muy  útil para obtener noticias rápidas, gracias a los amigos que generosamente comparten las noticias) lo que pasa en la universidad.

Es como un sueño.  Uno de los malos, claro.

La policía se concentra en los predios de la Yupi.  Y no sólo la policía así, a secas. También, tal vez especialmente, la policía a caballo, la policía de negro, y la policía rodeada de escudos gigantes, como soldados romanos, escudos para protegerse de…¿qué?

Pues de ese ejército temible de estudiantes sentados en el suelo practicando, tras entrenarse y anunciarlo públicamente,  desobediencia civil.  La policía se acerca, para que los sentados puedan sentir el aliento de los caballos, el nerviosismo de los cascos.  Los pellizcan con tecnología y técnicas que a saber desde cuando querían usar y para las cuales no encontraban el cuándo, o el quién.  Los empujan con escudos, se los llevan cargados, los arrestan.  Los persiguen por las calles de la capital.  Les compartamentalizan la protesta (con carteles designando zonas específicas para ello),  y luego les cambian las coordenadas en pleno asunto. Literalmente, he visto como mueven el cartel de lugar.

[En el recinto donde trabajo, han puesto el cartel lejos, muy lejos, de cualquier edificio universitario. Para que los protestones protesten al son de los coquíes y de los grillos.  Pero eso es otra historia.]

Al mirar la escena de lejos, se me ocurre que si yo fuera un alienígena, o al menos un extranjero bastante despistado, de momento me parecería que en la universidad hay un enemigo terrible.  La impresión, la imagen, estaría basada en la cantidad y variedad de policías.

Luego está el sonido.  Jerarcas policíacos que me aseguran que allí hay “puntos” para desarticular, y que hay que proteger estudiantes que sí desean tomar clases; Administradores universitarios que justifican la locura de la intervención militarona apelando a las acciones violentas de unos misteriosos encapuchados, acciones que al parecer, todo el mundo desaprueba.

Pero el caso es que a la hora de arrestar, no hay encapuchados, casi nunca arrestan a los encapuchados, a menos que sean Tito Kayak, porque a ese siempre lo quieren arrestar, sino que parecen preferir, en eso de los arrestos, a muchachos y muchachas comunes y corrientes, desarmados, capturados mientras hacen cosas tan inofensivas como hablar por megáfonos o repartir papelitos.  O sentarse en el suelo.

Entonces, piensa el extranjero o el alienígena, o la bloguera, entonces se trata de otra cosa.  Se trata de enviar muchos policías para crear la impresión de que allí, en la Universidad, hay un terrible enemigo del pueblo (porque ¿para eso es la policía, cierto? para proteger al pueblo?), y se hace mucho ruido, se habla en los medios de la gran amenaza que son los estudiantes, para hacer la imagen más creíble…Como en las películas baratas, donde de repente se oscurece la escena, para entrarnos el susto por los ojos, y simultáneamente suena la música siniestra, para entrarlo por los oídos…

Imagen y sonido, para beneficio del ciudadano común con algún interés en hacer democracia más allá del ocasional voto, y que se está quedando esgalillao y bruto tratando de reaccionar al karso, el gasoducto, el corredor, la universidad, el colegio de abogados, el tribunal supremo…

Mientras tanto, en esa curiosa contracción del espacio que el internet y la posmodernidad permiten, tengo el New York Times abierto en otra pantalla y busco entender lo que ocurre al otro lado del mundo, en Egipto, donde las intensas protestas han recibido una reacción sorda y represiva por parte del estado.  Y, tal vez porque están las dos pantallas abiertas a la vez, Egipto se siente, de repente, muy cerquita, y suena terriblemente familiar.  Un miembro del partido oficialista egipcio confía en que el cansancio les dará la victoria.  Otro habla de “ley y orden” para justificar sus acciones.  Otros acusan a los protestones de ser pocos, o de ser un sector con intereses ideológicos particulares.  Amenazan con arrestos.  Mientras tanto, las libertades democráticas son erosionadas en nombre del orden, y las tropas traen el desorden de la represión a la calle.

Los periodistas que escriben el artículo recuerdan la pelea en los setenta de M. Ali contra George Foreman, en donde Foreman daba golpes, golpes, golpes, peleaba solo, y Ali esperaba…hasta que Foreman estaba débil, exhausto.  Y entonces Ali lo noqueó.

A todo esto, el presidente de la UPR anuncia, orgulloso feliz, que “el 94%” de los estudiantes se ha matriculado.  51,000 estudiantes. Claro que eso no es el 94% de los estudiantes que estaban matriculados el año pasado, no: es el 94% de los pre-matriculados.  De modo que la alegría del presidente me resulta bastante insólita (sí, mi capacidad para sorprenderme todavía, a estas alturas,  le puede estar resultando insólita al lector.) Pero es que 51,000 estudiantes es 14,000 estudiantes menos que los que había. La UPR ha perdido aparentemente 14,000 estudiantes. Casi llegan a los 50,000 que la Junta de Síndicos calculaba y quería, no hace mucho.  No es que la van a romper-es que ya la están rompiendo.  La UPR, según esos números, ha perdido sobre el 20% de sus estudiantes. Eso es una buena noticia ¿para quién? No para mí. No para el país.

Es como un sueño. Uno de los malos, claro.

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el hábito de maría

Conozco a un niño de trece años que podría, estoy segura, ser científico, o ingeniero, o filósofo. Y que querría serlo. Para ello, tiene que ir a la universidad, por supuesto. A la mejor posible. Pero no sale bien en sus clases, y no salir bien en las clases, cuando ocurre con demasiada frecuencia, tiene un efecto cumulativo que las más de las veces se traduce en un final infeliz.

Mentí, arriba, cuando dije que conocía uno. En realidad conozco muchos y muchas como él. De ojos y mentes brillantes, pero experimentan dificultad para hacer el trabajo de álgebra, o para leer el libro. Se frustran por ello.

Algunos dejan la escuela. Suelen ser pobres. ¿Por qué? No estoy segura. Pero creo que para las clases media y altas existen más mecanismos sociales de protección. Que cuando el hijo del médico, o de la abogada, o del profesor universitario, tiene problemas de lectura en segundo grado, algo se hace, y se hace pronto, y si no funciona, se hace otra cosa.

[En este punto, el lector podría decirme, ofendido, que las dificultades de aprendizaje y la deserción le ocurren a cualquiera, independientemente de su clase social. Y le contestaré que tiene toda la razón, pero que es más probable que le ocurran a los que nacen en desventaja socio-económica. A medida que uno asciende en los indicadores de clase, más raro ("raro" de "improbable", no "raro" de "weird") se torna el problema de aprendizaje que desemboque en fracaso escolar.]

Llevo varios años trabajando con un proyecto que se dedica a entender y atender la desigualdad educativa. A través del tiempo, muchos me han dicho, a modo de consejo y con mucha razón, que parte del problema educativo estriba en que el aprendizaje escolar necesita hacerse mas atractivo, más divertido, y es cierto. Por ello hemos incorporado giras, juegos, y demás.

Pero hoy creo que hay algo más. Algo más simple, y más antiguo, y más importante, y menos de moda, y más difícil de implementar. El hábito de María. Quiero intentar articularlo aquí, con ustedes, en el blog.

Tharp, bailarina, coreógrafa y autora de un librito que se llama The Creative Habit, nos recuerda que para poder componer piezas geniales, el gran Mozart tuvo primero que practicar sus escalas, y tuvo hacerlo habitualmente. ¿Qué quiere decir con ello? Quiere decir que el talento, aún el talento genial, necesita de la destreza para poder manifestarse. Para convertirse en virtuosismo.

Nacemos con talento, pero no con destreza. La destreza hay que practicarla, habitualmente, mucho, hasta que se convierte en parte nuestra y nos permite entonces usar el talento para construir, para crear, la cosa que sea: la nueva receta, el puente, la fórmula química, el argumento legal, la estrategia de negocios, la novela, el plan para la familia, o el país.

La importancia de la práctica es universal, pero resulta tal vez especialmente visible en los casos famosos, o extremos, como bien describe Gladwell en Outliers, cuando nos cuenta de las diez mil horas, aproximadamente, que pasaron talentos famosos como Bill Gates y los integrantes de Los Beatles cultivando, en relativo anonimato, sus destrezas.

Pero de vuelta a los nenes puertorriqueños: ¿Cómo pretender que el jovencito lea y disfrute una novela, si cuando niño no practicó la destreza cotidiana de sonar sílabas y luego palabras y luego oraciones hasta que sonarlas le resultara tan natural, tan automático, que su mente comprendiera el lenguaje directamente, que su cerebro le metiera un bypass a la mecánica de la lectura y fuese directo al significado? ¿Cómo lograr que la muchachita domine el álgebra, o la geometría, si tiene que realizar las operaciones aritméticas más bobas con los deditos, contando para sumar, sumando para multiplicar, porque no se aprendió las tablas? Hay unas cosas que hay que practicar, unas destrezas básicas que son lo que son las escalas para los músicos: Hay que dominarlas, al derecho y al revés, sin pensar, temprano en el juego.

[Se ha indignado de nuevo mi lector. No me diga que si el muchacho no lo aprendió en elemental no lo aprenderá nunca, me regaña. Y le sonrío de nuevo, y le digo que tiene toda la razón, y que por supuesto que estas cosas pueden, y deben remediarse en el grado en que se descubran, aunque ello implique practicar lectura en séptimo grado o repetir obsesivamente las reglas para manejar fracciones en la universidad. Hay que hacer lo que hay que hacer. Esto es un poco como dejar de fumar, para evitar el cáncer, aunque uno lleve décadas fumando. Siempre es mejor no fumar que fumar. Pero es mejor nunca empezar. Y en la educación, lo más efectivo es practicar "las escalas", la lectura básica, las tablas de multiplicar, cuando todavía son niños, y no se enamoran de otros estudiantes, no piensan en cortar clases, quieren complacer a uno, tienen mucho tiempo libre, y (ad)miran al mundo y al maestro con ojos grandes de asombro...]

Para poder optimizar su talento, para crear un mejor país, nuestros niños tienen que ‘practicar sus escalas’. Cosas como lectura, aritmética, puntualidad, esfuerzo. Mucho. Habitualmente. Y cuando pienso en eso, me acuerdo de María.

En nuestro trabajo con jovencitos de escuelas mayaguezanas, los tutores se sorprenden cada semestre, al ver mentes alertas, equipadas, buenas, talentosas, teniendo, consistentemente,  los mismos problemas: En clases donde se trataba álgebra o geometría, las dificultades tenían raíces aritméticas, como multiplicar, o manejar fracciones. En las clases (¡todas!) que dependen del lenguaje, se trataba de un problema de comprensión de lectura, de saber sonar la oración pero no procesarla, comprenderla, porque para comprender, la lectura como sonido tiene que ser automática.

María es una maestra, hoy retirada, famosa en su pueblo porque no se le escapaba uno: Le enseñaba a toditos y toditas a leer. Era maestra de primer grado, y esa meta de que todos leyeran era su desafío personal, todos los años. Todos los niños, todos los años. Hoy su hija Olga emula ese ejercicio en su propio salón de clases, en otra materia, en otro pueblo. Y creo que la nieta también va por ahí…

María no se leyó a Tharp, pero me consta que conocía muy bien la importancia delhábito, porque se la aplicaba a sí misma. Se levantaba todos los días a la misma hora, iba al trabajo (casi nunca faltó), y le metía consistencia, talento, destreza, ganas.

Por las noches, en su casa, hacía planes.

Sus planes cambiaban, a través del tiempo, porque María, reconociendo su labor como una profesión creativa y su ejercicio cotidiano como un arte, asistía regularmente a talleres de educación continua. En el fondo, no creo que le hicieran falta esos talleres, estrictamente, en términos de contenido; pero ella les sacaba el jugo, y aplicaba lo aprendido en sus planes.

Esa actividad cotidiana de los planes me dice mucho de su disciplina, de su humildad y de su optimismo. Porque cuando usted cree que se las sabe todas, usted no hace planes. Cuando usted no cree que puede, con sus acciones, transformar estudiantes porque ya llegan a su salón de clase fundamentalmente forjados, destinados a lo que sea, usted no hace planes. Si no hay esperanza, no hay
planificación.

[Mi lector imaginario vuelve a indignarse. Y ésta qué sabe, murmura.]

No mucho, le contesto. Pero soy maestra. En mi caso es tal vez más fácil la cosa, porque mis alumnos suelen ser adultos o estar por ahí, en la víspera de serlo. Pero conozco muy de cerca la tentación de la arrogancia o la desesperanza, de enseñar en la modalidad de “salir del paso”, de no hacer el esfuerzo máximo para transformar mentes y vidas porque asumimos que los estudiantes llegan hechos, forjados, destinados, que el que va a aprender aprende y que el que no, pues no, independientemente de lo que hagamos. Y he sucumbido a esas tentaciones del pensar y del sentir más de una vez.

Y resulta que el país esta en crisis, “crisis” en plural, y que una de las crisis principales es la educativa. Las areas de acción para atender la crisis son, por supuesto, muchas, y a todos los niveles educativos. Pero un espacio humilde, poco mencionado, tiene que ser la práctica habitual e intensificada de destrezas básicas, como aritmética y lectura, en escuela elemental. Porque sin esas dos formas de hábito, el aprendizaje y la creación posteriores, profesionales, ciudadanos, son prácticamente imposibles.

[En este punto se vuelve a ofender mi lector y me cuenta, muy indignado, que su abuelito es analfabeta y que sin embargo es un excelente, inteligente y muy activo ciudadano. Pues felicite a su abuelito de mi parte, le digo. De regreso a la metáfora del cigarrillo: Conozco a un abuelito que fumó por ocho décadas y no le dio cáncer y vivió hasta los cien años. Pero ya que hablamos de su abuelito, y que es un ciudadano activo e inteligente, vaya y léale lo que acabo de escribir: Apuesto a que su abuelito estará de acuerdo conmigo, porque ese abuelito extraordinario sabe que lo es no por no saber leer sino a pesar de ello. Tal vez, con acceso a una educación de calidad, su abuelito hoy podría ser mil cosas, incluyendo gobernador nuestro. Y tal vez, con su abuelito a la cabeza, el país estaría mejor que ahora. Pero no quiero salirme del tema. Mis cariños y respetos a su abuelito.]

Y mis respetos y felicitaciones a todos y todas las maestras y maestros como María. Ojalá se reestructure el sistema de modo que la labor de los maestros sea recompensada con mejores salarios y mayor reconocimiento y oportunidades de desarrollo personal y profesional.

Tenemos que ser más como María. La crisis educativa no es necesariamente culpa nuestra, lo sé. Y no intento culpar a los maestros- ¡hay tantos, tantos problemas en el país que hacen difícil el aprendizaje, y la enseñanza! Pero nos tocó, nos tocó atenderlo, con furia, con rabia, con intensidad, con amor. Todos los días, cultivando el hábito, la destreza, de la inocencia. Dije inocencia, sí, porque se requiere mucho optimismo inocente (que ojo, no es lo mismo que optimismo bobo) para creer que podemos transformar la vida del nene que viene de la comunidad deteriorada, o que vive en el hogar destrozado con adultos ya irremediablemente rotos, y para pensar que podemos transformarlo con las tablas de multiplicar y con la lectura cotidiana….

Pero hay que hacerlo, porque es nuestra mejor esperanza y la mejor oportunidad para que ese nene pueda imaginar, articular, construir un mundo distinto. Y porque a veces, hasta funciona. Tenemos que hacerlo con consistencia y celo. Crear y cultivar el hábito y la rutina de practicar destrezas para el pensar, con el hábito y con la rutina propios del enseñar con ahínco y con cuidado.

Con el hábito de María. Nos va la patria en ello.

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y aquí, en la oscuridad, un avestruz.

