Mirando con incredulidad lo cotidiano, y buscando humanidad en lo “exótico”.

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un ahorro de lujo en la UPR

Conceptualmente, tiene sentido implementar medidas de austeridad en la Universidad de Puerto Rico.  Después de todo, el país está en una crisis económica, y los destinos del país y de su universidad están atados en la más íntima de las relaciones: Sobreviven, triunfan o se hunden al unísono.

Pero en la práctica la cosa cambia un poco.  Porque no todas las medidas son iguales, o afectan a todo el mundo por igual.  Y hay algunas medidas para lidiar con la crisis que atentan contra la identidad misma de la Universidad. Que la distancian del país.

Tomemos por ejemplo aquellas que tienen que ver con el número de estudiantes que la universidad planifica atender.  No se habla, oficialmente, mucho de ello: Pero hay señales, y no son buenas. La Junta de Síndicos ha dicho en repetidas ocasiones que espera recaudar 40 millones del alza en la matrícula que llaman “cuota especial”.  A 800 pesos por cabeza, ese estimado asume 50,000 estudiantes matriculados en el sistema.

Solamente 50,000.  La última vez que la UPR tuvo esa cantidad de estudiantes fue en la década de los setenta.  Ahora atiende alrededor de 65,000: uno de cada tres estudiantes universitarios de la isla.

La distancia que la nueva política de ocupación generaría entre la institución y el país se agrava cuando consideramos el perfil de esos quince mil estudiantes actuales y potenciales que se quedarían sin atender.  Los índices de admisión (IGS) que constituyen el criterio único de admisión a la mayoría de nuestros programas, aumentan, en promedio, según aumenta el ingreso familiar de los estudiantes. Esto quiere decir que aunque hay estudiantes con todo tipo de IGS en todos nuestros sectores sociales, hay una tendencia a que el IGS (y por lo tanto la probabilidad de ser admitido) aumente según aumenta el estatus socioeconómico.  Dicho sesgo no es un reflejo del potencial académico sino de desventajas sistemáticas que afectan más a unos sectores que otros a través del tiempo.

El IGS, por su parte, es en gran medida una función del cupo en determinado programa.  Mientras más popular es un programa de bachillerato, y más gente solicita admisión a él, más alto se vuelve el IGS.  ¿Cuáles son los programas más populares del sistema? Por mencionar algunos: Todas las ingenierías; Biología y Pre-médica; Contabilidad.

Súmele, al bajo estimado de ocupación, las prácticas implementadas en el presente proceso de matrícula, y el cuadro empeora.  Las medidas implementadas en distintos recintos, implican una menor oferta de clases disponibles para matricular.   Para un estudiante que depende de la beca Pell para estudiar, no poder matricular su requisito mínimo de doce créditos constituye más que una barrera: Puede ser el fin de sus estudios en la UPR.

Algunos hablan de una Universidad “más pequeña y ágil”.  Yo creo que parte de la “agilidad” de la universidad pública debe estribar precisamente en su capacidad para atender sectores y geografías diversos.  El problema fiscal en la Universidad no debe, no puede, tratarse como una hoja de cálculo gigante.  La eficiencia no puede darse en un vacío moral.  Las decisiones que tomamos para cortar gastos pueden solucionar un problema matemático de presupuesto-pero agravar los problemas socioeconómicos del país.

Cerrar cupos y secciones para “ahorrar” gastos implica así cerrar oportunidades para muchos futuros ingenieros, médicos y contables en la universidad del país, y sentar las condiciones para un estudiantado menos diverso, más homogéneo socioeconómicamente.

¿Pueden el país, y su Universidad, darse ese lujo?

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bananas

foto:primera hora

Hace algunos días, en ocasión de la protesta universitaria en el Jardín Botánico, el gobernador Fortuño, un tanto asqueado, se refirió a la escena como una digna de “una república bananera en revolución.” En ese momento, pensé que se trataba de un acto de ignorancia exhibicionista de su parte, una revelación de su desconocimiento de la historia, un error.

Hoy creo que fue un lapsus, una confesión, tal vez la articulación a destiempo de su visión para el país.

Según wikipedia, la república bananera tiene tres características principales: Inestabilidad política, dependencia en productos agrícolas limitados, y una camarilla corrupta y ricachona en el gobierno.

Dos de tres, supongo.  Faltan los guineos.

Mi primer contacto con la idea de “república bananera” fue en mi adolescencia, cuando leí la saga de los Buendía y de su soledad, relatada tan magistralmente por García Marquez.  De modo que lo primero que supe, o que pensé, de las “repúblicas bananeras”, es que en ellas se desataba la violencia indiscriminada de un estado corrupto sobre una población empobrecida que protesta.

Y  de hecho, el gobierno de Fortuño nos ha traído lo más parecido a esa imagen que he visto en Puerto Rico.

En las repúblicas bananeras, esa violencia estatal actúa en función de los intereses de corporativos y/o de algunas familias poderosas.  El ejemplo más famoso, históricamente, es el de la masacre colombiana de 1928, donde murió un número indeterminado de huelguistas. Los huelguistas querían mejores salarios.  Los soldados querían proteger los intereses de Chiquita Banana.

¿Qué intereses estarían protegiendo hoy los puertorriqueños enchalecados, enmacanados y encasquetados que embestían gente desarmada en las escaleras del capitolio?  Ya sabemos que parte de los fondos ARRA que le negaron a la universidad fueron pasados ágilmente al departamento de Educación y de allí convertidos, en esa prodigiosa alquimia legislativa, en asignaciones de fondos para cosas como la bibliotecas de Roselló y de Cuchín…Sabemos también que algo se traen, para hacer chavos metiéndole mano al (des)protegido karso….Sabemos que no les gustan la Universidad pública, el Instituto de Cultura, el Colegio de Abogados, los corredores ecológicos, la propiedad colectiva de lugares potencialmente lucrativos, como el Caño…Sabemos que creen que los servicios públicos deben ser manejados por manos lo más privadas posible, hasta para el “servicio público” de botar servidores públicos…Sabemos que son machos machazos masculinos y que si un senador protesta le dicen cua cua y que si la prensa se asoma la botan.  Sabemos que les encantan los barriles.

Sabemos que el gobernador piensa que la Universidad es un gasto, y esa apreciación es consistente con el asquito que le tiene a la república bananera que le ha tocado regir, y en la educación superior de la cual, quizás piensa, no vale la pena invertir…Mejor rodearla de soldados.

Sabemos, especialmente, que hoy los legisladores tienen en su agenda lo que tal vez debería ser la decisión más pública y más transparente: el presupuesto de Puerto Rico y su distribución.  En él plasman, en principio, su visión de país, las promesas que los llevaron al poder, el programa de gobierno…

Pero no hay que estar allí para saber cuál es el programa ese, supongo.  Ya nos lo dijo el gran jefe, a destiempo, hace unas semanas.  La república bananera lo asquea, pero es la verdadera visión, una visión compartida por la legislatura.

Sólo nos faltan los guineos.

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primavera y democracia, parte cuatro: tristes contrastes.

Otra asamblea estudiantil, esta vez nacional. Nuevamente, como ya es típico de este movimiento, un modelo de orden y democracia participativa. Un cierre apropiado para lo que ha sido lo que podríamos llamar la primavera boricua, una defensa de la educación superior pública madura, democrática,ágil, e innovadora. Un movimiento que gusta del juego (medios, bailes, canciones, improvisación teatral) pero no de la superficialidad.

¿Y mientras los jóvenes celebran, qué hacen los adultos?

Bueno, los adultos que están a cargo de liderar los destinos del país estaban ocupados bajando legislación en esa modalidad de “descargue” que se les ha vuelto tan frecuente.   Mientras la minoría les exigía a grito pelado una discusión sobre la medida, que busca aumentar el número de síndicos de la junta de gobierno de la UPR, la mayoría penepé del senado aprobó el proyecto de ley, de la autoría de Arango, y lo pasó rápidamente a la Cámara.

Suspiremos.  Qué contraste. Porque si algo aprendió el país de este movimiento estudiantil, es la importancia de permitir la discusión y el estudio de los asuntos complejos.  No permitir que los mecanismos democráticos (como el voto) se conviertan en mecanismos para subvertir la democracia (como el voto en ausencia de debate y análisis colectivo.) (Más sobre ese tema en las entradas recientes de ÉFT e Hiram Meléndez Juarbe).

En su afán de NO buscarle las cinco patas al gato, nuestros insignes legisladores dejan al gato sin patas.  Sin bigotes. Sin cabeza.  La legislación se pasa con prisa, con errores, enraizada no en la investigación sólida sino en los prejuicios de sus autores, y de sus lectores.  A veces, la aprueban sólo para descubrir, como le ocurrió recientemente a la senadora Rashke y a la procuradora de las mujeres, que ya existía. Es la mentalidad del quick fix que quiere resolver la cosa rápido, del marroneo que cambia las reglas para lograr el objetivo, del nene que se lleva el bate y la bola cuando pierde.  La mentalidad de la pereza que pretende producir medidas sin estudiar los asuntos, del que piensa que la democracia existe en función de la ley y del orden y no viceversa, y que por ello pasa también legislación para aplicarle a los Tito Kayaks del país el peso de un “delito grave” si con sus protestas detienen la siembra de cemento.

Todo ello evidenciando que al país le hace falta no una universidad más pequeña, como la quisiera ¥grí, sino en todo caso más universidad, más educación, más profundidad.  Que haya más complicación conceptual/intelectual (bienvenida sea, porque el mundo es complicado) y menos complicación burocrática, como la que nos crea la legislatura con las leyes mal hechas apilándose unas encima de las otras, contrariándose, repitiéndose.

Se le quitan a una las ganas de escribir.  Pero imposible irme a dormir sin referirme, esperanzada, una vez más, a los miles de autoras y autores de la primavera boricua, y al deseo, todavía vivo, serio, funcional, de hacer universidad, dentro y fuera de las aulas.

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entre pájaros y escopetas

Cada vez es más evidente que “esta gente”, y me refiero al alegre grupo compuesto por la presidenta de la Junta de Síndicos, el presidente de la Universidad, el gobernador Fortuño, y los fantasmas de todo tipo que les susurran (¿órdenes?¿peticiones?¿ideas?¿sueños?) al oído, que esta gente prefiere la universidad cerrada.  No sé como más llamarlos.  Referirme a ellos como “la administración” mancha la memoria y la acción de aquellos gerentes académicos a quienes les importa(ba) la institución y lo que significa.  Referirme a ellos como “el gobierno” oscurece el hecho de que las fuerzas siniestras que manejan y a las cuales responden están metidas en todas partes y canalizadas a través de muchos cuerpos, incluyendo cuerpos universitarios.  Los llamaré, de momento, “esta gente”.

Pues esta gente no quiere abrir. Le han cogido el gustito a la universidad cerrada.  Insólito, pero cada vez más obvio.  La campaña publicitaria que supuestamente pretende “que los portones se abran” (ahhhh, las metáforas) parece más bien diseñada para antagonizar y culpar al movimiento estudiantil con el que supuestamente están negociando (esta gente prefiere, apropiadamente, el término “dialogar”) y así mantener a la universidad convenientemente cerrada.  Negocian sin ganas, emplazan a sus compañeros de mesa, se van de vacaciones en pleno asunto, pierden la tabla, le chismean a la prensa…

¿Cómo llegamos a un estado de cosas donde la huelga no presiona?¿ A un estado de cosas, decía, en donde LOS QUE MANDAN NO QUIEREN ABRIR?

[Las implicaciones de esto en términos de estrategia han sido discutidas recientemente con lucidez y empatía por la estudiante Mariana Iriarte en su blog. Para leerlas pulse aquí.]

No sé. Algunos alegarán que esta gente siempre fue así, y que sencillamente se les ha estado viendo más la costura últimamente. Que las ideologías, programas de gobierno, corrientes globales históricas, y desórdenes de personalidad de los susodichos hacen de esta incomprensible actitud algo inevitable.  Otros alegarán que leemos demasiado en las acciones de una gente, esa gente, que se ha caracterizado por la arbitrariedad e improvisación en la acción, por la incompetencia en la planificación, por la torpeza en la ejecución. Tal vez son ambas cosas. Tal vez ninguna.

Esta mañana, bajo los efectos de un café bastante bueno, se me antoja imaginar a ESTA GENTE en el diván de un psicólogo/a setentoso, recién iniciado en la ahora popular y populosa progresión de Kubler-Ross. Las famosas etapas de manejo de pena/duelo/crisis.

Etapa 1: Negación.

Los estudiantes están alborotándose, dicen que sospechan de nosotros.  Dicen que se irán a huelga.  Bah.  No creo que lo hagan. Esto pasará.

Etapa 2: Rabia, Ira.

¿Qué se creen esos jóvenes imberbes? ¿Mejor dicho, esos jóvenes peludos? Cómo se atreven a desafiarme a mí, que cuando ellos iban yo venía, a mí, que soy la autoridad? Llámate a la policía, a ver si después de un par de macanazos siguen así de bravos.  No les dejes pasar comida, para que vean, que se dejen de pensar que son el ché…llévate el taser, por si acaso.  Y móntales una campaña de medios que los demonice  bien chévere, a ver si va una turba de graduandos y les abre el portón a la cañona…

Etapa 3: Negociación.

Bueno, está bien, vamos a sentarnos.  A dialogar.  Nos sentamos, hablando, no pretenderán que de hecho cedamos en nada, pero igual nos sentamos todos los días, y discutimos sobre los puntos, los adjetivos, las comas, y si dialogo bastante con ellos tal vez se sientan atendidos y se salgan de los portones…Es más, vamos a llamar al obispo, a ver si quiere sentarse a hablar con ellos también… un poco de religión nunca está de más…

Etapa 4: Depresión.

Bah. No vale la pena. Estos pelús son muy tercos. ¿Y la mayoría silente, donde está? ¿Cuántas asambleas más voy a tener que auspiciar?  No se resignan a “dialogar” solamente, tienen la cara dura de esperar “resultados concretos” y de que se les trate como adultos.  Me voy a deprimir/ ir de vacaciones/ sentar aquí con cara de zombi. ¿Será que esta huelga va a durar para siempre?

