Mirando con incredulidad lo cotidiano, y buscando humanidad en lo “exótico”.

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macondo

Hace algún tiempo, Fortuño se refirió a las protestas en la Universidad de Puerto Rico como “dignas de una república bananera”. Y ahora su compañero de papeleta indica que él “no representa a Macondo“, y que por ende no se prestará a “espectáculos” en la Cámara de representantes de Estados Unidos, donde el Representante Gutiérrez ha estado denunciando algunas cosillas que Pierluisi, en aras del buen gusto y la delicadeza que el cargo de congresista aparentemente le requiere, preferiría no mencionar.

Nos portamos mal, y nos dicen “Macondo” rapidito.

Esto a pesar de de que en la versión criolla (¡y tan criolla!) de la cámara en cuestión tenemos individuos que alegan poseer “facultades” como las que tenían el gitano Melquíades y la vieja Úrsula, el alma del libro y de la casa; tenemos superintendentes de la policía que con la bendición de sus superiores tratan a los ciudadanos que protestan como…bueno, como ciudadanos protestando en una república bananera, arquetipo no tanto de la producción frutera como de la represión laboral.

A pesar también de que la desolación de Macondo y de la blanca casa de los Buendía, es hoy una desolación tan, ay, tan familiar, tan con sabor a desempleo y desesperanza, tan parecida a la desolación de tantos pueblos nuestros hoy, ahora, mientras Pierluisi se enchisma con Gutiérrez y nos recuerda que no hay protesta que valga, que la protesta es ruido y nada más, que así “no funciona la democracia”, y que el tubo que chupa, el gansoducto,  vá porque sí, por encima de las protestas ciudadanas y por dentro de la tierra temblorosa (¿de miedo? ¿de ira?).

¿Será que para complacer a este dúo, para NO parecernos a Macondo, para NO ser una república bananera, las señoras tendríamos que ponernos a celebrar el chavito que nos vamos a ahorrar con la vía verde y renunciar a pintar murales en San Juan, los estudiantes tendrían que aceptar la cuota sin chistar y si no pueden estudiar irse a trabajar con Chiky Starr, y Gutiérrez tendría que portarse bien, como el Chuchin, e irse de tour a contarle a la prensa que se “depila completito”?

Si eso es la civilización….

Una se pregunta si esta gente se habrá leído el librito al que tanto insisten en referirnos.  Digo, porque a mí, al menos, que me le digan Macondo al país no me lo insulta.  Cada vez que nos traen por lo pelos al pueblito en cuestión, para insinuar a saber qué cosa,  se tendrían que dar por aludidos, en todo caso, los  que pisotean los derechos civiles y ambientales, los que le sacan provecho al caos y a la miseria.

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recortes al futuro

Otra vez.  Se tranca la economía, y algunos (muchos) políticos a nivel federal (bueno, a todos los niveles) buscan ahorrarse unos pesitos metiendo la mano en los (cada vez menos) espacios diseñados para preservar alguna movilidad social en Estados Unidos.

En esta ocasión pretenden, y plasman orgullosamente en el presupuesto aprobado el viernes pasado por la Cámara de Representantes para el 2012, recortar dramáticamente los fondos destinados a la beca Pell.  De un máximo actual de $5,550 anuales, ahora pasaremos a un máximo posible de sólo $3,040.

Esto afecta a todos y todas los/as estudiantes pobres y de clase trabajadora en Estados Unidos.  En Puerto Rico, donde la universidad pública es (por el momento) más barata pero el salario promedio es mucho más bajo, será probablemente catastrófico también.  Combinado con el potencial encarecimiento de la UPR que se nos viene encima, este asunto de la reducción de la Pell es muy grave.

!No espere por Pierluisi! Ya la Cámara se pronunció, pero estamos a tiempo: visite esta página para leer más y para firmar la petición que Ed Trust está circulando para ejercer presión en el Senado en Washington:

SPEAK UP: Tell the Senate to save Pell

Firme la petición.  Si la Pell le permitió a usted y/o sus hijos/as estudiar, puede contar su historia allí mismo.  Firme, firme, firme….la cosa urge.

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sin la cabra… y con la soga al cuello

Brian, un veterano residente de Michigan, entró a una institución de educación superior con fines de lucro (en inglés, ‘for profit college’) para obtener un bachillerato en programación de computadoras. Change.org, en alianza con Education Trust, nos cuenta su historia: No fue sino hasta después de firmar un contrato que los reclutadores le informaron que su beca le cubriría solamente una porción modesta de los costos de matrícula, y que tendría que solicitar préstamos estudiantiles. Varios años y $70,000 más tarde, tiene un grado-pero los trabajos a los cuales ese grado lo hace elegible pagan muy poco, y vive eternamente endeudado.

En Estados Unidos, el sector con fines de lucro captura anualmente hasta 24 billones de dineros federales destinados a ayudar estudiantes a obtener grados universitarios.  No son un jugador menor: Reclutan cerca del 12% de los estudiantes universitarios estadounidenses, y de estos, 60% entran en programas de bachillerato. Y es precisamente en esos programas que los “for profits” están siendo cruelmente  inefectivos, porque sus tasas de graduación en programas de 4 años son, en promedio (con algunas poquísimas y honrosas excepciones) bajísimas.

En 2009-2010, la for profit Universidad de Phoenix fue la primera institución universitaria en la historia educativa de Estados Unidos en obtener 1 billón (1,000,000,000!) en becas Pell.  Ello porque reclutan un número desproporcionado de estudiantes de escasos recursos económicos. ¿Cuántos de ellos gradúan? 9%. Menos de uno de cada diez.

La cosa, encapsulada, se ve más o menos así:  Reclutan agresivamente entre estudiantes que cualifican para ayudas federales, les cobran el monto total de esas ayudas y mucho más, los endeudan, y no los gradúan.

¿Será que no tienen fondos suficientes para proveer los servicios estudiantiles (consejería, tutorías, cuido de niños, y otras formas de apoyo) que aumenten esas tasas de graduación?  No creo: el presidente de una de estas compañías ganó sobre 40 millones (40,000,000, son muchos ceros) en un solo año.  Por algo se llaman “for profit”.

Todo esto es, me parece, muy relevante para Puerto Rico, especialmente ahora que parecería estar debilitándose la educación superior pública.  Las instituciones de este tipo parecerían haberse multiplicado en nuestra isla.  Sobre eso no tengo números, pero he visto sus pancartas, sus guaguitas, sus reclutadores paseando de puerta en puerta en las parcelas y en los caseríos como si fueran testigos de jehová.  Muchos no se gradúan.  Otros se gradúan pero quedan endeudados.  Algunos consiguen trabajo, pero los trabajos no bastan para pagar sus préstamos.  Tengo un familiar con una historia así: tras graduarse de chef, y trabajar noche tras noche en una cocina caliente en un restorán bastante fino, se le iba el cheque completo en pagar un cuarto en un apartamento compartido y…sus préstamos. Y esa es una historia de éxito, por lo menos se graduó.

De modo que ojo a la proliferación de grados for profit en Puerto Rico, porque bien dicen que en río revuelto…Hay que proteger a la universidad pública, porque mientras menos opciones públicas, más vulnerable es nuestra juventud a este tipo de gansería.  Y por favor, pase, lea y si puede firme la petición que enlaza aquí, o dele “click” a la foto del chamaco triste, y firme una petición en apoyo a las gestiones para regular mínimamente al sector educativo universitario for profit.  Que hagan chavos, ok-pero que provean un mejor producto. Uno con contenido de calidad, apoyos para los estudiantes, mejores tasas de graduación y, por qué no, costos más bajos.  Así no se vale hacer chavos. A costa de la desventaja ajena, de la ausencia de opciones para los sectores más desventajados.


Petitions by Change.org|Start a Petition »

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chencha patria

Tengo esta historia en la cabeza desde hace un par de meses.  De hecho la pensé como historia en real time, mientras los micro eventos aquí descritos ocurrían. Pero sin tiempo, sin ganas, no la escribí hasta hoy. ¿Por qué hoy? Tal vez porque pensaba en las tasas de desempleo en crecimiento, en la proliferación de “colleges” y “universidades” privadas  que andan por ahí reclutando estudiantes y becas pell, y especialmente en el misterioso anuncio gubernamental que nos conmina a alegrarnos porque aunque la categoría de los bonos puertorriqueños sigue igual (bbb-), la “perspectiva” de los bonistas ha mejorado porque el gobierno ha recortado “gasto”…pensando en todo eso, recordé a la pelirroja protagonista de esta historia, y lloré un poquito.

Esperando por el médico me dieron las doce.  Y mi hijo menor, que tiene un reloj interno afinadísimo para las cuestiones alimentarias, me anunció que tenía hambre. Suspiré.  El cafetín del edificio (uno de los prototípicos edificios de oficinas médicas del país) estaría lleno, porque en eso de tener un estómago que gruñe predeciblemente a mediodía, mi hijo es muy boricua.

Debo hacer un paréntesis para aclarar eso de “cafetín”, antes de que el amable lector me denuncie a servicios sociales por andar alcoholizando a mi hijo de cinco años a mediodía.  “Cafetín” tiene dos significados en el vernáculo nuestro: se trata de un negocio pequeño, tipo 1)barra, activa principalmente durante la tarde/noche y despachando cervezas, canecas, y música de vellonera para “machos en pena”, como dirían vega y lugo filipi o 2)cafetería  menor, ubicada en o cerca de un espacio de trabajo (oficinas, fábricas) en donde haya muchos empleados que a las doce anden en busca de un pincho, un sandwich, o un arroz con habichuelas y “mixtura”.

Claro que llevé a mi hijo a un cafetín del segundo tipo. Pero los dos tipos de cafetín, aclaro, me resultan encantadores, al menos conceptualmente. Ambos ejemplifican esa cosa que es simultáneamente cultura y economía, entrepeneurship folclórico, sincretismo de pulpería criolla y fast food gringo….Pero mejor cierro el paréntesis antropológico del cafetín, porque si no me detengo, no les cuento de Chencha.

Chencha la Roja, la llamó mi voz interior, que evidentemente no estaba en su mejor momento.  Chencha porque no sé su nombre, y Roja porque su cabello estaba teñido de ese rojo-marrón que no existe en la naturaleza pero sí en las tres cuartas partes de las cabezas femeninas boricuas, desde las más famosas, tipo Jeniffer López, hasta las menos, tipo….

Bueno, tipo Chencha la Roja.

Chencha tiene los codos sobre el mostrador, las mejillas en las palmas, la edad indefinible de las mujeres puertoriqueñas que ya cumplieron cuarenta pero aún no llegan al senior citizenship, los brazos regordetes, el delantal limpio.  Limpio porque no hay clientes.

El cafetín de Chencha está vacío.

Bueno, casi vacío.  Hay dos empleados en la cocina, limpiando sin prisas, y un muchacho sentado frente al counter, tomando café.

Chencha se anima un poco al vernos llegar.  Llama a Pepe, que procede a atendernos. (No, tampoco sé cómo se llama Pepe. Y soy muy tímida para andar preguntando los nombres de los futuros protagonistas del bló, de modo que tendremos que conformarnos con Chencha y Pepe, de momento.  Y con Pipo, que ya mismo entra en acción.) Pepe, decía, nos toma la orden de bocadillo y fruit punch, y se va a prepararla. Le pago, pregunto.  No, horita, me responde Chencha con una sonrisa. Después de que coma, no hay prisas.

Y descubro, allí y entonces, que me cae irremediable e inexplicablemente bien. Por roja, por gordita, por sonreír, por ser la dueña de un cafetín vacío, porque no tiene clientes, porque no tiene clientes porque la gente no tiene trabajo, porque como ella hay tantas, y porque ella es mi país.

Pipo termina el café y pide “un vasito de agua”.  De la pluma, pregunta Pepe, y añade que son cinco chavos por el vaso con hielo. Chencha lo interrumpe, Dale el jodío vaso al muchacho.  Mira en mi dirección, con la finísima ceja levantada en señal de alarma. Yo sonrío.  Ella también, y comienza a interrogar a Pipo sobre “la universidad”. Yo paro oreja.

Pipo bebe agua y cuenta que se graduó del “instituto” hace tres meses, pero que no encuentra trabajo. Qué estudiaste, pregunta Chencha, y le sirve más agua.  Masaje. La Roja suspira.  Ay, mijo. Pipo sigue bebiendo agua. Mi muy averiguada voz interior me pregunta si el líquido le sirve para matar el hambre, o el tiempo. YTal vez son la misma cosa. O mas bien, tiene hambre porque tiene tiempo.  Me pregunto si la beca le cubrió el certificado de masaje completo, o si se habrá tenido que endeudar.