No me gusta la palabra “oscurantismo”.  De hecho la oscuridad me evoca todo tipo de adjetivos positivos: Apacible, tranquila, misteriosa.

Pero en estos días, y tal vez por aquello de que nos enseñaron a asociar la oscuridad con el medioevo, es imposible no hablar de oscurantismo.

Los signos están en todas partes: Nuestros líderes políticos cazan gárgolas, por ejemplo. GARGOLAS, esas criaturas más o menos demoníacas que servían como desagües y guardianes de los techos medievales.  No pueden cazar chupacabras, o alienígenas, o perseguir al comepantis de Gurabo, como antaño, no.  Cazan gárgolas.  Y estudiantes universitarios.

También prohíben libros. No los queman públicamente, es cierto, pero los prohíben.  Y no me sorprendería que los quemasen también, francamente. Los prohibimos por “obscenos”, porque hablan de sexo. Lenguaje y acción, por cierto, que también le imputan a los estudiantes universitarios.

Exhiben, además, una sospechosa fijación con los colores, las oraciones, y los galeones perdidos bajo el mar. Legislan para ponerle fecha al saludo y a la sonrisa. Y para castigar estudiantes universitarios.

Hablan de desarticular puntos y de castigar al criminal, y mientras tanto mueren más mujeres que nunca a manos de sus parejas reales o wanabí.  En un año de asesinatos récord, han decidido meter a la policía a la universidad.

¿A qué? A saber. Hablan de proteger vida y propiedad.  Pero toda la violencia reciente de la U parece ocurrir depués, y no antes, de la llegada de la policía pública o privada.  Estudiantes perpetrando actos tan criminales como..er…estar en el lugar incorrecto y aferrarse a él, han recibido patadas en los genitales y macanazos en las barrigas.  Padres que cometen la barbarie de..er…llevar almuerzo, regresan con la cara rota.  Rectores que deberían liderar el intelecto lideran en su lugar el ejercicio del anacronismo insulso, cuando justifican la presencia de la policía en un campus particularmente pacífico con la excusa de que allí “gente de izquierda”, como si la izquierda no fuese la mitad oeste del espectro político, sino una patología criminal particularmente peligrosa.

Aquí lo verdaderamente peligroso es el ensayo del despliegue de fuerza bruta contra la disidencia intelectual. Nos espera otro tanto cuando les recordemos que no estamos del todo de acuerdo con la idea de un gasoducto, o cuando sugiramos que el corredor ecológico necesita sus cuerdas de regreso, por aquello de que nos gusta el verde, y respirar…Ya existe una ley infame, que apodan ley “Tito Kayak”, diseñada para que protestar en una construcción sea un delito grave. Se aprobó, por cierto, a gritos y sin contar.  Muy apropiado, muy metafórico, eso de esquivar la aritmética de contar votos para favorecer la percepción subjetiva del volumen y premiar no al que pensó en mayor detalle sino al que chilló más duro.

Los avestruces de carne y hueso no entierran sus cabezas en la arena. Eso es un mito, una metáfora.  Pero si un alcalde puede buscar gárgolas y alienígenas sin perder su prefijo de Honorable, entonces yo puedo usar la metáfora del avestruz sin perder el caché, y así lo haré.  Todos los días, algún avestruz celebra, inocentemente, la presencia de la policía en la Universidad, por aquello de la ley y el orden, o acusa a los estudiantes de “empezar”, o habla de “dos bandos”, como si se tratase en efecto de dos ejércitos.  Y luego entierra la cabeza en la arena del oscurantismo. Le pedimos, por favor, que la saque, mire, y piense.  En ello nos va el país.

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peligrosa educación

foto:R.Alcaraz,Diálogo

No sé si pueda decir que es lo peor que ha pasado (¡después de todo, ha pasado tanto y tan rápido!) pero sí que tiene que estar entre lo peor de esta crisis: Figueroa Sancha anuncia en foros diversos su intención de abrir un cuartel en la UPRRP, y su deseo de que se haga lo mismo en cada recinto.

¿Por qué? Porque, nos dice, hay que “desarticular puntos de droga”.

Parecería que la policía no tiene nada que hacer. Que no hay crimen en el país.

Que nos acostumbremos, dice la rectora Guadalupe.  Que será  una relación armoniosa, dice el superintendente.  Que es necesario, dicen el gobernador del país y el presidente de la universidad, en siniestro stereo y con idénticas palabras.

Y eso pone a pensar a uno (y más vale que pensemos mientras se pueda, porque al paso que vamos…) en la cosmología, en la visión de mundo, que la solución del super, del presi, de la rectora y del gobe implica. Al menos en lo que se refiere a los ámbitos de la criminalidad y de la educación, ambos por cierto muy protagónicos en sus mensajes de campaña.

En año de asesinatos récord, usamos una cantidad considerable de efectivos de la policía (esa palabra, “efectivos”, siempre me ha resultado muy curiosa) para ocupar la universidad para “conservar la acreditación”, dice la rectora, y añade que “hay que acostumbrarse  a la presencia de la policía”.

¿Crisis en la universidad pública? Meter la policía ha sido la respuesta.  Ello a pesar de que todos los incidentes de violencia de esta crisis han ocurrido una vez aparece en escena la policía (pública o privada).  ¿Diálogo?¿Negociación? Ni pensarlo. La mano dura contra esos comunistas peludos, nos dicen los que mandan.

El mundo parece que está lleno de peludos comunistas, últimamente, a juzgar por las protestas de universitarios en Londres, Grecia, Irlanda, California…Eso, o tenemos que descartar el discurso ajado de la guerra fría y comenzar a articular más seguido lo que pasa en Puerto Rico como parte de un fenómeno global en donde la educación pública, y las premisas morales que la sostienen, están bajo asedio.

Un estudio de Estudios Técnicos para Fondos Unidos, citado en La Pobreza en Puerto Rico (L.Colón)  indica que entre las víctimas de homicidio en Puerto Rico, poco menos de la mitad tenía menos de noveno grado aprobado. ¿Los victimarios? 59% tenía noveno grado o menos. De sobre 1,000 expedientes examinados, solamente 7 tenían bachillerato.

Parecería entonces que tenemos que utilizar la educación para combatir la criminalidad. Pero en lugar de eso, estamos usando a la policía para criminalizar la educación.


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Picada de ojos: la upr y la brega “chicky starr”

Un buen número de partes de prensa (pulse aquí y aquí para ver algunos) resume hoy las últimas noticias de nuestra Universidad.  Los empleados de Capitol (compañía de seguridad privada) vinieron de noche a arrancar los portones de la YUPI.

Y así, a primera vista, podríamos pensar sacar los portones no está mal…Yo estudié mi doctorado en una universidad de Estados Unidos que no tenía portones, sino que participaba de una estética distinta, donde el campus se fundía con la ciudad.  La guardia universitaria ayudaba a patrullar la ciudad, la guardia citadina entraba y salía si le daba la gana, etcétera.

Pero lo que pasó anoche es muy distinto. Timing is everything, dice un refrán estadounidense,  y location location location, dice una de las reglas de bienes raíces de esa misma etnia…

Lo que pasó anoche sería hasta pintoresco, si no fuese tan triste y peligroso.  Aparentemente fue una reacción al hecho de que los estudiantes del recinto de Rio Piedras, reunidos en asamblea, han decidido irse a huelga si la administración insiste en la imposición de la cuota.

(¿Que usted no quiere la huelga? Pues por favor, no deje de leer.  De hecho me parece que la inmensa mayoría de los estudiantes “huelguistas” tampoco la quieren.  A nadie le conviene un cierre. A nadie. Pero este enorme lío NO puede definirse como una decisión en contra o a favor de la huelga. Ese “framing” dicótomo de “anti-huelga” y “pro-huelga” [ver algo sobre el uso del  "framing" para romper la universidad apretando aquí] resulta fatal para el entendimiento y la acción colectivas. Este asunto tiene que pensarse como el asunto complejo que es, y el movimiento de resistencia como el movimiento complejo que es con los obstáculos complejos que enfrentan.)

Seguimos con el cuento. Con la decisión estudiantil, pasaron varias cosas interesantes. Una, que en algunos recintos tomaron una decisión parecida, pero en otros no. Otra, que un grupo de profesores presentó una propuesta, titulada ‘sumando ganamos todos’, que tiene las siguientes características: Todos los sectores universitarios sacrifican algo (los estudiantes pagan una cuota más pequeña, los profes y empleados renunciamos a un aumento ya acordado, recortamos unos gastos adicionales en la U) y el gobierno reconsidera la decisión, a todas luces errada, de quitarle chavos a la U que tomaron con la Ley 7, y le devuelve fondos.  En otras palabras, un grupo de profesores presentó una propuesta que aunque imperfecta, como cualquier otra propuesta, está pensada, bien planteada, y preparada con cariño y cuidado.  De hecho, los estudiantes habían presentado una igualmente cuidadosa y trabajada, el 29 de noviembre, que puede leer pulsando aquí.

O sea, que tanto estudiantes como profesores habían presentado propuestas en las que evidentemente gente inteligente ha invertido tiempo y esfuerzo.  En otras palabras, se habían comportado como universitarios.

Por su parte, la administración ha hecho lo siguiente:

  • Celebrar las becas de la legislatura, a sabiendas de que la legislatura está atrasadísima en sus pagos de la ya existente beca legislativa y renunciando a su deber fiduciario real, que debería ser exigir que esos dineros (35m) le sean otorgados a la Universidad directamente y utilizados para reducir el monto total de la controversial cuota estudiantil (40m).
  • Prohibir las patinetas y las protestas en la mayor parte de los espacios del campus de la YUPI.
  • Rehusarse a sentarse a dialogar con los estudiantes. Decir que sacarían huelguistas “a patadas”.
  • Ignorar el planteamiento de los profesores.
  • Llamar a Capitol Security, compañía de seguridad dirigida por el famoso Chicky Starr, que aparentemente no deja de “bregar chicky starr” aunque haya cambiado de profesión, y ponerse a arrancar portones. Chicky Starr cuelga un anuncio en FaceBook donde solicita hombres dispuestos a hacer el trabajo por 10 pesos la hora. Y con la tasa de desempleo trepada en sobre 20%, no me extraña que hayan conseguido voluntarios rápidamente.
  • Hacer llamados al “respeto y a la tolerancia”, mientras aumentan la seguridad privada, elaboran nuevas prohibiciones, y evaden los reclamos de diálogo.
  • Llevarse una muchacha arrestada por “agresión”. ¿Cuántos policías arrestaron por las patadas en los genitales, los golpes en la cara, los tasers, los tiros accidentales y las embestidas con gas pimienta? Jum.
  • Prepararse para lo peor.  Ygrí ha indicado que no tiene intención de dialogar, y que si se cierra la Universidad, se cierra. Se pierde la certificación. Se hiere de muerte la institución centenaria, tal vez la mejor inversión que ha hecho el país. ¿Y la Junta de Síndicos y el presidente? Pues bien, gracias.

Cualquier administración universitaria normal, en casos como este, se sienta a dialogar con los constituyentes, pronto.  Más aún cuando existen dos propuestas concretas, pensadas, académicamente responsables, que pueden utilizarse como punto de partida.

¿Por qué? ¿Por qué la administración que se supone vele por los intereses de la UPR sigue en un curso de acción que a todas luces nos lleva hacia la confrontación y la erosión de la calidad institucional, de su relevancia para el país, de su capacidad de ayudar a Puerto Rico?

La respuesta es compleja, y he escrito un poco sobre ella aquí y aquí. Pero una parte importante de ésta estriba en la cuestión moral. Me refiero a que en este momento, la prioridad de los administradores que prefieren tirar a pérdida la institución antes que reconocer que deben sentarse a negociar con los sectores que la componen, es CASTIGAR. No solamente porque en lo personal, puedan tal vez sentirse humillados por un movimiento estudiantil que ha mostrado más madurez y destreza política que los mucho mas poderosos “adultos” que enfrentan, sino porque el castigo como un rol central del estado tiende a cobrar fuerza, irónicamente, cuanto más “liberal”, o mas bien “neoliberal” económicamente es ese estado.

[Pulse aquí para una lectura buena sobre el tema, de Paul Treanor.]

Piense en las protestas en Seattle, o en Génova.  Las fuerzas policiacas en ambos casos resultaban francamente desproporcionadas. Su meta, claramente, era hacer un “show of force”, amedrentar, aplastar. No se trataba de proteger a los líderes mundiales que se reunían allí a hablar de negocios globales-se trataba de castigar a los protestones peludos, ambientalistas, izquierdosos del mundo por…atreverse a protestar.

Parte del prefijo “neo” del neoliberalismo viene justamente de esa cuestión que podríamos llamar “moralista”.  El neoliberalismo no es es sencillamente una doctrina económica, sino un deseo intenso, una ideología, una cultura, una doctrina que quiere intensificar y expandir el mercado a través del aumento, eterno, sistemático, tanto del número de transacciones comerciales como de la cantidad de cosas que se constituyen en “mercancías”.  Y necesita eso para alimentarse, porque está, curiosamente, predicado sobre la idea de que las economías pueden y deben “crecer” eternamente. (Cada vez que se le tranca el bolo a esa idea y la economía no ‘crece’ tenemos una “crisis”, y convertimos algo público en mercancía o nos inventamos una mercancía nueva-por ejemplo, privatizamos el agua potable y las ambulancias, o creamos los complejos aparatos financieros que causaron la crisis hipotecaria y los vendemos por ahí, causando la pérdida de hogares y la quiebra de bancos nacionales.)

Es por ello que los gobiernos como el nuestro, que creen con todas sus fuerzas en la primacía no solo económica sino moral de los mercados y por ende en la necesidad de que los ciudadanos entiendan el consumo (y no la libertad de expresión, o el acceso al conocimiento) como derecho primordial, creen tan ferozmente en la “ley y el orden”.  Cuando crece el neoliberalismo como ideología, crecen también las fuerzas dedicadas a la ley y el orden, de hecho en casos extremos (véase Chile, 1973-1990) se constituyen en la función principal del estado y se dedican principalmente no a la protección de los ciudadanos sino a la protección de los mercados. De EL mercado.

Y fue en ese contexto ideológico que en plena primavera, los muchachos y las muchachas huelguistas se tiraron a la calle, cerraron portones, se disfrazaron, cantaron, bailaron, cogieron cantazos, escribieron argumentos jurídicos, crearon un cuerpo de prensa independiente, publicaron columnas, hicieron blogs, abrieron y mantuvieron estaciones de radio, sembraron  huertos, y se asomaron por el capitolio en bonche a enterarse de las tramas sobre el presupuesto nacional, todo ello en nombre de preservar la (gulp) educación superior pública.

Por supuesto que hicieron enojar a esta adminstración universitaria, que no cree en eso de “lo público”, y que sí cree en la “ley y el orden”.  Pero el reclamo del país debe ser claro. No se trata de huelga sí o huelga no.  Se trata de que las propuestas de los profesores y de los estudiantes merecen interlocutores serios, y de que la universidad merece un mejor trato.  Merecen que no les breguen “chicky starr”.

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escribir y enseñar

(Writing to change the world: Mensaje de bienvenida a maestros y maestras K-12 participantes del Mayawest Writing Project.)

A mí me gustan mucho los paisajes esos que llaman “naturales”.  ¿A quién no? Las montañas, el mar, el bosque, la playa, el río, son parte de la fantasía cotidiana de nosotros los cyborgs posmodernos. (Cyborgs al fin, sin embargo, cuando finalmente los tenemos de frente en todo su esplendor azul o verde tendemos a pasar más tiempo sacándole fotos con el celular o dándole un “update” al facebook, algo tipo “en la playa!!!! al fin!!!!”, que admirándolos, pero nada.  I digress.)