Etapa 5: Aceptación.

Bueno, y si dura para siempre, ¿qué? Tal vez sea hasta mejor…No pagamos sueldos ni gastos operacionales, nos ahorramos los chavitos que íbamos a levantar con la malhadada video-lotería esa…Mientras la vegetación se apodera de los recintos, y estos pelús se vayan, agotados, podemos cambiar la universidad por completo!!!! Es grande, es cara, se mete cada atorrante…Cerradita, mientras la repensamos.  Más pequeña, ágil, eficiente.  Tranquilos, muchachos.  Todo saldrá bien. Nueva ley universitaria coming right up…Total, si la semana que viene aprobamos el presupuesto en la legislatura para el 2010-2011.

Hasta ahora los estudiantes han demostrado estar un paso adelante.  No creo que vayan a bailar el baile, como indica Iriarte en su blog.  En cuanto a las escopetas, les recomiendo regresar al diván.  Se me acaba el café. Nos leemos luego.

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hoy, los estudiantes:primavera y democracia, parte tres.

El 29 de abril, los estudiantes del Recinto de Mayagüez se autoconvocaron y llevaron a cabo una de las asambleas mas ordenadas que he visto en mi vida. El orden de la misma era especialmente sorprendente por lo difícil de su decisión final: un paro.  A pesar de la prohibición administrativa de reuniones no autorizadas, a pesar de lo complejo del asunto, a pesar de todo, el debate de ideas imperó.  Hubo turnos, se escuchaban, debatieron, votaron.  Ese día comenzó la ocupación de los portones. Ese día los muchachos y las muchachas, contra todas las predicciones,  le asestaron un golpe al atentado contra la libertad de asociación.

El 3 de mayo, en un referéndum auspiciado por la administración, generaron un voto de huelga. De nuevo, contra toda predicción. Otro golpe, esta vez al machacadísimo concepto de “mayoría silente”, con la cual la administración contaba para seguir ignorando los reclamos de transparencia y accesibilidad.

Hoy, 24 de mayo, lo han logrado de nuevo. Contra toda predicción, contra una batalla campal en los medios, contra la cacofonía de los altavoces que los recibieron en la asamblea conminándolos a decirle NO a la huelga (y a las drogas, como si las dos fueran la misma cosa), contra las amenazas fatulas, contra administradores encubiertos “militando” entre los padres preocupados que se dieron cita a las afueras, contra el calor y la sed producto de nueve horas de espera en la brea caliente de un parking, contra el cateo de la entrada, contra los disparates, la desinformación, y la alarma…Ganaron. Abrumadoramente.

Me cuentan los estudiantes que ellos también dudaron. Que al llegar, escuchar la tumbacocos, ser asediados por padres repartiendo flyers, y escuchar expresiones de repudio a la huelga, pensaron que hasta ahí llegaba la ola de victorias electorales. Les pregunto que pasó, que cambió. Me  cuentan que tal vez fue la sucesión de puntos a favor y puntos en contra, el debate de ideas, el intercambio de posiciones. La antipatía contra el que dijo que en los portones lo que había era “fresquerías”. La simpatía por el que dijo que él también se graduaba, pero que….había que preservar la universidad pública.  Hoy ganaron el colectivismo, la stamina, y la madurez política de unos estudiantes que a todas luces tienen mayor capacidad de negociación que sus interlocutores en la Junta de Síndicos, quienes dan una batalla en la mesa de diálogo, y otra, muy distinta, en los medios.

Otra vez, hoy, la lucidez, la primavera, la democracia. Y yo, aunque con el cansancio y la comedera de uñas lo palabreo todo con torpeza, me siento afortunada de vivirlo de cerca.

A los estudiantes: Mis felicitaciones. Tres veces airosos.

A los síndicos de la UPR: Sus constituyentes (porque no son, no deberían ser vistos como oponentes, sino como universitarios) merecen más respeto. La comunidad universitaria quiere que ustedes negocien, de frente y con verdad.

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In his budget address a few weeks ago, governor Fortuño referred to public, affordable higher education as a “privilege” that Puerto Rico provides to its students  at no small cost to its citizens.  To reinforce the message, he compared UPR tuition prices to the much higher ones of other, private, higher education institutions in the island, and of colleges and universities in the United States.

In an  “us vs them” move seemingly designed to conceptually place responsible tax payers against  protesting students, he stated that “tuition paid by students, when they do pay, is but a 3% of the university’s budget…the rest is paid by us taxpayers. Which is why our people, just and noble, yes, but also democratic and respectful of law and order,  get upset when they see what we have all seen in the University these past two days.” As the strike grew bigger and more complicated, today involving all of the 11 campuses, a number of public and private citizens have echoed the governor’s general message, portraying the students as selfish, privileged, disorderly, and “ideologically” driven.  As I write this column, the president of the UPR’s Board of Regents is stating, on the radio, that the striking students are “breaking down the institution”.

At the heart of this image is the idea that the university is too inexpensive for the individual students and too expensive for the state, thus rendering student complaints about the elimination of tuition waivers, and their insistence that tuition rates stay low, as shallow.  I propose we examine this notion. Is the university really “too cheap”?  Is it a “cost” to the state?  “Cheap” and “expensive” are relative terms, and they arise from comparing the costs of the UPR with other institutions.  However, is the comparison with private institutions in the island, and with public and private universities in the US, an appropriate comparison?

Private institutions in the island have helped the country meet an increasing demand for higher education degrees but in terms of efficiency and value, economic studies have shown that the University of Puerto Rico,with  double the graduation rate and producing 95% of the island’s research output, represents the best return on investment for public funds.

Universities across the United States, a country traditionally known for its excellence in higher education,  are experiencing problems that the states are concerned with.  Two (related) ones are 1)access issues faced  by minorities and low-income students and  2)the production of STEM (Science, Technology, Engineering and Math) degrees.  Access problems are in great part due precisely to increasing tuition costs in 4 year colleges and universities.  STEM degrees hover around 20% of US degrees, at a time when the country desperately needs to increase the domestic STEM workforce.  Mainland universities have an average of only 14% of their student body qualifying for need-based Pell Grants.  A number of efforts in the United States, including the intensive use of federal ARRA funds, are directed at increasing the number of underrepresented students and of STEM degrees.

In contrast, at the University of Puerto Rico, 40% of the degrees are STEM, and two-thirds of its student body qualifies for need-based aid.  The UPR produces today 16% of the Hispanic STEM workforce in the US.  Historically, the people of Puerto Rico have viewed their public university not as a cost or as a burden but as an investment-the kind of investment most needed in times of economic crisis.

The governor is fond of the “family” metaphor.  He often compares Puerto Rico and its current fiscal crisis with a family that needs to make hard choices to face periods of economic crisis, and wonders out loud about why the  UPR cannot seem to be able to “tighten its belt” like so many families have done around the island.  But even within the metaphor, choosing to take resources away from the public university in times of fiscal crisis would be akin to taking away children’s educational opportunities.  Few families would agree with this choice.

The constitution of Puerto Rico (section 5, art.2) provides for a free public education system covering grades 1 through 12.  This was in 1952, when a high school diploma brought a certain amount of prestige and a number of job opportunities.  It could easily be argued that what the high school diploma meant for the fifties, the college degree means for today.

Affordable, public higher education cannot be seen as cost or expense, but as value. It is one of those things where Puerto Rico consistently “lo hace mejor.”  It is one of the best investments we have made as a collectivity, as a society. Let us protect it.

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ok, hablemos de “ideologías”: huelga y neblina en la upr.

Una de las acusaciones lanzadas con más frecuencia en dirección de los estudiantes que, en todos los recintos de la UPR, ocupan los portones universitarios en lo que se ha convertido en una huelga histórica, es la de “ideológicos”.  Es una acusación que escucho en la radio y leo en el internet todos los días. Por “ideológico”, los que acusan implican que los huelguistas están guiados por una motivación de tipo separatista, y que es esa la “verdadera” agenda.

No voy a “defender” aquí a los estudiantes de esa acusación.  Eso es caer en la lógica del que acusa.  Hoy vengo a plantear las ideologías  que el “otro lado”, el de las autoridades gubernamentales y universitarias, muestra.  De aquellos que se oponen a la huelga y que repudian el comportamiento de los estudiantes por ser “ideológico”, sin prestarle  la atención a la bíblica, enorme, super-ideológica viga en el ojo propio.

Comencemos por la Junta de Síndicos.  Sin entrar en consideraciones históricas sobre su formación, se trata de un organismo que tiene como función velar por los intereses de la universidad pública.  El Reglamento de la Universidad de Puerto Rico y la página de internet de la misma Junta la definen como sigue:

“La Junta de Síndicos es la Junta de Gobierno de la Universidad de Puerto Rico y el Organismo en el cual el Pueblo de Puerto Rico ha delegado la autoridad para dirigir, orientar, reglamentar y gobernar el Sistema Universitario. En el ejercicio de esos poderes, y en representación del interés público, la Junta debe velar porque la Universidad responda a las necesidades de la sociedad puertorriqueña y constituya un elemento esencial en el esfuerzo de darle solución a los problemas con que se confronta nuestro pueblo. La Junta debe estimular el desarrollo de los talentos y recursos de la Universidad para convertir en realidad los valores fundamentales de nuestra sociedad...”[Énfasis mío. Para leer el reglamento pulse aquí]

La Junta es así la fiduciaria, o guardiana, de los intereses del país relativos a las funciones de la universidad. Debe representar el interés público. ¿Cómo ha estado llevando a cabo esa función últimamente? Veamos:

  • Aceptó, sin chistar, la alteración de la base de la fórmula de asignación de presupuesto para la UPR que generó la mayor parte del cacareado déficit. En lugar de tratar de impedir el déficit original, lo acepta como un hecho y le pasa la cuenta, la receta de la “medicina amarga” a la institución que dice proteger.
  • Ante la rebelión estudiantil, se sientan a “negociar”. Como parte de la negociación, proponen eliminar aquellas exenciones por mérito que le sean otorgadas a estudiantes que, por desventaja socioeconómica, cualifiquen para recibir beca Pell.  Es decir, de hecho recomiendan reservar la educación GRATUITA para aquellos que NO tengan necesidad económica.
  • Ante la insistencia estudiantil, expresada democráticamente de distintos modos, incluyendo asambleas sugeridas insistentemente por la propia junta y llevadas a cabo con debate y  con quórum, se ofenden, y aprueban no solamente la presencia policiaca sino el cierre indefinido de la universidad.

En 2008-9 (pulse aquí para el informe)  se otorgaron 22,508 exenciones,  promediando $671, para un total de $15.1M, por lo que el ahorro para la Universidad sería del orden de 67% de $15.1M (proporción de estudiantes de la UPR que recibe beca Pell) o de $10.1M.

Digamos que la propuesta de la Junta le ahorraría a la UPR  diez millones. En repetidas ocasiones, representantes de la administración universitaria han indicado que el cierre acarrea pérdidas equivalentes a un millón diario.  Esto solamente en Rio Piedras y solamente en la Universidad, sin contar los gastos adicionales de, por ejemplo,  policías estatales para “vigilar”  a los muchachos.  ¿De modo que con tal de ahorrarse diez millones anuales, están dispuestos a perder, como mínimo, sesenta? ¿Y por qué la obsesión con esos diez millones, cuando la insuficiencia económica presupuestaria proyectada para el próximo año es de 134 millones, según la OGP? ¿Qué sorpresas nos tendrá la Junta para los otros 124 millones que faltan?

La única explicación para el comportamiento de la Junta es que han claudicado su rol de custodios del patrimonio académico, del capital cultural del país, e incluso de la muy cacareada salud fiscal de la UPR, para convertirse en portavoces de una postura ideológica, tan ideológica, o más, como la de los muchachos que hace un par de días alegremente cambiaban  la bandera pecosa por la monoestrellada.  La ideología de la medicina amarga, del shock and awe, del quitarle fuerzas a la inversión pública.  La ideología del sálvese quien pueda, porque el mundo es del capital y el conocimiento no es una prioridad para el estado.  La ideología que tanto le ha costado a América Latina y al mundo. Como dice Galeano: En momentos como éste, cuando esta Latinoamérica nuestra sufre, con el resto del mundo, las consecuencias nefastas del desplome de la avaricia del capitalismo salvaje, hoy más que nunca, no nos podemos dar el lujo de darle la espalda a nuestros estudiantes.

Por supuesto que los estudiantes huelguistas tienen motivaciones ideológicas.  Representan la creencia en la inversión pública y especialmente en la educación pública, representan la idea de que la universidad accesible es importante para la calidad de vida de los pueblos, representan la esperanza en una existencia en que se pueda obtener calidad de vida no sólo por el tener sino por el saber.

Hace unos días, el analista estadista Ignacio Rivera recordaba las palabras de un militar estadounidense a propósito de Vietnam: Fue necesario destruir la villa para poder salvarla. McNamara diría tal vez que esa destrucción representa, en la neblina que es  generada por la guerra, la pérdida temporera del norte ideológico, de la razón primera. Acá podríamos alegar que la obsesión que la Junta demuestra con el tema de las exenciones (aún a costa de sesenta millones) representa la pérdida temporera del norte de su misión fiduciaria, en la neblina creada por el conflicto actual.

Pero temo que no.  Me temo que más que la pérdida del norte ideológico, que debería ser consistente con la misión de la Junta, lo que estamos presenciando aquí es la revelación de las ideologías que verdaderamente guían las acciones de la alta gerencia académica de hoy.  Son las ideologías que describe Klein en Shock Doctrine, las que han guiado la transformación económica de países tan diversos como Chile y Polonia, las que tienen como único norte la liberalización extrema de los mercados y la destrucción de la inversión pública en asuntos que no generen capital en el corto plazo.  En ese marco de referencia, la universidad privada es la que tiene sentido, y la pública es un lastre, un costo, que hay que abaratar para el estado y encarecer para los individuos. En ese marco de referencia, el estado se reduce en toda inversión social, pero se crece en su rol de administrador de la mano dura.  La Junta no quiere negociar con los huelguistas: quiere domarlos, darles una lección. Por suerte, el país no está de acuerdo.