En el televisor hay una novela, muda. No hace falta el sonido para saber que una mujer malvada le está mintiendo a la protagonista. O para saber que todo saldrá bien, al final.

Chencha mira la puerta, y parece evaluar la posibilidad de clientela.  Su cara se contrae en uno de esos gestos que hacemos cuando tomamos una decisión importante.  Pues dame un masaje, dice. ¿Te atreves?

Pipo, austero, asiente con la cabeza, se soba las manos, se estira. La Roja le da la vuelta al counter, permitiéndome conocer su estatura, que no llega a los cinco pies, y se encarama en una silla.   Pipo examina el cuello y la espalda de su inesperada clienta, y comienza.

Ambos se concentran por unos minutos. Yo observo, con el rabillo del ojo.  La cosa va en serio. Pipo está fajao, Chencha se relaja y sonríe. Cuando abre los ojos veo que los tiene brillantes, llenos de lágrimas.

Yo también sonrío. Y también lagrimeo.

La Roja se ríe, ahora en voz alta, entre mocos, y le dice al masajista desempleado: Muchacho, esto está bien bueno, tú sigue ahí, y si  mi marido llega y dice algo, le das un masaje a él también.

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un ahorro de lujo en la UPR

Conceptualmente, tiene sentido implementar medidas de austeridad en la Universidad de Puerto Rico.  Después de todo, el país está en una crisis económica, y los destinos del país y de su universidad están atados en la más íntima de las relaciones: Sobreviven, triunfan o se hunden al unísono.

Pero en la práctica la cosa cambia un poco.  Porque no todas las medidas son iguales, o afectan a todo el mundo por igual.  Y hay algunas medidas para lidiar con la crisis que atentan contra la identidad misma de la Universidad. Que la distancian del país.

Tomemos por ejemplo aquellas que tienen que ver con el número de estudiantes que la universidad planifica atender.  No se habla, oficialmente, mucho de ello: Pero hay señales, y no son buenas. La Junta de Síndicos ha dicho en repetidas ocasiones que espera recaudar 40 millones del alza en la matrícula que llaman “cuota especial”.  A 800 pesos por cabeza, ese estimado asume 50,000 estudiantes matriculados en el sistema.

Solamente 50,000.  La última vez que la UPR tuvo esa cantidad de estudiantes fue en la década de los setenta.  Ahora atiende alrededor de 65,000: uno de cada tres estudiantes universitarios de la isla.

La distancia que la nueva política de ocupación generaría entre la institución y el país se agrava cuando consideramos el perfil de esos quince mil estudiantes actuales y potenciales que se quedarían sin atender.  Los índices de admisión (IGS) que constituyen el criterio único de admisión a la mayoría de nuestros programas, aumentan, en promedio, según aumenta el ingreso familiar de los estudiantes. Esto quiere decir que aunque hay estudiantes con todo tipo de IGS en todos nuestros sectores sociales, hay una tendencia a que el IGS (y por lo tanto la probabilidad de ser admitido) aumente según aumenta el estatus socioeconómico.  Dicho sesgo no es un reflejo del potencial académico sino de desventajas sistemáticas que afectan más a unos sectores que otros a través del tiempo.

El IGS, por su parte, es en gran medida una función del cupo en determinado programa.  Mientras más popular es un programa de bachillerato, y más gente solicita admisión a él, más alto se vuelve el IGS.  ¿Cuáles son los programas más populares del sistema? Por mencionar algunos: Todas las ingenierías; Biología y Pre-médica; Contabilidad.

Súmele, al bajo estimado de ocupación, las prácticas implementadas en el presente proceso de matrícula, y el cuadro empeora.  Las medidas implementadas en distintos recintos, implican una menor oferta de clases disponibles para matricular.   Para un estudiante que depende de la beca Pell para estudiar, no poder matricular su requisito mínimo de doce créditos constituye más que una barrera: Puede ser el fin de sus estudios en la UPR.

Algunos hablan de una Universidad “más pequeña y ágil”.  Yo creo que parte de la “agilidad” de la universidad pública debe estribar precisamente en su capacidad para atender sectores y geografías diversos.  El problema fiscal en la Universidad no debe, no puede, tratarse como una hoja de cálculo gigante.  La eficiencia no puede darse en un vacío moral.  Las decisiones que tomamos para cortar gastos pueden solucionar un problema matemático de presupuesto-pero agravar los problemas socioeconómicos del país.

Cerrar cupos y secciones para “ahorrar” gastos implica así cerrar oportunidades para muchos futuros ingenieros, médicos y contables en la universidad del país, y sentar las condiciones para un estudiantado menos diverso, más homogéneo socioeconómicamente.

¿Pueden el país, y su Universidad, darse ese lujo?

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ok, hablemos de “ideologías”: huelga y neblina en la upr.

Una de las acusaciones lanzadas con más frecuencia en dirección de los estudiantes que, en todos los recintos de la UPR, ocupan los portones universitarios en lo que se ha convertido en una huelga histórica, es la de “ideológicos”.  Es una acusación que escucho en la radio y leo en el internet todos los días. Por “ideológico”, los que acusan implican que los huelguistas están guiados por una motivación de tipo separatista, y que es esa la “verdadera” agenda.

No voy a “defender” aquí a los estudiantes de esa acusación.  Eso es caer en la lógica del que acusa.  Hoy vengo a plantear las ideologías  que el “otro lado”, el de las autoridades gubernamentales y universitarias, muestra.  De aquellos que se oponen a la huelga y que repudian el comportamiento de los estudiantes por ser “ideológico”, sin prestarle  la atención a la bíblica, enorme, super-ideológica viga en el ojo propio.

Comencemos por la Junta de Síndicos.  Sin entrar en consideraciones históricas sobre su formación, se trata de un organismo que tiene como función velar por los intereses de la universidad pública.  El Reglamento de la Universidad de Puerto Rico y la página de internet de la misma Junta la definen como sigue:

“La Junta de Síndicos es la Junta de Gobierno de la Universidad de Puerto Rico y el Organismo en el cual el Pueblo de Puerto Rico ha delegado la autoridad para dirigir, orientar, reglamentar y gobernar el Sistema Universitario. En el ejercicio de esos poderes, y en representación del interés público, la Junta debe velar porque la Universidad responda a las necesidades de la sociedad puertorriqueña y constituya un elemento esencial en el esfuerzo de darle solución a los problemas con que se confronta nuestro pueblo. La Junta debe estimular el desarrollo de los talentos y recursos de la Universidad para convertir en realidad los valores fundamentales de nuestra sociedad...”[Énfasis mío. Para leer el reglamento pulse aquí]

La Junta es así la fiduciaria, o guardiana, de los intereses del país relativos a las funciones de la universidad. Debe representar el interés público. ¿Cómo ha estado llevando a cabo esa función últimamente? Veamos:

  • Aceptó, sin chistar, la alteración de la base de la fórmula de asignación de presupuesto para la UPR que generó la mayor parte del cacareado déficit. En lugar de tratar de impedir el déficit original, lo acepta como un hecho y le pasa la cuenta, la receta de la “medicina amarga” a la institución que dice proteger.
  • Ante la rebelión estudiantil, se sientan a “negociar”. Como parte de la negociación, proponen eliminar aquellas exenciones por mérito que le sean otorgadas a estudiantes que, por desventaja socioeconómica, cualifiquen para recibir beca Pell.  Es decir, de hecho recomiendan reservar la educación GRATUITA para aquellos que NO tengan necesidad económica.
  • Ante la insistencia estudiantil, expresada democráticamente de distintos modos, incluyendo asambleas sugeridas insistentemente por la propia junta y llevadas a cabo con debate y  con quórum, se ofenden, y aprueban no solamente la presencia policiaca sino el cierre indefinido de la universidad.

En 2008-9 (pulse aquí para el informe)  se otorgaron 22,508 exenciones,  promediando $671, para un total de $15.1M, por lo que el ahorro para la Universidad sería del orden de 67% de $15.1M (proporción de estudiantes de la UPR que recibe beca Pell) o de $10.1M.

Digamos que la propuesta de la Junta le ahorraría a la UPR  diez millones. En repetidas ocasiones, representantes de la administración universitaria han indicado que el cierre acarrea pérdidas equivalentes a un millón diario.  Esto solamente en Rio Piedras y solamente en la Universidad, sin contar los gastos adicionales de, por ejemplo,  policías estatales para “vigilar”  a los muchachos.  ¿De modo que con tal de ahorrarse diez millones anuales, están dispuestos a perder, como mínimo, sesenta? ¿Y por qué la obsesión con esos diez millones, cuando la insuficiencia económica presupuestaria proyectada para el próximo año es de 134 millones, según la OGP? ¿Qué sorpresas nos tendrá la Junta para los otros 124 millones que faltan?

La única explicación para el comportamiento de la Junta es que han claudicado su rol de custodios del patrimonio académico, del capital cultural del país, e incluso de la muy cacareada salud fiscal de la UPR, para convertirse en portavoces de una postura ideológica, tan ideológica, o más, como la de los muchachos que hace un par de días alegremente cambiaban  la bandera pecosa por la monoestrellada.  La ideología de la medicina amarga, del shock and awe, del quitarle fuerzas a la inversión pública.  La ideología del sálvese quien pueda, porque el mundo es del capital y el conocimiento no es una prioridad para el estado.  La ideología que tanto le ha costado a América Latina y al mundo. Como dice Galeano: En momentos como éste, cuando esta Latinoamérica nuestra sufre, con el resto del mundo, las consecuencias nefastas del desplome de la avaricia del capitalismo salvaje, hoy más que nunca, no nos podemos dar el lujo de darle la espalda a nuestros estudiantes.

Por supuesto que los estudiantes huelguistas tienen motivaciones ideológicas.  Representan la creencia en la inversión pública y especialmente en la educación pública, representan la idea de que la universidad accesible es importante para la calidad de vida de los pueblos, representan la esperanza en una existencia en que se pueda obtener calidad de vida no sólo por el tener sino por el saber.

Hace unos días, el analista estadista Ignacio Rivera recordaba las palabras de un militar estadounidense a propósito de Vietnam: Fue necesario destruir la villa para poder salvarla. McNamara diría tal vez que esa destrucción representa, en la neblina que es  generada por la guerra, la pérdida temporera del norte ideológico, de la razón primera. Acá podríamos alegar que la obsesión que la Junta demuestra con el tema de las exenciones (aún a costa de sesenta millones) representa la pérdida temporera del norte de su misión fiduciaria, en la neblina creada por el conflicto actual.

Pero temo que no.  Me temo que más que la pérdida del norte ideológico, que debería ser consistente con la misión de la Junta, lo que estamos presenciando aquí es la revelación de las ideologías que verdaderamente guían las acciones de la alta gerencia académica de hoy.  Son las ideologías que describe Klein en Shock Doctrine, las que han guiado la transformación económica de países tan diversos como Chile y Polonia, las que tienen como único norte la liberalización extrema de los mercados y la destrucción de la inversión pública en asuntos que no generen capital en el corto plazo.  En ese marco de referencia, la universidad privada es la que tiene sentido, y la pública es un lastre, un costo, que hay que abaratar para el estado y encarecer para los individuos. En ese marco de referencia, el estado se reduce en toda inversión social, pero se crece en su rol de administrador de la mano dura.  La Junta no quiere negociar con los huelguistas: quiere domarlos, darles una lección. Por suerte, el país no está de acuerdo.

Si nos vamos a preocupar por las “ideologías” de los actores protagónicos de esta huelga, propongo que nos fijemos para variar en las de la gerencia, y dejemos de momento a un lado las de los “pelús”.

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Picada de ojos: Universidad…¿para quién?

Una columna en la sección VOCES del Nuevo Día de hoy trae al periódico lo que ya hace algún tiempo es tema de discusión, chisme, y susurro: el espectro de un alza en la matrícula, y los disturbios que la misma generaría.  El texto esboza un argumento para que se aumente la matrícula, y  propone algunos parámetros o criterios para guiar el aumento en cuestión.

Se trata de un tema antiguo, y espinoso.  Por un lado están los que piensan que el costo por crédito (unos 45$ para estudiantes sub-graduados, con un ajuste anual que lo aumenta levemente para cada clase entrante) en la universidad del país es demasiado bajo, y que los estudiantes deberían contribuir a los costos de su educación, que suman unos 500$ por crédito.  Del otro lado, están los que piensan que la universidad debería ser gratuita, y que cualquier costo (y cualquier aumento) mercantilizaría algo que no debe, que no debería, ser mercancía: el conocimiento, la oportunidad.