Decía que me gustan los paisajes naturales, y los disfruto, pero hay otros paisajes, de mucho artificio, que son los que realmente me quitan el aliento.  Son los paisajes que salen de la mano humana, imaginados por humanos, construidos por humanos, y admirados, generación tras generación, por humanos.  Me refiero a las grandes catedrales, por ejemplo, o a las pirámides.  Esos monumentos inmensos, generalmente con algun fin religioso, y construidos con tecnologías mucho menos sofisticadas que las actuales.  Esas catedrales que nos sumen en una emoción que es contradictoria sólo en apariencia, en esa certeza simultánea de la grandeza del colectivo y de la pequeñez propia. Al verlos, al tocarlos, al estar en ellos, nos regodeamos en una humildad que surge de la conciencia de la inmensidad, del potencial, de la enormidad y el impacto que para bien y para mal ha tenido la gestión humana en el planeta.

Creo que algo así me ocurre, nos ocurre, con la palabra escrita. Mucho más que con la hablada, aunque la escribamos para hablarse.  Escribir es regodearse en el uso de unos materiales, las palabras, que son ideas y que a la vez nos permiten construir otras ideas, unos materiales que ni usted ni yo inventamos sino que han sido creados y refinados y destruidos y reinventados y maltratados y resucitados por generaciones y generaciones. Escribir implica mucho más que hablar. Escribir es componer. Es editar. Es refinar.  Es, al menos en potencia, fracasar y levantarse en cada línea, en cada párrafo.  Escribir es la brega cotidiana con una realidad que tiene que articularse para poder entenderse, o manejarse.  Escribir es regodearse en la grandeza humana y en la pequeñez propia.

Tal vez es por esa reverencia implícita en el acto de componer con la palabra escrita,  que William Maxwell escribió que “”Writing should be done on your knees.”

Y escribir cambia el mundo.

De hecho, en muchos sentidos, escribir hace al mundo.  La historia, por ejemplo, no es sino el récord escrito que les permite a las naciones y a los pueblos imaginarse a sí mismos y seguir haciendo historia.  Escribir puede ser un diálogo con el presente pero es a veces un diálogo, inimaginado, incierto, con el futuro. Cuando Anita Frank escribía en la intimidad de su escondite no pensó que sus palabras se convertirían en la crónica más leída de un Holocausto que ella ni siquiera llega a describir. ¿Por qué? Porque Ana nos habla, nos enternece, y se nos plantea en el ahora no como una persona muerta sino como una  interlocutora que vivió y que sintió.  “Silence remains, inescapably, a form of speech”, dijo, o mas bien escribió, Susan Sontag, y es ese silencio en el repentino final del diario de Ana el que mejor nos comunica la tragedia de la interrupción de una vida en ciernes. De tantas vidas.

Escribir nos permite entender el mundo, darle la vuelta, interpretarlo.  El escritor es metío, averigüao, e irreverente. Charles Baxter escribió que “If you’re a good writer, these days, you pay attention to the way that people don’t pay attention.”   La propia Susan Sontag, por ejemplo, se hizo famosa por interpretar, magistralmente, su propia cultura como un texto inmenso, repleto de metáforas que nos sirven para imaginarnos a nosotros mismos-y a los otros. En particular, describe cómo enfermedades tales como tuberculosis, cáncer y SIDA son fenómenos tanto de la salud y de la medicina como del discurso y del simbolismo cotidiano, metáforas de cosas como sensibilidad, pasión y moral.

Escribir crea el mundo.  Dice Susan Sontag:  The truth is always something that is told, not something that is known. If there were no speaking or writing, there would be no truth about anything. There would only be what is.

No sé, sin embargo, si uno al final del día escribe para cambiar el mundo, o para crearlo. Seamos honestos. Uno escribe, tal vez, porque no hay de otra, porque uno es así. Robert Hass dice, en una cita muy citada, que “escribir es un infierno. No escribir es también un infierno.  El único estado tolerable es justo después de haber escrito.  “It’s hell writing and it’s hell not writing. The only tolerable state is having just written.” A mí esa cita me encanta. Aunque no estoy del todo de acuerdo. Para mí escribir es una fuente de trascendencia. No por el producto, necesariamente, sino por el proceso. Les cuento un poco del mío: Tengo una idea. La apunto por ahí para escribir después. En algún momento decido sentarme a escribir y no lo hago. Lavo los platos. Aclaro que detesto fregar, de modo que si lavo los platos para no escribir estamos en pleno denial. Me siento de nuevo a no-escribir. Me paro, baño el perro, me siento, corrijo exámenes. Me rindo. Visito la nevera, o la cafetería, dependiendo del hábitat. Como. Mas bien me harto. Tomo café. Temblando, regreso a no-escribir.

Y bueno, para preferir bañar al perro o consumir comida en nuestra cafetería uno tiene que estar bastante resistente a escribir, ¿cierto?

Esto quizás se debe a que, como escribe Brandon Dorn “The author’s task is to synchronize thoughts, images, raw creative material in a meaningful way, a task as difficult and frantic and joyful as herding cats.”

Pero en algún momento, pasa algo. Pasa que estoy escribiendo, y que me olvido de la comida, del perro, de los platos, de los exámenes. Me olvido de mí. Soy un río, un suspiro, un fenómeno, una cosa que me supera, una cosa que se llama humanidad, y que escribe.  Y en ese momento, soy muy, muy feliz.

Creo que los que escribirmos estamos un poco adictos, de la mejor manera posible, a esos momentos. Y no estoy de acuerdo con Hass. No son momentos o estados meramente “tolerables”.  Son felices, intensos, vivos.

Así que uno es escritor gracias  al infierno de escribir o de no escribir, al cielo de estar escribiendo. Uno escribe para la felicidad y para el denial, para uno mismo y para otros, para trascender el “uno” y reafirmar la humanidad del “muchos”.  Uno escribe a pesar de la frustración de no estar escribiendo porque ella es un pre-requisito para la intensidad de sí estar escribiendo.   Uno escribe para cambiar el mundo, criticarlo, construirlo.

Y esas son, curiosamente,las mismas recompensas de la docencia. ¿Por qué uno se convierte en maestro? Creo que es gracias al infierno de enseñar y  de no enseñar, y gracias al cielo de estar, de repente, en la felicidad total de la lección que fluye.  Uno es maestro por la felicidad y por el denial, para uno mismo y para otros, para trascender el uno y reafirmar la humanidad del “muchos”.  Uno enseña a pesar de la frustración de no estar transmitiendo el conocimiento porque sabe que esa frustración es pre-requisito para la intensidad del momento pedagógico. Uno enseña para cambiar el mundo, criticarlo, construirlo.

Estos talleres celebran la doble y feliz agonía de ser maestro y de ser escritor, de ser un escritor que enseña y un maestro que escribe.

Ambas vocaciones, la escritura y el magisterio, son tan poderosas que verlas juntas me hace pensar, un poco, en una de esas grandes catedrales.

Bienvenidos.

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otro encuentro

Pronunciado en ocasión del compromiso Pro Bono de los estudiantes de la Escuela de Derecho de la Universidad de Puerto Rico, 24 de septiembre de 2010.  Gracias por la invitación, y mucho éxito a todas y a todos.

Cuando me invitaron a hablarles esta noche, dije que sí rápidamente.  Dije que sí porque es un hermoso proyecto.  Pero confieso que hace pocos días, casi me arrepentí.  Yo quería escribir algo que los inspirara, que los animara, pero francamente, estos son tiempos sombríos, y todo lo que se me ocurría para escribir era igualmente sombrío.

En esas estaba cuando me llegó la invitación formal.  Al leerla, sentí que me animaba un poco.  Tal vez fueron las fotos. Las caras. El optimismo implícito. La acción. Pero yo creo que fue, especialmente, lo que dice.  Me invita a una actividad de “Compromiso Pro-Bono”, y me dice que “La Escuela de Derecho y ProBono UPR se insertan… en la agenda de acceso a la justicia en Puerto Rico, a la vez que le ofrecen a sus estudiantes una educación jurídica formativa… ”.

Educación formativa.  Acceso a la justicia.

Esas frases me gustaron mucho.  Mi grupo de trabajo en la UPR en Mayagüez tiene un proyecto que también trabaja con acceso.  En nuestro caso estudiamos el acceso a ciertos niveles o experiencias educativas.  Lo estudiamos a través de la investigación académica pero lo entendemos y atendemos en realidad a través de una serie de actividades de alcance con jovencitos de escuela intermedia y superior que viven en los residenciales públicos de Mayagüez.  ¿Por qué alcance educativo en residenciales públicos? Bueno, porque por algún lado había que empezar; porque estamos convencidos de que para aprender hay que hacer; y porque nuestros estudios preliminares indicaban que los llamados “caseríos” estaban tremendamente sub-representados en la educación superior y especialmente en la educación superior pública-en la UPR.

Quiero hacerles un cuento.  La primera actividad de alcance fue un campamento, diseñado por nuestros estudiantes universitarios y dirigido a estudiantes de escuela intermedia de varios residenciales mayagüezanos.  Empezamos a buscar fondos.  Una colega mía, entusiasmada, nos habló de una asociación de damas cívicas que estaba buscando precisamente algo en el ámbito de educación pre-universitaria para auspiciar.  Nuestro proyecto era perfecto para las cívicas, nos dijo.  No esperábamos mayores problemas.

Algunos días más tarde, abochornada, mi colega me dijo que las cívicas  no compartían nuestro entusiasmo.  Habían dicho que no.  Que no nos darían chavos, porque “esos nenes no tienen interés”.  Con la escuela pública como tal, aclararon, no tenían problema alguno, y estaban receptivas a propuestas con esa población.  El problema era con el residencial, con los residenciales, con esos espacios que en nuestro imaginario colectivo se han convertido, parece, en una metáfora de todo lo que el país no quiere ser.

Este cuento, y especialmente esa expresión, la de que “esos nenes no tienen interés”, se me han quedado grabados., se han convertido en una suerte de “mito de origen”. No fue, aclaro, un episodio particularmente importante, en términos tangibles, materiales; después de todo, las actividades para las cuales les estábamos solicitando fondos se llevaron a cabo igual, se llevaron a cabo con esos nenes, e incluso extendimos la cosa y conseguimos el generoso auspicio de la Fundación Carvajal, por cinco años. Pero el cuento es importante,porque no se trata de un incidente aislado, o de un prejuicio particular a este grupo de cívicas: lo hemos visto repetirse y manifestarse de otros modos.  Por ejemplo, un año más tarde, estábamos realizando observaciones en una de las tantas escuelas puertorriqueñas que han caído en eso que llaman, eufemísticamente, “plan de mejoramiento”.  La población que la escuelita atiende es toda de residencial o de los espacios que llamamos “barrios”, en Mayagüez.  Con esa palabra, “barrio” nos ahorramos la más larga y compleja alusión a “vecindarios urbanos que no son residenciales públicos ni están designados como parcelas pero que son muy, muy pobres.” El caso es que estábamos en la escuela, y una maestra, una mujer joven, a todas luces trabajadora, de buen corazón, nos contaba de las muchas dificultades académicas que tenían sus alumnos, y le preguntamos cuál era, a su juicio, el problema principal, la raíz del asunto.  La maestra suspiró, señaló un conglomerado de edificios, visible desde la escuela, edificios con esa arquitectura inconfundible de tres pisos en cemento, con una cancha en el medio y una caseta de guardia, vacía, en la entrada…

Y dijo: “Esa gente.”  [PAUSA] “Esa gente no…no quiere progresar.”

En Puerto Rico, y en otras partes del mundo, los espacios que la gente ocupa sirven, y han servido históricamente, para  marcar, estereotipar, definir a las personas como más o menos virtuosas, más o menos merecedoras, más o menos vagas…Piense en los arrabales, las parcelas, los residenciales. En el imaginario puertorriqueño colectivo,  los residenciales, el residencial, el caserío, tal vez por lo visible de su arquitectura, está particularmente sujeto a esa otredad impuesta y, a veces desafiantemente, también asumida.  Se trata de una otredad que nos obliga a encontrar la desigualdad, la marginalidad, día a día. Pero no son estos los únicos espacios donde ese encuentro ocurre. Hay otros espacios, más móviles, más dinámicos,  como por ejemplo las luces donde piden monedas los deambulantes, que también representan la posibilidad de ese encuentro cotidiano con la pobreza, con la marginalidad. Y esos encuentros tienen mucho que decirnos acerca del modo en que conceptualizamos al otro…y a nosotros mismos.

Imaginemos por ejemplo el encuentro clásico: Usted va por ahí guiando, se detiene en la luz roja, y ahí está: El deambulante, el tecato, “el que pide”.  (Casi nunca oigo que lo llaman el pordiosero, o el mendigo.  Siempre es el deambulante, el tecato, “el que pide”.)  Es fácil imaginarlo porque si usted maneja un auto, esto es parte de su cotidianidad.  Suele ser un personaje familiar, tiende a estar en esa luz a esa hora del día, anda con un vasito o algún otro recipiente.  Lo interesante de este encuentro es que a pesar de ser tan común, y tan predecible, genera todos los días una pequeña crisis moral. Una crisis no en él, en el que está ahi, con su vasito, sistemáticamente trabajando la fila de autos, no: La mini-crisis moral se genera en el conductor. En el potencial dador. Especialmente si lleva pasajeros.  Digamos que se trata de usted.

Le doy chavos. No le doy chavos.  Si le doy chavos se los va a gastar en droga. Le puedo dar  esta manzana, o este café, que me estaba llevando al trabajo, mejor. Darle comida.  Yo le di chavos ayer…hoy puedo tal vez hacerle una mueca triste indicando, con verdad o sin ella, que no tengo chavos. O mirar obstinadamente hacia al frente, como si no lo viera,  hablar mas fuerte por mi celular, conscientes de que me  está mirando y haciendo gestos en mi dirección. O mover la cabeza con firmeza, en un gesto de NO…

Esa es la conversación interna.  Si llevamos pasajeros, la crisis supera el ámbito de la moral privada y se convierte en un asunto de proyección social:

Le doy chavos. No le doy chavos.  ¿Qué va a pensar Fulana si le doy chavos?  Que soy un zángano. ¿Que va a pensar si no le doy? Que soy un maceta.

Digamos que en esta ocasión,  decide darle unas monedas. El tecato sigue su camino, pero:

Fulana, con aire de superioridad: Yo nunca les doy chavos, porque eso lo usan para droga. Yo les doy comida, si estoy cerca de un servicarro. Le pudiste haber dado esa manzana.

Si piensa que le voy a dar la solución al dilema aquí, ahora, lamento decepcionarlo. Me temo que no tiene solución, al menos no en los términos en que se nos plantea. Yo, francamente,  he hecho de todo: mirar para el frente, dar chavos, dar manzana, comprar en servicarro, hablar por celular intensamente mientras intento no encontrarme con los ojos tristes del que lleva el vasito…de todo.  Y probablemente no hace mucha diferencia. Puede hacerla para mí, si me llevo una sonrisa agradecida, o para él, si se lleva una peseta, una diferencia en el micro, en ese día, en ese instante-pero lo que sea que usted opte por hacer, en ese encuentro, no le hace mella al macro ni a la moral, propia o ajena. Al hecho básico de que hay una gente marginal a los procesos productivos que necesita de su caridad para comerse algo. O para meterse droga.  O ambas- Porque al final, en la experiencia cotidiana del adicto, la droga y la comida no son sustancias muy distintas. Ambas son percibidas, en la subjetividad, como irremediablemente necesarias para sobrevivir.