Si nos vamos a preocupar por las “ideologías” de los actores protagónicos de esta huelga, propongo que nos fijemos para variar en las de la gerencia, y dejemos de momento a un lado las de los “pelús”.

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picada de ojos: la universidad, enmarcada.

El mensaje del gobernador, especialmente la sección sobre la UPR, fue indignante. Nefasto.  Y efectivo.

Y al decir “efectivo” no quiero decir ni que tiene razón ni que habla con verdad.  De hecho hay varios momentos que ejemplifican muy bien el uso resbaladizo, fragmentado, que suele dársele a la verdad en este tipo de mensaje político, independientemente de los bandos, los colores, o la ocasión histórica.  Como cuando habló del “porciento fijo” que representa el presupuesto de la Universidad pero olvidó aclarar que la base sobre la cual se calcula ese porciento fue alterada, como parte de los contenidos aprobados en la todopoderosa Ley 7.

Pero no vengo a hablar de las medias verdades sino de la efectividad del mensaje.  Por “efectivo” quiero decir que probablemente logra su cometido.  Cometido que, por cierto, no tiene nada que ver con convencerme a mí.  Ni a mí ni a los tantos otros que vivimos enamorados y enamoradas del concepto, del espacio, de la idea, de la metáfora, de la institución y del proyecto cultural que es la Universidad de Puerto Rico.  No.  De hecho, una de las cosas que hace efectiva esa sección del mensaje es justamente eso-que de entrada, el gobernador NO nos está hablando.  Ha decidido no hacerlo.  Nos “tira a pérdida”, no intenta convencernos, y convierte ese exilio (no somos parte del acto comunicador sino espectadores del mismo) en parte de la estrategia de comunicación.

Y esto no es una movida discursiva particularmente original, ni nueva. Es un clásico de los comunicadores políticos conservadores en Estados Unidos.  Lakoff y otros linguistas lo llaman “framing”, y se trata de una forma de comunicación política estudiada, probada, y en el desarrollo de la cual se ha invertido mucho dinero.

Es importante recordar que “framing” tiene el significado literal de enmarcar (lo que le hacemos a las fotos y los cuadros) pero también el más metafórico de  incriminar (lo que le hacemos a las personas cuando los hacemos quedar mal, o como falsamente culpables.)

El framing funciona así: Cada palabra está atada a un marco conceptual, del cual somos más o menos conscientes.  Un ejemplo que provee Lackoff es el de Arnold Schwarzenegger aceptando la gobernación, y diciendo “cuando el pueblo gana, la politiquería (politics as usual) pierde.” ¿Qué logra con eso? Logra enmarcarse a sí mismo, el ganador, como el resultado de la elección del pueblo y la encarnación de esa victoria, y a a la legislatura demócrata como “politics as usual” y pronta perdedora.  Todo esto por adelantado, anticipándose al debate.

Otro ejemplo que usa Lackoff: la frase “alivio contributivo” (“tax relief”).  Ésta enmarca no tanto al “alivio” como a las contribuciones – si hay “alivio” esto implica que las contribuciones son una “dolencia”, una “enfermedad” de la cual hay que aliviarse.  De manera similar, los conservadores en Estados Unidos se han apoderado de cosas como “los valores”, la “vida” , la “familia” y hasta de la “libertad”.

¿Y qué tiene que ver todo esto con el mensaje de hoy y con la universidad? Veamos el discurso de Fortuño:

“Como hemos dicho en el pasado, estabilizar nuestras finanzas y reconstruir la economía de Puerto Rico es tarea compartida de TODO nuestro pueblo…Es por eso que nuestra gente no entiende por qué, si todos nos hemos tenido que ajustar los pantalones en los pasados años, la Universidad de Puerto Rico no pudo hacer lo mismo.”

De entrada, hay un framing – una dicotomía entre EL PUEBLO y SU UNIVERSIDAD- colocados de repente, gracias al lenguaje, en bandos opuestos.  No se trata de la UNIVERSIDAD DEL PUEBLO, sino de una universidad distante del pueblo, y de sus sacrificios. La UPR queda enmarcada desde el arranque como una entidad ajena, elitista, enajenada y engreída.

Y así se desarrolla el resto de ese capítulo del mensaje: De una parte, la universidad del estado, representada por seres que en la narrativa de Fortuño, se rehúsan a reconocer su privilegio y a “ajustarse los pantalones”. De otra parte, todo el resto del país. Como lo hace aquí,

“O sea, que la matrícula que pagan los estudiantes de la UPR cubre apenas el 3% del presupuesto de la Universidad…el resto lo pagamos NOSOTROS LOS CONTRIBUYENTES.  Por eso es que nuestro pueblo—que es un pueblo justo y noble, pero que también es un pueblo de ley y orden que cree en la democracia—se molesta cuando ve y escucha lo que todos hemos presenciado en la Universidad en los pasados días.”

cuando pone de una parte a los contribuyentes (a.k.a. “el pueblo”, y justo en abril, cuando todavía nos duele el bolsillo), a la ley, y al orden,  y de la otra parte a los estudiantes huelguistas (y por extensión a la no-ley, y al desorden.)  Y aprovecha la alianza linguística para lanzar la no-muy-velada amenaza:

“El respeto al principio de la autonomía universitaria nos obliga a ser prudentes y no intervenir hasta que nos lo requieran las autoridades universitarias. Pero a las autoridades universitarias les digo: estamos aquí, listos y dispuestos para brindarles la ayuda que ustedes estimen necesaria, cuando ustedes así lo determinen, para proteger los derechos de TODOS los estudiantes….etc etc.”

Aquí hay varios “marcos” adicionales, actores de carácter en el drama linguístico entre el “ellos” de los universitarios y el “nosotros” del pueblo trabajador y desempleado: desde afuera, las autoridades gubernamentales, la “ley y orden” que se ha declarado ausente, esperan la invitación de las autoridades universitarias, “enmarcadas” como inefectivas. Paternal, pero por supuesto en el rol de “padre severo” que tanto les gusta a los conservadores de este corte, le dice a la universidad lo que tiene que hacer-y espera. Espera para aplicar la “cero tolerancia”, la “mano dura”, la “ley y el orden”.

Tan flexible es el lenguaje y tan efectivo el “framing”, que algún ciudadano podría olvidar, de momento, lo absurdo de un escenario donde los “malos” son los estudiantes que han dicho CON LA UNIVERSIDAD NO SE METAN, y los “buenos” son el gobernador, la legislatura,la policía, la fuerza de choque, las universidades privadas, los estudiantes que no quierem paro, los que no saben si quieren paro o no, los ciudadanos que trabajan y pagan impuestos, los que no pagan impuestos porque ya no trabajan, porque los botaron,  la Ley 7 que los botó, la administración universitaria…

El desafío es claro.  Hay que recordarle al país que la UPR es el sistema universitario del país, del pueblo.  Que su costo real por crédito es mayor que el de las privadas no porque sea más “ineficiente” sino porque se trata de un proyecto cultural que va más allá de (y que enriquece) las aulas. Que sus tasas de graduación son las mejores del país.  Que produce la mayor parte del conocimiento científico y humanístico del país.  Que su destino y el de Puerto Rico están atados uno al otro con lazos  de fuerza, de antiguedad, y de una lógica racional y emocional que tal vez al gobe se le escape pero que no deja por ello de existir. Que la universidad nos permite imaginar y construir futuros. Que romper a la universidad es en cierto modo romper el espíritu colectivo, el ethos, la cosa, el no sé qué. ¿Que se equivocan (nos equivocamos) a veces los que la habitan? Pues claro que sí.  Pero la UNIVERSIDAD es mucho más que las partes que la componemos, y (¡tan distinta del mercado!, ¡y de la ley!) nos perdona.  Es otra cosa. Es nuestra.

Y esa cosa, esa cosa que es el país, nuestro gobernador y su bandera no la entienden.  Busquemos de nuevo el lenguaje, expliquémosla otra vez.  Algunos ya han empezado-para leerlos, pulse aquí, aquí, aquí y aquí. Yo me voy a dormir, y a buscar las palabras.

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paros. parálisis. y parra.

Las descripciones del paro iniciado ayer en el recinto de Mayagüez de la Universidad de Puerto Rico varían.  El corazón de la discrepancia es un asunto numérico, una diferencia entre 1) las narrativas que alegan que “una minoría” del estudiantado (a.k.a. grupito, grupúsculo, y sector), descontento con un voto “abrumador” en contra del paro, tomó los portones por sorpresa y 2) las que describen la cosa indicando que aunque el paro de 48 horas fue rechazado en la votación, la segunda ronda (el paro de 24 horas) resultó mucho más cerrada, que los que se oponían al paro evitaron que hubiese quorum para votar apropiadamente sobre el asunto, y que cerca de la mitad de los estudiantes apoyaba el paro.

La diferencia, por supuesto, se amplifica a partir de ahí, agarrándose para ello de las abundantes herramientas disponibles en el imaginario ideológico: Los que favorecen y operacionalizan el paro son llamados (por adversarios y periodistas) “mafuteros” y “revoltosos”, los que se oponen se convierten en “vende-patrias”, y así por el estilo.  Las pancartas que portaban los estudiantes durante la asamblea reforzaban esta cuestión identataria, esta división en crescendo entre “ellos” y nosotros”: Las pro-paro leían “SI TIENES CHAVOS VETE PA LA INTER”, las anti-paro ripostaban “SI QUIERES PARO VETE PA LA YUPI.”

Los empleados de la universidad seguíamos el proceso con fascinación. De hecho el país sigue lo que ocurre en la universidad, especialmente en los portones de la YUPI, con igual fascinación.  Independientemente de lo que piensen sobre los muchachos, convenientemente (y estereotipadamente) transformados en dos “bandos” en la imaginación colectiva.  ¿Por qué son tan importantes los eventos liderados por estudiantes en la universidad y sus recintos?

Hace algún tiempo, desde arriba nos advirtieron que venía la “medicina amarga”.  Poco después, comenzaron a administrarla.  Descubrimos que la medicina era como la que aplicaban los barberos-médicos del medioevo, es decir, basada principalmente en purgas de diversos tipos. Si el paciente estaba malito, le sacaban sangre.  Hoy, si el país está malito, botan gente.

Mucha gente.  Y ese tipo de medida drástica tiene unos correlatos que la acompañan, aquí y en muchos otros países en distintos momentos del mundo.  Aumento en la cantidad e intensidad de la actividad policiaca, por ejemplo.

Shock and awe, se llama la estrategia.  Shock and awe, technically known as rapid dominance, is a military doctrine based on the use of overwhelming power, dominant battlefield awareness, dominant maneuvers, and spectacular displays of force to paralyze an adversary’s perception of the battlefield and destroy its will to fight.

Como parte de esa purga “medicinal”, a la UPR le alteraron la base de la fórmula que le da al sistema UPR los fondos recurrentes para operar. Unido a la contracción de la economía, la universidad está corta por un número que se ha estimado entre 130 y 200 millones.  Durante algún tiempo, ocupados con la toma administrativa de la UPR, o tal vez pasmados, en shock, paralizados por el despliegue de vigor y de fuerza de la agenda de la “medicina amarga”, no pasó nada.

Y de repente, surgen los muchachos, las muchachas. Muchos o pocos, peludos o pelones, de primer año o de octavo, con voto gritado, contado o de colores, emplazados o por emplazar, con una agenda clara o sin ella, sea como sea. El caso es que surgieron, tal vez porque

levantan el pecho
cuando le dicen harina
sabiéndose que es afrecho,
y no hacen el sordomudo
cuando se presenta el hecho (VP)

Y les han caído arriba, por supuesto.  Rodríguez Ema dijo hace un rato en la radio, refiriéndose a los que protestan en la YUPI, que se trata de “un grupo muy minoritario”, que no respeta que “la mayoria tiene unos derechos” que “están por la libre”.  Habló de la importancia de la ley y el orden.  Figueroa Sancha, hace ya algunos días, declaró con una autoridad que del conocimiento no salía que esos muchachos eran “estudiantes eternos”, “los mismos de siempre” que incluso estaban en la YUPI cuando él (!) estudiaba.  También habló de “ley y orden”.  Y esta mañana, en un sonoro ejercicio editorial, una emisora de radio importante declaraba que “nuestro pais es uno de ley y orden”, que “…hemos visto como el mismo grupito utiliza cualquier excusa para tomar la universidad” y que se trata de una intentona para “traer una ideología” (presumo que se refieren a la independencia) “por la cocina”.

Yo no sé. Seguiré mirando. Por lo pronto, sin embargo, mi primera impresión, mi sentimiento inicial, es el de que alguien, por fin, guiado por a saber que cosa (¿la energía de la juventud? ¿realmente importa?), salió del shock, salió del awe, y entró en acción, como dijo Violeta Parra, a quien le gustan los estudiantes,

que con muy clara elocuencia
a la bolsa negra sacra
le bajó las indulgencias.
Porque, ¿hasta cuándo nos dura
señores, la penitencia?
Caramba y zamba la cosa
¡Qué viva toda la ciencia!

Foto: Diálogo Digital

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[Edito para añadir lecturas recomendadas: columna de Efrén Rivera Ramos y comunicado de Cátedra UNESCO]

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casi ganadores

Esta historia no es mía, pero pudiera serlo.  Es una de esas historias que se narran mejor en primera persona.  También es una de esas historias que podrían marcar la vida de cualquiera que como yo, y como su verdadero protagonista, haya crecido (“coming of age”, le llaman en el difícil) en el Puerto Rico de los setenta y de los ochenta, de los Kakukómicos, de Cuca Gómez, de Iris Chacón y Juno Faría, de Juanma y Wiwi, de Lucecita, Chucho, Lissette, Pacheco, las Cabbage Patch, Llena tu Cabeza de Rock, el umbral de MTV, Maravilla, Romero y el qué derrota, Cuchín y la vampirita, Michael Jackson, Prince, los aretes emplumados…

Perdón.  Creo que me adelanté un poco y me metí de lleno en los ochenta y en la adolescencia de…llamémosle Junior. Junito. Y démosle hacia atrás. Hacia La Pandilla. El Show del Mediodía. Cepillín. Pacheco.