No voy a debatir, aquí, ahora, los méritos de cada postura, aunque supongo que es bastante claro que la segunda me resulta más simpática. Aclaro de entrada que me gustaría habitar (y construir) un país en donde la educación, desde pre-kinder hasta el doctorado, fuese buena y gratuita, donde cada ciudadano pudiera recibir, sin trabas económicas,  tanta educación de calidad como quiera o aguante.  No se si eso sea, en este momento, realista o posible.

Y no es eso lo que me motiva a escribir esta entrada.

Lo que me llamó la atención de la columna de González Taboada es el cierre, que lee así:

“Debe además tomarse en cuenta el potencial de ingreso de cada disciplina. Me parece muy justo que un estudiante de educación pague menos que uno de contabilidad, dado que su potencial de ingresos es mucho menor.”

No es la primera vez que escucho esa sugerencia. Y me parece bastante peligrosa.  Descontextualizada, suena razonable, con esa especie de lógica interna que tiene una hoja de cálculo de excel.  Pero examinémosla.  Hacer que los jóvenes paguen por sus estudios, no basándonos en su capacidad de pago en el presente sino en la que tendría la carrera que eligen, reproduce, y solidifica, las ya patentes diferencias de clase social evidentes en la “selección” actual de disciplinas.  En arroz y habichuelas, y siempre con sus excepciones, la tendencia en el presente es clara:  A mayor ingreso familiar, mayor la probabilidad de que un joven estudie una carrera con mayor potencial de ingreso.  Subirles el precio precisamente a esas carreras haría aún más difícil el acceso a las mismas.

La educación superior pública ha sido históricamente un mecanismo para la movilidad social.  También ha sido uno para la reproducción de las diferencias sociales. ¿Queremos restarle potencia al primero, y agravar el segundo?  ¿Queremos instituir una escala de precios que se convierta en otro obstáculo más para el muchacho o la muchacha que quiere ser ingeniero/a y que viene de una familia pobre?

Creo que no.   Y creo que en medio de la crisis fiscal que la universidad atraviesa, hay que tener especial cuidado.  Cuidado con las soluciones precipitadas que resuelvan un problema fiscal pero agraven uno social. Que las medidas diseñadas para “salvar la casa” (perdonando la expresión) no la destruyan, por favor.  La Universidad de Puerto Rico es la universidad del país, y al país se debe.  ¿Qué tipo de país queremos tener? Yo quisiera uno en la que trabajemos para quitar, no para poner, trabas en las aspiraciones de las poblaciones más desventajadas.

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picada de ojos: “desarrollo económico” para Puerto Rico

Me dice el Nuevo Día que “el secretario del Departamento del Trabajo, Miguel Romero, anunció hoy la creación de 1,040 empleos, mediante un contrato con Walmart.”

Aparentemente se supone que se trate de una buena noticia. Que me alegre.  Porque resulta que, según me indica el titular, esto implica un “anuncio” de “puestos de trabajo para cesanteados.”

Primera Hora me confirma que en efecto, la intención va por ahí, y cita a Romero:

“Con el fin de aunar esfuerzos e impulsar el desarrollo económico en la Isla, el Departamento del Trabajo a través de su agencia componente, el Consejo de Desarrollo Ocupacional y Recursos Humanos (CDORH), delegó fondos a la empresa Walmart de Puerto Rico mediante un acuerdo, con el objetivo de que se creen oportunidades reales de empleos para toda persona que esté desplazada y desee reinsertarse en el mundo laboral”, sostuvo Romero.”

Tal vez en efecto sea buena la noticia. Después de todo, los únicos empleos anunciados después de la botada masiva de empleados gubernamentales en Puerto Rico eran en la industria de la construcción, haciendo que muchos se preguntaran cómo exactamente absorbería esa industria al personal cesanteado de tipo gerencial, secretarial y burocrático.

¡Walmart al rescate!  Ahora los cesanteados podrán trabajar cobrando nada menos que hasta diez o quince centavos por encima del salario mínimo por hora en las tiendas Sam’s, Walmart, y Amigo, que continúan, indica la noticia, “creciendo”, y que por lo tanto absorberán a 1,040 desempleados, 60% de ellos a tiempo completo, el resto a tiempo parcial.  Todo eso por la bagatela de tres millones de pesos de “subsidio” de WIA.

Tres millones de subsidio..añádale el subsidio menos visible, o mencionado, del seguro médico y otros beneficios que el estado tendrá que seguir pagando, por lo menos para el 40% que se queda part-time…Buen negocio, éste.  No para el empleado, que de seguro trabajará mucho, cobrará poco, tendrá pocos o ningún beneficio y no podrá unionarse nunca,  (cortesía del exitoso “modelo Walmart”) sino para la corporación, que de alguna manera ha logrado que le subsidiasen empleos que evidentemente tenía intención de crear al invertir en la construcción de las nuevas tiendas.

Puerto Rico, el paraíso: Donde la gente compra mucho y compra en Walmart porque es barato y los chavos están escasos, donde hay mucho desempleado dispuesto a trabajar treinta horas semanales en horarios impredecibles y sin beneficios y aceptar que eso se defina como un “part-time”, donde se pagan pocos impuestos y se repatrian muchas ganancias, y donde para completar, te subsidian los salarios, ya bajos de por sí.

Walmart, la compañía: La del ingreso bruto que supera al de algunos países; la que enfrenta uno de los mayores pleitos de clase en Estados Unidos, por discriminación salarial; la que se ha hecho famosa por despedir empleados de manera preventiva, para evitar uniones; la que si fuese un país, sería el número siete en relaciones comerciales con China, de donde obtiene muchos de los productos que vende; la que ha generado resistencia y, más tarde, resentimiento, por sacar pequeños negocios (sí, esos que al final del día empujan más la economía local, pagan impuestos y reinvierten en el país) que no pudieron competir con los bajos precios que los bajos salarios, tanto en la tienda como en las fábricas de donde obtienen sus productos, permiten ofrecer. Walmart, nuestro socio, nuestro “partner” para el desarrollo económico.Cuatro de los diez estadounidenses más ricos son de la familia Walton, la familia que todavía es dueña de 40% de las acciones de la compañía.

Hace algún tiempo comentaristas auto-identificados como “de clase media” tronaban en facebook y subtitulaban la prensa en línea contra las “guimas” y “los manteníos”  “de caserío” porque recibirían una tarifa fija de luz.

¿Y contra las corporaciones mantenías, quién truena?

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tarifas, vagos, indignaciones, y otras vergüenzas de la cotidianeidad

Hace rato que tenía que haber escrito sobre este asunto de las tarifas fijas para los residenciales, o más bien (porque esto otro es lo que verdaderamente me llama la atención y me interesa) sobre la reacción que dicha política ha desatado.  Esa protesta colectiva, a viva voz, una ola de quejas que nunca he visto elevarse, al menos no con esa velocidad, para defender ninguna otra causa.  Ningún político pillo, o vago, o mantenido, ha desatado jamás semejante ira.  Los que por poco nos queman el país con el desastre de CAPECO nunca fueron blanco de una indignación así. El bono a los desarrolladores para que pudieran seguir construyendo (y vendiendo) en un país con sobre veinte mil viviendas vacías nunca fue discutido como “robo” o “parasiteo”.

Cuando decidí que finalmente escribiría sobre este asunto, tampoco escribí. No escribí porque quería producir un texto impresionante, conmovedor, o por lo menos ingenioso.  Tal vez sonoro, con esa sonoridad que con frecuencia exhiben tipazos y tipazas como Pérez Reverte, o Ana Lydia Vega, o Mayra Montero -esa sonoridad que emite el argumento en el volumen preciso, y en la frecuencia exacta, para que éste resuene en las neuronas y el corazón ajenos.  De modo que volví a no escribir.

Finalmente, supongo que hoy, decidí que igual tenía que hacerlo.  Primero, porque me dí cuenta de que no lograría la resonancia esperada (puede leer sobre “resonancia”, ese tan poético fenómeno de la física, aquí), justamente porque esa es la cualidad principal, y más repugnante, de esa indignación colectiva que hoy vengo a criticar.  Me resigno entonces a escribir cualquier cosa: un cruce entre desahogo y memo corporativo, un telegrama febril, una rabieta antipática pero inteligible, un carraspeo lanzado torpemente al mundo de la cibernia.  Que salga cualquier cosa, pensé, pienso; entramos luego y escribimos algo de seguimiento, más bonito, más sosegado, más intelectual.

Así que escribo.  Primero, para describir la cosa que enfrento aquí.  No se trata de la decisión de la tarifa fija – ni siquiera sé si esa decisión,la de otorgarle una tarifa fija de agua y luz a los que viven en residenciales públicos,  es buena, mala o irrelevante.  Probablemente, para ser honestos, en términos estrictamente económicos, es irrelevante. No lo sé.  Francamente, ni viene al caso.  Lo que me trae hoy a la ventanilla de editar una entrada en mi blog es la reacción popular a esa decisión.  Y ésta, señores, ha sido de miedo.  Los comentarios en los periódicos en línea chillan (sí, chillan, en chillonas mayúsculas) cosas acerca de esa “gentusa” (palabra que por cierto, muchos escribieron con ‘s’), que “vive del cuento”, y que “no trabajan para vivir del gobierno y de los que pagamos contribuciones.”   Hablan de irse a vivir en un caserío como si de hecho quisieran hacerlo. Hablan de un futuro donde el gobierno les dará internet gratuito también.  Hablan de plasmas, antenas y piscinas en todos esos hogares que, si una no hubiera visto de cerca, tendría que imaginar como fabulosos palacios de cuento, con fuentes cristalinas y luces de discoteca.

Pero la peor parte no fueron los periódicos, no.  Allí de todos modos siempre hay cuatro locos chillones comentando las noticias groseramente, de hecho esta vez han estado quizás hasta más educados que de costumbre.  No, la peor parte fue facebook, espacio en donde me comunico con lectores de esta cosa, con amigos, con familiares, con antiguos compañeros. Allí, me cuenta un lector, José G. (que por cierto ha escrito algo muy bueno sobre este asunto y espero que lo publique en algún lado, pronto), y acabo de verificar con mis ojitos, hay un grupo con casi cuatro mil miembros que se llama “estoy harto de mantener los vagos en PR con mis contribuciones” y que se describe a sí mismo de la siguiente forma:

“Este site es para establecer un final proximo a todos los vagos en Puerto Rico que no trabajan y se la pasan esperando la GUIRA del “MANTENGO” gubernamental, sea cupunes, ayudas, etc, etc, etc. Son todos aquellos que se la pasan perdiendo el tiempo en la casa, jugando juegos electrinicos y esperando el cheque del gobierno con una barriga que parecen nenes de World-Vision. Los magnificos parasitos que nos tienen a Puerto Rico en la bancarrota por estar manteniendolos como peces de agua dulce en estanque.”

¿”Establecer un final próximo”? ¿Qué es eso y cómo proponen lograrlo? ¿Genocidio? No, quisiera pensar que lo que en realidad desean es que todos tengan empleos. Los comentarios que leí hoy (hay páginas y páginas de ellos) dicen cosas como (esto es sin censura, lo copio tal cual, aunque me mate la “z” de “abuzo”)… “sin palabra, indignacion total….. Quien piensa en mi, en la clase media. no lo puedo creer. QUE ABUZO. por Dios agamos algo que yo me apunto, esto no puede seguir, ya no mas.”, y se ensañan con especial furor con las “guimas mantenías” que según ellos se dedican a parir y parir con toda la mala intención de continuar “parasiteando”.  Dice uno” “En especial a las Guimas cuponeras de caserio, no saben mas que paril hijos y no trabajan esperando los cupones, jajajaj…”  Hasta la foto revela odio – una mujer sobrepeso, de espaldas, con algo pegado de la bata en el área del trasero.

Yo pago contribuciones, muchas, fiel, legal y consistentemente.  Y mucha luz, y mucha agua.  Pero con toda franqueza, no creo que el furor que este grupo de facebook tan orgullosamente, y con tanta resonancia, exhibe,  se trate de eso exactamente, no.  Como pagadora de contribuciones, a mí me indignan el estado de las carreteras, el deterioro del sistema público de educación, la ausencia de transportación colectiva, la ineficacia del sistema de salud, la escasez de parques y áreas verdes, en fin, me indigna que mis contribuciones no se traduzcan en una estructura de cosas que podemos llamar el bien común y que se refiere a las cosas que nos benefician a todos: urbes limpias, menos autos, más salud, mejor calidad de vida.