Pero el punto es que tenemos una pequeña crisis moral e identataria, cada vez. Y esa crisis está basada en el hecho de que el otro, el ser marginal que es nuestra contraparte en ese encuentro con la desigualdad profunda en que vivimos, hace algo o incluso es algo que nos parece moralmente desagradable. Usa droga, por ejemplo. Y nos preocupa auspiciar ese vicio. No por no hacerle daño-vamos, que la droga, si la usa, la va a conseguir con o sin su ayuda.  No – me importa darle o no darle mas bien por lo que implica sobre mí, sobre quién soy yo.  Y ese es el dilema cotidiano.  Queremos hacer el bien, pero no queremos que nuestro bien se use mal.  Queremos darle la peseta, pero queremos que la use para comer.

Queremos controlar la reacción del otro.  Queremos que el pobre, el que recibe nuestra generosidad, sea como nosotros queremos que sea. Lo queremos, en este caso, limpio de droga.

Y agradecido. Nos pasmamos cuando el otro no reacciona como esperábamos.  Permítanme compartir otra experiencia. Fue aquí, en Rio Piedras, y es un poco boba pero viene al caso. Un deambulante me pidió dinero para comprarse un sundae. Yo decidí comprarle un sundae. Compré el sundae. Se lo llevé. El hombre bufó, decepcionado, molesto.  Y me dijo, bastante irritado, que no le gustaba el maní.

Yo quería que le gustara el maní.  De hecho, yo hubiera preferido que no le importara la presencia del maní, o que hubiese estado tan agradecido por el sundae que no se fijara en el maní…

Nuestros encuentros se agrian cuando el otro, definido como “pobre”, “marginal” o necesitado, no responde como nos gustaría, o como esperamos. El tecato tira los chavos prietos al piso o se indigna porque no le gusta el maní.  La madre de dos niños pequeños no paga la luz pero se hace las uñas. La señora de setenta años debe 15,000 de luz y pide un plan de pago, a 85 años. Y no lo paga. El nene habla en el salón y, cuando se le conmina a leer el libro y completar la tarea, dice que no quiere, que es aburrido. No muestra interés.

Estos encuentros nos incomodan no tanto porque nos confronten con la pobreza, sino porque nos obliga a cuestionar las formas en que imaginamos la pobreza, cómo se atiende, si se atiende, si merece ser atendida…Queremos que el pobre pase hambre, no que quiera droga,o un celular. Queremos que sea agradecido. Que muestre interés. Que no se haga las uñas o el pelo. Que se comporte, en fin, con una racionalidad admirable.

(Hace algunos meses, hablando de racionalidad, una muchacha pobre de Vieques cometió un acto irracional: andar con una bolsita de marihuana. La cogieron.  No tenía chavos para pagar la multa, así que la metieron presa.  En la cárcel se fumó un cigarrillo de marihuana. Le extendieron la condena. Murió presa, de una paliza propinada por otras presas.  Se llamaba Vivian, y era jovencita, muy delgada. Las fotos del periódico la muestran sonriendo, con una sonrisa hermosa y grande.  Algunos de los comentarios del periódico la acusan, póstumamente, de irracionalidad. Porque, decían, ¿a quién se le ocurre ponerse a fumar en la cárcel?  Es el mismo tipo de irracionalidad de la que acusan, con frecuencia, a las mujeres asesinadas por sus parejas, cuando les preguntan, también póstumamente, ¿cómo se le ocurrió a esa muchacha juntarse con semejante individuo?)

[Pausa]

Y es que parecería que socialmente, le exigimos a las víctimas de la injusticia y la opresión unas cualidades que no le exigimos a actores más grandes. Le exigimos a las víctimas cosas como cordura, racionalidad, limpieza, gratitud, interés educativo e intelectual, un manejo razonable de sus magras finanzas, buenas decisiones nutricionales y sentimentales.  Les exigimos que sean responsables de sus vidas.

Esa exigencia, esa pregunta, ese cuestionamiento, siempre están dirigidos al marginado.  Hablamos críticamente de su “falta de interés”, de la importancia de que “esa gente” desarrolle responsabilidad social…Lo interesante es que rara vez le dirigimos la pregunta del interés y el reclamo de responsabilidad social a las instituciones.

¿Que cómo que a las instituciones? Tomemos por ejemplo el asunto de la falta de “interés”  académico achacada a los jovencitos del residencial.  En los tres años del proyecto, nos hemos encontrado con que a esta población no se le habla mucho, en la escuela, de la universidad o de carreras universitarias. Hemos visto consejeras académicas literalmente sacarle de las manos a un joven la solicitud de la Universidad, porque “no se la merece”.  Hemos visto escuelas, en aprietos económicos, eliminando o bajando el cupo de las clases llamadas “avanzadas” de español, matemáticas e inglés.  Hemos visto escuelas que sencillamente no tienen esas clases. De entrada, dan por hecho que su población no cualifica.   Hemos sabido de escuelas que proveen muchas orientaciones sobre drogas y paternidad responsable pero muy pocas o ninguna sobre la universidad.  En la escuela los niños puertorriqueños tienen que tomar, obligatoriamente, las llamadas “pruebas puertorriqueñas” en un día lectivo-pero el examen de admisión a la universidad, el college board, se ha dado así solamente una vez.  Por lo general es sábado, cuesta cuarenta pesos tomarlo, y los muchachos muchas veces ni se enteran de que hace falta para solicitar a la universidad porque nadie se los dice…Los espacios de pobreza deberían recibir, no menos, sino más información sobre carreras, universidades, posibilidades. Y sin embargo, nuestros chicos muestran un desconocimiento de la oferta académica, y de su propio potencial, que da miedo…¿Puede acaso desarrollarse “interés” sin tener acceso a la información que le da contenido y forma a ese interés? ¿Era justo el reclamo de las cívicas? ¿Estaba bien dirigido? Tal vez la pregunta más importante: ¿Era útil?

Si le hacemos el reclamo a la escuela, también habría que hacérselo, francamente, a la universidad.  En Mayagüez, dicen los estudiantes, los profesores, las camisetas y los bumper stickers que “sólo los duros pueden”.  Dicen también cosas como “muchos entran, pocos se gradúan.” Esa aseveración es terriblemente problemática.  Primero, porque en términos relativos, no es verdad – el Colegio tiene las tasas de graduación más altas de Puerto Rico.  Segundo, porque no tiene sentido, que nuestra cultura institucional colegial esté orgullosa de una cosa como esa.

Queremos que el pobre, el oprimido y el marginal sean racionales.  ¿Pero no es acaso profundamente irracional que un sistema de justicia encarcele una muchacha de veinte años porque andaba con un poco de marihuana, exponiéndola así a la violencia de la prisión? ¿Que un grupo de señoras acomodadas acuse a un grupo de niños pobres, que no conocen,  de “desinterés”? ¿Que una escuela eduque a sus chicos para la posibilidad de la paternidad pero no para la posibilidad de la universidad? ¿Que una universidad celebre el hecho de que muchos se le den de baja, que lo asuma como evidencia de excelencia? Allí es que en todo caso habría que redirigir esa acusación de “desinterés” de las cívicas…

Pero el asunto es, justamente, que la solución no es acusar.  Yo creo que parte del problema de nuestra brega cotidiana con este asunto del acceso (a la justicia, a la educación, a la paz, al alimento, a los servicios médicos) es cultural: No nos gusta que la víctima nos riposte o nos complique.  Queremos, por ejemplo, una pobreza, una marginalidad, silente, agradecida, descalza. Que no conteste excepto para dar las gracias.  Que pida cosas razonables. Que nos haga fácil la tarea.

Hay que reconceptualizar esa tarea. Hay que reconceptualizar el encuentro. Yo puedo, como individuo, si quiero y me hace feliz, seguir enchismándome con mi amigo el tecato si sigue chavando con el maní. Al fin y al cabo eso es cosa nuestra.  Pero esa no es la tarea que ustedes celebran hoy. Hoy celebramos una tarea que requiere otro tipo de encuentro.

Hoy celebramos el compromiso Pro Bono. Y pro-bono es en realidad una abreviatura, y no quiere decir “gratis”, aunque típicamente lo sea. Quiere decir que es trabajo relativo al bien público, al bien común. Quiere decir que ustedes no se van a conformar con el dilema moral bobo del encuentro en la luz; ustedes van a “insertarse en una agenda de acceso a la justicia”.  Van a hacerse un reclamo a sí mismos y a las instituciones que representan y las cuales quizás algún día nos ayuden a reformar.  Abiertamente, transparentemente, se van a envolver en una relación con el otro,  no desde un lugar de superioridad, de identidad, o de caridad, sino desde un lugar de aprendizaje, de comprensión, y de acción.  Y en el proceso, estarán practicando otras formas de encuentro, formas que nos permitan repensar las maneras en que estructuralmente se violentan y obstaculizan hoy las posibilidades humanas, y aprender, usar y producir los conocimientos que le permitan a los humanos rescatar sus posibilidades. Eso es Pro-bono.

Yo quiero felicitarlos por asumir el compromiso.  Porque sacando o guardando las dos pesetas en la luz , o criticando a los nenes que no aprenden, no vamos a cambiar el mundo: pero trabajando para el bien común y en la reconceptualización de un encuentro cotidiano que reconoce al otro como parte del destino de uno mismo,  del país, y de la especie, ahí sí que podemos cambiar algo.  Muchas gracias.

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un ahorro de lujo en la UPR

Conceptualmente, tiene sentido implementar medidas de austeridad en la Universidad de Puerto Rico.  Después de todo, el país está en una crisis económica, y los destinos del país y de su universidad están atados en la más íntima de las relaciones: Sobreviven, triunfan o se hunden al unísono.

Pero en la práctica la cosa cambia un poco.  Porque no todas las medidas son iguales, o afectan a todo el mundo por igual.  Y hay algunas medidas para lidiar con la crisis que atentan contra la identidad misma de la Universidad. Que la distancian del país.

Tomemos por ejemplo aquellas que tienen que ver con el número de estudiantes que la universidad planifica atender.  No se habla, oficialmente, mucho de ello: Pero hay señales, y no son buenas. La Junta de Síndicos ha dicho en repetidas ocasiones que espera recaudar 40 millones del alza en la matrícula que llaman “cuota especial”.  A 800 pesos por cabeza, ese estimado asume 50,000 estudiantes matriculados en el sistema.

Solamente 50,000.  La última vez que la UPR tuvo esa cantidad de estudiantes fue en la década de los setenta.  Ahora atiende alrededor de 65,000: uno de cada tres estudiantes universitarios de la isla.

La distancia que la nueva política de ocupación generaría entre la institución y el país se agrava cuando consideramos el perfil de esos quince mil estudiantes actuales y potenciales que se quedarían sin atender.  Los índices de admisión (IGS) que constituyen el criterio único de admisión a la mayoría de nuestros programas, aumentan, en promedio, según aumenta el ingreso familiar de los estudiantes. Esto quiere decir que aunque hay estudiantes con todo tipo de IGS en todos nuestros sectores sociales, hay una tendencia a que el IGS (y por lo tanto la probabilidad de ser admitido) aumente según aumenta el estatus socioeconómico.  Dicho sesgo no es un reflejo del potencial académico sino de desventajas sistemáticas que afectan más a unos sectores que otros a través del tiempo.

El IGS, por su parte, es en gran medida una función del cupo en determinado programa.  Mientras más popular es un programa de bachillerato, y más gente solicita admisión a él, más alto se vuelve el IGS.  ¿Cuáles son los programas más populares del sistema? Por mencionar algunos: Todas las ingenierías; Biología y Pre-médica; Contabilidad.

Súmele, al bajo estimado de ocupación, las prácticas implementadas en el presente proceso de matrícula, y el cuadro empeora.  Las medidas implementadas en distintos recintos, implican una menor oferta de clases disponibles para matricular.   Para un estudiante que depende de la beca Pell para estudiar, no poder matricular su requisito mínimo de doce créditos constituye más que una barrera: Puede ser el fin de sus estudios en la UPR.

Algunos hablan de una Universidad “más pequeña y ágil”.  Yo creo que parte de la “agilidad” de la universidad pública debe estribar precisamente en su capacidad para atender sectores y geografías diversos.  El problema fiscal en la Universidad no debe, no puede, tratarse como una hoja de cálculo gigante.  La eficiencia no puede darse en un vacío moral.  Las decisiones que tomamos para cortar gastos pueden solucionar un problema matemático de presupuesto-pero agravar los problemas socioeconómicos del país.

Cerrar cupos y secciones para “ahorrar” gastos implica así cerrar oportunidades para muchos futuros ingenieros, médicos y contables en la universidad del país, y sentar las condiciones para un estudiantado menos diverso, más homogéneo socioeconómicamente.

¿Pueden el país, y su Universidad, darse ese lujo?

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bananas

foto:primera hora

Hace algunos días, en ocasión de la protesta universitaria en el Jardín Botánico, el gobernador Fortuño, un tanto asqueado, se refirió a la escena como una digna de “una república bananera en revolución.” En ese momento, pensé que se trataba de un acto de ignorancia exhibicionista de su parte, una revelación de su desconocimiento de la historia, un error.

Hoy creo que fue un lapsus, una confesión, tal vez la articulación a destiempo de su visión para el país.

Según wikipedia, la república bananera tiene tres características principales: Inestabilidad política, dependencia en productos agrícolas limitados, y una camarilla corrupta y ricachona en el gobierno.

Dos de tres, supongo.  Faltan los guineos.

Mi primer contacto con la idea de “república bananera” fue en mi adolescencia, cuando leí la saga de los Buendía y de su soledad, relatada tan magistralmente por García Marquez.  De modo que lo primero que supe, o que pensé, de las “repúblicas bananeras”, es que en ellas se desataba la violencia indiscriminada de un estado corrupto sobre una población empobrecida que protesta.

Y  de hecho, el gobierno de Fortuño nos ha traído lo más parecido a esa imagen que he visto en Puerto Rico.

En las repúblicas bananeras, esa violencia estatal actúa en función de los intereses de corporativos y/o de algunas familias poderosas.  El ejemplo más famoso, históricamente, es el de la masacre colombiana de 1928, donde murió un número indeterminado de huelguistas. Los huelguistas querían mejores salarios.  Los soldados querían proteger los intereses de Chiquita Banana.

¿Qué intereses estarían protegiendo hoy los puertorriqueños enchalecados, enmacanados y encasquetados que embestían gente desarmada en las escaleras del capitolio?  Ya sabemos que parte de los fondos ARRA que le negaron a la universidad fueron pasados ágilmente al departamento de Educación y de allí convertidos, en esa prodigiosa alquimia legislativa, en asignaciones de fondos para cosas como la bibliotecas de Roselló y de Cuchín…Sabemos también que algo se traen, para hacer chavos metiéndole mano al (des)protegido karso….Sabemos que no les gustan la Universidad pública, el Instituto de Cultura, el Colegio de Abogados, los corredores ecológicos, la propiedad colectiva de lugares potencialmente lucrativos, como el Caño…Sabemos que creen que los servicios públicos deben ser manejados por manos lo más privadas posible, hasta para el “servicio público” de botar servidores públicos…Sabemos que son machos machazos masculinos y que si un senador protesta le dicen cua cua y que si la prensa se asoma la botan.  Sabemos que les encantan los barriles.

Sabemos que el gobernador piensa que la Universidad es un gasto, y esa apreciación es consistente con el asquito que le tiene a la república bananera que le ha tocado regir, y en la educación superior de la cual, quizás piensa, no vale la pena invertir…Mejor rodearla de soldados.

Sabemos, especialmente, que hoy los legisladores tienen en su agenda lo que tal vez debería ser la decisión más pública y más transparente: el presupuesto de Puerto Rico y su distribución.  En él plasman, en principio, su visión de país, las promesas que los llevaron al poder, el programa de gobierno…

Pero no hay que estar allí para saber cuál es el programa ese, supongo.  Ya nos lo dijo el gran jefe, a destiempo, hace unas semanas.  La república bananera lo asquea, pero es la verdadera visión, una visión compartida por la legislatura.