Y el Tío Nobel. El verdadero inventor de los aeróbicos, sólo que él los llamaba ejercicios musicales y los hacía con chaqueta y sombrero de marino. El capitán de un barco imaginario, el custodio, casi siempre, de los mejores muñequitos. El amigo de los niños.

¿O tal vez no? Un chisme triste recorría mi escuela elemental. Decía que en verdad, en verdad, Tío Nobel odiaba a los niños.  Que en las pausas del programa le gritaba, o peor aún, que ignoraba a su infantil audiencia.  Que Pacheco y Sandra tenían peores muñequitos pero que eran mucho más simpáticos, incluso cariñosos.  Al show de Sandra sí fui en una ocasión, y en efecto, era una señora muy encantadora.

Pero me he distraído de nuevo.  Regreso a la historia que podría ser la mía.  Comencemos por el medio, por el punto culminante, que encuentra a Junior (¿Junito?), a mediados de los setenta, a sus cinco años, flaquito, tímido, alerta, metido en un largo tubo, esperando.  Afuera, la infantil audiencia grita, las cámaras graban, tío Nobel se impacienta.  Porque Junior espera, y espera porque está ganando la carrera, pero en realidad quiere perder.  Bueno, no perder, porque en El Show del tío Nobel nadie pierde. No.  Junior quiere ser un CASI-GANADOR.

¿Por qué? El premio para el ganador es una pista de hot wheels (o una muñeca, si la ganadora resulta ser nena), un hombre nuclear oversized (o una barbie), o algo por el estilo.  Muy atractivo, claro está.  Para el casi-ganador, por otra parte, hay…Una lata de Quick. Rico, espeso, chocolosal. Galletas. Cereales varios.  Juguetitos de plástico – no grandes ni caros, como los destinados al ganador, pero sí muchos.  Una lonchera. Lápices.  Una taquilla de niño para un circo próximo.  En fin.  La mesa del casi ganador es todo lo que Junior, a sus cinco años, a sus cuarenta libras, quisiera que fuesen su vida, su cena cotidiana, su alacena, su nevera, su casa.  Los premios del casi-ganador eran un poco la metáfora o versión infantil y setentosa de la promesa, clase-mediera, manos- a- la- obr(era), del upward mobility y el american dream-versión criolla.  Los adultos creían en la refinería, en la urbanización, en el colegio privado pagado a costa de muchas privaciones: los niños creíamos en el Tío Nobel y en el casi-ganador.

Así que Junior cuenta los segundos, sopesa la intensidad del griterío, y logra su objetivo. Calcula el tiempo justo para salir después de su sorprendido contrincante pero antes de la pausa comercial.  Se convierte en el casi-ganador y por ende en el dueño de los objetos (¡tantos!) deseados.  Sus compañeritos lo reciben con algarabía. La directora del Colegio, generalmente irritada con Junior por la deuda crónica de sus padres con la escuela, casi sonreía, con su enorme boca pintada, su enorme pelo setentosamente inflado, sus manos con largas uñas naranja.

Junior, en el quinto cielo de la abundancia que viene, calculaba la optimización de su felicidad, dividiéndola en dosis:Hoy, las galletas de queso.  Con Quick. Si hay leche. Mañana, el panky.  Con Quick.  Si hay leche.  Hasta que las garras color naranja comenzaron, suavemente, a repartir los panky en la guagua. Los lápices. El cereal.  Los juguetitos.  Hay que compartir, hay que ser justos, decía la boca roja.  Lo peor fue el Quick, rico, espeso, chocolosal, tan cerca y tan lejos de su experiencia cotidiana como el anuncio donde el conejo inevitablemente se entristece, porque se acaba.

Le dejaron la taquilla para el circo, un primer contacto con ese extraño “compartir” y esa “justicia” para las cuales el ganador tenía inmunidad diplomática (en virtud de la integridad anatómica del hombre nuclear), y la chispa de una duda en ciernes, tímida, setentosa, casi-ganadora y tristona.  La taquilla se rompió por el camino, pero ya no importaba.  Los cupones vendrían, y-tal vez- habría leche.

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Picada de ojos: Universidad…¿para quién?

Una columna en la sección VOCES del Nuevo Día de hoy trae al periódico lo que ya hace algún tiempo es tema de discusión, chisme, y susurro: el espectro de un alza en la matrícula, y los disturbios que la misma generaría.  El texto esboza un argumento para que se aumente la matrícula, y  propone algunos parámetros o criterios para guiar el aumento en cuestión.

Se trata de un tema antiguo, y espinoso.  Por un lado están los que piensan que el costo por crédito (unos 45$ para estudiantes sub-graduados, con un ajuste anual que lo aumenta levemente para cada clase entrante) en la universidad del país es demasiado bajo, y que los estudiantes deberían contribuir a los costos de su educación, que suman unos 500$ por crédito.  Del otro lado, están los que piensan que la universidad debería ser gratuita, y que cualquier costo (y cualquier aumento) mercantilizaría algo que no debe, que no debería, ser mercancía: el conocimiento, la oportunidad.

No voy a debatir, aquí, ahora, los méritos de cada postura, aunque supongo que es bastante claro que la segunda me resulta más simpática. Aclaro de entrada que me gustaría habitar (y construir) un país en donde la educación, desde pre-kinder hasta el doctorado, fuese buena y gratuita, donde cada ciudadano pudiera recibir, sin trabas económicas,  tanta educación de calidad como quiera o aguante.  No se si eso sea, en este momento, realista o posible.

Y no es eso lo que me motiva a escribir esta entrada.

Lo que me llamó la atención de la columna de González Taboada es el cierre, que lee así:

“Debe además tomarse en cuenta el potencial de ingreso de cada disciplina. Me parece muy justo que un estudiante de educación pague menos que uno de contabilidad, dado que su potencial de ingresos es mucho menor.”

No es la primera vez que escucho esa sugerencia. Y me parece bastante peligrosa.  Descontextualizada, suena razonable, con esa especie de lógica interna que tiene una hoja de cálculo de excel.  Pero examinémosla.  Hacer que los jóvenes paguen por sus estudios, no basándonos en su capacidad de pago en el presente sino en la que tendría la carrera que eligen, reproduce, y solidifica, las ya patentes diferencias de clase social evidentes en la “selección” actual de disciplinas.  En arroz y habichuelas, y siempre con sus excepciones, la tendencia en el presente es clara:  A mayor ingreso familiar, mayor la probabilidad de que un joven estudie una carrera con mayor potencial de ingreso.  Subirles el precio precisamente a esas carreras haría aún más difícil el acceso a las mismas.

La educación superior pública ha sido históricamente un mecanismo para la movilidad social.  También ha sido uno para la reproducción de las diferencias sociales. ¿Queremos restarle potencia al primero, y agravar el segundo?  ¿Queremos instituir una escala de precios que se convierta en otro obstáculo más para el muchacho o la muchacha que quiere ser ingeniero/a y que viene de una familia pobre?

Creo que no.   Y creo que en medio de la crisis fiscal que la universidad atraviesa, hay que tener especial cuidado.  Cuidado con las soluciones precipitadas que resuelvan un problema fiscal pero agraven uno social. Que las medidas diseñadas para “salvar la casa” (perdonando la expresión) no la destruyan, por favor.  La Universidad de Puerto Rico es la universidad del país, y al país se debe.  ¿Qué tipo de país queremos tener? Yo quisiera uno en la que trabajemos para quitar, no para poner, trabas en las aspiraciones de las poblaciones más desventajadas.

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tarifas, vagos, indignaciones, y otras vergüenzas de la cotidianeidad

Hace rato que tenía que haber escrito sobre este asunto de las tarifas fijas para los residenciales, o más bien (porque esto otro es lo que verdaderamente me llama la atención y me interesa) sobre la reacción que dicha política ha desatado.  Esa protesta colectiva, a viva voz, una ola de quejas que nunca he visto elevarse, al menos no con esa velocidad, para defender ninguna otra causa.  Ningún político pillo, o vago, o mantenido, ha desatado jamás semejante ira.  Los que por poco nos queman el país con el desastre de CAPECO nunca fueron blanco de una indignación así. El bono a los desarrolladores para que pudieran seguir construyendo (y vendiendo) en un país con sobre veinte mil viviendas vacías nunca fue discutido como “robo” o “parasiteo”.

Cuando decidí que finalmente escribiría sobre este asunto, tampoco escribí. No escribí porque quería producir un texto impresionante, conmovedor, o por lo menos ingenioso.  Tal vez sonoro, con esa sonoridad que con frecuencia exhiben tipazos y tipazas como Pérez Reverte, o Ana Lydia Vega, o Mayra Montero -esa sonoridad que emite el argumento en el volumen preciso, y en la frecuencia exacta, para que éste resuene en las neuronas y el corazón ajenos.  De modo que volví a no escribir.

Finalmente, supongo que hoy, decidí que igual tenía que hacerlo.  Primero, porque me dí cuenta de que no lograría la resonancia esperada (puede leer sobre “resonancia”, ese tan poético fenómeno de la física, aquí), justamente porque esa es la cualidad principal, y más repugnante, de esa indignación colectiva que hoy vengo a criticar.  Me resigno entonces a escribir cualquier cosa: un cruce entre desahogo y memo corporativo, un telegrama febril, una rabieta antipática pero inteligible, un carraspeo lanzado torpemente al mundo de la cibernia.  Que salga cualquier cosa, pensé, pienso; entramos luego y escribimos algo de seguimiento, más bonito, más sosegado, más intelectual.

Así que escribo.  Primero, para describir la cosa que enfrento aquí.  No se trata de la decisión de la tarifa fija – ni siquiera sé si esa decisión,la de otorgarle una tarifa fija de agua y luz a los que viven en residenciales públicos,  es buena, mala o irrelevante.  Probablemente, para ser honestos, en términos estrictamente económicos, es irrelevante. No lo sé.  Francamente, ni viene al caso.  Lo que me trae hoy a la ventanilla de editar una entrada en mi blog es la reacción popular a esa decisión.  Y ésta, señores, ha sido de miedo.  Los comentarios en los periódicos en línea chillan (sí, chillan, en chillonas mayúsculas) cosas acerca de esa “gentusa” (palabra que por cierto, muchos escribieron con ’s’), que “vive del cuento”, y que “no trabajan para vivir del gobierno y de los que pagamos contribuciones.”   Hablan de irse a vivir en un caserío como si de hecho quisieran hacerlo. Hablan de un futuro donde el gobierno les dará internet gratuito también.  Hablan de plasmas, antenas y piscinas en todos esos hogares que, si una no hubiera visto de cerca, tendría que imaginar como fabulosos palacios de cuento, con fuentes cristalinas y luces de discoteca.

Pero la peor parte no fueron los periódicos, no.  Allí de todos modos siempre hay cuatro locos chillones comentando las noticias groseramente, de hecho esta vez han estado quizás hasta más educados que de costumbre.  No, la peor parte fue facebook, espacio en donde me comunico con lectores de esta cosa, con amigos, con familiares, con antiguos compañeros. Allí, me cuenta un lector, José G. (que por cierto ha escrito algo muy bueno sobre este asunto y espero que lo publique en algún lado, pronto), y acabo de verificar con mis ojitos, hay un grupo con casi cuatro mil miembros que se llama “estoy harto de mantener los vagos en PR con mis contribuciones” y que se describe a sí mismo de la siguiente forma:

“Este site es para establecer un final proximo a todos los vagos en Puerto Rico que no trabajan y se la pasan esperando la GUIRA del “MANTENGO” gubernamental, sea cupunes, ayudas, etc, etc, etc. Son todos aquellos que se la pasan perdiendo el tiempo en la casa, jugando juegos electrinicos y esperando el cheque del gobierno con una barriga que parecen nenes de World-Vision. Los magnificos parasitos que nos tienen a Puerto Rico en la bancarrota por estar manteniendolos como peces de agua dulce en estanque.”

¿”Establecer un final próximo”? ¿Qué es eso y cómo proponen lograrlo? ¿Genocidio? No, quisiera pensar que lo que en realidad desean es que todos tengan empleos. Los comentarios que leí hoy (hay páginas y páginas de ellos) dicen cosas como (esto es sin censura, lo copio tal cual, aunque me mate la “z” de “abuzo”)… “sin palabra, indignacion total….. Quien piensa en mi, en la clase media. no lo puedo creer. QUE ABUZO. por Dios agamos algo que yo me apunto, esto no puede seguir, ya no mas.”, y se ensañan con especial furor con las “guimas mantenías” que según ellos se dedican a parir y parir con toda la mala intención de continuar “parasiteando”.  Dice uno” “En especial a las Guimas cuponeras de caserio, no saben mas que paril hijos y no trabajan esperando los cupones, jajajaj…”  Hasta la foto revela odio – una mujer sobrepeso, de espaldas, con algo pegado de la bata en el área del trasero.

Yo pago contribuciones, muchas, fiel, legal y consistentemente.  Y mucha luz, y mucha agua.  Pero con toda franqueza, no creo que el furor que este grupo de facebook tan orgullosamente, y con tanta resonancia, exhibe,  se trate de eso exactamente, no.  Como pagadora de contribuciones, a mí me indignan el estado de las carreteras, el deterioro del sistema público de educación, la ausencia de transportación colectiva, la ineficacia del sistema de salud, la escasez de parques y áreas verdes, en fin, me indigna que mis contribuciones no se traduzcan en una estructura de cosas que podemos llamar el bien común y que se refiere a las cosas que nos benefician a todos: urbes limpias, menos autos, más salud, mejor calidad de vida.