Pero no, no hay un grupo de facebook que inste a Fortuño a garantizarnos ninguna de esas cosas.  Lo que vociferan las voces indignadas es que los pobres tienen la culpa, que nos engañan, que nos explotan.  Y yo quisiera aclarar un par de cosas:

  • Los pobres no nos explotan.  Lo que el estado invierte en mantener a sus ciudadanos más vulnerables es una chavería en comparación con los subsidios que reciben otras entidades, corporaciones, casi todas, que pagan muy pocas contribuciones,  generan muchas ganancias, y definitivamente no viven en un apartamento diminuto con ventanas miami y ruido de tiros en la noche, como viven muchos en nuestros caseríos.
  • La imagen del residente de caserío que ríe sonoras y siniestras carcajadas y se frota las manos porque nosotros, los contribuyentes, le pagamos un estilo de vida que incluye piscina, cable, antena, internet, losa italiana, o lo que sea, es una fantasía, o en el peor de los casos, una excepción. La mayor parte de los residentes del caserío preferirían vivir en otra parte.  Otros quieren vivir ahí, esa es su comunidad, y trabajan duro, con pocos recursos, para mantener sus apartamentos lindos, ordenados, y para bregar con el discrimen cotidiano que su geografía les acarrea.  Muchos de ellos trabajan, muchos otros desean desesperadamente trabajar y no encuentran empleo.
  • Ese punto es crucial: En Puerto Rico, la tasa oficial de desempleo ronda el 15%, la extraoficial el 19%, y esto es sin contar el sub-empleo, el empleo a salario mínimo que no da para vivir, y otros desastres de nuestro panorama laboral.  Gritarle, indignado, al residente de caserío que “se vaya a trabajar” es, en este escenario económico, un absurdo, porque sabemos que no hay trabajo suficiente para todos los puertorriqueños, vivan donde vivan, y porque en el residencial hay mucha gente que sí trabaja – porque en este país, señores, se puede trabajar mucho, duro y bien, y seguir siendo pobre.  De hecho los caseríos, como los arrabales, favelas, y otros espacios, son una de las formas físicas que adquiere el fenómeno moderno (o post-moderno?) del exceso de mano de obra potencial en una economía que “prospera” aumentando ganancias para los accionistas pero que no la prosperidad para la gente.  Los pobres NO tienen al país en bancarrota, como dice el grupo de facebook, es al revés: Los pobres son la evidencia de la bancarrota del país.

Podría seguir.  Parte de mí querría seguir. Pero me dice mi pantalla que voy por las mil trescientas palabras y prometí crear un blog, no un culebrón ni un tratado.  Me gustaría hablar de las nociones ideológicas malsanas que se ocultan detrás de toda esta “indignación” contra el residente de caserío.  Me gustaría hablar de cómo el “odio” contra el “mantenido” pobre tal vez nos distrae del timo del mantenido rico (puede ver algo sobre eso en este post).  Me gustaría hablar de algunas de las personas que conozco, que son de caserío y/o viven en uno, y que no son ni vagos, ni mantenidos, ni parásitos, sino gente buena y trabajadora. Me gustaría explicar que a veces, el internet y la antena son la manera más eficaz de mantener a los nenes lejos del punto (puede leer algo sobre eso aquí) y que algunos padres y madres optan por tener esas cosas, con mucho sacrificio, porque no pueden sencillamente mandar a los nenes a correr bicicleta por ahí.   Me gustaría describir el tiempo que pasé viviendo en un caserío del área metro cuando niña, y decirles a todos esos y esas que en chillonas mayúsculas hoy declaran que se mudarían a un caserío para que “los mantengan” que yo lo dudo mucho, que no les creo, que ellos y ellas no quieren vivir allí ná.  Ni con tarifa fija, ni sin ella.  Sólo quieren descargar su indignación, porque saben que algo anda mal, y el pobre y el dependiente siempre han sido un blanco fácil.

Foto tomada de endi.com, sección dominical del La Revista de hoy.

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picada de ojos: Fortuño vs. Obama, 2012

palinamd_fortunoLa versión en línea del Primera Hora de ayer miércoles cita una noticia de Prensa Asociada que a su vez hace referencia a una columna de Newsweek que, dice el PH, menciona a Fortuño como posible compañero de papeleta de Palin. Cuando se me pasó un poco el susto, busqué la columna original de Andrew Romano en newsweek.com.  Parece, en primer lugar, que en la cadena formada por Newsweek, AP y PH pasó un poco como en ese juego de niños donde alguien dice un mensaje al principio de la fila, se lo pasan de oreja a oreja y al final llega convertido en otra cosa.  Porque la columna original, titulada Absurdly Premature 2012 Watch…the Governor or Puerto Rico…for President? de lo que habla es de Fortuño como posible candidato (sin la Palin) a la presidencia.

Ahí me volvió el sobresalto.  Pero yo soy de esos desafortunados seres que cuando más se asustan es cuando más tienen que mirar – de los que por ejemplo, tienen que examinar la aguja, con los ojos bien abiertos, mientras les sacan la sangre en el laboratorio clínico.  De modo que seguí leyendo.  Y escribiendo esto, para compartir con ustedes mi alarma así, en “real time”.  La columna de Romano, que empieza por reconocer abiertamente y desde el título mismo lo absurdo que resulta discutir candidaturas republicanas con tres años de anticipación, relata lo que constituye, fundamentalmente, un chisme interesantísimo, un faranduleo político encantador.  El hombre divide a los posibles candidatos a presidente en cuatro categorías – los evidentes (gente como Romney y Huckabee), los “wild cards”, como Palin o Gingrich, los “long shots” (republicanos prominentes que podrían correr, si quisieran), y…Fortuño.

¿Por qué Fortuño? Porque se lo mencionó personalmente al autor, como posible candidato, un personaje de nombre Grover Norquist, muy mentado e influyente en círculos republicanos, que entiende que Fortuño podría surgir rápidamente como un candidato nacional viable, y que ha logrado cosas “impresionantes” en Puerto Rico:

“He could pop up on the national level like that,” said Norquist, snapping his fingers. “I’m very impressed with both his presentation and what he’s accomplished so far.”

¿Quién es este señor Norquist? Es un republicano firmemente ubicado a la derecha de la derecha, emisor de la famosa cita “Yo no quiero abolir el gobierno [federal].  Simplemente deseo reducirlo a un tamaño que pueda arrastrar hasta el baño y ahogar en la bañera. (“I don’t want to abolish the government. I simply want to reduce it to the size where I can drag it into the bathroom and drown it in the bathtub.”)  Su causa más sonada ha sido la reducción del gobierno y de los impuestos utilizados para sostenerlo, y es el autor del libro Leave us alone: Getting the government’s hands off our money, our guns, and our lives.

¿Y por qué esta persona está “impresionada” con Fortuño?  Porque, dice Romano en la columna, Fortuño ha logrado utilizar efectivamente el estímulo que resulta de las políticas de “big government” de Obama para hacer todo lo contrario – recortar la nómina gubernamental. También, dice Romano que le dijo Norquist, Fortuño aprovechará que tiene una “legislatura republicana” (ejem…reality check para la mayoría de los legisladores, que se pensaban demócratas) para pasar dos medidas más, al gusto de sus colegas en el continente: Un proyecto de “school choice” (léase privatización del sistema de educación público) y otro de “reducción del tope de impuestos” a los que más ingresos generan.

El autor de la columna deja claramente establecido que la idea de Fortuño como candidato es lo suficientemente remota como para salirse incluso de la categoría de “long shot”.  Pero una cosa es clara: Las políticas públicas y las ideologías que aquí están haciendo a Fortuño cada vez menos re-elegible en unas elecciones boricuas son dulce carnada para la extrema derecha norteamericana, que ha demostrado ser capaz de aceptar como parte del club a políticos minoritiarios ultra-conservadores (¿se acuerdan de Condoleeza Rice? ¿y de Alberto González?) y que necesita caras nuevas y jóvenes con bocas que emitan mucho la palabra “cambio”.

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AM: homofobia que mata, viernes negro y fuga de cerebros

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Escuche el podcast…

 

Nota: Escuche el podcast oprimiendo el botón de “play”. También puede suscribirse al podcast buscando “parpadeando” en el iTunes Music Store o visitando el siguiente enlace directo: Parpadeando Podcasts. Recuerde que puede acceder a la transmisión radial de Parpadeando, en vivo, todos los lunes de 1:00-2:00PM en www.wpra990.com.

Hoy, 23 de noviembre de 2009, en PARPADEANDO, la sección de comentario dentro del programa Dialogando, de WPRA990:

  • Homofobia que mata. En el primer segmento, hablamos del asesinato de Jorge Steven, un joven gay de 19 años.  La comunidad gay, lésbica, bisexual y transgénero en Puerto Rico, así como las muchísimas personas heterosexuales que los apoyan, exigen que se clasifique y procese este acto como un “crimen de odio”.  ¿Por qué nos referimos  a este crimen como un “crimen de odio”?  ¿Cuál es la importancia jurídica y social de esa categoría? En la primera parte del programa, distinguimos al crimen de odio de otros crímenes por ser una especie de micro-genocidio.  En la medida en que es un crimen basado en características que vinculan a la víctima con un colectivo, una minoría, el crimen de odio atenta contra la esencia misma de la democracia-la igualdad básica de todos los ciudadanos.

  • Viernes Negro. En el segundo segmento, atamos cabos: La legislatura expande los horarios dominicales con la nueva Ley de Cierre; El DACO nos aconseja comprar, pero dentro de un presupuesto y de manera ordenada; y el gobernador anuncia que el bono de Navidad se le entregará a los empleados públicos no la segunda semana de diciembre, como de costumbre, sino esta semana del 23 de noviembre.  Justo a tiempo, murmura Puerto Rico, para las compras del famoso “Viernes Negro”.  En este segmento recordamos a George Bush, que le pidió a los estadounidenses que ejercieran su patriotismo gastando en las tiendas tras la tragedia de septiembre 11, 2001, y discutimos la gran cadena que une los diferentes eslabones de la economía mundo: extracción, producción, distribución y consumo.  Terminamos apoyando la sugerencia de la bloguera “Enfogoná”, del blog “Clientela Furiosa”, que nos conmina a evitar la mega tienda y a regalar cosas de aquí en esta Navidad.
  • Y hablando de economía, en el tercer segmento atendimos la pregunta de un radioescucha que nos pidió que discutiéramos la “fuga de cerebros”.  Esta frase se refiere a la emigración al exterior de puertorriqueños  con grados universitarios  (típicamente a Estados Unidos), y suena en Puerto Rico todo el tiempo, pero suena especialmente en periodos de crisis económica.  Para responderle, conversamos con el Dr. José L. Cruz-Rivera, ex-vicepresidente de Asuntos Estudiantiles de la UPR, quién nos explicó que “la fuga de cerebros es como el colesterol. Hay una mala y otra buena.”  En la buena, los talentos influencian de forma positiva el futuro económico del país, ya sea actuando como embajadores de Puerto Rico en otras partes del mundo, o regresando con nuevas experiencias.  “En realidad yo no hablaría tanto de “fuga de cerebros” como de “circulación de cerebros” …Lejos de ser un problema individual, donde cada ciudadano debe agonizar con la decisión de quedarse o irse, es un problema del Estado. Es decir, le corresponde al estado preocuparse por este tema y desarrollar las estrategias que permitan que el balance neto de los cerebros que se van y los cerebros que regresan represente una ganancia para el desarrollo socioeconómico del país”.

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quiero creer en las apepé…

hollow…pero no puedo.  No puedo por instinto, por reacción inmediata, pero más aún, no puedo por lo mismo que leo en los espacios que más simpáticos le son a esta nueva-vieja forma de gobierno.  Hoy decidí darles el break conceptual a las apepés (Alianzas Público Privadas) mirando dos fuentes que ni el más conservador de mis lectores podría criticar: el semanario  Caribbean Business (que por cierto,  nos advierte que las apepés son nuestro último chance, en portada), y el portal mismo de las APP.

Primero el portal, que nos informa que La Autoridad tiene la misión de guiar y facilitar el establecimiento de Alianzas entre el Gobierno y entidades privadas… con el fin ulterior de facilitar el desarrollo económico y el enriquecimiento de la calidad de vida en Puerto Rico. So far, so good. Suena hasta bonito.  Lo privado y lo público se unen con el fin de lograr el bien común.  No el “profit” necesariamente, sino el bien común.  Esto es consistente con la insistencia del gobernador de que las APP no son un caso de privatización, sino una cosa “nueva”.  Qué cosa, no me está claro, así que voy a la sección más prominente del sitio (un sitio web bonito, por cierto, con molinos y puertos que nos susurran un futuro posible), al arte que me invita a acceder al contenido de la reciente conferencia.  Una conferencia que fue motivo, de paso, de una protesta en contra de la “privatización” que el pueblo sospecha se esconde detrás de todo esto.