Sólo nos faltan los guineos.

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primavera y democracia, parte cuatro: tristes contrastes.

Otra asamblea estudiantil, esta vez nacional. Nuevamente, como ya es típico de este movimiento, un modelo de orden y democracia participativa. Un cierre apropiado para lo que ha sido lo que podríamos llamar la primavera boricua, una defensa de la educación superior pública madura, democrática,ágil, e innovadora. Un movimiento que gusta del juego (medios, bailes, canciones, improvisación teatral) pero no de la superficialidad.

¿Y mientras los jóvenes celebran, qué hacen los adultos?

Bueno, los adultos que están a cargo de liderar los destinos del país estaban ocupados bajando legislación en esa modalidad de “descargue” que se les ha vuelto tan frecuente.   Mientras la minoría les exigía a grito pelado una discusión sobre la medida, que busca aumentar el número de síndicos de la junta de gobierno de la UPR, la mayoría penepé del senado aprobó el proyecto de ley, de la autoría de Arango, y lo pasó rápidamente a la Cámara.

Suspiremos.  Qué contraste. Porque si algo aprendió el país de este movimiento estudiantil, es la importancia de permitir la discusión y el estudio de los asuntos complejos.  No permitir que los mecanismos democráticos (como el voto) se conviertan en mecanismos para subvertir la democracia (como el voto en ausencia de debate y análisis colectivo.) (Más sobre ese tema en las entradas recientes de ÉFT e Hiram Meléndez Juarbe).

En su afán de NO buscarle las cinco patas al gato, nuestros insignes legisladores dejan al gato sin patas.  Sin bigotes. Sin cabeza.  La legislación se pasa con prisa, con errores, enraizada no en la investigación sólida sino en los prejuicios de sus autores, y de sus lectores.  A veces, la aprueban sólo para descubrir, como le ocurrió recientemente a la senadora Rashke y a la procuradora de las mujeres, que ya existía. Es la mentalidad del quick fix que quiere resolver la cosa rápido, del marroneo que cambia las reglas para lograr el objetivo, del nene que se lleva el bate y la bola cuando pierde.  La mentalidad de la pereza que pretende producir medidas sin estudiar los asuntos, del que piensa que la democracia existe en función de la ley y del orden y no viceversa, y que por ello pasa también legislación para aplicarle a los Tito Kayaks del país el peso de un “delito grave” si con sus protestas detienen la siembra de cemento.

Todo ello evidenciando que al país le hace falta no una universidad más pequeña, como la quisiera ¥grí, sino en todo caso más universidad, más educación, más profundidad.  Que haya más complicación conceptual/intelectual (bienvenida sea, porque el mundo es complicado) y menos complicación burocrática, como la que nos crea la legislatura con las leyes mal hechas apilándose unas encima de las otras, contrariándose, repitiéndose.

Se le quitan a una las ganas de escribir.  Pero imposible irme a dormir sin referirme, esperanzada, una vez más, a los miles de autoras y autores de la primavera boricua, y al deseo, todavía vivo, serio, funcional, de hacer universidad, dentro y fuera de las aulas.

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entre pájaros y escopetas

Cada vez es más evidente que “esta gente”, y me refiero al alegre grupo compuesto por la presidenta de la Junta de Síndicos, el presidente de la Universidad, el gobernador Fortuño, y los fantasmas de todo tipo que les susurran (¿órdenes?¿peticiones?¿ideas?¿sueños?) al oído, que esta gente prefiere la universidad cerrada.  No sé como más llamarlos.  Referirme a ellos como “la administración” mancha la memoria y la acción de aquellos gerentes académicos a quienes les importa(ba) la institución y lo que significa.  Referirme a ellos como “el gobierno” oscurece el hecho de que las fuerzas siniestras que manejan y a las cuales responden están metidas en todas partes y canalizadas a través de muchos cuerpos, incluyendo cuerpos universitarios.  Los llamaré, de momento, “esta gente”.

Pues esta gente no quiere abrir. Le han cogido el gustito a la universidad cerrada.  Insólito, pero cada vez más obvio.  La campaña publicitaria que supuestamente pretende “que los portones se abran” (ahhhh, las metáforas) parece más bien diseñada para antagonizar y culpar al movimiento estudiantil con el que supuestamente están negociando (esta gente prefiere, apropiadamente, el término “dialogar”) y así mantener a la universidad convenientemente cerrada.  Negocian sin ganas, emplazan a sus compañeros de mesa, se van de vacaciones en pleno asunto, pierden la tabla, le chismean a la prensa…

¿Cómo llegamos a un estado de cosas donde la huelga no presiona?¿ A un estado de cosas, decía, en donde LOS QUE MANDAN NO QUIEREN ABRIR?

[Las implicaciones de esto en términos de estrategia han sido discutidas recientemente con lucidez y empatía por la estudiante Mariana Iriarte en su blog. Para leerlas pulse aquí.]

No sé. Algunos alegarán que esta gente siempre fue así, y que sencillamente se les ha estado viendo más la costura últimamente. Que las ideologías, programas de gobierno, corrientes globales históricas, y desórdenes de personalidad de los susodichos hacen de esta incomprensible actitud algo inevitable.  Otros alegarán que leemos demasiado en las acciones de una gente, esa gente, que se ha caracterizado por la arbitrariedad e improvisación en la acción, por la incompetencia en la planificación, por la torpeza en la ejecución. Tal vez son ambas cosas. Tal vez ninguna.

Esta mañana, bajo los efectos de un café bastante bueno, se me antoja imaginar a ESTA GENTE en el diván de un psicólogo/a setentoso, recién iniciado en la ahora popular y populosa progresión de Kubler-Ross. Las famosas etapas de manejo de pena/duelo/crisis.

Etapa 1: Negación.

Los estudiantes están alborotándose, dicen que sospechan de nosotros.  Dicen que se irán a huelga.  Bah.  No creo que lo hagan. Esto pasará.

Etapa 2: Rabia, Ira.

¿Qué se creen esos jóvenes imberbes? ¿Mejor dicho, esos jóvenes peludos? Cómo se atreven a desafiarme a mí, que cuando ellos iban yo venía, a mí, que soy la autoridad? Llámate a la policía, a ver si después de un par de macanazos siguen así de bravos.  No les dejes pasar comida, para que vean, que se dejen de pensar que son el ché…llévate el taser, por si acaso.  Y móntales una campaña de medios que los demonice  bien chévere, a ver si va una turba de graduandos y les abre el portón a la cañona…

Etapa 3: Negociación.

Bueno, está bien, vamos a sentarnos.  A dialogar.  Nos sentamos, hablando, no pretenderán que de hecho cedamos en nada, pero igual nos sentamos todos los días, y discutimos sobre los puntos, los adjetivos, las comas, y si dialogo bastante con ellos tal vez se sientan atendidos y se salgan de los portones…Es más, vamos a llamar al obispo, a ver si quiere sentarse a hablar con ellos también… un poco de religión nunca está de más…

Etapa 4: Depresión.

Bah. No vale la pena. Estos pelús son muy tercos. ¿Y la mayoría silente, donde está? ¿Cuántas asambleas más voy a tener que auspiciar?  No se resignan a “dialogar” solamente, tienen la cara dura de esperar “resultados concretos” y de que se les trate como adultos.  Me voy a deprimir/ ir de vacaciones/ sentar aquí con cara de zombi. ¿Será que esta huelga va a durar para siempre?

Etapa 5: Aceptación.

Bueno, y si dura para siempre, ¿qué? Tal vez sea hasta mejor…No pagamos sueldos ni gastos operacionales, nos ahorramos los chavitos que íbamos a levantar con la malhadada video-lotería esa…Mientras la vegetación se apodera de los recintos, y estos pelús se vayan, agotados, podemos cambiar la universidad por completo!!!! Es grande, es cara, se mete cada atorrante…Cerradita, mientras la repensamos.  Más pequeña, ágil, eficiente.  Tranquilos, muchachos.  Todo saldrá bien. Nueva ley universitaria coming right up…Total, si la semana que viene aprobamos el presupuesto en la legislatura para el 2010-2011.

Hasta ahora los estudiantes han demostrado estar un paso adelante.  No creo que vayan a bailar el baile, como indica Iriarte en su blog.  En cuanto a las escopetas, les recomiendo regresar al diván.  Se me acaba el café. Nos leemos luego.

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hoy, los estudiantes:primavera y democracia, parte tres.

El 29 de abril, los estudiantes del Recinto de Mayagüez se autoconvocaron y llevaron a cabo una de las asambleas mas ordenadas que he visto en mi vida. El orden de la misma era especialmente sorprendente por lo difícil de su decisión final: un paro.  A pesar de la prohibición administrativa de reuniones no autorizadas, a pesar de lo complejo del asunto, a pesar de todo, el debate de ideas imperó.  Hubo turnos, se escuchaban, debatieron, votaron.  Ese día comenzó la ocupación de los portones. Ese día los muchachos y las muchachas, contra todas las predicciones,  le asestaron un golpe al atentado contra la libertad de asociación.

El 3 de mayo, en un referéndum auspiciado por la administración, generaron un voto de huelga. De nuevo, contra toda predicción. Otro golpe, esta vez al machacadísimo concepto de “mayoría silente”, con la cual la administración contaba para seguir ignorando los reclamos de transparencia y accesibilidad.

Hoy, 24 de mayo, lo han logrado de nuevo. Contra toda predicción, contra una batalla campal en los medios, contra la cacofonía de los altavoces que los recibieron en la asamblea conminándolos a decirle NO a la huelga (y a las drogas, como si las dos fueran la misma cosa), contra las amenazas fatulas, contra administradores encubiertos “militando” entre los padres preocupados que se dieron cita a las afueras, contra el calor y la sed producto de nueve horas de espera en la brea caliente de un parking, contra el cateo de la entrada, contra los disparates, la desinformación, y la alarma…Ganaron. Abrumadoramente.

Me cuentan los estudiantes que ellos también dudaron. Que al llegar, escuchar la tumbacocos, ser asediados por padres repartiendo flyers, y escuchar expresiones de repudio a la huelga, pensaron que hasta ahí llegaba la ola de victorias electorales. Les pregunto que pasó, que cambió. Me  cuentan que tal vez fue la sucesión de puntos a favor y puntos en contra, el debate de ideas, el intercambio de posiciones. La antipatía contra el que dijo que en los portones lo que había era “fresquerías”. La simpatía por el que dijo que él también se graduaba, pero que….había que preservar la universidad pública.  Hoy ganaron el colectivismo, la stamina, y la madurez política de unos estudiantes que a todas luces tienen mayor capacidad de negociación que sus interlocutores en la Junta de Síndicos, quienes dan una batalla en la mesa de diálogo, y otra, muy distinta, en los medios.

Otra vez, hoy, la lucidez, la primavera, la democracia. Y yo, aunque con el cansancio y la comedera de uñas lo palabreo todo con torpeza, me siento afortunada de vivirlo de cerca.

A los estudiantes: Mis felicitaciones. Tres veces airosos.

A los síndicos de la UPR: Sus constituyentes (porque no son, no deberían ser vistos como oponentes, sino como universitarios) merecen más respeto. La comunidad universitaria quiere que ustedes negocien, de frente y con verdad.

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In his budget address a few weeks ago, governor Fortuño referred to public, affordable higher education as a “privilege” that Puerto Rico provides to its students  at no small cost to its citizens.  To reinforce the message, he compared UPR tuition prices to the much higher ones of other, private, higher education institutions in the island, and of colleges and universities in the United States.

In an  “us vs them” move seemingly designed to conceptually place responsible tax payers against  protesting students, he stated that “tuition paid by students, when they do pay, is but a 3% of the university’s budget…the rest is paid by us taxpayers. Which is why our people, just and noble, yes, but also democratic and respectful of law and order,  get upset when they see what we have all seen in the University these past two days.” As the strike grew bigger and more complicated, today involving all of the 11 campuses, a number of public and private citizens have echoed the governor’s general message, portraying the students as selfish, privileged, disorderly, and “ideologically” driven.  As I write this column, the president of the UPR’s Board of Regents is stating, on the radio, that the striking students are “breaking down the institution”.

At the heart of this image is the idea that the university is too inexpensive for the individual students and too expensive for the state, thus rendering student complaints about the elimination of tuition waivers, and their insistence that tuition rates stay low, as shallow.  I propose we examine this notion. Is the university really “too cheap”?  Is it a “cost” to the state?  “Cheap” and “expensive” are relative terms, and they arise from comparing the costs of the UPR with other institutions.  However, is the comparison with private institutions in the island, and with public and private universities in the US, an appropriate comparison?

Private institutions in the island have helped the country meet an increasing demand for higher education degrees but in terms of efficiency and value, economic studies have shown that the University of Puerto Rico,with  double the graduation rate and producing 95% of the island’s research output, represents the best return on investment for public funds.

Universities across the United States, a country traditionally known for its excellence in higher education,  are experiencing problems that the states are concerned with.  Two (related) ones are 1)access issues faced  by minorities and low-income students and  2)the production of STEM (Science, Technology, Engineering and Math) degrees.  Access problems are in great part due precisely to increasing tuition costs in 4 year colleges and universities.  STEM degrees hover around 20% of US degrees, at a time when the country desperately needs to increase the domestic STEM workforce.  Mainland universities have an average of only 14% of their student body qualifying for need-based Pell Grants.  A number of efforts in the United States, including the intensive use of federal ARRA funds, are directed at increasing the number of underrepresented students and of STEM degrees.

In contrast, at the University of Puerto Rico, 40% of the degrees are STEM, and two-thirds of its student body qualifies for need-based aid.  The UPR produces today 16% of the Hispanic STEM workforce in the US.  Historically, the people of Puerto Rico have viewed their public university not as a cost or as a burden but as an investment-the kind of investment most needed in times of economic crisis.

The governor is fond of the “family” metaphor.  He often compares Puerto Rico and its current fiscal crisis with a family that needs to make hard choices to face periods of economic crisis, and wonders out loud about why the  UPR cannot seem to be able to “tighten its belt” like so many families have done around the island.  But even within the metaphor, choosing to take resources away from the public university in times of fiscal crisis would be akin to taking away children’s educational opportunities.  Few families would agree with this choice.

The constitution of Puerto Rico (section 5, art.2) provides for a free public education system covering grades 1 through 12.  This was in 1952, when a high school diploma brought a certain amount of prestige and a number of job opportunities.  It could easily be argued that what the high school diploma meant for the fifties, the college degree means for today.

Affordable, public higher education cannot be seen as cost or expense, but as value. It is one of those things where Puerto Rico consistently “lo hace mejor.”  It is one of the best investments we have made as a collectivity, as a society. Let us protect it.

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ok, hablemos de “ideologías”: huelga y neblina en la upr.

Una de las acusaciones lanzadas con más frecuencia en dirección de los estudiantes que, en todos los recintos de la UPR, ocupan los portones universitarios en lo que se ha convertido en una huelga histórica, es la de “ideológicos”.  Es una acusación que escucho en la radio y leo en el internet todos los días. Por “ideológico”, los que acusan implican que los huelguistas están guiados por una motivación de tipo separatista, y que es esa la “verdadera” agenda.

No voy a “defender” aquí a los estudiantes de esa acusación.  Eso es caer en la lógica del que acusa.  Hoy vengo a plantear las ideologías  que el “otro lado”, el de las autoridades gubernamentales y universitarias, muestra.  De aquellos que se oponen a la huelga y que repudian el comportamiento de los estudiantes por ser “ideológico”, sin prestarle  la atención a la bíblica, enorme, super-ideológica viga en el ojo propio.