Pero no, no hay un grupo de facebook que inste a Fortuño a garantizarnos ninguna de esas cosas.  Lo que vociferan las voces indignadas es que los pobres tienen la culpa, que nos engañan, que nos explotan.  Y yo quisiera aclarar un par de cosas:

  • Los pobres no nos explotan.  Lo que el estado invierte en mantener a sus ciudadanos más vulnerables es una chavería en comparación con los subsidios que reciben otras entidades, corporaciones, casi todas, que pagan muy pocas contribuciones,  generan muchas ganancias, y definitivamente no viven en un apartamento diminuto con ventanas miami y ruido de tiros en la noche, como viven muchos en nuestros caseríos.
  • La imagen del residente de caserío que ríe sonoras y siniestras carcajadas y se frota las manos porque nosotros, los contribuyentes, le pagamos un estilo de vida que incluye piscina, cable, antena, internet, losa italiana, o lo que sea, es una fantasía, o en el peor de los casos, una excepción. La mayor parte de los residentes del caserío preferirían vivir en otra parte.  Otros quieren vivir ahí, esa es su comunidad, y trabajan duro, con pocos recursos, para mantener sus apartamentos lindos, ordenados, y para bregar con el discrimen cotidiano que su geografía les acarrea.  Muchos de ellos trabajan, muchos otros desean desesperadamente trabajar y no encuentran empleo.
  • Ese punto es crucial: En Puerto Rico, la tasa oficial de desempleo ronda el 15%, la extraoficial el 19%, y esto es sin contar el sub-empleo, el empleo a salario mínimo que no da para vivir, y otros desastres de nuestro panorama laboral.  Gritarle, indignado, al residente de caserío que “se vaya a trabajar” es, en este escenario económico, un absurdo, porque sabemos que no hay trabajo suficiente para todos los puertorriqueños, vivan donde vivan, y porque en el residencial hay mucha gente que sí trabaja – porque en este país, señores, se puede trabajar mucho, duro y bien, y seguir siendo pobre.  De hecho los caseríos, como los arrabales, favelas, y otros espacios, son una de las formas físicas que adquiere el fenómeno moderno (o post-moderno?) del exceso de mano de obra potencial en una economía que “prospera” aumentando ganancias para los accionistas pero que no la prosperidad para la gente.  Los pobres NO tienen al país en bancarrota, como dice el grupo de facebook, es al revés: Los pobres son la evidencia de la bancarrota del país.

Podría seguir.  Parte de mí querría seguir. Pero me dice mi pantalla que voy por las mil trescientas palabras y prometí crear un blog, no un culebrón ni un tratado.  Me gustaría hablar de las nociones ideológicas malsanas que se ocultan detrás de toda esta “indignación” contra el residente de caserío.  Me gustaría hablar de cómo el “odio” contra el “mantenido” pobre tal vez nos distrae del timo del mantenido rico (puede ver algo sobre eso en este post).  Me gustaría hablar de algunas de las personas que conozco, que son de caserío y/o viven en uno, y que no son ni vagos, ni mantenidos, ni parásitos, sino gente buena y trabajadora. Me gustaría explicar que a veces, el internet y la antena son la manera más eficaz de mantener a los nenes lejos del punto (puede leer algo sobre eso aquí) y que algunos padres y madres optan por tener esas cosas, con mucho sacrificio, porque no pueden sencillamente mandar a los nenes a correr bicicleta por ahí.   Me gustaría describir el tiempo que pasé viviendo en un caserío del área metro cuando niña, y decirles a todos esos y esas que en chillonas mayúsculas hoy declaran que se mudarían a un caserío para que “los mantengan” que yo lo dudo mucho, que no les creo, que ellos y ellas no quieren vivir allí ná.  Ni con tarifa fija, ni sin ella.  Sólo quieren descargar su indignación, porque saben que algo anda mal, y el pobre y el dependiente siempre han sido un blanco fácil.

Foto tomada de endi.com, sección dominical del La Revista de hoy.

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un aplauso pequeñito, una corrupción grande, y una guerra “justa”. (podcast, 14/dic)

parp50-150x150Escuche el podcast…

 

En el programa radial del lunes 14 de diciembre:

El aplauso pequeñito fue para…Álvaro Pilar, director ejecutivo de la Autoridad de Puertos. No, no estoy siendo sarcástica. El hombre merece un aplauso porque aceptó la responsabilidad por el muy comentado desastre del crucero que no pudo llegar.  Es decir, que confrontado con la triste realidad del barco que no cupo y tuvo que irse a la República Dominicana, Pilar no le echó la culpa ni al gobierno anterior, ni al partido de oposición, ni a Carnival. Se la echó él y se puso a buscar soluciones.  Muy distinta esa reacción de la de su jefe el gobernador, que inmediatamente siguió el algoritmo acostumbrado cada vez que algo sale mal: A) decir “no es culpa nuestra, nosotros no lo hicimos”,seguido de B) es culpa de la administración de (Sila, Aníbal) y C) lo resolveremos con una Alianza Público Privada. Veamos la cita de Fortuño:

“Eso lo presentamos como un problema que tenemos de diseño, especialmente en el muelle 3 que se hizo en los último años. Es un problema de diseño bien serio, porque los barcos más grande ya no caben allí. Sabemos que tenemos un problema grande de diseño en los muelles que se hicieron en los últimos años. Tenemos que arar con los bueyes que tenemos en este momento, pero sabemos que tenemos que cambiar varios de nuestros muelles y para eso están incluidos en nuestra lista de Alianza Público- Privada”, dijo el Gobernador en entrevista radial (WKAQ).

En el primer segmento criticamos el historial de Álvaro Pilar (y en especial la privatización planificada del aeropuerto), y aplaudimos cautelosamente su refrescante aceptación de responsabilidad con el asunto del crucero.

En el segundo segmento hablamos de Jorge de Castro Font , el ex-senador recientemente acusado de 182 cargos de corrupción.  Sin perder de vista la importancia de procesar a aquellos que ilegal e inmoralmente se enriquezcan a costas del pueblo, repasamos el continuo de prácticas, muchas de ellas cultural o legalmente aceptadas,  que culminan  con las prácticas ilegales en el pliego de acusaciones de Castro Font.

Y en el tercer segmento, repasamos el gran oxímoron – un presidente que en medio de dos guerras y habiendo escalado recientemente una de ellas, no solamente acepta el Premio Nóbel de la Paz sino que además lo hace con un discurso que habla de la guerra “justa” y “necesaria”.

En la preparación del programa, además de fuentes noticiosas y académicas, recurrimos como de costumbre al rico contenido de la blogosfera boricua, y hoy en el tercer segmento mencionamos los blogs de paísciego.blogspot.com y de madrescontralaguerra.blogspot.com.

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Nota: Escuche el podcast oprimiendo el botón de “play”. También puede suscribirse al podcast buscando “parpadeando” en el iTunes Music Store o visitando el siguiente enlace directo: Parpadeando Podcasts. Recuerde que puede acceder a la transmisión radial de Parpadeando, en vivo, todos los lunes de 1:00-2:00PM en www.wpra990.com.

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PARPADEANDO AM, 7 de diciembre: educación y democracia representativa

parp40Escuche el podcast…

 

En el programa del lunes 7 de diciembre tomamos como punto de partida el caso reciente de la nominación, aparentemente frustrada, del psicólogo Carlos Andújar a la secretaría de Educación, vacante tras la renuncia de Carlos Chardón.  En el primer segmento, delineamos el orden de los eventos: Andújar escribió un comentario en el blog Digizen, de la autoría de Mario Núñez.  La entrada de Núñez (escrita hace varios meses) criticaba las expresiones de Rivera Schatz sobre Pedro Julio Serrano, a quien el presidente del senado había llamado “caso de insanidad mental” que necesitaba “recogerse a buen vivir.”  Digizen  no solamente denunciaba la homofobia evidente en el comentario de Rivera Schatz sino que además invitaba al senador a reflexionar sobre su propia y asumida “sanidad”, echándole un ojo a la definición clínica del desorden de personalidad narcicista.

Y, ¿cuál es la falta de Andújar?  Pues comentar en la entrada, diciendo lo que han llamado en la blogosfera una “verdad más grande que el cielo”, algo bastante evidente para todo aquel que reconozca algunos requisitos mínimos para una democracia bien llevada: Que los gobernantes deben gobernar para todos los ciudadanos, no solamente para algunos.  Aparentemente, una vez “descubierto” el comentario por los medios y discutido, amplia y en ocasiones disparatadamente, el asunto, el nombramiento de Andújar ha quedado “muerto”.

Los méritos de Andújar nunca nos quedaron claros, ni se discutieron.  Parecerían no importar en la discusión pública.  De modo que le dedicamos el resto del programa a describir algunos de los problemas más urgentes y agobiantes que enfrenta no solamente el departamento de Educación sino en general, el sistema público de educación del país, y establecimos la necesidad de hacerle preguntas serias a los nominados. Preguntas orientadas a conocer su visión sobre la conexión entre la pobreza y el problema educativo, sobre la famosa o infame ley NCLB, sobre el repetido fracaso en las pruebas puertorriqueñas, y sobre la importancia de facilitar el acceso a la educación superior.  Preguntas que tienen que ver no solamente con esa agencia sino al final del día, con cualquier posibilidad de futuro digno para el país.  Preguntas orientadas a descubrir si reconocen los problemas y  cuál sería su visión, más allá de sus tácticas, de sus estrategias, y sobre todo, más allá de si le caen bien o no a cualquier senador del país.

De la blogosfera: Además de Digizen, recurrimos a la cobertura de los colegas blogueando en Poder5, DesahogoBoricua, Cargas y Descargas,   y ElColao.  Gracias en especial al Colao por mantenerme al día sobre el asunto mientras estuve de viaje.

Nota: Escuche el podcast oprimiendo el botón de “play”. También puede suscribirse al podcast buscando “parpadeando” en el iTunes Music Store o visitando el siguiente enlace directo: Parpadeando Podcasts. Recuerde que puede acceder a la transmisión radial de Parpadeando, en vivo, todos los lunes de 1:00-2:00PM en www.wpra990.com.

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picada de ojos: Fortuño vs. Obama, 2012

palinamd_fortunoLa versión en línea del Primera Hora de ayer miércoles cita una noticia de Prensa Asociada que a su vez hace referencia a una columna de Newsweek que, dice el PH, menciona a Fortuño como posible compañero de papeleta de Palin. Cuando se me pasó un poco el susto, busqué la columna original de Andrew Romano en newsweek.com.  Parece, en primer lugar, que en la cadena formada por Newsweek, AP y PH pasó un poco como en ese juego de niños donde alguien dice un mensaje al principio de la fila, se lo pasan de oreja a oreja y al final llega convertido en otra cosa.  Porque la columna original, titulada Absurdly Premature 2012 Watch…the Governor or Puerto Rico…for President? de lo que habla es de Fortuño como posible candidato (sin la Palin) a la presidencia.

Ahí me volvió el sobresalto.  Pero yo soy de esos desafortunados seres que cuando más se asustan es cuando más tienen que mirar – de los que por ejemplo, tienen que examinar la aguja, con los ojos bien abiertos, mientras les sacan la sangre en el laboratorio clínico.  De modo que seguí leyendo.  Y escribiendo esto, para compartir con ustedes mi alarma así, en “real time”.  La columna de Romano, que empieza por reconocer abiertamente y desde el título mismo lo absurdo que resulta discutir candidaturas republicanas con tres años de anticipación, relata lo que constituye, fundamentalmente, un chisme interesantísimo, un faranduleo político encantador.  El hombre divide a los posibles candidatos a presidente en cuatro categorías – los evidentes (gente como Romney y Huckabee), los “wild cards”, como Palin o Gingrich, los “long shots” (republicanos prominentes que podrían correr, si quisieran), y…Fortuño.

¿Por qué Fortuño? Porque se lo mencionó personalmente al autor, como posible candidato, un personaje de nombre Grover Norquist, muy mentado e influyente en círculos republicanos, que entiende que Fortuño podría surgir rápidamente como un candidato nacional viable, y que ha logrado cosas “impresionantes” en Puerto Rico:

“He could pop up on the national level like that,” said Norquist, snapping his fingers. “I’m very impressed with both his presentation and what he’s accomplished so far.”

¿Quién es este señor Norquist? Es un republicano firmemente ubicado a la derecha de la derecha, emisor de la famosa cita “Yo no quiero abolir el gobierno [federal].  Simplemente deseo reducirlo a un tamaño que pueda arrastrar hasta el baño y ahogar en la bañera. (“I don’t want to abolish the government. I simply want to reduce it to the size where I can drag it into the bathroom and drown it in the bathtub.”)  Su causa más sonada ha sido la reducción del gobierno y de los impuestos utilizados para sostenerlo, y es el autor del libro Leave us alone: Getting the government’s hands off our money, our guns, and our lives.

¿Y por qué esta persona está “impresionada” con Fortuño?  Porque, dice Romano en la columna, Fortuño ha logrado utilizar efectivamente el estímulo que resulta de las políticas de “big government” de Obama para hacer todo lo contrario – recortar la nómina gubernamental. También, dice Romano que le dijo Norquist, Fortuño aprovechará que tiene una “legislatura republicana” (ejem…reality check para la mayoría de los legisladores, que se pensaban demócratas) para pasar dos medidas más, al gusto de sus colegas en el continente: Un proyecto de “school choice” (léase privatización del sistema de educación público) y otro de “reducción del tope de impuestos” a los que más ingresos generan.

El autor de la columna deja claramente establecido que la idea de Fortuño como candidato es lo suficientemente remota como para salirse incluso de la categoría de “long shot”.  Pero una cosa es clara: Las políticas públicas y las ideologías que aquí están haciendo a Fortuño cada vez menos re-elegible en unas elecciones boricuas son dulce carnada para la extrema derecha norteamericana, que ha demostrado ser capaz de aceptar como parte del club a políticos minoritiarios ultra-conservadores (¿se acuerdan de Condoleeza Rice? ¿y de Alberto González?) y que necesita caras nuevas y jóvenes con bocas que emitan mucho la palabra “cambio”.