Pero nada, yo busco el plan, la explicación, lo que sea que haga las apepés distintas de las privatizaciones descarnadas y fallidas en el modelo fracasado que ya hemos visto en  las últimas décadas en Chile, Argentina, Rusia, Polonia, Bolivia, Iraq, New Orleans, Sur Africa…Busco porque quiero creer, y quiero creer porque aparentemente, según me dicen los representantes de mi democracia, no me queda otra, todo está roto, todo es un desastre…

Me encuentro con que el plan posible propuesto en el sitio, para empezar, lo incluye…todo.  He aquí la lista, copiada enterita:

Sanitary landfills; Reservoirs; Plants for electrical power production that are alternatives to oil; Mass transportation systems; Health, Security, Education, and Correction and Rehabilitation facilities; Affordable housing projects; Sports, recreation and cultural entertainment facilities; Wireless and land communication networks; High technology and mechanization systems; And other kinds of activity or facilities that are identified as a priority through legislation.

La lista es consistente con lo que dice Romero Barceló en su larguísimo editorial en el Caribbean Business de esta semana, donde apasionadamente alega que aunque el rol del gobierno es proveer seguridad pública, educación, salud, energía, agua, y esas cosas, esos servicios pueden pasar a manos privadas porque “whenever private enterprise can provide a public service more efficiently and at a lower cost to the public, we should allow private enterprise to do it. They, in turn, will provide the jobs”. Dentro de mí, una voz de alarma (¿el ángel o el diablo de Tom, el gato  de Jerry?) me dice cosas como what about profit? ¿Cuándo, en la historia de este país, tal vez la de cualquiera, se ha logrado un mejor servicio de salud, agua o seguridad recurriendo a manos privadas que, contrario a las públicas, necesitan PROFIT para existir? Pero prometí leer con la mente abierta, leer para creer, así que paso la página de la columna de Romero y sigo leyendo otras en el Caribbean Business.

Miro, por ejemplo, la lista de los invitados a la conferencia celebrada en el Conquistador.  Salen en la historia de portada del Caribbean Business, y son muchos.  Algunos nombres me resultan familiares.  Rebusco un poco. Sólo un poco.  Y me encuentro cosas que me impiden creer en la solución de las APP.  Encuentro, por ejemplo, a Fluor Corp, el primerito de los invitados de la lista publicada en la página 21 y una compañía Fortune 500, y también uno de los contratistas más importantes en la “reconstrucción” de Irak y en las intervenciones de emergencia en Nueva Orleans tras el huracán Katrina.  No es un buen record-ambos procesos fueron duramente criticados en la prensa internacional.  En Irak, por ejemplo, la reconstrucción fue asignada (muchas veces sin mediar subasta) a compañías como Fluor, Halliburton y demás, en lugar de emplear a los muchísimo más baratos y desplazados contratistas iraquíes, contribuyendo así a la destrucción de lo que quedaba de la clase media iraquí, una clase media educada, secular y dispuesta a trabajar en la reconstrucción de su país, una clase que puedo haber sido empleada en lugar de desplazada, humillada y ofendida.

En Katrina, ya sabemos lo que pasó – el huracán causó 1,090 muertes en Nueva Orleans y el manejo posterior del desastre fue no solamente malo, sino carísimo: los chavos del gobierno se fueron todos a manos privadas como Carnival, Fluor, y BKR…Junto con entidades como Bechtel y Chevron, Fluor formó, por cierto, una mesa redonda después del asunto de Katrina, para quejarse al gobierno por ser víctimas de competencia deshonesta por parte de los “non profits” que insistían en meterse a Nueva Orleans a hacer de gratis lo que ellos querían hacer for profit

Y hablando de Bechtel, también sale en la lista de invitados especiales.  ¿Qué sabemos de Bechtel?  Sabemos que fundaron (junto con Pepsi y 6 compañías más)  un think tank en Estados Unidos que generó un documental, de PBS, para explicar y apoyar el uso de políticas de libre mercado para resolver todo tipo de problemas y servicios sociales.  Sabemos también, y esto es más reciente, que en 1998, Bechtel reportó 12.6 billones en ganancias, 2.4 de ellos en América Latina.  Uno de sus proyectos más importantes era la privatización del sistema de distribución de agua en Bolivia.  Bajo su dirección, el agua aumentó 300% en precio para los bolivianos – habitantes de uno de los países más pobres del mundo.  Pero qué más dá, ya sabemos que el agua no es un derecho humano.  El caso es que los bolivianos se cansaron, se tiraron a la calle, y exigieron que se le quitase el contrato a Bechtel, que por cierto ha tenido contratos similares para manejar agua en Manila.

Bechtel obtuvo también contratos en Irak por unos 2.3 billones, tras haber participado de un grupo (les gustan los think tanks, a estos individuos) que se dedicó a influenciar la opinión pública a través de columnas y noticias escritas por autores en su nómina, como G. Shultz, para promover la guerra en Irak (guerra de la que esperaban sacar tremendas ganancias) como una guerra “necesaria”.  Por ejemplo, el tal Shultz escribió en el Washington Post en  el 2002 que la guerra era inminente porque “si hubiera una serpiente cascabel en tu patio, no esperarías a que te mordiese para entonces atacarla en defensa propia”.

Bechtel estuvo también en el desatre de Katrina, donde cobraron chavos del gobierno (es decir, chavos de la ciudadanía) para proveer unos trailers para refugiados.  Hablando de cómo lo privado no necesariamente es mejor: En Cuba, donde no se privatiza ningún servicio gubernamental,  y a pesar de haber tenido 90% bajo agua una ciudad grande, en seis huracanes  (incluyendo a Katrina) han muerto solamente 16 personas.  Usted odie a Cuba todo lo que le de la gana-hay mucho que odiar allí, pero ese no es el tema de este post.  El punto es que  me resulta cada vez más claro que hay ciertas cosas que las manos privadas, por definición, tienden a hacer peor, no mejor, porque contrario a las públicas, tienen que hacer chavos, muchos chavos, para sus accionistas, para sobrevivir.  Las empresas y corporaciones privadas obedecen no a la lógica de la calidad de vida y el bien común a la que apelan en el sitio web de la Autoridad de las APP, sino a la lógica de la ganancia en constante aumento.  Bechtel, criticado recientemente por, entre otras cosas, tener vínculos con la familia Bin Laden y por extracción ilegal en el Congo, obtuvo el contrato en Luisiana para crear alojamiento para refugiados sin subasta, por tratarse de una emergencia.  Los contratos además fueron criticados por lo caros y por dejar fuera del proceso a potenciales postulantes locales.  Igualito que en Irak.

Podría seguir.  Las notas originales para esta entrada incluían otros personajes, como Goldman Sachs y Morgan Stanley.  Pero resumamos: Este es mi problema con las apepés -  me recuerdan un patrón de décadas recientes, un patrón magistralmente descrito por Naomi Klein en su libro, un patrón que temí ver llegar cuando empecé a notar (y comenté en este blog) un uso frecuente de metáforas que aludían al “desastre”.  El patrón, llamado por Klein “complejo del desastre”,  es más o menos así:  Ocurre un desastre político (como un golpe de estado, como Chile o Iraq), financiero (como el colapso fiscal de los “tigres” asiáticos)  o natural (como Katrina o el tsunami en Asia), y  entonces el gobierno, preferiblemente ahuecado de antemano para volverse “pequeño y ágil” , declara que hay una “emergencia”, y procede a venderle las necesidades de la población (ahora llamadas “oportunidades”) al mejor postor…o al postor más amigo…o al postor mejor conectao…en fin.

Curioso el nombre del lugar que eligieron para reunirse – El Conquistador.  Curioso porque en los círculos izquierdosos latinoamericanos suelen referirse a los procesos globalizadores requeteneoliberales de las pasadas décadas como “la segunda conquista.” En la primera, los europeos se llevaron los recursos naturales.  En esta segunda, las corporaciones se llevan los bienes públicos (mal)administrados por los estados.

Me cuentan los que de eso saben más que yo, que un inversionista (un individuo, un grupo, una compañía) antes de invertir en  una idea se fija en los hacedores de la misma: ¿cómo són? ¿Qué record tienen? Como país, cada APP representa una inversión nuestra, de pueblo.  Es decir, en este caso Puerto Rico es también inversionista, y  aún dentro de la más capitalista de las lógicas, está en todo su derecho de pasar juicio sobre  el carácter de aquellos que quieren que invirtamos en una alianza con ellos.

¿Cómo son? ¿qué record tienen?

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el diluvio que llegó

monsoon2No sé en los pueblos de ustedes, pero acá en Mayagüez no ha parado de llover. Todos los días, a eso de las tres de la tarde.  Y no es una lluvia de esas, normalitas, tipo sandwich,  que empiezan y terminan con llovizna y dejan lo mejor para el medio, no: más bien, estamos hablando de un torrente que te cae encima sin avisar, a mitad de camino, y que te deja en shock, sin saber qué proteger: los libros, la cartera, el bulto, el pelo…no hay sombrilla que nos salve. El viento que acompaña el asunto se asegura de que el agüita llegue de diferentes direcciones y en abundancia.  Y encima (o más bien, abajo) están los charcos (o más bien, pantanos) que, con alguna ayuda de conductores, pies y ciclistas histéricos, completan el trabajo de la lluvia. Acaba uno como un pollito, indefenso, espelusao, preocupado por el estado de la propiedad portátil, un poco estupefacto, y con unas leves e incomprensibles ganas de tomar chocolate caliente allí mismo, en la acera, bajo el agua, y con sorbeto.

No es por abusar de la metáfora, pero qué más da, para eso son las metáforas: Ese monsoon se me antoja parecido a  este extraño día a día nuestro. De arriba y sin llovizna que avise te caen los despidos masivos y el desbarajuste de instituciones que alguna pátina de civilización nos daban (cosas como el Colegio de Abogados, el Instituto de Cultura, el Consejo de Educación Superior, el Noticiero del 6, la Universidad…).

De frente, en medio del pecho, los muertos en masacres grandes y pequeñas, 714 muertos durante ataques que llevan del narcotráfico el sello y que no pueden sino hacernos preguntar si haremos bien en celebrar la captura de los grandes narcos , o si esa captura tiene unas consecuencias que habría que calcular, y prevenir, antes de meternos a machos, o a monos, o a machos monos, y considerar, al menos por un momento, bajo la lluvia, si tal vez, tal vez, tal vez, tendría sentido legalizar la maldita porquería de una vez y trabajar el asunto como el problema médico que es…Y hablando de  esas cosas, cuidado con protestar muy duro, abra la boca para emitir un insulto soez, como hizo el Residente, y aunque usted sea un regetonero y se gane la vida encadenando y rimando palabras soeces lo llamarán tecato, le amargarán la vida y le cancelarán conciertos.  No, si esta lluvia no perdona a nadie. Y al Residente lo han tratado casi bien-al último que le dijo algo a Santini lo amenazaron con una “gasnatá”…

Y hablando de gasnatás, ahora tendremos unos cuantos policías ocupados protegiendo de gasnatás propias y ajenas a los ilustres ex gobernadores, a un comedido Pedro que solamente la necesita cuando venga de visita, a un risueño Cuchín que con su boca de comer y sonreír alega que se “hizo justicia”, y a un airado Romero, más indignado y gritón que nunca, que le reclama al pueblo de Puerto Rico que cumpla con su “compromiso…porque los compromisos no se cuestionan…la gente ahora no puede  estar cuestionando el compromiso que hizo conmigo…”. Esta es la lluvia fría que ataca por la espalda mientras uno, bípedo iluso carga bultos, trata de taparse con una sombrillita y sólo logra sacarle el ojo al bípedo de al lado.

Los charcos pantanosos en la abusada metáfora climatólogica (y déjeme abusar tranquila de la metáfora, que si el gobernador puede yo también, caramba) son…el engaño, el cinismo y el desdén.  El portal del trabajo.  Las apepés.  La promesa de hombre.  Todas ellas desdeñan la tragedia y el derrumbe.  Tranquilamente, aumentan la ya peligrosísima distancia entre el que tiene mucho y el que tiene poco, entre las opciones de la mayoría y las de la élite, y le añaden a la ya existente afrenta de la desigualdad el desagradable insulto del…insulto.  Porque muévase un poco, incómodo, e inmediatamente lo llaman crápula, garrapatita, tecato o terrorista, le dicen que se quede quieto, que such is life, y que lo peor ya ha pasado.

Que lo peor ya ha pasado.

Acaba uno como un pollito, indefenso, espelusao, preocupado por el estado de la propiedad portátil, un poco estupefacto, y con unas leves e incomprensibles ganas de tomar chocolate caliente allí mismo, en la acera, bajo el agua, y con sorbeto.