Comencemos por la Junta de Síndicos.  Sin entrar en consideraciones históricas sobre su formación, se trata de un organismo que tiene como función velar por los intereses de la universidad pública.  El Reglamento de la Universidad de Puerto Rico y la página de internet de la misma Junta la definen como sigue:

“La Junta de Síndicos es la Junta de Gobierno de la Universidad de Puerto Rico y el Organismo en el cual el Pueblo de Puerto Rico ha delegado la autoridad para dirigir, orientar, reglamentar y gobernar el Sistema Universitario. En el ejercicio de esos poderes, y en representación del interés público, la Junta debe velar porque la Universidad responda a las necesidades de la sociedad puertorriqueña y constituya un elemento esencial en el esfuerzo de darle solución a los problemas con que se confronta nuestro pueblo. La Junta debe estimular el desarrollo de los talentos y recursos de la Universidad para convertir en realidad los valores fundamentales de nuestra sociedad...”[Énfasis mío. Para leer el reglamento pulse aquí]

La Junta es así la fiduciaria, o guardiana, de los intereses del país relativos a las funciones de la universidad. Debe representar el interés público. ¿Cómo ha estado llevando a cabo esa función últimamente? Veamos:

  • Aceptó, sin chistar, la alteración de la base de la fórmula de asignación de presupuesto para la UPR que generó la mayor parte del cacareado déficit. En lugar de tratar de impedir el déficit original, lo acepta como un hecho y le pasa la cuenta, la receta de la “medicina amarga” a la institución que dice proteger.
  • Ante la rebelión estudiantil, se sientan a “negociar”. Como parte de la negociación, proponen eliminar aquellas exenciones por mérito que le sean otorgadas a estudiantes que, por desventaja socioeconómica, cualifiquen para recibir beca Pell.  Es decir, de hecho recomiendan reservar la educación GRATUITA para aquellos que NO tengan necesidad económica.
  • Ante la insistencia estudiantil, expresada democráticamente de distintos modos, incluyendo asambleas sugeridas insistentemente por la propia junta y llevadas a cabo con debate y  con quórum, se ofenden, y aprueban no solamente la presencia policiaca sino el cierre indefinido de la universidad.

En 2008-9 (pulse aquí para el informe)  se otorgaron 22,508 exenciones,  promediando $671, para un total de $15.1M, por lo que el ahorro para la Universidad sería del orden de 67% de $15.1M (proporción de estudiantes de la UPR que recibe beca Pell) o de $10.1M.

Digamos que la propuesta de la Junta le ahorraría a la UPR  diez millones. En repetidas ocasiones, representantes de la administración universitaria han indicado que el cierre acarrea pérdidas equivalentes a un millón diario.  Esto solamente en Rio Piedras y solamente en la Universidad, sin contar los gastos adicionales de, por ejemplo,  policías estatales para “vigilar”  a los muchachos.  ¿De modo que con tal de ahorrarse diez millones anuales, están dispuestos a perder, como mínimo, sesenta? ¿Y por qué la obsesión con esos diez millones, cuando la insuficiencia económica presupuestaria proyectada para el próximo año es de 134 millones, según la OGP? ¿Qué sorpresas nos tendrá la Junta para los otros 124 millones que faltan?

La única explicación para el comportamiento de la Junta es que han claudicado su rol de custodios del patrimonio académico, del capital cultural del país, e incluso de la muy cacareada salud fiscal de la UPR, para convertirse en portavoces de una postura ideológica, tan ideológica, o más, como la de los muchachos que hace un par de días alegremente cambiaban  la bandera pecosa por la monoestrellada.  La ideología de la medicina amarga, del shock and awe, del quitarle fuerzas a la inversión pública.  La ideología del sálvese quien pueda, porque el mundo es del capital y el conocimiento no es una prioridad para el estado.  La ideología que tanto le ha costado a América Latina y al mundo. Como dice Galeano: En momentos como éste, cuando esta Latinoamérica nuestra sufre, con el resto del mundo, las consecuencias nefastas del desplome de la avaricia del capitalismo salvaje, hoy más que nunca, no nos podemos dar el lujo de darle la espalda a nuestros estudiantes.

Por supuesto que los estudiantes huelguistas tienen motivaciones ideológicas.  Representan la creencia en la inversión pública y especialmente en la educación pública, representan la idea de que la universidad accesible es importante para la calidad de vida de los pueblos, representan la esperanza en una existencia en que se pueda obtener calidad de vida no sólo por el tener sino por el saber.

Hace unos días, el analista estadista Ignacio Rivera recordaba las palabras de un militar estadounidense a propósito de Vietnam: Fue necesario destruir la villa para poder salvarla. McNamara diría tal vez que esa destrucción representa, en la neblina que es  generada por la guerra, la pérdida temporera del norte ideológico, de la razón primera. Acá podríamos alegar que la obsesión que la Junta demuestra con el tema de las exenciones (aún a costa de sesenta millones) representa la pérdida temporera del norte de su misión fiduciaria, en la neblina creada por el conflicto actual.

Pero temo que no.  Me temo que más que la pérdida del norte ideológico, que debería ser consistente con la misión de la Junta, lo que estamos presenciando aquí es la revelación de las ideologías que verdaderamente guían las acciones de la alta gerencia académica de hoy.  Son las ideologías que describe Klein en Shock Doctrine, las que han guiado la transformación económica de países tan diversos como Chile y Polonia, las que tienen como único norte la liberalización extrema de los mercados y la destrucción de la inversión pública en asuntos que no generen capital en el corto plazo.  En ese marco de referencia, la universidad privada es la que tiene sentido, y la pública es un lastre, un costo, que hay que abaratar para el estado y encarecer para los individuos. En ese marco de referencia, el estado se reduce en toda inversión social, pero se crece en su rol de administrador de la mano dura.  La Junta no quiere negociar con los huelguistas: quiere domarlos, darles una lección. Por suerte, el país no está de acuerdo.

Si nos vamos a preocupar por las “ideologías” de los actores protagónicos de esta huelga, propongo que nos fijemos para variar en las de la gerencia, y dejemos de momento a un lado las de los “pelús”.

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picada de ojos: la universidad, enmarcada.

El mensaje del gobernador, especialmente la sección sobre la UPR, fue indignante. Nefasto.  Y efectivo.

Y al decir “efectivo” no quiero decir ni que tiene razón ni que habla con verdad.  De hecho hay varios momentos que ejemplifican muy bien el uso resbaladizo, fragmentado, que suele dársele a la verdad en este tipo de mensaje político, independientemente de los bandos, los colores, o la ocasión histórica.  Como cuando habló del “porciento fijo” que representa el presupuesto de la Universidad pero olvidó aclarar que la base sobre la cual se calcula ese porciento fue alterada, como parte de los contenidos aprobados en la todopoderosa Ley 7.

Pero no vengo a hablar de las medias verdades sino de la efectividad del mensaje.  Por “efectivo” quiero decir que probablemente logra su cometido.  Cometido que, por cierto, no tiene nada que ver con convencerme a mí.  Ni a mí ni a los tantos otros que vivimos enamorados y enamoradas del concepto, del espacio, de la idea, de la metáfora, de la institución y del proyecto cultural que es la Universidad de Puerto Rico.  No.  De hecho, una de las cosas que hace efectiva esa sección del mensaje es justamente eso-que de entrada, el gobernador NO nos está hablando.  Ha decidido no hacerlo.  Nos “tira a pérdida”, no intenta convencernos, y convierte ese exilio (no somos parte del acto comunicador sino espectadores del mismo) en parte de la estrategia de comunicación.

Y esto no es una movida discursiva particularmente original, ni nueva. Es un clásico de los comunicadores políticos conservadores en Estados Unidos.  Lakoff y otros linguistas lo llaman “framing”, y se trata de una forma de comunicación política estudiada, probada, y en el desarrollo de la cual se ha invertido mucho dinero.

Es importante recordar que “framing” tiene el significado literal de enmarcar (lo que le hacemos a las fotos y los cuadros) pero también el más metafórico de  incriminar (lo que le hacemos a las personas cuando los hacemos quedar mal, o como falsamente culpables.)

El framing funciona así: Cada palabra está atada a un marco conceptual, del cual somos más o menos conscientes.  Un ejemplo que provee Lackoff es el de Arnold Schwarzenegger aceptando la gobernación, y diciendo “cuando el pueblo gana, la politiquería (politics as usual) pierde.” ¿Qué logra con eso? Logra enmarcarse a sí mismo, el ganador, como el resultado de la elección del pueblo y la encarnación de esa victoria, y a a la legislatura demócrata como “politics as usual” y pronta perdedora.  Todo esto por adelantado, anticipándose al debate.

Otro ejemplo que usa Lackoff: la frase “alivio contributivo” (“tax relief”).  Ésta enmarca no tanto al “alivio” como a las contribuciones – si hay “alivio” esto implica que las contribuciones son una “dolencia”, una “enfermedad” de la cual hay que aliviarse.  De manera similar, los conservadores en Estados Unidos se han apoderado de cosas como “los valores”, la “vida” , la “familia” y hasta de la “libertad”.

¿Y qué tiene que ver todo esto con el mensaje de hoy y con la universidad? Veamos el discurso de Fortuño:

“Como hemos dicho en el pasado, estabilizar nuestras finanzas y reconstruir la economía de Puerto Rico es tarea compartida de TODO nuestro pueblo…Es por eso que nuestra gente no entiende por qué, si todos nos hemos tenido que ajustar los pantalones en los pasados años, la Universidad de Puerto Rico no pudo hacer lo mismo.”

De entrada, hay un framing – una dicotomía entre EL PUEBLO y SU UNIVERSIDAD- colocados de repente, gracias al lenguaje, en bandos opuestos.  No se trata de la UNIVERSIDAD DEL PUEBLO, sino de una universidad distante del pueblo, y de sus sacrificios. La UPR queda enmarcada desde el arranque como una entidad ajena, elitista, enajenada y engreída.

Y así se desarrolla el resto de ese capítulo del mensaje: De una parte, la universidad del estado, representada por seres que en la narrativa de Fortuño, se rehúsan a reconocer su privilegio y a “ajustarse los pantalones”. De otra parte, todo el resto del país. Como lo hace aquí,

“O sea, que la matrícula que pagan los estudiantes de la UPR cubre apenas el 3% del presupuesto de la Universidad…el resto lo pagamos NOSOTROS LOS CONTRIBUYENTES.  Por eso es que nuestro pueblo—que es un pueblo justo y noble, pero que también es un pueblo de ley y orden que cree en la democracia—se molesta cuando ve y escucha lo que todos hemos presenciado en la Universidad en los pasados días.”

cuando pone de una parte a los contribuyentes (a.k.a. “el pueblo”, y justo en abril, cuando todavía nos duele el bolsillo), a la ley, y al orden,  y de la otra parte a los estudiantes huelguistas (y por extensión a la no-ley, y al desorden.)  Y aprovecha la alianza linguística para lanzar la no-muy-velada amenaza:

“El respeto al principio de la autonomía universitaria nos obliga a ser prudentes y no intervenir hasta que nos lo requieran las autoridades universitarias. Pero a las autoridades universitarias les digo: estamos aquí, listos y dispuestos para brindarles la ayuda que ustedes estimen necesaria, cuando ustedes así lo determinen, para proteger los derechos de TODOS los estudiantes….etc etc.”

Aquí hay varios “marcos” adicionales, actores de carácter en el drama linguístico entre el “ellos” de los universitarios y el “nosotros” del pueblo trabajador y desempleado: desde afuera, las autoridades gubernamentales, la “ley y orden” que se ha declarado ausente, esperan la invitación de las autoridades universitarias, “enmarcadas” como inefectivas. Paternal, pero por supuesto en el rol de “padre severo” que tanto les gusta a los conservadores de este corte, le dice a la universidad lo que tiene que hacer-y espera. Espera para aplicar la “cero tolerancia”, la “mano dura”, la “ley y el orden”.

Tan flexible es el lenguaje y tan efectivo el “framing”, que algún ciudadano podría olvidar, de momento, lo absurdo de un escenario donde los “malos” son los estudiantes que han dicho CON LA UNIVERSIDAD NO SE METAN, y los “buenos” son el gobernador, la legislatura,la policía, la fuerza de choque, las universidades privadas, los estudiantes que no quierem paro, los que no saben si quieren paro o no, los ciudadanos que trabajan y pagan impuestos, los que no pagan impuestos porque ya no trabajan, porque los botaron,  la Ley 7 que los botó, la administración universitaria…

El desafío es claro.  Hay que recordarle al país que la UPR es el sistema universitario del país, del pueblo.  Que su costo real por crédito es mayor que el de las privadas no porque sea más “ineficiente” sino porque se trata de un proyecto cultural que va más allá de (y que enriquece) las aulas. Que sus tasas de graduación son las mejores del país.  Que produce la mayor parte del conocimiento científico y humanístico del país.  Que su destino y el de Puerto Rico están atados uno al otro con lazos  de fuerza, de antiguedad, y de una lógica racional y emocional que tal vez al gobe se le escape pero que no deja por ello de existir. Que la universidad nos permite imaginar y construir futuros. Que romper a la universidad es en cierto modo romper el espíritu colectivo, el ethos, la cosa, el no sé qué. ¿Que se equivocan (nos equivocamos) a veces los que la habitan? Pues claro que sí.  Pero la UNIVERSIDAD es mucho más que las partes que la componemos, y (¡tan distinta del mercado!, ¡y de la ley!) nos perdona.  Es otra cosa. Es nuestra.

Y esa cosa, esa cosa que es el país, nuestro gobernador y su bandera no la entienden.  Busquemos de nuevo el lenguaje, expliquémosla otra vez.  Algunos ya han empezado-para leerlos, pulse aquí, aquí, aquí y aquí. Yo me voy a dormir, y a buscar las palabras.

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paros. parálisis. y parra.

Las descripciones del paro iniciado ayer en el recinto de Mayagüez de la Universidad de Puerto Rico varían.  El corazón de la discrepancia es un asunto numérico, una diferencia entre 1) las narrativas que alegan que “una minoría” del estudiantado (a.k.a. grupito, grupúsculo, y sector), descontento con un voto “abrumador” en contra del paro, tomó los portones por sorpresa y 2) las que describen la cosa indicando que aunque el paro de 48 horas fue rechazado en la votación, la segunda ronda (el paro de 24 horas) resultó mucho más cerrada, que los que se oponían al paro evitaron que hubiese quorum para votar apropiadamente sobre el asunto, y que cerca de la mitad de los estudiantes apoyaba el paro.

La diferencia, por supuesto, se amplifica a partir de ahí, agarrándose para ello de las abundantes herramientas disponibles en el imaginario ideológico: Los que favorecen y operacionalizan el paro son llamados (por adversarios y periodistas) “mafuteros” y “revoltosos”, los que se oponen se convierten en “vende-patrias”, y así por el estilo.  Las pancartas que portaban los estudiantes durante la asamblea reforzaban esta cuestión identataria, esta división en crescendo entre “ellos” y nosotros”: Las pro-paro leían “SI TIENES CHAVOS VETE PA LA INTER”, las anti-paro ripostaban “SI QUIERES PARO VETE PA LA YUPI.”

Los empleados de la universidad seguíamos el proceso con fascinación. De hecho el país sigue lo que ocurre en la universidad, especialmente en los portones de la YUPI, con igual fascinación.  Independientemente de lo que piensen sobre los muchachos, convenientemente (y estereotipadamente) transformados en dos “bandos” en la imaginación colectiva.  ¿Por qué son tan importantes los eventos liderados por estudiantes en la universidad y sus recintos?

Hace algún tiempo, desde arriba nos advirtieron que venía la “medicina amarga”.  Poco después, comenzaron a administrarla.  Descubrimos que la medicina era como la que aplicaban los barberos-médicos del medioevo, es decir, basada principalmente en purgas de diversos tipos. Si el paciente estaba malito, le sacaban sangre.  Hoy, si el país está malito, botan gente.