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la culpa es de la culpa

cohdra_100_8703Un muchacho de diecisiete años, muerto. La muerte de alguien joven siempre es, o debe ser, una noticia especialmente mala. Sí, más que la de alguien mayor. Claro que sí.  La conjunción de muerte y jueventud nos deja con el sabor desagradable del destiempo, de la asincronía, de lo inapropiado, lo incompleto, lo injusto.  Pero si además de muerto, está baleado, con tres agujeros en el pecho y siete en la espalda…

Entonces es aún peor. Peor porque entonces la muerte va más allá del muchacho,  se multiplica.  Algo joven, vivo, lozano, está muerto en la psiquis colectiva de cualquier país donde un evento como este sea un suceso más o menos regular. ¿Quién lo mató? No digo al joven – encontrar a ese culpable le compete a la policía.  Me refiero a lo otro.  ¿Qué  es lo que nos mata la psiquis colectiva?  La respuesta completa es, por supuesto, compleja.  Pero mirando los titulares de hoy y de ayer, creo que tengo unas pistas.  Un pedacito del rompecabezas tristísimo del descalabro general.

Es la culpa.  Porque la culpa, al menos en el imaginario colectivo,  no es un sentimiento, no.  En lugar de ser la sensación individual que propulsa a algunos seres en dirección de la góndola de self help más cercana, la culpa en nuestra islita es como una pelota, simbólica y envenenada, que está siempre en circulación y que nadie cacha, nunca.  Fíjese, por ejemplo, en la reacción del secretario de Educación, que por teléfono y desde su país favorito le ripostó al reportero que le pidió una reacción:

La pregunta es ¿por qué el estudiante está fuera de la escuela en horas de clases, aunque fuera en hora de almuerzo?

Zás.  Le tiraron la bola de la culpa (o la responsabilidad), y rápidamente se la devolvió…al muerto.  Más adelante, tal vez consciente de la ironía anterior, lanza la envenenada pelota en dirección de la dirección escolar:  “Se supone que los directores los mantengan dentro de las escuelas hasta que sea la hora de salida”.

Resulta que esa escuela sale a las once.

Mientras tanto, el país reacciona a la nueva ronda de fracasos en las pruebas puertorriqueñas.  Los niños se nos han colgado otra vez.  Es culpa de los maestros, me dijo una vez un colega.  Es culpa de los niños,  me dijo una vez un maestro.  Es culpa de los padres, me dijo otro.  Es culpa de los maestros, me dijo un padre.  Los líderes sindicales de los maestros le dijeron a los reporteros que es culpa de las pruebas y de los secretarios que las mandaron a hacer mal, a propósito, para que los niños se cuelguen y ellos obtener fondos federales.

Las pruebas posiblemente tienen muchos defectos.  Los maestros y los estudiantes las odian, probablemente con razón. ¿Pero confeccionarlas a propósito para que los alumnos fracasen? Esa pelota sí que tiene veneno.

La literatura de autoayuda tiende a ver la culpa como un sentimiento que envenena el cuerpo del que la siente, y del cual hay que aprender a deshacerse. Tal vez tiene razón.  Pero tal vez, al menos en esto de la educación de nuestros jóvenes, apropiarse de la culpa y convertirla en acción concertada que resuelva lo que a todas luces es una situación desesperada, nos vendría bien…

Y mientras lanzamos la culpa de un actor al otro, el veneno se escurre, cae sobre los muchachos, que dejan de estudiar a razón de uno de cada dos, que se cuelgan no solamente en las pruebas sino en sus clases, tal vez en sus vidas, y que en los espacios de mayor pobreza y necesidad, aprenden cada vez menos.  En el país, mientras tanto, el desempleo crece, la oportunidad se encoge, y el futuro de los estudiantes se vuelve borroso.

Algunos hasta mueren de bala.

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los libros del diablo

cortijoEs un escándalo compuesto, un gestalt de partes escandalosas que juntas producen más que su mera suma…Me refiero a la noticia del Vocero donde el subsecretario de Educación anuncia (agárrense, que ahora sí que sí) que por instrucciones de su jefe estarán “sacando de circulación” cinco libros actualmente utilizados como parte del currículo de español de undécimo grado en las escuelas públicas del país, porque contienen “palabras soeces”.

Vayamos a las partes. De hecho, de “partes” se trata precisamente el problema principal de los libros en cuestión, que según nos indica el subsecretario, hacen referencia a los genitales masculinos y femeninos utilizando para ello “términos vulgares”.  Cuestionado sobre el valor literario de los libros, el co-piloto del departamento reconoce que “no los ha leído” pero que miró tres páginas y en efecto contienen “vocabulario burdo y soez.

A mí, pobre lectora atónita de viernes en la noche, me asusta el vocabulario burdo , pero no el de los ahora prohibidos autores de las cinco obras que el hombre cita, sino el de los comentarios que, bajo la noticia, expresan aprobación por la decisión secretarial.  Uno de ellos le sugiere que no le “heche” con hache la “curpa” con erre a la pasada administración, porque de seguro es culpa de los maestros; otro presagia un piquete liderado nada menos que por Julio Muriente y los “invasores” de Villas del Sol, a quienes conecta con los libros en un ejercicio de deducción de lógica desconocida y a quienes llama, de paso, “buscones” y “aprovechados”; más abajo, otro le advierte que se cuide de los líderes obreros, ya que son “el mismo escremento”, con ese, que los socialistas y sucios boricuas que se querían “colar” con “el librito”.

Eso sí que es lenguaje peligroso.  Disparatado en contenido y forma.  Creo que lo que más me escandaliza de la noticia no es tanto que se prohíban libros con alguna excusa de carácter moralista (después de todo, era bastante claro que ese tipo de cosa se avecinaba), sino más bien la superficialidad del razonamiento con que se justifica la purga en cuestión.   Nerón toca el violín – y Roma arde.  El país está profundamente JODIDO (creo que es la primera palabra soez que uso en este espacio, pero el amable lector sabrá disculparme, porque he sido provocada) económica, social, y moralmente, y esta gente se pone a mirar los libritos.

Esta acción, por lo llana, es el complemento perfecto para las soluciones propuestas para problemas como el de violencia doméstica (que los hombres en ciernes firmen un papelito), el del desempleo (que los botados visiten una página web o un kiosko para pulir su resumé y recibir capsulitas terapéuticas que les ayuden a alcanzar la felicidad), el de las comunidades pobres (no sea garrapata y resígnese a mirar a los ricos, que puede que hasta se divierta), la criminalidad (no beba, sobre todo si es joven), y la crisis moral (que recen, digo, que mediten sobre ocho de los diez mandamientos cristianos en las escuelas por las mañanas.)

El liderato del departamento de educación le hace un flaco servicio, con esa lógica liviana,  a este querido y maltrecho país, incluyendo tal vez especialmente a los ciudadanos que aprueban vigorosamente la prohibición con sus comentarios en el periódico y que evidentemente necesitan ponerse a leer algo, pronto.  Tal vez un diccionario.  O tal vez el Entierro de Cortijo, uno de esos libros que los muchachos y muchachas de grado once ahora no leerán.

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casa tomada

LaUniversidadLa casa de estudios, la casa del intelecto del país, la casa de la celebración y potenciamiento del conocimiento, del cultivo del talento, y de la esperanza colectiva en (y con)  el futuro del país. Me refiero a la Universidad de Puerto Rico, ese espacio metafórico y material en donde el país apuesta a su propio destino invirtiendo en la educación de su juventud y en el desarrollo de una agenda ambiciosa de investigación y creatividad cultural.

Todos los días me peleo, en silencio, con la Universidad. La regaño, le ruego, le exijo cosas, le echo en cara su desconexión, su pesadez, o su liviandad, según venga al caso.  Pero todos los días agradezco trabajar aquí, y no en otra parte. Es (¿era?) una pelea feliz. Como las peleas de mis abuelos, uno de esos matrimonios eternos,  con sus discusiones intensas, repetitivas, serias y a la vez repletas de afecto y tan constitutivas de su amor como los abrazos.

Pero la Universidad está tomada. No hace falta ser universitario para resentir esa toma. Y en esa toma no hay cariño.  Es un estado de sitio que vacila entre lo cómico y lo cruel, entre lo payasil y lo castrense.

En su cuento, “Casa Tomada“, Cortázar describe la toma implacable, en dos movimientos “simples, sin circunstancia”, del hermoso caserón antiguo donde viven dos hermanos, ella tejiendo, él leyendo literatura francesa. Primero “llegaron” (no dice quiénes.  ¿Fantasmas? ¿Muertos? ¿Zombies?)  por “el comedor, o la biblioteca”.  Supieron de la presencia de esa otredad por el ruido-”impreciso y sordo, como un volcarse de silla sobre la alfombra o un ahogado susurro de conversación.”  Se encerraron con llave en la otra mitad de la casa.  Siguieron viviendo, pero “hubo pérdida”, como dicen por ahí. No les importó tanto perder el comedor, porque aún contaban con la cocina.  Pero los libros, almacenados en la ahora inalcanzable biblioteca, sí dolieron.  Se resignaron a la mitad del hermoso caserón. El hermano lector se dedicó a mirar a su hermana, virtuosa de la aguja, tejer.  La vida continuó.  Hasta que “la cosa” regresó – ésta vez más rápida. Más implacable.  El mismo ruido, ahora en “su lado” de la casa. Sólo restó tiempo para salir al zagúan.  Sin dinero, sin maletas. Habían quedado fuera de su casa, su propio hogar, heredado de sus bisabuelos, amado por sobre todas las cosas, ahora tomada por completo por…lo que sea.  Una presencia opuesta, antónima, antipática.

En nuestra casa todo empezó también con ruido, y, curiosamente, también por el comedor.  Para completar el paralelo, los universitarios reaccionamos, como los hermanos del cuento, sin mayores aspavientos y con resignación.  La presencia ajena, externa, ruidosa, implacable, entró por el comedor y nos acusó de comer angus beef y de gastar demasiado en vinos y en almidón de planchar manteles.  De modo que pusimos la llave y nos encerramos en el otro lado de la casa. Por lo menos, decíamos, nos quedaba la cocina, el dormitorio. No valía la pena enfrentar…la cosa.  De hecho las acusaciones, a pesar de ser hechas por entes que cobran dietas para comer y beber a razón de sobre quince mil dólares anuales, resonaban y hallaban eco en otras gestas, universitarias, distintas, más legítimas y menos partidistas, que decidieron  sin embargo “coger pon” en el ruido, para hacerse más visibles.

Entonces, como en el cuento, un segundo movimiento.  Más rápido, más violento, tal vez más funesto.  Tomaron el resto de la casa, rotunda y repentinamente.  En el caso de los hermanos del cuento, los dormitorios mismos. La cocina.  En nuestro caso, la Torre Norte, hogar estudiantil, las barritas que existen y se multiplican donde quiera que existan estudiantes universitarios en suficiente cantidad, las calles y aceras tan aledañas al campus que casi son parte de él, los ojos y narices de los estudiantes que osaron burlarse de una uniformada vengativa,  y el muslo de una chica, herida ahora como Ulises, así iniciada en los misterios del anti-intelectualismo y la barbarie.

En la avenida universidad, como en la casa de Cortázar, la pelea desigual entre guardias y estudiantes representaba otras peleas.  Más grandes, porque son del país, tal vez del mundo.  Más pequeñas, porque son también internas a los individuos, y especialmente, a los universitarios de todo tipo.

La pregunta es si, como los dos hermanos del cuento, nos iremos tristemente de la casa, si la entregaremos, resignados.  O si nos atreveremos a mirar la cosa a los ojos y a decirle “¿sabes qué? Es nuestra.”

Foto tomada de http://commons.wikimedia.org.  Recinto de Rio Piedras visto desde Torre Norte.


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la universidad y la política

torre_uprQuise escribir algo sobre la renuncia del Presidente de la Universidad de Puerto Rico, pero Efrén Rivera Ramos lo ha hecho ya, y muy bien, en su columna ayer en el periódico El Nuevo Día.  La reproduzco aquí en su totalidad:

EFRÉN RIVERA RAMOS – 19-Agosto-2009  El Nuevo Día

La dirección universitaria

La idea de que un cambio en la administración gubernamental del País debe conducir automáticamente a cambios en la dirección de la universidad pública es una noción perversa. Le hace daño a la institución y al País. Sin embargo, es una práctica en la que han incurrido consecuentemente los partidos políticos que se han turnado en el poder durante décadas. Más preocupante es el hecho de que se trata de una proposición que parece aceptarse con naturalidad, y hasta con cierta resignación, por muchísimas personas dentro y fuera de la Universidad.

Que la promuevan los políticos y los administradores gubernamentales de turno es entendible, aunque no justificable. Que la cultiven, abiertamente o en voz baja, los propios universitarios, resulta inexplicable. Después de todo, constituye una de las formas más radicales de conculcar el principio de autonomía universitaria por el que tanto han luchado los universitarios de muchas generaciones. No debe olvidarse que la autonomía universitaria sirve propósitos sociales importantes. Tiene como fin procurar que la institución cumpla sus objetivos de formar las nuevas generaciones y de generar conocimiento libre de presiones indebidas externas a la actividad propiamente académica.

La situación se agrava si para obligar al cambio se le hace la vida imposible a los directivos y se pretende estrangular económicamente a la institución. O si para lograr tal propósito se recurre al rumor o a la acusación impertinente, inmerecida o injusta contra este o aquel funcionario universitario para crear inestabilidad. Cuando en el fondo de lo que se trata es de materializar un ansia de control político-partidista de la institución, tales formas de proceder son contrarias a la salud institucional y, por lo tanto, no se les
deben reír las gracias a quienes así actúan.

Suele escucharse el argumento de que “hay que ser realista”. Que es “natural” que quienes ganen las elecciones quieran controlar la universidad. Que eso siempre ha sido así. Se implica que los universitarios y el País tenemos que aceptar esa “realidad” sin plantearnos la posibilidad de otra forma de hacer las cosas. Ese modo distinto de operar debería estar en nuestra agenda. Pues la verdadera “realidad” es que el entendido aparentemente “natural” y “realista” de que la universidad debe ser botín disponible para quien venza en el ruedo electoral termina socavando la integridad académica y la autonomía institucional.