Edito para añadir entradas relacionadas a esa otra metáfora lamentable y relacionada: EL FUEGO Y EL HUMO, en la blogosfera del patio:

en sin mordazas

en ElColao

en antrópico

en país de los ciegos

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más que una catarsis

unemploymentEl viernes pasado asistí al Foro para los Desplazados en la Escuela de Derecho Hostos de Mayagüez, el tercero de una serie de  eventos en la isla, iniciados por Carlos Alá Santiago y el Colegio de Abogados y diseñados para escuchar el testimonio de empleados cesanteados como parte del programa de despidos asociado a la implantación de la Ley 7.  Como los dos anteriores, celebrados en San Juan y en Ponce, la mayor parte del tiempo en el foro se le dedicó a  las narrativas que los despedidos elaboraban frente a un panel de “testigos del pueblo”, del cual formé parte.  Los “testigos” planteábamos alguna que otra pregunta, y cerca del final articulábamos una breve reacción.

Pero el centro y objetivo era la historia.  Y digo “la”, en singular, porque los contornos generales de la tragedia de cada una de las personas que allí con tanta entereza se expresaron eran muy parecidos.  Todos ellos describieron los rumores iniciales en torno al contenido de unas “listas” en donde aparecían los nombres de aquellos que serían cesanteados.  Todos describieron semanas de terrible incertidumbre, y hacían referencia a un 25 de septiembre donde daban las cuatro y media pero nadie se iba, o donde todo el mundo estaba “inquieto, desorientado, triste”.  En la mayoría de los casos, la cruel expectativa fue atendida no por los superiores sino por los representantes de uniones obreras que obtuvieron la información de las listas.  Las cartas de despido que (eventualmente) recibían los conminaban a visitar oficinas para obtener orientación, a llevar, buscar, traer (más) papeles, a visitar portales de navegación compleja y utilidad dudosa.

Dos de los despedidos (llamémoslos Juan y  María) ni siquiera recibieron cartas, propiamente.  A Juan le informaron, de una oficina central, que su nombre estaba en la lista.  Unos días mas tarde, que había sido un error.  Un par de días después, que no había tal error y que sí estaba en las listas.  Juan espera la carta que le aclare si está o no está despedido, y mientras tanto teme que al llegar la carta, ésta tenga la fecha de septiembre y su plazo de apelación, de treinta días, esté corriendo desde entonces.  María no recibió la carta original: Una fotocopia, “ con la línea de fax todavía marcada” es el documento “oficial” que anuncia su despido y que pone fin al voluminoso expediente, lleno de los logros obtenidos a lo largo de los trece años, once meses y un día que pasó en su empleo.

Casi todos se sentaban a la mesa de los cesanteados acompañados de alguien: un hijo pequeño, una hija adolescente, un esposo, una esposa…Nos miraban a los ojos y nos hacían preguntas difíciles pero terriblemente apropiadas:  “¿Y a mí cómo me evaluaron?” “¿Por qué no chequearon los expedientes?” ¿Qué pasará con los servicios?”  A escasos días de la decisión del Tribunal Supremo que según Hernández Colón hizo “justicia”, devolviéndole el “derecho adquirido” de las escoltas a los ex-gobernadores,  estos padres y madres de familia preguntaban también: “¿Y mis derechos adquiridos?”

El tipo de empleo que realizaban los cesanteados pone en duda la supuesta “ceguera” de un proceso que el gobierno alega realizó con criterios estrictamente de antiguedad.  Los testimonios provenían de personas cuyos trabajos representan prioridades excluidas en la agenda de gobierno: servicios a la comunidad, educación y cultura.  El proceso desmanteló sus planes de vida pero también la vida y gestión de sus oficinas, y el tipo de servicio que ellas representan.

Antes de ir al foro, alguien me había descrito el asunto como, “más que nada, una catarsis”.  Pero  ponerle caras, expedientes, biografías, coraje, orgullo y llanto al número mágico de cesanteados calculado por el gobierno y las compañías contratadas para ello, es mucho más que una catarsis.  Es un saber mejor y más completo, y una razón para que nos unamos, sin excusas, al reclamo colectivo de un pueblo que sabe que todo esto tiene poco de justo, y mucho de cruel.

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sustentabilidad subterránea

dontitoLa sustentabilidad subterránea. Tal vez la había visto antes, en el patio o el balcón de algún pariente, en una mata de malanga cerca de la carretera, o un tiesto de materiales para sofrito en Syracuse, NY.  Pero hoy la ví de cerca, y quizá esta vez mostré mayor interés.  Hablamos mucho de la “economía subterránea”, para referirnos a actividades productivas y de intercambio (especialmente lo segundo) que ocurren fuera del radar y del tributo gubernamentales, pero yo quisiera proponer un término paralelo para algo que podría parecerse, pero es otra cosa.   Porque mira que los académicos hablamos de sustentabilidad…pero hay quienes la practican sin darle ese nombre, como parte normal de la vida, y en pleno desparramamiento urbano y suburbano.

Pero más cuento y menos análisis.  Hoy visité al amigo Don Tito.  Don Tito se llama en realidad Aquilino y creo que casi nadie le dice Don, excepto yo.  Lo llaman Tito.  Vino de la República hermana, disfrazado de susto, de noche, de agua salada, en una yola compartida, hace más de veinticinco años.  Vivió por ahí sin papeles, trabajando en cualquier cosa: cocina, jardín, plomería, tendiendo mesas y lavando platos, pintando casas.  Toda chiripa se le daba bien, y poco a poco se le ordenó la vida, se le legalizó la situación, y se construyó una rutina laboral “haciendo patios”.  Así lo conocí yo.  Fue a cortar la grama en casa un día,  y de paso sembró una palma y un par de matas de guineo.  “Para los nenes”, me dijo.

Pues resulta que frente a la casita de Don Tito hay una carretera, y que en esa carretera y en ese barrio, como en tantos otros barrios playeros en Puerto Rico, iban a construir un “proyecto”, es decir sembrar algún aparato de cemento (la antítesis misma de la sustentabilidad, posiblemente) para el disfrute ocasional de aquellos que poseen segundas viviendas.  Pero tal parece que los dueños enfrentaron problemas para obtener los permisos necesarios, y mientras esperaban (aún esperan), la basura se acumulaba en el terreno, que medirá  una media cuerda.  Se estaba convirtiendo en ese otro fenómeno boricua, el vertedero clandestino.

Cuando yo me aburro, leo y escribo.  Alguno se ríe – después de todo, el trabajo de un académico es mayormente ese, y es gracioso que también pueda ser su distracción.  Pero parece que en eso, Don Tito y yo nos parecemos – porque cuando el hombre quiere “entretenerse”, un vertedero clandestino no es más que un patio en potencia.  O mejor aún, un huerto.  En sus ratos libres, el hombre limpió el basurero, evaluando cada pieza, botando algunas y usando otras.  Alquiló una máquina, preparó el terreno, y lo sembró no de cemento sino de maíz, calabaza, frijol, habichuela negra, plátanos, quimbombó…

Entre los objetos descartados encontró sillas, pailas vacías, y superficies con las cuales fue amueblando el ranchito.   Mientras una multitud dominguera se arremolina en mueblerías y ferreterías para comprar, de paquetón, los objetos que le sirvan para poner lindos la casa y el patio, Don Tito hace belleza, esculpe paisaje, con objetos descartados en una franja de tierra próxima a desarrollarse, a la espera del cemento inexorable.  Es verdad que para apreciar la estética del ranchito y del huerto hay que hacer como cuando se entra a un cuarto oscuro: parpadear, acostumbrar la vista, hacer ajustes, esperar un poco.  Nuestro paladar, borracho de dulces, pasa trabajo para poder apreciar el gusto de una fruta.  Cuando, desde mi auto, intenté ver la siembra que Don Tito, orgulloso, me señalaba, al principio no la ví.

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Pero contaba con mi guía, que me llevó primero a ver el maíz.  Mientras me mostraba la siembra puso dos mazorcas a asar en el mismo fuego de leña donde se cocinaba lentamente una enorme olla de carrucho, “para ahorrar gas”, me dijo.  De ahí pasamos a las abejas.  Sí, Don Tito ‘siembra” abejas, y las consigue justamente en aquellos hogares de donde lo llaman para que las elimine.  Se las lleva con todo y reina, y las va acomodando por ahí, para hacer miel. Las abejas son “basura” para el otro, pero en el rincón de Don Tito no se pierde nada.

abejas

“No se asuste”, me decía, refiriéndose a las abejas dentro de un tronco próximo a nuestro comedor.  Yo sentía mas bien una especie de estupor, pero no se debía a las abejas, sino mas bien a lo lógico, bonito y ordenado que de repente resultaba todo.  Las sillas, las mesas, los escondrijos de las abejas y de las gallinas que estaban poniendo huevos y criando pollos por ahí, las abejas mismas, la leña de la fogata, todo era, antes, “basura”, maleza, plaga, estorbo.

Pedí permiso para tomar estas fotos. Devoré mi mazorca, que estaba lista, y deliciosa.  Me despedí de Don Tito, murmurando una promesa vaga de escribir algo sobre “sustentabilidad”.  “¿Sobre qué?”, me preguntaron sus ojos.  “Sobre su siembra, las abejas, y eso”, me corregí.

carrucho

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garrapatitas y garrapatas

garrapataLos ceibeños están asentados en un canto de terreno deseable, y eso parece impacientar a algunos personajes que están locos por meterle mano a ese paisaje, por construirle encima, decorarlo, y maquillarlo para el deleite de los (turistas) bendecidos.  Primero les dijeron a los de Ceiba que “así es la vida”, en referencia al contraste entre la fealdad y la realidad de la pobreza local, y la belleza y fantasía de la riqueza visitante.  Ahora han tildado al liderato comunitario, percibido evidentemente como parejero, de “crápulas”, “garrapatitas” y “vividores”.

Mucha gente se ha ofendido, y con mucha razón.  Hasta el presidente de la junta de directores del dichoso proyecto ha dicho que las expresiones de Madera fueron “desafortunadas” y “contrarias a la política pública del gobierno de Fortuño”, aunque más abajo explica que lo son porque “aunque pueda haber diferencia de opiniones en sectores de nuestra sociedad, no se debe recurrir a adjetivos peyorativos”.  En otras palabras, el problema no es tanto de política pública como de relaciones públicas.  Madera y González fallaron, según esta lectura, por ser bocones sin tacto, no por lo que piensan sobre el desarrollo de Ceiba, sobre el proyecto, o sobre la resistencia de los residentes.

Es en ese sentido que a mí me resultan útiles, incluso refrescantes, las cosas que dijeron ambos bocones.  Por lo impulsivas, por lo cándidas, y porque los portavoces del gobierno de turno las rechazan por razones de “estilos” pero no las desmienten en su contenido.  Las expresiones que usaron primero González y luego Madera para articular la manera en que aprehenden el significado de la resistencia de la comunidad de Ceiba nos dicen así mucho no solamente sobre lo que piensan González y Madera, sino sobre lo que piensa un sector importante (en poder, no en tamaño) del país.  Lo que piensan (su ideología) justifica, explica y apoya lo que hacen (sus acciones, sus prácticas.)

Y, ¿qué es lo que piensan?  Podemos dedicarle a esto varias entradas de blog, pero adelantemos que sus palabras delatan una visión particular sobre el desarrollo, y sobre la pobreza, que es compartida con el gobierno de turno y que de hecho, en sus contornos principales, es compartida por muchos grupos dominantes a través del mundo y hasta por muchos ciudadanos comunes y corrientes, sin darnos cuenta.  Se trata de una forma de entender la pobreza que la plantea 1) como inevitable y natural, 2) como reflejo de alguna falta, de alguna carencia de mérito, inteligencia, carácter o alguna otra cualidad y 3) como un estado en donde la única forma de dignidad accesible consiste en aceptar, con resignación y hasta alborozo, la condición propia y admirar la del más afortunado “otro” que nos visita.

Es en ese contexto que se genera la ristra de insultos de Madera.  Los líderes de Ceiba son, en su libro, “garrapatitas” porque en lugar de agradecer la llegada de la salvación en forma de desarrollo turístico, la cuestionan.  Lo interesante del insulto elegido es que parecería tener mucho de proyección: El arácnido chupa-sangre es una metáfora para el comportamiento parasítico.  Madera, un señor que genera ingresos a través de contratos con el gobierno y que costeamos al final del día los pobres pendangos que seguimos pagando impuestos, este señor que iba a generar 130K así, por el ladito, fácil, con la mano izquierda, “asesorando” para facilitar una “transición” de junta, ese señor le está diciendo “vividores” a los líderes ceibeños.