Mucha gente.  Y ese tipo de medida drástica tiene unos correlatos que la acompañan, aquí y en muchos otros países en distintos momentos del mundo.  Aumento en la cantidad e intensidad de la actividad policiaca, por ejemplo.

Shock and awe, se llama la estrategia.  Shock and awe, technically known as rapid dominance, is a military doctrine based on the use of overwhelming power, dominant battlefield awareness, dominant maneuvers, and spectacular displays of force to paralyze an adversary’s perception of the battlefield and destroy its will to fight.

Como parte de esa purga “medicinal”, a la UPR le alteraron la base de la fórmula que le da al sistema UPR los fondos recurrentes para operar. Unido a la contracción de la economía, la universidad está corta por un número que se ha estimado entre 130 y 200 millones.  Durante algún tiempo, ocupados con la toma administrativa de la UPR, o tal vez pasmados, en shock, paralizados por el despliegue de vigor y de fuerza de la agenda de la “medicina amarga”, no pasó nada.

Y de repente, surgen los muchachos, las muchachas. Muchos o pocos, peludos o pelones, de primer año o de octavo, con voto gritado, contado o de colores, emplazados o por emplazar, con una agenda clara o sin ella, sea como sea. El caso es que surgieron, tal vez porque

levantan el pecho
cuando le dicen harina
sabiéndose que es afrecho,
y no hacen el sordomudo
cuando se presenta el hecho (VP)

Y les han caído arriba, por supuesto.  Rodríguez Ema dijo hace un rato en la radio, refiriéndose a los que protestan en la YUPI, que se trata de “un grupo muy minoritario”, que no respeta que “la mayoria tiene unos derechos” que “están por la libre”.  Habló de la importancia de la ley y el orden.  Figueroa Sancha, hace ya algunos días, declaró con una autoridad que del conocimiento no salía que esos muchachos eran “estudiantes eternos”, “los mismos de siempre” que incluso estaban en la YUPI cuando él (!) estudiaba.  También habló de “ley y orden”.  Y esta mañana, en un sonoro ejercicio editorial, una emisora de radio importante declaraba que “nuestro pais es uno de ley y orden”, que “…hemos visto como el mismo grupito utiliza cualquier excusa para tomar la universidad” y que se trata de una intentona para “traer una ideología” (presumo que se refieren a la independencia) “por la cocina”.

Yo no sé. Seguiré mirando. Por lo pronto, sin embargo, mi primera impresión, mi sentimiento inicial, es el de que alguien, por fin, guiado por a saber que cosa (¿la energía de la juventud? ¿realmente importa?), salió del shock, salió del awe, y entró en acción, como dijo Violeta Parra, a quien le gustan los estudiantes,

que con muy clara elocuencia
a la bolsa negra sacra
le bajó las indulgencias.
Porque, ¿hasta cuándo nos dura
señores, la penitencia?
Caramba y zamba la cosa
¡Qué viva toda la ciencia!

Foto: Diálogo Digital

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[Edito para añadir lecturas recomendadas: columna de Efrén Rivera Ramos y comunicado de Cátedra UNESCO]

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casi ganadores

Esta historia no es mía, pero pudiera serlo.  Es una de esas historias que se narran mejor en primera persona.  También es una de esas historias que podrían marcar la vida de cualquiera que como yo, y como su verdadero protagonista, haya crecido (“coming of age”, le llaman en el difícil) en el Puerto Rico de los setenta y de los ochenta, de los Kakukómicos, de Cuca Gómez, de Iris Chacón y Juno Faría, de Juanma y Wiwi, de Lucecita, Chucho, Lissette, Pacheco, las Cabbage Patch, Llena tu Cabeza de Rock, el umbral de MTV, Maravilla, Romero y el qué derrota, Cuchín y la vampirita, Michael Jackson, Prince, los aretes emplumados…

Perdón.  Creo que me adelanté un poco y me metí de lleno en los ochenta y en la adolescencia de…llamémosle Junior. Junito. Y démosle hacia atrás. Hacia La Pandilla. El Show del Mediodía. Cepillín. Pacheco.

Y el Tío Nobel. El verdadero inventor de los aeróbicos, sólo que él los llamaba ejercicios musicales y los hacía con chaqueta y sombrero de marino. El capitán de un barco imaginario, el custodio, casi siempre, de los mejores muñequitos. El amigo de los niños.

¿O tal vez no? Un chisme triste recorría mi escuela elemental. Decía que en verdad, en verdad, Tío Nobel odiaba a los niños.  Que en las pausas del programa le gritaba, o peor aún, que ignoraba a su infantil audiencia.  Que Pacheco y Sandra tenían peores muñequitos pero que eran mucho más simpáticos, incluso cariñosos.  Al show de Sandra sí fui en una ocasión, y en efecto, era una señora muy encantadora.

Pero me he distraído de nuevo.  Regreso a la historia que podría ser la mía.  Comencemos por el medio, por el punto culminante, que encuentra a Junior (¿Junito?), a mediados de los setenta, a sus cinco años, flaquito, tímido, alerta, metido en un largo tubo, esperando.  Afuera, la infantil audiencia grita, las cámaras graban, tío Nobel se impacienta.  Porque Junior espera, y espera porque está ganando la carrera, pero en realidad quiere perder.  Bueno, no perder, porque en El Show del tío Nobel nadie pierde. No.  Junior quiere ser un CASI-GANADOR.

¿Por qué? El premio para el ganador es una pista de hot wheels (o una muñeca, si la ganadora resulta ser nena), un hombre nuclear oversized (o una barbie), o algo por el estilo.  Muy atractivo, claro está.  Para el casi-ganador, por otra parte, hay…Una lata de Quick. Rico, espeso, chocolosal. Galletas. Cereales varios.  Juguetitos de plástico – no grandes ni caros, como los destinados al ganador, pero sí muchos.  Una lonchera. Lápices.  Una taquilla de niño para un circo próximo.  En fin.  La mesa del casi ganador es todo lo que Junior, a sus cinco años, a sus cuarenta libras, quisiera que fuesen su vida, su cena cotidiana, su alacena, su nevera, su casa.  Los premios del casi-ganador eran un poco la metáfora o versión infantil y setentosa de la promesa, clase-mediera, manos- a- la- obr(era), del upward mobility y el american dream-versión criolla.  Los adultos creían en la refinería, en la urbanización, en el colegio privado pagado a costa de muchas privaciones: los niños creíamos en el Tío Nobel y en el casi-ganador.

Así que Junior cuenta los segundos, sopesa la intensidad del griterío, y logra su objetivo. Calcula el tiempo justo para salir después de su sorprendido contrincante pero antes de la pausa comercial.  Se convierte en el casi-ganador y por ende en el dueño de los objetos (¡tantos!) deseados.  Sus compañeritos lo reciben con algarabía. La directora del Colegio, generalmente irritada con Junior por la deuda crónica de sus padres con la escuela, casi sonreía, con su enorme boca pintada, su enorme pelo setentosamente inflado, sus manos con largas uñas naranja.

Junior, en el quinto cielo de la abundancia que viene, calculaba la optimización de su felicidad, dividiéndola en dosis:Hoy, las galletas de queso.  Con Quick. Si hay leche. Mañana, el panky.  Con Quick.  Si hay leche.  Hasta que las garras color naranja comenzaron, suavemente, a repartir los panky en la guagua. Los lápices. El cereal.  Los juguetitos.  Hay que compartir, hay que ser justos, decía la boca roja.  Lo peor fue el Quick, rico, espeso, chocolosal, tan cerca y tan lejos de su experiencia cotidiana como el anuncio donde el conejo inevitablemente se entristece, porque se acaba.

Le dejaron la taquilla para el circo, un primer contacto con ese extraño “compartir” y esa “justicia” para las cuales el ganador tenía inmunidad diplomática (en virtud de la integridad anatómica del hombre nuclear), y la chispa de una duda en ciernes, tímida, setentosa, casi-ganadora y tristona.  La taquilla se rompió por el camino, pero ya no importaba.  Los cupones vendrían, y-tal vez- habría leche.

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Picada de ojos: Universidad…¿para quién?

Una columna en la sección VOCES del Nuevo Día de hoy trae al periódico lo que ya hace algún tiempo es tema de discusión, chisme, y susurro: el espectro de un alza en la matrícula, y los disturbios que la misma generaría.  El texto esboza un argumento para que se aumente la matrícula, y  propone algunos parámetros o criterios para guiar el aumento en cuestión.

Se trata de un tema antiguo, y espinoso.  Por un lado están los que piensan que el costo por crédito (unos 45$ para estudiantes sub-graduados, con un ajuste anual que lo aumenta levemente para cada clase entrante) en la universidad del país es demasiado bajo, y que los estudiantes deberían contribuir a los costos de su educación, que suman unos 500$ por crédito.  Del otro lado, están los que piensan que la universidad debería ser gratuita, y que cualquier costo (y cualquier aumento) mercantilizaría algo que no debe, que no debería, ser mercancía: el conocimiento, la oportunidad.

No voy a debatir, aquí, ahora, los méritos de cada postura, aunque supongo que es bastante claro que la segunda me resulta más simpática. Aclaro de entrada que me gustaría habitar (y construir) un país en donde la educación, desde pre-kinder hasta el doctorado, fuese buena y gratuita, donde cada ciudadano pudiera recibir, sin trabas económicas,  tanta educación de calidad como quiera o aguante.  No se si eso sea, en este momento, realista o posible.

Y no es eso lo que me motiva a escribir esta entrada.

Lo que me llamó la atención de la columna de González Taboada es el cierre, que lee así:

“Debe además tomarse en cuenta el potencial de ingreso de cada disciplina. Me parece muy justo que un estudiante de educación pague menos que uno de contabilidad, dado que su potencial de ingresos es mucho menor.”

No es la primera vez que escucho esa sugerencia. Y me parece bastante peligrosa.  Descontextualizada, suena razonable, con esa especie de lógica interna que tiene una hoja de cálculo de excel.  Pero examinémosla.  Hacer que los jóvenes paguen por sus estudios, no basándonos en su capacidad de pago en el presente sino en la que tendría la carrera que eligen, reproduce, y solidifica, las ya patentes diferencias de clase social evidentes en la “selección” actual de disciplinas.  En arroz y habichuelas, y siempre con sus excepciones, la tendencia en el presente es clara:  A mayor ingreso familiar, mayor la probabilidad de que un joven estudie una carrera con mayor potencial de ingreso.  Subirles el precio precisamente a esas carreras haría aún más difícil el acceso a las mismas.

La educación superior pública ha sido históricamente un mecanismo para la movilidad social.  También ha sido uno para la reproducción de las diferencias sociales. ¿Queremos restarle potencia al primero, y agravar el segundo?  ¿Queremos instituir una escala de precios que se convierta en otro obstáculo más para el muchacho o la muchacha que quiere ser ingeniero/a y que viene de una familia pobre?

Creo que no.   Y creo que en medio de la crisis fiscal que la universidad atraviesa, hay que tener especial cuidado.  Cuidado con las soluciones precipitadas que resuelvan un problema fiscal pero agraven uno social. Que las medidas diseñadas para “salvar la casa” (perdonando la expresión) no la destruyan, por favor.  La Universidad de Puerto Rico es la universidad del país, y al país se debe.  ¿Qué tipo de país queremos tener? Yo quisiera uno en la que trabajemos para quitar, no para poner, trabas en las aspiraciones de las poblaciones más desventajadas.

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tarifas, vagos, indignaciones, y otras vergüenzas de la cotidianeidad

Hace rato que tenía que haber escrito sobre este asunto de las tarifas fijas para los residenciales, o más bien (porque esto otro es lo que verdaderamente me llama la atención y me interesa) sobre la reacción que dicha política ha desatado.  Esa protesta colectiva, a viva voz, una ola de quejas que nunca he visto elevarse, al menos no con esa velocidad, para defender ninguna otra causa.  Ningún político pillo, o vago, o mantenido, ha desatado jamás semejante ira.  Los que por poco nos queman el país con el desastre de CAPECO nunca fueron blanco de una indignación así. El bono a los desarrolladores para que pudieran seguir construyendo (y vendiendo) en un país con sobre veinte mil viviendas vacías nunca fue discutido como “robo” o “parasiteo”.

Cuando decidí que finalmente escribiría sobre este asunto, tampoco escribí. No escribí porque quería producir un texto impresionante, conmovedor, o por lo menos ingenioso.  Tal vez sonoro, con esa sonoridad que con frecuencia exhiben tipazos y tipazas como Pérez Reverte, o Ana Lydia Vega, o Mayra Montero -esa sonoridad que emite el argumento en el volumen preciso, y en la frecuencia exacta, para que éste resuene en las neuronas y el corazón ajenos.  De modo que volví a no escribir.

Finalmente, supongo que hoy, decidí que igual tenía que hacerlo.  Primero, porque me dí cuenta de que no lograría la resonancia esperada (puede leer sobre “resonancia”, ese tan poético fenómeno de la física, aquí), justamente porque esa es la cualidad principal, y más repugnante, de esa indignación colectiva que hoy vengo a criticar.  Me resigno entonces a escribir cualquier cosa: un cruce entre desahogo y memo corporativo, un telegrama febril, una rabieta antipática pero inteligible, un carraspeo lanzado torpemente al mundo de la cibernia.  Que salga cualquier cosa, pensé, pienso; entramos luego y escribimos algo de seguimiento, más bonito, más sosegado, más intelectual.

Así que escribo.  Primero, para describir la cosa que enfrento aquí.  No se trata de la decisión de la tarifa fija – ni siquiera sé si esa decisión,la de otorgarle una tarifa fija de agua y luz a los que viven en residenciales públicos,  es buena, mala o irrelevante.  Probablemente, para ser honestos, en términos estrictamente económicos, es irrelevante. No lo sé.  Francamente, ni viene al caso.  Lo que me trae hoy a la ventanilla de editar una entrada en mi blog es la reacción popular a esa decisión.  Y ésta, señores, ha sido de miedo.  Los comentarios en los periódicos en línea chillan (sí, chillan, en chillonas mayúsculas) cosas acerca de esa “gentusa” (palabra que por cierto, muchos escribieron con ‘s’), que “vive del cuento”, y que “no trabajan para vivir del gobierno y de los que pagamos contribuciones.”   Hablan de irse a vivir en un caserío como si de hecho quisieran hacerlo. Hablan de un futuro donde el gobierno les dará internet gratuito también.  Hablan de plasmas, antenas y piscinas en todos esos hogares que, si una no hubiera visto de cerca, tendría que imaginar como fabulosos palacios de cuento, con fuentes cristalinas y luces de discoteca.

Pero la peor parte no fueron los periódicos, no.  Allí de todos modos siempre hay cuatro locos chillones comentando las noticias groseramente, de hecho esta vez han estado quizás hasta más educados que de costumbre.  No, la peor parte fue facebook, espacio en donde me comunico con lectores de esta cosa, con amigos, con familiares, con antiguos compañeros. Allí, me cuenta un lector, José G. (que por cierto ha escrito algo muy bueno sobre este asunto y espero que lo publique en algún lado, pronto), y acabo de verificar con mis ojitos, hay un grupo con casi cuatro mil miembros que se llama “estoy harto de mantener los vagos en PR con mis contribuciones” y que se describe a sí mismo de la siguiente forma:

“Este site es para establecer un final proximo a todos los vagos en Puerto Rico que no trabajan y se la pasan esperando la GUIRA del “MANTENGO” gubernamental, sea cupunes, ayudas, etc, etc, etc. Son todos aquellos que se la pasan perdiendo el tiempo en la casa, jugando juegos electrinicos y esperando el cheque del gobierno con una barriga que parecen nenes de World-Vision. Los magnificos parasitos que nos tienen a Puerto Rico en la bancarrota por estar manteniendolos como peces de agua dulce en estanque.”