El proceso de selección del liderato universitario debe ajustarse a las necesidades y propósitos de la Universidad. Debe responder a dinámicas propias del carácter académico de la institución. Ese carácter incluye, por supuesto, su misión de servir al País. Pero una cosa es servir al País y otra estar al servicio del gobierno de turno. Por eso debe rechazarse la idea fatalista de que todo resultado electoral debe determinar la composición del liderato universitario. Es hora de que los universitarios exijamos una reforma que conduzca a procesos de selección de los directivos institucionales más acordes con otro modo de ver las cosas.

Un aspecto importante de esa reforma puede ser fijar términos a los cargos universitarios a todos los niveles, desde los directores de departamentos hasta el Presidente. Así se hace en casi todo el mundo universitario europeo, latinoamericano y estadounidense. Puede discutirse si es conveniente o no permitir un segundo término. Los términos no deberían coincidir con los cuatrienios electorales. Concluido el de cada cual, se evaluaría su desempeño. De no permitirse un segundo término o si no se estimara deseable la
repetición del funcionario o funcionaria en el cargo, se procedería a seleccionar a otra persona, de conformidad con criterios y procedimientos universitarios.

Supongo que habrá múltiples formas de diseñar los mecanismos específicos de selección del liderato institucional que logren el propósito descrito. Pero el cambio fundamental tendría que darse en la cultura política que ha pretendido convertir a la universidad pública en presa inescapable de los vaivenes político-partidistas.

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picada de ojos: “ruido de colores” edition

bandera-de-puerto-rico_fullblockEsta legislación propuesta por el senador Luis “Tato” León  parecería delatar una obsesión enfermiza, y generalizada, con los colores, y concentrada en el color azul.  Hace algún tiempo nos picaba los ojos, por ejemplo, una propuesta similar de su colega la senadora Mariíta Santiago, que radicó una resolución ordenándole a la Comisión de lo Jurídico y a la Comisión de Bienestar Social una investigación sobre los colores del logo del Departamento de la Familia, que contiene tres figuras infantiles-ninguna de las cuales es azul.

El argumento del senador, reseñado en Primera Hora, es que la versión, er…”celeste” de la bandera ha estado ondeando de forma “inconcebible” [este adjetivo, "inconcebible",  le gusta, lo estuvo repitiendo hoy en la radio], “inconcebible” porque lejos de representar la “historia real” del país, representa las ideas de Pedro Albizu Campos… perpetrando así, para el deleite de la audiencia de esta gigantesca comedia de situación que es nuestra legislatura,  la triple falta de anacronismo, ignorancia histórica, y una distinción falaz entre “historia” e “ideologías”.

Pero la mejor parte, o al menos la más divertida, es donde el senador nos exhorta a “pensar”, y traza la ruta para ello, diciendo:

“Es que, ponte a pensar: nuestras tierras son bañadas por el mar, no por el cielo. Entonces en honor a las playas que bordean nuestras isla, debe ser azul marino porque esas aguas no son azul celeste…”

Como lo oye: En un ejercicio lógico verdaderamente inconcebible, el hombre advierte que la bandera debe ser azul marino, porque ese es el color del agua del mar, y que es el mar, no el cielo, el que baña la isla.

Socorro.

Dejemos a un lado, de momento, el problema menor de que el mar luce diversos tonos de azul, según el día.  De hecho, ya que estamos en esas, dejemos a un lado la cuestión, un poco más problemática, de que el agua de hecho no tiene color particular y refleja el de otros objetos (incluyendo, horror de horrores, ese cielo al que el legislador parece tenerle tanta antipatía).  Es más, dejemos a un lado incluso el uso del ambivalente “bañar” como criterio para la determinación de colores de las banderas (¿que harían con su bandera los países sin océano que los bañe?), y hasta dejemos fuera el asunto ideológico, político y burdo de que alguien pase legislación como esta para socavar la agenda de aquellos a quiénes ve como una “oposición” atrincherada en el espacio de lo “cultural”.  Olvidemos todo eso.

Enfoquémonos en la parte importante: Eso de “ponte a pensar”.  Porque ahí está la clave de todo. El hombre está PENSANDO. La actividad invisible que redundó en este disparate está definida como pensamiento.  Actividad cognitiva.  Raciocinio.

Sálvese quien pueda.

Claro que no hay mal que por bien no venga. Toda esta er…actividad cerebral y jum…política de…arg…”Tato”,  le ha dado espacio al gobernador Fortuño para demostrar su propia capacidad intelectual, en un ejercicio elemental de contrastes.  Acaba de salir por la radio hace unos minutos hablando en contra de la legislación.

Suspiro.

Nos salen caros, la tragicomedia esta de cada día nuestro, aunque nos entretenga, y la capacidad de la legislatura de hacernos sentir inteligentes, aunque nos suba la autoestima.  Cada individuo de éstos le cuesta al país, y al bolsillo de los contribuyentes, salario, dieta, celular, automóvil, ayudantes, oficina…todo lo que necesitan para ponerse a…pensar.

Creo que por eso es que nos reímos de sus payasadas. Para pensar lo menos posible en lo que la presencia protagónica de estos aparatos en la casa de las leyes implica.  ¿El fracaso de nuestra democracia? ¿O tal vez, el de nuestra capacidad de pensamiento?

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del narcotráfico y la marginalidad

walmart-evilUna noticia reciente en el periódico Primera Hora (pulse aquí para leerla, y gracias a al colega y amigo David por compartirla) reseña la situación actual del narcotraficante José García Cosme, a.k.a. “Papo Cachete”, preso desde finales de los noventa en una carcel federal tras declararse culpable de varios cargos de narcotráfico.  García expresa su opinión acerca de las fuerzas que lo condujeron, a él y a tantos otros, a envolverse en el trasiego de drogas, diciendo que lo motivaba “la ambición por el dinero, la ambición de tener lo que tenían otras personas”, lo que lo llevó a controlar un negocio multimillonario desde su residencial, Turabo Heights.  El recluso entiende que si el gobierno quiere prevenir que la juventud se meta en el negocio, y en la violencia que el mismo genera, tiene que “reevaluar sus estrategias”, en especial las de la llamada “mano dura” de intervención policiaca en los caseríos, y proveer más oportunidades educativas.

Resulta fácil reaccionar con desprecio, desde la altura moral (y moralista) que nos permite nuestro relativamente limpio estatus.  Resulta fácil decir “que tipo!”, juzgar su “ambición”, y asumir el asunto completo como un problema no tanto del país, como de los residenciales y otros espacios marginados que sirven como base de operaciones para este tipo de actividad delictiva.  Resulta facilísimo suponer que, con cupones y otras ayudas gubernamentales, el tema de la comida y necesidades básicas está cubierto para los pobres del país, de modo que la “ambición” que describe “Papo Cachete” se nos antoje casi un capricho, una forma de querer, de desear,  lo inmerecido. Resulta incluso fácil burlarnos de la sugerencia de García de que la policía no intervenga – después de todo, si hay drogas, la policía tiene que intervenir, ¿cierto?

Resulta fácil, pero no particularmente útil.  Porque de alguna manera, todo lo que dice ahí García es cierto.  Miremos por ejemplo el tema de la ambición.  Para empezar, cualquiera que se tome la molestia de comparar el monto total de los cupones típicamente otorgados a una famila de cuatro sabe que sencillamente..no dá.  Sirve para costear tal vez un total calórico más o menos adecuado, si la familia se dedica a consumir harinas refinadas y porquerías (después de todo, el refresco es más barato que el jugo, los granos refinados más baratos que los integrales, etc.)  Pero ese no es el issue central, me parece, de la ambición a la que se refiere.  Sí, las familias en el caserío, como el resto de las famlias del país, quieren darse unos lujos, quieren comprar la pizza del cumpleaños, pedir el catering del quinceañero, tener ropa nueva, comprar materiales escolares, y hasta botar chavos comprando porquerías.  Los nenes en el caserío, como los nenes en el resto del país, viven probablemente obsesionados con los aparatos electrónicos de moda: PSP, Gameboy, PS, etc.

La clave está en el colectivo: la “ambición” de la que habla Papo Cachete es una compartida por todos los sectores sociales en este pobre país nuestro, en su totalidad.  La enfermedad del consumo nos aqueja a todos y a todas.  Los “malls” siempre están llenos.  Vivimos endeudados hasta las teleras.  Queremos cosas, más cosas, muchas cosas, hasta que se nos llena la casa de cosas y las botamos y compramos otras cosas más nuevas, más brillantes, más bonitas.  Queremos pintarnos los pelos, coleccionar zapatos, tener carros nuevos, y asegurarnos de que el estilo de nuestras gafas esté “in”.  La gran diferencia estriba, probablemente, en que para el nene del caserío, la ruta de las drogas es una más visible y posible para obtener esas cosas en el corto plazo.  Y obtener esas cosas, como a cualquier otro nene, le provee estatus.  Y el estatus, señores, en absolutamente todas las sociedades humanas, es algo que la gente busca tener.

Hace algún tiempo, uno de mis hijos llevó unas maltas a una reunioncita de amigos, y lo molestaron porque no eran “de marca”, sino genéricas.  Nuestro intento de ahorrarnos unos centavos redundó en una pérdida de estatus para el muchacho.  Y no importó mucho – se le explicó el asunto, y santo remedio.  Pero el caso es que, en esto de vivir con menos, a veces es más fácil para una familia de clase media con unos recursos educativos particulares convencer a los niños de que deseen menos, que para una familia que vive en una comunidad marginal.  Después de todo, si yo opto por no tener televisión,  mis hijos tienen patio para jugar.  Si la señora que vive en el residencial caliente opta por no tener televisión, sus hijos se le van afuera, donde corren el riesgo de ser atraídos por la abundancia consumista del “punto”, o de ser jamaqueados por un policía “interviniendo”. (Piense en eso la próxima vez que vaya a criticar la antena de satélite en el techo del residencial más cercano – para algunas familias es un asunto de supervivencia). Otro tanto ocurre con los estudios: Los niños y niñas de las clases medias y altas escuchan el mensaje universitario desde la cuna.  Para el nene del residencial, la idea de la universidad es más distante, más abstracta, y estadísticamente menos frecuente.

De modo que aunque no admiro a este señor Cachete, ni me gustan las decisiones que tomó en su vida, reconozco dos cosas: Primero, que tiene razón.  Hace falta más educación, menos “mano dura”, más oportunidades reales, para los jóvenes que viven en comunidades marginadas.  Y segundo, que la culpa, la patología del narcotráfico, al final del día no es de los residenciales.  Es del país, es una patología mucho más amplia y profunda, tiene que ver con esa ambición idiota que tenemos como pueblo y que nos impulsa a querer poseer más cosas pero que no nos sirve para sacar el país hacia adelante, y al final del día, no la podremos atender hasta que no la reconozcamos como una patología de todos.  Seguir vapuleando, física, social y moralmente, a los residentes de los espacios donde la realidad del narcotráfico es más evidente y donde la población está más desprotegida NO es la solución.

Imagen de: http://willpen.wordpress.com

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lucidez

_apf37711Hace falta, urgentísima falta, educar hacia el bien común. Hacia la gestión dirigida a asegurar lo mejor para el colectivo.  Eso no es una meta únicamente de socialistas o de comunistas – es un requisito ineludible para cualquier noción de sustentabilidad.  No hablo de educar para la caridad, sino para la justicia.  No se trata de hacer el bien en los ratos libres , para complacer a Dios, o para ser mejores personas, sino de trabajar hacia el bien común todo el tiempo, y en toda propuesta, grande  o pequeña.

(No se trata de quedarse “pegao” con la moralidad del otro en proyectos dirigidos a legislar el comportamiento del prójimo en la cama, como algunos politiqueros insisten en hacer.)

¿Pero por  qué escribir, cuando otros lo dicen tan bien? Hoy comparto con ustedes el discurso de graduación ofrecido por Vargas Bidot a la clase 2009 del Recinto de Rio Piedras de la Universidad de Puerto Rico.   Un remanso de lucidez y decencia entre tanto disparate en el teatro tragicómico nuestro que captura las páginas del periódico en su sección de “política”.  Ahh, la lucidez.  Por un lado, tenemos políticos permanentemente no lúcidos, sino, en buen boricua, “lucíos”.  Por el otro, el alivio de discursos (y las acciones de una vida que los construyen) lúcidos, como éste. (Gracias a Mario, por compartirlo en Digizen.)

Cito del discurso: “Puerto Rico necesita un abrazo y la academia tiene que plantearse la reconsideración de su menú curricular y, en un gesto heroico de no perder vigencia y pertinencia, debe reconocer a la comunidad más allá de un requisito a c a d é m i c o. Nuestras facultades tienen que rescatar el hilo hilvanador del tejido social… (y trabajar para que nuestra población estudiantil sea) algo más que una masa amorfa en vías de la deshumanización en nombre del conocim i e n t o…Los limitados foros para reflexionar sobre una propuesta de país muchas veces están monopolizados por quienes polarizan el pensamiento.