Bien dicen que siempre habla el que menos puede.  Me pregunto si usó el diminutivo porque está consciente de la existencia de garrapatas gordas, grandes y poderosas que están más que listas para parasitear en Ceiba, de la misma forma en que parasitean al país en tantos otros ámbitos.

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picada de ojos:dos países bajo el sol

casetas-en-la-pargueraLos rescates de tierra (donde un grupo de personas, típicamente familias, sin hogar propio o desplazadas, ocupa algún terreno baldío y levanta sus casitas en él) han sido parte de nuestro paisaje por mucho tiempo y de hecho constituyen una suerte de tradición – muchas comunidades que el público percibe como legítimas hoy son de hecho el resultado directo de acciones como ésta.

[Dos libros muy buenos para estudiar el tema de los rescates más a fondo: Liliana Cotto, Desalambrar, y Llanes-Santos, Desafiando el poder.]

Ando de prisa, pero me gustaría hacer hincapié sobre sólo dos de los muchos elementos importantes del asunto de Villas del Sol aquí: Lo que nos dice acerca de espacio, clase social y vivienda en Puerto Rico, y lo que nos subraya acerca de la desconexión, la enajenación ideológica, de la administración actual y sus funcionarios.

Que en Puerto Rico las personas invadan, colectiva e ilegalmente, un “espacio” y lo conviertan en un “lugar”, en una comunidad con identidad propia, no es nada nuevo.  Joyuda en Cabo Rojo y La Parguera en Lajas son casos pintorescos y conocidos por muchos puertorriqueños.  Lo curioso, y esto se ha dicho en algunos medios, es el trato diferencial que los invasores reciben.  Por un lado, tenemos “invasores de lujo” en La Parguera que poseen (y venden, y compran, y alquilan) viviendas (llamadas casetas) en la bellísima costa del Caribe, que reciben (y pagan por) electricidad y agua, que poseen lo que un periodista llamó una vez “legalidad de facto”, y a quienes casi nunca (y digo casi porque el DRN alguna vez, un tanto tímidamente, intentó llevar el asunto a las cortes) el gobierno trató de sacar. De hecho, y tras recibir un tour del área de un casetero, el ex gobernador Pedro Roselló indicó en los noventa que las casetas estaban ahí para quedarse.

Fast forward al 2009.  Los habitantes de Villas del Sol están amenazados en las cortes y asediados por la policía.  Su servicio de agua y luz ha sido interrumpido en medio de una pandemia de gripe contra la cual, reconocen todos los expertos y las mismas agencias gubernamentales, la mejor arma es la higiene personal.  Y nuestro gobernador y sus portavoces dicen, públicamente, cosas como que “no se puede pretender que esas personas reciban agua y luz pagados por otros”, o que “se le han presentado sus alternativas como plan 8 y residenciales”, o que “están ahí de forma ilegal, y tienen que salirse”, o mi favorita: “ese es un lugar peligroso y tienen que salirse, por su seguridad y la de los rescatistas que tendrían que sacarlos en caso de inundación”.

El caso con esos comentarios es que suenan tan…ingenuos, que sorprenden.  ¿Por qué? Porque 1) los residentes han ofrecido y solicitado que se les permita pagar por los servicios de agua y luz, 2) la mayor parte del país sabe que la oferta de plan 8 se ha reducido y que las listas de espera para apartamentos en residenciales públicos son larguísimas, 3) en lugares como La Parguera hay viviendas ilegales y nadie saca a sus dueños y 4) la peligrosidad del “área inundable” se le aplica solamente a los pobres – imagino que ese valle en Toa Baja no puede ser más peligroso que el margen mismo del mar que ocupan las pintorescas casetas parguereñas.

El peor comentario del gobernador ha sido tal vez aquel en donde indica, en respuesta al asunto de  la dificultad de lavarse las manos regularmente sin servicio de agua, que los niños deben lavarse en las escuelas.  De un plumazo demuestra su total desconexión no con una sino con tres realidades urgentes en el país, tres de esas cosas cruciales que deberían ser no sólo del conocimiento de un gobernante sino parte de su agenda consciente todo el tiempo: la salud (en medio de una epidemia), la educación (en medio de una epidemia y una crisis agencial) y las profundas divisiones de clase en Puerto Rico.

Porque sí.  En este rectángulo insular nuestro, famoso por su pequeñez, tenemos dos países.  En uno, llevamos en auto a los nenes a la escuela privada que escogimos con cuidado, les sacamos cuentas de banco para que aprendan a ahorrar, vivimos en urbanizaciones con acceso controlado, unas más caras que otras, unas con piscina y otras no, unas con servicio doméstico y otras no, pero todas ellas vendidas como “seguras” y con “buenos vecinos”, cambiamos de automóvil de vez en cuando por aquello de que no nos deje a pie, nos preocupamos por el futuro, por la universidad,  y nos indignamos cuando escuchamos que algún colectivo de vagos nos roba el agua y la luz que pagamos con el sudor de nuestra frente.  En el otro país, no hay seguridad de vivienda porque hay fila para plan 8, los caseríos están llenos, tenemos que pasar frente al punto camino a la escuela para llevar a los nenes, tenemos que vender chocolates o botellas de agua en la luz para comprar uniformes, no tenemos empleo en parte porque no estudiamos mucho pero en gran medida porque NO HAY empleo suficiente, no tenemos verdaderamente selección de escuela así que si la escuela del barrio está en problemas ni modo, comemos la comida más barata que es también la peor, y estamos (sorpresa!) más a la merced de males sociales, educativos, y de salud que otros sectores sociales.

La revelación de la existencia de ese segundo país es la que me acecha tras las fotos de Villas del Sol, fotos que recuerdan algunas favelas brasileras.  La realidad de que hay un montón de gente que no tiene casa ni acceso a una vivienda digna. Aquí.  En este país.

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Si la mejor respuesta práctica que puede generar el gobierno de turno es cortar agua y luz, si lo mejor que puede hacer y articular es la mano dura, otra vez, tenemos problemas serios. Porque la pobreza en Puerto Rico, con sus tasas de desempleo que llegan, aún en los estimados más generosos, al doble dígito, con el 80% de los niños del país en escuela pública y con cerca de la mitad de ellas en el llamado “plan de mejoramiento”, donde si calculáramos el total de personas que viven en plan 8, comunidades especiales, residenciales públicos, arrabales y zonas rescatadas obtendríamos una proporción sustancial de la población puertorriqueña…la pobreza no es una cosa aislada e infrecuente, ni una cosa criminal.  Es la realidad de un montón de gente. Y súmele la gripe y la crisis mundial.   Si nuestros líderes no pueden reconocer y bregar con eso, con que Villas del Sol no es una cosa excepcional, marginal, o criminal, con que el nuestro es un país pobre y que esa gente pobre también votó por ellos, no deberían liderarnos.  Están gobernando en otro país.

Imagen de las casetas tomada de universia.com.  Foto de Villas del Sol tomada de indymediapr.org.

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pensando en las alianzas…

dollar_signEsta es una gente de fe. Me refiero a los que hablan de las alianzas público-privadas (whatever that means, porque en esto de explicar la cosa son menos elocuentes) como la salvación de nuestra maltrecha economía.  Es fe, lo que delatan – esa cosa ciega que nos hace creer en lo invisible- porque cuando alguien (la prensa, el ciudadano común) pide cuentas de las razones por las cuales se nos presentan estas alianzas como la no-tan-amarga medicina que curará la enfermedad de la recesión, empiezan a gaguear.  Eventualmente, entre un balbuceo y otro, todos producen el mismo ejemplo: El Puente Teodoro Moscoso.

Y el puente está bonito, quién dijo que no…Pero al final del día, el caso del Puente no es el mejor ejemplo.  No tiene mucha complejidad, el asunto: Una empresa privada construye un canto de carretera, lo adornan con banderas (con su recuadro en marinísimo azul, por cierto), le meten un peaje, y se queda con las ganancias.  ¿Que gana el país? Y bueh.  Un atajo.  ¿Que gana la compañía? Un montón de chavos.  ¿Qué se ahorra el gobierno? El mantenimiento de un trecho relativamente corto de carretera.  Tan tán.  Eso no es una “alianza”, es un negocio redondito.

Para vendernos este tema de la necesidad de las alianzas público privadas,vendría bien algún ejemplo más complejo – porque los servicios públicos son complejos, y hasta ahora parecerían serlo demasiado para las empresas privadas.  Las historias de horror son mucho más abundantes que los casos exitosos, aquí y en cualquier parte.  Yo no soy economista, pero se me ocurre que esta fe ciega, intensa, que expresan los funcionarios y fanáticos de nuestra actual administración está medio desconectada de la matemática básica del sector privado.

Me explico: Cualquier compañía quiere, por definición, hacer dinero.  Si es una compañía grande, donde la gente invierte a través de la compra de acciones,  quiere no solamente hacer dinero, sino “crecer” la inversión de sus accionistas, lo que implica hacer cada vez más y más dinero, aumentar el valor de sus acciones, etc.  ¿Cómo logra esto?  Reduce costos y aumenta ganancias. Esta lógica es problemática para los servicios que tradicionalmente asume el estado.  “Cortar costos” y “aumentar ganancias” puede traducirse no en mejores, sino en peores servicios de salud o educación.

Permítanme ilustrar.  Ayer visité un espacio que parecería ser el contraejemplo, la antítesis, de una alianza público privada de esas.  Se trata del parque acuático de las Cascadas.  Ciertamente no era Sea World.  Pero nos costó menos de veinte pesos por cabeza; tenían un descuento para los residentes del municipio, para estudiantes, y para “senior citizens”.  Estaba limpio – en parte porque tenían un fracatán de gente empleada barriendo y pasando aspiradora todo el tiempo.  Toda esa gente empleada, a su vez, se traduce en más chavitos que cada uno puede re-invertir en la economía del país y del pueblo.

¿Qué necesita ese parque ser “exitoso” como operación municipal? Simple – pagarse a sí mismo. Que no cueste.  Incluso, si genera suficientes empleos y si atrae turistas a la región (turistas que gastan no solamente allí sino en negocios del área también), puede hasta darse el lujo de perder chavos, y seguir siendo exitoso.  Para ser un “éxito” como operación privada necesitaría más ganancias, y necesitaría que esas ganancias aumentaran.  Necesitaría botar gente y cortar esquinas.  Cobrar más cara la entrada.

Para muchos, la palabra “privatización” ha pasado a significar “eficiencia”, “productividad” y otras cosas deseables.  Pero no son sinónimos.  Lo que nuestra economía necesita es que la operación de sus agencias sea más eficiente.  Volverla privada no garantiza esa eficiencia – de hecho, en la medida en que nuestras cárceles, escuelas, y hospitales se conviertan en operaciones cuyo éxito se defina por la generación de ganancias, nos corremos el riesgo opuesto; el de un peor servicio.

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del narcotráfico y la marginalidad

walmart-evilUna noticia reciente en el periódico Primera Hora (pulse aquí para leerla, y gracias a al colega y amigo David por compartirla) reseña la situación actual del narcotraficante José García Cosme, a.k.a. “Papo Cachete”, preso desde finales de los noventa en una carcel federal tras declararse culpable de varios cargos de narcotráfico.  García expresa su opinión acerca de las fuerzas que lo condujeron, a él y a tantos otros, a envolverse en el trasiego de drogas, diciendo que lo motivaba “la ambición por el dinero, la ambición de tener lo que tenían otras personas”, lo que lo llevó a controlar un negocio multimillonario desde su residencial, Turabo Heights.  El recluso entiende que si el gobierno quiere prevenir que la juventud se meta en el negocio, y en la violencia que el mismo genera, tiene que “reevaluar sus estrategias”, en especial las de la llamada “mano dura” de intervención policiaca en los caseríos, y proveer más oportunidades educativas.

Resulta fácil reaccionar con desprecio, desde la altura moral (y moralista) que nos permite nuestro relativamente limpio estatus.  Resulta fácil decir “que tipo!”, juzgar su “ambición”, y asumir el asunto completo como un problema no tanto del país, como de los residenciales y otros espacios marginados que sirven como base de operaciones para este tipo de actividad delictiva.  Resulta facilísimo suponer que, con cupones y otras ayudas gubernamentales, el tema de la comida y necesidades básicas está cubierto para los pobres del país, de modo que la “ambición” que describe “Papo Cachete” se nos antoje casi un capricho, una forma de querer, de desear,  lo inmerecido. Resulta incluso fácil burlarnos de la sugerencia de García de que la policía no intervenga – después de todo, si hay drogas, la policía tiene que intervenir, ¿cierto?