¿”Establecer un final próximo”? ¿Qué es eso y cómo proponen lograrlo? ¿Genocidio? No, quisiera pensar que lo que en realidad desean es que todos tengan empleos. Los comentarios que leí hoy (hay páginas y páginas de ellos) dicen cosas como (esto es sin censura, lo copio tal cual, aunque me mate la “z” de “abuzo”)… “sin palabra, indignacion total….. Quien piensa en mi, en la clase media. no lo puedo creer. QUE ABUZO. por Dios agamos algo que yo me apunto, esto no puede seguir, ya no mas.”, y se ensañan con especial furor con las “guimas mantenías” que según ellos se dedican a parir y parir con toda la mala intención de continuar “parasiteando”.  Dice uno” “En especial a las Guimas cuponeras de caserio, no saben mas que paril hijos y no trabajan esperando los cupones, jajajaj…”  Hasta la foto revela odio – una mujer sobrepeso, de espaldas, con algo pegado de la bata en el área del trasero.

Yo pago contribuciones, muchas, fiel, legal y consistentemente.  Y mucha luz, y mucha agua.  Pero con toda franqueza, no creo que el furor que este grupo de facebook tan orgullosamente, y con tanta resonancia, exhibe,  se trate de eso exactamente, no.  Como pagadora de contribuciones, a mí me indignan el estado de las carreteras, el deterioro del sistema público de educación, la ausencia de transportación colectiva, la ineficacia del sistema de salud, la escasez de parques y áreas verdes, en fin, me indigna que mis contribuciones no se traduzcan en una estructura de cosas que podemos llamar el bien común y que se refiere a las cosas que nos benefician a todos: urbes limpias, menos autos, más salud, mejor calidad de vida.

Pero no, no hay un grupo de facebook que inste a Fortuño a garantizarnos ninguna de esas cosas.  Lo que vociferan las voces indignadas es que los pobres tienen la culpa, que nos engañan, que nos explotan.  Y yo quisiera aclarar un par de cosas:

  • Los pobres no nos explotan.  Lo que el estado invierte en mantener a sus ciudadanos más vulnerables es una chavería en comparación con los subsidios que reciben otras entidades, corporaciones, casi todas, que pagan muy pocas contribuciones,  generan muchas ganancias, y definitivamente no viven en un apartamento diminuto con ventanas miami y ruido de tiros en la noche, como viven muchos en nuestros caseríos.
  • La imagen del residente de caserío que ríe sonoras y siniestras carcajadas y se frota las manos porque nosotros, los contribuyentes, le pagamos un estilo de vida que incluye piscina, cable, antena, internet, losa italiana, o lo que sea, es una fantasía, o en el peor de los casos, una excepción. La mayor parte de los residentes del caserío preferirían vivir en otra parte.  Otros quieren vivir ahí, esa es su comunidad, y trabajan duro, con pocos recursos, para mantener sus apartamentos lindos, ordenados, y para bregar con el discrimen cotidiano que su geografía les acarrea.  Muchos de ellos trabajan, muchos otros desean desesperadamente trabajar y no encuentran empleo.
  • Ese punto es crucial: En Puerto Rico, la tasa oficial de desempleo ronda el 15%, la extraoficial el 19%, y esto es sin contar el sub-empleo, el empleo a salario mínimo que no da para vivir, y otros desastres de nuestro panorama laboral.  Gritarle, indignado, al residente de caserío que “se vaya a trabajar” es, en este escenario económico, un absurdo, porque sabemos que no hay trabajo suficiente para todos los puertorriqueños, vivan donde vivan, y porque en el residencial hay mucha gente que sí trabaja – porque en este país, señores, se puede trabajar mucho, duro y bien, y seguir siendo pobre.  De hecho los caseríos, como los arrabales, favelas, y otros espacios, son una de las formas físicas que adquiere el fenómeno moderno (o post-moderno?) del exceso de mano de obra potencial en una economía que “prospera” aumentando ganancias para los accionistas pero que no la prosperidad para la gente.  Los pobres NO tienen al país en bancarrota, como dice el grupo de facebook, es al revés: Los pobres son la evidencia de la bancarrota del país.

Podría seguir.  Parte de mí querría seguir. Pero me dice mi pantalla que voy por las mil trescientas palabras y prometí crear un blog, no un culebrón ni un tratado.  Me gustaría hablar de las nociones ideológicas malsanas que se ocultan detrás de toda esta “indignación” contra el residente de caserío.  Me gustaría hablar de cómo el “odio” contra el “mantenido” pobre tal vez nos distrae del timo del mantenido rico (puede ver algo sobre eso en este post).  Me gustaría hablar de algunas de las personas que conozco, que son de caserío y/o viven en uno, y que no son ni vagos, ni mantenidos, ni parásitos, sino gente buena y trabajadora. Me gustaría explicar que a veces, el internet y la antena son la manera más eficaz de mantener a los nenes lejos del punto (puede leer algo sobre eso aquí) y que algunos padres y madres optan por tener esas cosas, con mucho sacrificio, porque no pueden sencillamente mandar a los nenes a correr bicicleta por ahí.   Me gustaría describir el tiempo que pasé viviendo en un caserío del área metro cuando niña, y decirles a todos esos y esas que en chillonas mayúsculas hoy declaran que se mudarían a un caserío para que “los mantengan” que yo lo dudo mucho, que no les creo, que ellos y ellas no quieren vivir allí ná.  Ni con tarifa fija, ni sin ella.  Sólo quieren descargar su indignación, porque saben que algo anda mal, y el pobre y el dependiente siempre han sido un blanco fácil.

Foto tomada de endi.com, sección dominical del La Revista de hoy.

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un aplauso pequeñito, una corrupción grande, y una guerra “justa”. (podcast, 14/dic)

parp50-150x150Escuche el podcast…

 

En el programa radial del lunes 14 de diciembre:

El aplauso pequeñito fue para…Álvaro Pilar, director ejecutivo de la Autoridad de Puertos. No, no estoy siendo sarcástica. El hombre merece un aplauso porque aceptó la responsabilidad por el muy comentado desastre del crucero que no pudo llegar.  Es decir, que confrontado con la triste realidad del barco que no cupo y tuvo que irse a la República Dominicana, Pilar no le echó la culpa ni al gobierno anterior, ni al partido de oposición, ni a Carnival. Se la echó él y se puso a buscar soluciones.  Muy distinta esa reacción de la de su jefe el gobernador, que inmediatamente siguió el algoritmo acostumbrado cada vez que algo sale mal: A) decir “no es culpa nuestra, nosotros no lo hicimos”,seguido de B) es culpa de la administración de (Sila, Aníbal) y C) lo resolveremos con una Alianza Público Privada. Veamos la cita de Fortuño:

“Eso lo presentamos como un problema que tenemos de diseño, especialmente en el muelle 3 que se hizo en los último años. Es un problema de diseño bien serio, porque los barcos más grande ya no caben allí. Sabemos que tenemos un problema grande de diseño en los muelles que se hicieron en los últimos años. Tenemos que arar con los bueyes que tenemos en este momento, pero sabemos que tenemos que cambiar varios de nuestros muelles y para eso están incluidos en nuestra lista de Alianza Público- Privada”, dijo el Gobernador en entrevista radial (WKAQ).

En el primer segmento criticamos el historial de Álvaro Pilar (y en especial la privatización planificada del aeropuerto), y aplaudimos cautelosamente su refrescante aceptación de responsabilidad con el asunto del crucero.

En el segundo segmento hablamos de Jorge de Castro Font , el ex-senador recientemente acusado de 182 cargos de corrupción.  Sin perder de vista la importancia de procesar a aquellos que ilegal e inmoralmente se enriquezcan a costas del pueblo, repasamos el continuo de prácticas, muchas de ellas cultural o legalmente aceptadas,  que culminan  con las prácticas ilegales en el pliego de acusaciones de Castro Font.

Y en el tercer segmento, repasamos el gran oxímoron – un presidente que en medio de dos guerras y habiendo escalado recientemente una de ellas, no solamente acepta el Premio Nóbel de la Paz sino que además lo hace con un discurso que habla de la guerra “justa” y “necesaria”.

En la preparación del programa, además de fuentes noticiosas y académicas, recurrimos como de costumbre al rico contenido de la blogosfera boricua, y hoy en el tercer segmento mencionamos los blogs de paísciego.blogspot.com y de madrescontralaguerra.blogspot.com.

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Nota: Escuche el podcast oprimiendo el botón de “play”. También puede suscribirse al podcast buscando “parpadeando” en el iTunes Music Store o visitando el siguiente enlace directo: Parpadeando Podcasts. Recuerde que puede acceder a la transmisión radial de Parpadeando, en vivo, todos los lunes de 1:00-2:00PM en www.wpra990.com.

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PARPADEANDO AM, 7 de diciembre: educación y democracia representativa

parp40Escuche el podcast…

 

En el programa del lunes 7 de diciembre tomamos como punto de partida el caso reciente de la nominación, aparentemente frustrada, del psicólogo Carlos Andújar a la secretaría de Educación, vacante tras la renuncia de Carlos Chardón.  En el primer segmento, delineamos el orden de los eventos: Andújar escribió un comentario en el blog Digizen, de la autoría de Mario Núñez.  La entrada de Núñez (escrita hace varios meses) criticaba las expresiones de Rivera Schatz sobre Pedro Julio Serrano, a quien el presidente del senado había llamado “caso de insanidad mental” que necesitaba “recogerse a buen vivir.”  Digizen  no solamente denunciaba la homofobia evidente en el comentario de Rivera Schatz sino que además invitaba al senador a reflexionar sobre su propia y asumida “sanidad”, echándole un ojo a la definición clínica del desorden de personalidad narcicista.

Y, ¿cuál es la falta de Andújar?  Pues comentar en la entrada, diciendo lo que han llamado en la blogosfera una “verdad más grande que el cielo”, algo bastante evidente para todo aquel que reconozca algunos requisitos mínimos para una democracia bien llevada: Que los gobernantes deben gobernar para todos los ciudadanos, no solamente para algunos.  Aparentemente, una vez “descubierto” el comentario por los medios y discutido, amplia y en ocasiones disparatadamente, el asunto, el nombramiento de Andújar ha quedado “muerto”.

Los méritos de Andújar nunca nos quedaron claros, ni se discutieron.  Parecerían no importar en la discusión pública.  De modo que le dedicamos el resto del programa a describir algunos de los problemas más urgentes y agobiantes que enfrenta no solamente el departamento de Educación sino en general, el sistema público de educación del país, y establecimos la necesidad de hacerle preguntas serias a los nominados. Preguntas orientadas a conocer su visión sobre la conexión entre la pobreza y el problema educativo, sobre la famosa o infame ley NCLB, sobre el repetido fracaso en las pruebas puertorriqueñas, y sobre la importancia de facilitar el acceso a la educación superior.  Preguntas que tienen que ver no solamente con esa agencia sino al final del día, con cualquier posibilidad de futuro digno para el país.  Preguntas orientadas a descubrir si reconocen los problemas y  cuál sería su visión, más allá de sus tácticas, de sus estrategias, y sobre todo, más allá de si le caen bien o no a cualquier senador del país.

De la blogosfera: Además de Digizen, recurrimos a la cobertura de los colegas blogueando en Poder5, DesahogoBoricua, Cargas y Descargas,   y ElColao.  Gracias en especial al Colao por mantenerme al día sobre el asunto mientras estuve de viaje.

Nota: Escuche el podcast oprimiendo el botón de “play”. También puede suscribirse al podcast buscando “parpadeando” en el iTunes Music Store o visitando el siguiente enlace directo: Parpadeando Podcasts. Recuerde que puede acceder a la transmisión radial de Parpadeando, en vivo, todos los lunes de 1:00-2:00PM en www.wpra990.com.

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picada de ojos: Fortuño vs. Obama, 2012

palinamd_fortunoLa versión en línea del Primera Hora de ayer miércoles cita una noticia de Prensa Asociada que a su vez hace referencia a una columna de Newsweek que, dice el PH, menciona a Fortuño como posible compañero de papeleta de Palin. Cuando se me pasó un poco el susto, busqué la columna original de Andrew Romano en newsweek.com.  Parece, en primer lugar, que en la cadena formada por Newsweek, AP y PH pasó un poco como en ese juego de niños donde alguien dice un mensaje al principio de la fila, se lo pasan de oreja a oreja y al final llega convertido en otra cosa.  Porque la columna original, titulada Absurdly Premature 2012 Watch…the Governor or Puerto Rico…for President? de lo que habla es de Fortuño como posible candidato (sin la Palin) a la presidencia.

Ahí me volvió el sobresalto.  Pero yo soy de esos desafortunados seres que cuando más se asustan es cuando más tienen que mirar – de los que por ejemplo, tienen que examinar la aguja, con los ojos bien abiertos, mientras les sacan la sangre en el laboratorio clínico.  De modo que seguí leyendo.  Y escribiendo esto, para compartir con ustedes mi alarma así, en “real time”.  La columna de Romano, que empieza por reconocer abiertamente y desde el título mismo lo absurdo que resulta discutir candidaturas republicanas con tres años de anticipación, relata lo que constituye, fundamentalmente, un chisme interesantísimo, un faranduleo político encantador.  El hombre divide a los posibles candidatos a presidente en cuatro categorías – los evidentes (gente como Romney y Huckabee), los “wild cards”, como Palin o Gingrich, los “long shots” (republicanos prominentes que podrían correr, si quisieran), y…Fortuño.

¿Por qué Fortuño? Porque se lo mencionó personalmente al autor, como posible candidato, un personaje de nombre Grover Norquist, muy mentado e influyente en círculos republicanos, que entiende que Fortuño podría surgir rápidamente como un candidato nacional viable, y que ha logrado cosas “impresionantes” en Puerto Rico:

“He could pop up on the national level like that,” said Norquist, snapping his fingers. “I’m very impressed with both his presentation and what he’s accomplished so far.”

¿Quién es este señor Norquist? Es un republicano firmemente ubicado a la derecha de la derecha, emisor de la famosa cita “Yo no quiero abolir el gobierno [federal].  Simplemente deseo reducirlo a un tamaño que pueda arrastrar hasta el baño y ahogar en la bañera. (“I don’t want to abolish the government. I simply want to reduce it to the size where I can drag it into the bathroom and drown it in the bathtub.”)  Su causa más sonada ha sido la reducción del gobierno y de los impuestos utilizados para sostenerlo, y es el autor del libro Leave us alone: Getting the government’s hands off our money, our guns, and our lives.

¿Y por qué esta persona está “impresionada” con Fortuño?  Porque, dice Romano en la columna, Fortuño ha logrado utilizar efectivamente el estímulo que resulta de las políticas de “big government” de Obama para hacer todo lo contrario – recortar la nómina gubernamental. También, dice Romano que le dijo Norquist, Fortuño aprovechará que tiene una “legislatura republicana” (ejem…reality check para la mayoría de los legisladores, que se pensaban demócratas) para pasar dos medidas más, al gusto de sus colegas en el continente: Un proyecto de “school choice” (léase privatización del sistema de educación público) y otro de “reducción del tope de impuestos” a los que más ingresos generan.

El autor de la columna deja claramente establecido que la idea de Fortuño como candidato es lo suficientemente remota como para salirse incluso de la categoría de “long shot”.  Pero una cosa es clara: Las políticas públicas y las ideologías que aquí están haciendo a Fortuño cada vez menos re-elegible en unas elecciones boricuas son dulce carnada para la extrema derecha norteamericana, que ha demostrado ser capaz de aceptar como parte del club a políticos minoritiarios ultra-conservadores (¿se acuerdan de Condoleeza Rice? ¿y de Alberto González?) y que necesita caras nuevas y jóvenes con bocas que emitan mucho la palabra “cambio”.

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