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La ciudad de los anónimos

JOSÉ A. VA RGAS V I D OT
DIR. EJECUTIVO DE INICIATIVA CO M U N I TA R I A


E ste momento (de graduación de la clase 2009 del Recinto de Río Piedras) es una prueba de que logramos algo importante a pesar de todas las dificultades del mundo y, a veces, a pesar del mismo sistema.
Por eso he decidido compartir con ustedes una reflexión sobre tres conceptos que han sido fundamentales en mi vida… Me refiero a los conceptos Misión, Compasión y Desafío.
Misión: En mi primera “g u a rd i a ” en el Hospital Regional encontré tirada a esta mujer, que apenas pesaba 70 libras, nadando en un mar de vómitos y diarrea; un estado bastante típico en aquel tiempo en personas viviendo con sida y buscando a ver quién se compadecía. Siendo yo el añadido trataba de establecer contacto, pues me negaba a ver a este ser humano comatoso, extinguiendo sus últimos suspiros de vida allí en aquella soledad. De momento veo a estas dos personas que apostaban su reloj contra el tiempo en que una persona iba a morir. Me di cuenta que se referían a la mujer de la camilla solitaria. Yo no sé si eran médicos, estudiantes, empleados, no importaba, de lo que se trataba era que allí estaba yo frente a la muerte física de alguien desatendido, pero también frente a la muerte ética de otros que jugaban a Dios. Lo único que se me ocurrió… fue bañarla y luego darle un abrazo, que era como si existiera un idioma espiritual que reclamaba acciones que no se aprenden en la escuela de medicina. Me fui sin esperanza y regresé esperando lo peor. Para mi sorpresa, aquella mujer que potencialmente era un cadáver, estaba sentada bebiéndose un jugo. Allí descubrí el poder del amor y allí el amor se convirtió en una misión de vida.
Ap re n d a m o s… a asumir las responsabilidades desde la perspectiva de la misión y no desde la obligación.
Compasión: Hace unos meses, mi padre fue internado en un hospital de la Capital; un paciente en estado muy grave en la cama de al lado esperaba por ser operado; su cuadro se complicó con una aparente flebitis; el médico llegó y frente a la cama del moribundo, y ante los ojos de su humilde esposa…, el “profesional”, sin ningún viso de sensibilidad, le expresaba todo su discurso en una jerga técnica diciéndole que iban a realizar un estudio en la pierna mala para ver la extensión del mal (parece que en nuestra sociedad las capacidades se demuestran hablando para que nadie entienda). La señora le sugiere al señor doctor que le pongan una cruz en la pierna que van a examinar. El hombre le gritó a la señora, ofendido porque ésta dudaba de su “p ro f e s i o n a l i s m o “; la insultó y se fue. Al otro día cuando el doctor regresó a mirar el resultado del estudio, se sorprende de que éste no revelaba mal alguno, aun cuando la pierna tenía un edema obvio desde un avión. De momento el hombre se da cuenta que, efectivamente, por no seguir el humilde consejo de la esposa del paciente, le realizaron el estudio en la pierna equivocada.
Cuánto perdemos por no mirar desde la perspectiva de la compasión; cuánto perdemos cuando nos es imposible visualizarnos en el lugar del prójimo.
Desafío: Eran las 2:00 a.m. y llegando a una de nuestras paradas de operación compasión (de Iniciativa Comunitaria), todavía sin detener el vehíc u l o… este deambulante se levanta como movido por un resorte y grita con sorprendente júbilo: “Vargas Vidot, qué bueno que llegaste, estaba orando para que vinieras”. Y yo le pregunto que cómo estaba seguro que era yo, a lo que contestó: “Po rq u e sentí dentro de mí que no ibas a fallar “.
Cada oportunidad es una convocatoria a la acción. Esa soledad de ese hombre es la misma soledad de mucha gente que, aunque está rodeada de su familia, le ha tocado vivir un momento permanentemente crítico.
Puerto Rico necesita un abrazo y la academia tiene que plantearse la reconsideración de su menú curricular y, en un gesto heroico de no perder vigencia y pertinencia, debe reconocer a la comunidad más allá de un requisito a c a d é m i c o.
Nuestras facultades tienen que rescatar el hilo hilvanador del tejido social… (y trabajar para que nuestra población estudiantil sea) algo más que una masa amorfa en vías de la deshumanización en nombre del conocim i e n t o.
Los limitados foros para reflexionar sobre una propuesta de país muchas veces están monopolizados por quienes polarizan el pensamiento. Tenemos el desafío de unir a un país desangrado en fisuras y quioscos, fragmentado en ideologías.
Y la pregunta es, ¿están estos 3,400 graduandos dispuestos a asumir esa transferencia generacional y comprometerse a no replicar lo que nos polariza y nos separa? Mientras estemos al margen, el 52% de los niños y niñas que entran a Kínder no culminarán sus estudios y el 75% de las víctimas cotidianas del crimen seguirán siendo jóvenes de 18 a 25 a ñ o s.
Con todo este cuadro, estamos perdiendo el rostro y nos estamos convirtiendo en seres anónimos que, aunque sentimos y padecemos estas incongruencias, malgastamos nuestras energías espirituales tratando de negarlas, descartando nuestra responsabilidad y echando culpas.
Mientras estaba en escuela superior, la única capacidad excepcional que aparentemente tenía era la de no estar conforme y manifestarlo insistentemente… La principal le recomendó a mi madre que no perdiera dinero en mí, que considerara una escuela de cosas manuales. Y ciertamente la señora tenía razón, en realidad no me aceptaron en ningún recinto de esta Universidad (UPR), pero yo tenía sueños en colores, que no podían detenerse ante los obstáculos.
En vez de irme a comer banco, entré a la universidad privada porque entendía que aunque no tenía el dichoso promedio, tenía la más profunda intención de lograr que mis sueños fueran realidad. Nadie, y repito, nadie pudo robar mi ánimo y aquellas experiencias de rechazo las convertí en el motor de mi corazón y encontré personas en mi camino que creyeron en mí, y en la universidad aproveché que era de los “na die” y me metí en cuanto curso o clase que atraía mi curiosidad humana; sin entenderlo en ese momento, sin darme cuenta, metí mi vida en un proceso de “u n i ve r s a l i z a c i ó n “… Y esa experiencia, que yo la llamo control del descontrol, me preparó… y me permitió dejar de ser médico para convertirme en un salub r i st a .
Pero, ¿qué les queda a los sin rostro? En aquel entonces los anónimos éramos los que no llenábamos el requisito del Estado. ¿Quiénes son los anónimos de hoy? Quizás lo sean las 30,000 personas sin techo que se mueven sin nombre ni abolengo, pero con un nuevo apellido: les dicen deambulantes.
Vivimos tiempos difíciles, vivimos ante un continuo desafío y en ocasiones sólo vemos sombras que interceptan la luz que emana de un corazón que se infla de amor. Usted tendrá un documento en sus manos que sin humanidad y sensibilidad será un mero pedazo de papel…
Para que un diploma tenga el peso necesario que garantice su participación en la transformación de nuestra patria, usted tiene que entender que hay 18 pulgadas entre el cerebro y el corazón y cueste lo que cueste y aunque le aprieten sus zapatos nuevos, usted tiene que comenzar a caminar esa distancia que conecta la ideas con los sentimientos y le previene de convertirse en un frío fósil académico incapaz de descifrar la vida desde la praxis.

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promesas, promises…

men-bathroom-1Sigo un tanto inquieta con el asunto este de la “promesa de hombre” que se utilizará para atender el grave problema que es la violencia contra las mujeres. Por varias razones. Porque ignora, incluso refuerza, las raíces ideológicas (superioridad de género, infantilización de la mujer, etc.) de esta particular forma de violencia; porque impone una estructura (¡otra más!) burocrática en un ya hiper-burocratizado sistema que está tan empapelado de formas y procesos que no aguanta un papelito más; porque trivializa un asunto serio. Etc.

Pero lo que más me preocupa es que tanto el mejor de los casos como el peor nos plantean escenarios negativos.  Aquí, en otras palabras, no hay final feliz.  Miremos primero el mejor de los casos: que la promesa funcione.  ¿Como se medirá la eficacia de esta promesa? Si en efecto funciona y muchos chicos varones deciden denunciar a sus padres, hermanos o amigos abusadores, ¿qué seguimiento se le dará a esas familias para asegurar que no haya represalias? ¿Están preparadas las agencias envueltas para proteger la seguridad de las víctimas,potenciales y actuales? Aquí en este blog, hace algún tiempo, pregunté retóricamente que pasaría si de repente todos los tecatos boricuas decidieran rehabilitarse: ¿Estaría este país, que tanto los juzga y critica, listo para apoyarlos en su proceso? Cabe preguntar lo mismo aquí.  ¿Si de repente los niños y jóvenes puertorriqueños, abrumados ante el peso de la promesa, inundan las oficinas de las trabajadoras sociales en las escuelas, que pasará? ¿La escuela trabajará armoniosa y eficientemente con Familia, Policía, Organizaciones Comunitarias…? No creo, al menos no en una gran mayoría de los casos.  Si no se altera el sistema tal y como existe, tendremos problemas de manejo de casos, y podríamos acabar precipitando no menos, sino más violencia.  Y eso implica una inversión (dinero, recursos humanos, entrenamiento, rediseño) en el aparato estatal que evidentemente no está en los planes de la administración actual.

De modo que en el mejor de los casos, que la promesa en efecto funcione, no estaríamos listos para responder.

Pero francamente, sospecho que el peor de los casos, que NO funcione, es más probable.  Pienso en los tan cacareados programas de abstinencia sexual, esos que envolvían también una promesa por parte de adolescentes norteamericanos.  Janet E. Rosenbaum, de la Universidad de Johns Hopkins, y su equipo de trabajo compararon 289 adolescentes que participaron en el programa de la promesa (virginity pledge) en 1996 con  645 adolescentes que no prometieron nada pero que eran comparables con los anteriores en criterios como visiones religiosas, familia, y opiniones acerca del sexo y de la planificación familiar.

¿Qué encontraron?  Primero, que la promesa no alteraba la probabilidad de que sí tuvieran relaciones sexuales pre-maritales en los cinco años subsiguientes.  En otras palabras, que los adolescentes que prometieron abstenerse no se abstuvieron ná, y su comportamiento sexual no difiere, en frecuencia, de los que no habían hecho promesa alguna.

Pero eso no es todo, ni es lo más preocupante.  Lo peor es que aunque comparables en todos los criterios, incluyendo la frecuencia de distintas actividades sexuales, había una diferencia crucial: Los chicos y chicas que habían “prometido” abstenerse reportaron un uso menor de mecanismos de protección tales como condones. De guatemala a guatapeor, como dicen.

El lenguaje de la promesa criolla, que puede tener buenas intenciones,  me resulta preocupante.  [Puede bajar la promesa completa en el sitio de fortaleza.]  El firmante promete nunca “cometer, tolerar, o mantener silencio” frente a la violencia doméstica; promete también, con un aura de virilidad enfatizada durante el discurso de presupuesto, “retar” a hombres violentos para que reconozcan que pueden “ser fuertes, sin agredir”.

La promesa de abstinencia en EU no solamente no funcionó, sino que tuvo un efecto peligroso al reducir el uso de condones.  ¿Y si ocurriese algo así con nuestra tan alabada (porque mira que la aplauden, políticos y funcionarios penepés y populares,por igual) “promesa de hombre”?  A saber qué efectos inesperados tendrá la firma del papelito sobre nuestros muchachos y muchachas.  Los problemas complejos con frecuencia requieren soluciones complejas, estudiadas, pensadas.  Esta de la promesa de hombre me parece en ocasiones un “prop”, un recurso de espectáculo sin esperanza de impacto real, y en otras un peligro.

enlaces para leer más sobre el tema:

aquí en este blog:  pulse aquí

en la blogosfera local: pulse acá

en el periódico: pulse acullá

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picada de ojos: special “capitolio” edition

foto de primerahora.com

foto de primerahora.com

Las “picadas de ojos” suelen ocurrir en este espacio como respuesta rápida a noticias que por alguna razón sorprenden.  Alguno me dirá que las noticias políticas  no deberían sorprenderme.  Pero no puedo evitarlo.  Hoy en el trabajo andábamos muchos  y muchas así, como medio en piloto automático, pensando en el espectáculo este nuestro de cada día, en ese carísimo reality show que es la política local, tratando de sacarle algún sentido… Es que no hay ni como comentarlo. Mejor hagamos unos bullets:

  • Ayer, en el mensaje de presupuesto.  El gobernador no desiste de su decisión de despedir miles de empleados públicos. Orgullosamente declara, sin embargo, que nos garantiza la ausencia total de impuestos a los celulares o la gasolina.  Creo que más surreal aún que la contraposición de ambos (celular vs. empleo de un ser humano, una familia) resulta el aplauso que recibió al decir esto.
  • Y hablando de aplausos, ¿qué decir del aplauso enorme que recibió una “certificación” “oficial”  del tamaño del déficit?  ¿Probar que el partido de oposición no tenía razón les causa felicidad aunque implique que estamos quebrados?
  • Pero ya que mencionamos los aplausos enormes, el más ensordecedor y de consenso fue el de la novedosa ‘promesa de macho…’ er…’ hombre’.  Para bregar con el tema de la violencia doméstica, los hombres van a prometer ser unos caballeros y tratarnos bien.  Y el gobernador les advierte que ello no va en menoscabo de su virilidad. Ah, bueno.  Que alivio.  Respiren tranquilas, mujeres boricuas.  Y si igual les pegan, o las asesinan, se trata, by the way, de un problema de “comunicación”, según el mensaje.
  • Mismo mensaje.  Otra “solución” muy parecida a la promesa: El restablecimiento, “por fin”, del “derecho” de todos los niños y niñas del país a cinco minutos matutinos de reflexión.  [reflexión: "hecho de considerar detenidamente algo"-no es esto parte de todo proceso pedagógico? sobre qué van a estar reflexionando?]
  • Y hablando de reflexiones: Hoy la legislatura cuelga el nombramiento de la procuradora de las mujeres.  Algunos y algunas legisladores/as tenían “issues” con asuntos “morales” asociados a su resumé. Tanto así, dijo la prensa repetidas veces hoy, que la han colgado por descargue y ANTES DE LA INVOCACIÓN de rigor.  ¿¿¿¿Escuché/leí bien????? Sip.  Al parecer en el hemiciclo regularmente se reza antes de empezar a colgar nombramientos, crear leyes insólitas, extraer refritos del cajón, pedir investigaciones sobre el precio de la comida y otras gestiones legislativas.  No me sorprende tanto que hayan colgado el nombramiento.  Igual es mejor para esta funcionaria, quien es al parecer una persona cuerda y mesurada – después de este circo, yo en su lugar saldría corriendo rápidamente, no vaya a ser que se arrepientan y decidan nombrarme de nuevo.   Pero a nadie parece sorprenderle el tema este de que recen allí.  ¿Separación de iglesia y estado, anyone?  Tal vez son los legisladores los que deberían hacer los minutos de reflexión esos que le quieren endilgar a los nenes de la escuela.

Todo esto me recuerda, por alguna razón, a la comedia italiana. Creo que me voy a leer algo sobre arlequín, polichinela, y otros personajes por el estilo.

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