Resulta fácil, pero no particularmente útil.  Porque de alguna manera, todo lo que dice ahí García es cierto.  Miremos por ejemplo el tema de la ambición.  Para empezar, cualquiera que se tome la molestia de comparar el monto total de los cupones típicamente otorgados a una famila de cuatro sabe que sencillamente..no dá.  Sirve para costear tal vez un total calórico más o menos adecuado, si la familia se dedica a consumir harinas refinadas y porquerías (después de todo, el refresco es más barato que el jugo, los granos refinados más baratos que los integrales, etc.)  Pero ese no es el issue central, me parece, de la ambición a la que se refiere.  Sí, las familias en el caserío, como el resto de las famlias del país, quieren darse unos lujos, quieren comprar la pizza del cumpleaños, pedir el catering del quinceañero, tener ropa nueva, comprar materiales escolares, y hasta botar chavos comprando porquerías.  Los nenes en el caserío, como los nenes en el resto del país, viven probablemente obsesionados con los aparatos electrónicos de moda: PSP, Gameboy, PS, etc.

La clave está en el colectivo: la “ambición” de la que habla Papo Cachete es una compartida por todos los sectores sociales en este pobre país nuestro, en su totalidad.  La enfermedad del consumo nos aqueja a todos y a todas.  Los “malls” siempre están llenos.  Vivimos endeudados hasta las teleras.  Queremos cosas, más cosas, muchas cosas, hasta que se nos llena la casa de cosas y las botamos y compramos otras cosas más nuevas, más brillantes, más bonitas.  Queremos pintarnos los pelos, coleccionar zapatos, tener carros nuevos, y asegurarnos de que el estilo de nuestras gafas esté “in”.  La gran diferencia estriba, probablemente, en que para el nene del caserío, la ruta de las drogas es una más visible y posible para obtener esas cosas en el corto plazo.  Y obtener esas cosas, como a cualquier otro nene, le provee estatus.  Y el estatus, señores, en absolutamente todas las sociedades humanas, es algo que la gente busca tener.

Hace algún tiempo, uno de mis hijos llevó unas maltas a una reunioncita de amigos, y lo molestaron porque no eran “de marca”, sino genéricas.  Nuestro intento de ahorrarnos unos centavos redundó en una pérdida de estatus para el muchacho.  Y no importó mucho – se le explicó el asunto, y santo remedio.  Pero el caso es que, en esto de vivir con menos, a veces es más fácil para una familia de clase media con unos recursos educativos particulares convencer a los niños de que deseen menos, que para una familia que vive en una comunidad marginal.  Después de todo, si yo opto por no tener televisión,  mis hijos tienen patio para jugar.  Si la señora que vive en el residencial caliente opta por no tener televisión, sus hijos se le van afuera, donde corren el riesgo de ser atraídos por la abundancia consumista del “punto”, o de ser jamaqueados por un policía “interviniendo”. (Piense en eso la próxima vez que vaya a criticar la antena de satélite en el techo del residencial más cercano – para algunas familias es un asunto de supervivencia). Otro tanto ocurre con los estudios: Los niños y niñas de las clases medias y altas escuchan el mensaje universitario desde la cuna.  Para el nene del residencial, la idea de la universidad es más distante, más abstracta, y estadísticamente menos frecuente.

De modo que aunque no admiro a este señor Cachete, ni me gustan las decisiones que tomó en su vida, reconozco dos cosas: Primero, que tiene razón.  Hace falta más educación, menos “mano dura”, más oportunidades reales, para los jóvenes que viven en comunidades marginadas.  Y segundo, que la culpa, la patología del narcotráfico, al final del día no es de los residenciales.  Es del país, es una patología mucho más amplia y profunda, tiene que ver con esa ambición idiota que tenemos como pueblo y que nos impulsa a querer poseer más cosas pero que no nos sirve para sacar el país hacia adelante, y al final del día, no la podremos atender hasta que no la reconozcamos como una patología de todos.  Seguir vapuleando, física, social y moralmente, a los residentes de los espacios donde la realidad del narcotráfico es más evidente y donde la población está más desprotegida NO es la solución.

Imagen de: http://willpen.wordpress.com

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It’s for the kids, stupid!

coopdailysun[Reprinted from my column today in the Puerto Rico Daily Sun.]

Good-bye, optimistic campaign promises; Hello, calls for urgent action. In the midst of what government officials in Puerto Rico have characterized as a three year recession, President Obama’s stimulus package seems to have renewed the hopes of most politicians and citizens alike. The package contains some measures that are best conceived of as short-term boosters – such as extending unemployment benefits and investing in job-creating public works. Others, like those directed at the improvement of K-16 education, are presented as long-term investments to increase U.S. future workers’ ability to compete in an increasingly knowledge-based global economy.
The long-term intention behind education-related investments in the proposed package is evidenced, for example, by the 41 billion for K-12 Title I programs and the 6 billion directed at higher education.

I’m all for long term investments in education. I am however concerned with the potential loss of this important and timely opportunity.

Take for example the case of E-Rate, an ambitious effort designed to help poor schools connect to the Internet. This program has distributed billions of dollars to schools and libraries that serve low-income populations. In its early years, the amount of money involved was fertile ground for all kinds of trouble. In El Paso, the school district paid IBM 35 million to build a network that the New York Times describes as “powerful enough to serve a small city”; in Florida, a 1 million dollar network was created to serve the needs of a 650 pupil elementary school; in San Francisco, a contractor was found guilty of rigging bids and bribing officials; and in Puerto Rico, after an investment of 100 million to hook 1500 schools to the internet, only a handful were online – partly because the schools had no computers to hook to the new networks.

In spite of massive expenditures that promised to leave “no child behind”, the United States in 2006 was one of only three (out of 34) OECD countries where younger workers were less college-educated that older ones. Hundreds of Puerto Rican schools are in “Improvement Plan” (an euphemism for “academically troubled”). The effectiveness of big investments in the improvement of education will depend on careful management of funds that target well-known and well-researched problems. Good data and best practices abound. Let’s use them.

In times of crisis, a solid government investment in the economy makes sense-if the government doesn’t, who will? FDR applied this notion with great success during the Great Depression. But these investments need to be watched after carefully, and to include a plan that measures results and holds contractors accountable to the citizenry. We want this investment in education to be truly long-term – to focus on what is good for the children, conceived of as future adults that will have better jobs (and thus contribute to a better economy) as a result of our actions today. We do not want this particular portion of Obama’s stimulus package to end up in CEO’s pockets, like some of the recent bailout funds did, or to create short term jobs and feed ghost companies, as happened with E-Rate and other initiatives. As the package gains momentum in Congress, and people in Puerto Rico and the US enjoy some well-deserved and sought after hope, let us keep an eye on those who may see the effort to provide for the economy’s long term health as an opportunity for their short-term gain. Our education is just too important.

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Del nacionalismo boliviano y otros pesares

bolivia1“In Bolivia, a Tight Grip on the Next Big Resource”, “Bolivia has lithium, and the president intends to make world pay for it”, leen los titulares del International Herald y del New York Times, respectivamente. (Gracias al amigo y colega Walter Díaz por compartir la información entre trabajos y café hoy). Me pregunto cómo leería el titular si apareciera un pozo petrolero en un baldío en Texas propiedad del gobierno norteamericano. “U.S. government officials find more oil in Texas and have the NERVE to, like…sell it and everything. THEMSELVES, you know? They refuse foreign companies to take charge of the whole thing…”…Ajá.

Pero bueno, la noticia. Puede ver la versión del NYT aquí, la del IH acá, y una del Guardian aquí. Parece que los hechos son más o menos así: Resulta que hay litio, y mucho, en Bolivia, más que en cualquier otra parte del mundo. Y resulta que los nuevos modelos de auto eléctrico, los de tantas compañías automotrices en problemas que confían en la nueva generación de carros eficientes para salir del atolladero económico, podrían usar ese litio. Es el metal mas liviano, el sólido de menor densidad, y los expertos en el tema indican que es posiblemente el material más apropiado para el desarrollo de baterías para esos nuevos vehículos.

Pero mi picada de ojos, mi pasme y parpadeo, no son consecuencia del litio. Enhorabuena para los bolivianos, los carros, y todos los demás beneficiarios lógicos. Mi sorpresa tiene que ver con la cobertura del asunto en la prensa.

Una búsqueda en google news (un motor que usa lo que tal vez sea el algoritmo más sofisticado de la red, para elegir sus noticias, pero que tiene también sus limitaciones, tal vez un día de estos lo hablemos aquí) rinde tres noticias principales: Las de IH y NYT (en realidad dos ediciones del mismo periódico) citadas arriba, y la de Guardian. Permítanme ilustrar mi malestar con algunas citas:

“Rather than helping lead the way to a cleaner, more fuel-efficient future, however, Bolivia could be a case study on the limits to globalisation.” (The Guardian)

“The country’s socialist president, Evo Morales, and its powerful union leaders are all deeply suspicious of foreigners, and their politics could stymie yet another opportunity for Bolivia to improve the lives of its citizens.” (International Herald Tribune)

“Japanese and European companies are busily trying to strike deals to tap the resource, but a nationalist sentiment about the lithium is building quickly in the government of President Evo Morales, an ardent critic of the United States who has already nationalized Bolivia’s oil and natural gas industries.” (New York Times).

El blog que el New York Times mantiene sobre Bolivia, revisado hoy, por cierto, tiene el mismo sabor: Foto de indígenas pobres, acompañada de una introducción al país cuyas primeras tres oraciones dejan la intención editorial muy clara: “Bolivia is South America’s poorest country, with about 60 percent of the population of 9.1 million mired in poverty. Since the election of President Evo Morales in 2006, regional tensions have grown.”

El subtexto, la insinuación, la sugerencia son claros: Que aquí hay un caso de un gobierno que no cede a las necesidades de la globalización, cuyo nacionalismo le impide tomar decisiones económicas justas, que obstaculiza el que las empresas internacionales metan mano para manejar un recurso mineral importante que el mundo, que el ambiente, que los mismos bolivianos, necesitan con urgencia…y por supuesto, las referencias obligadas al socialismo de Evo Morales, que no podían faltar.

Prometí que las entradas en “picada de ojos” serían breves, así que hasta aquí. Pero no puedo evitar pensar en unos paralelos históricos interesantes. En los tantos países cuyas agendas económicas son dictadas por organizaciones y bancos internacionales cuyos intereses no son los del país en desarollo sino los del capital foráneo…Jamaica, por ejemplo, retratada de forma terriblemente hermosa en el libro de Jamaica Kincaid y en la película Life and Debt, isla tratada de “egoísta” porque cometió la osadía de entrar en tratos con Europa por su cuenta para venderle guineos buenos y baratos…O el gobierno venezolano, que desde que le ha dado por explotar su petróleo y usarlo para construir alianzas con otros países, se ha tenido que aguantar la etiqueta de “dictadura” a pesar de depender de las urnas tanto o más que el nuestro…

Supongo que estamos a la espera a ver que pasa con Bolivia.

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SOS: mil puntitos para salvar la Amazonia

sos_amazonas

En una demostración previa a la apertura del Foro Social Mundial en Brasil, sobre mil indígenas de distintas partes de la región colaboraron para componer un mensaje urgente, fotografiado desde el aire y visible aquí. (Foto de Prensa Asociada, Spectral Agency, Lou Dematteis). “Estamos elevando nuestras voces en un alerta al mundo, y especialmente los países ricos que aceleran su destrucción“, dijo Edmundo Omoré, miembro de la comunidad indígena Xavante del estado de Mato Grosso. (Puede ver la noticia más completa aquí y aquí.)

Y me sentí aludida. Que cosas…una, tan ambientalista, aquí, sin meterse con nadie…

Porque por más ambientalistas que nos cantemos, se me ocurre que jamás seremos tan ambientalmente correctos como alguien que, en un día típico en un entorno distinto, no consuma ocho onzas de café en un vaso de foam, un yogurt en uno de plástico de esos que el municipio no recicla o recicla de manera tan extraña y errática que todos sospechamos que no recicla nada pero que seguimos llevando para sentirnos menos culpables, especialmente después de consumir cerca de ocho papeles tamaño carta para que sólo tres hojas quedaran bien impresas porque no estábamos centralizando la fotocopia apropiadamente en la fotocopiadora que además de consumir electricidad también gasta tinta, y que por más que reciclemos cartuchos la única manera de mejorar la cosa significativamente es usar menos tinta, pero iba por el yogurt y a mediodía fue un wrap que como bien indica su nombre estaba envueltito en papel de cera y una diet coke que traía, cómo no, vaso, tapa y sorbeto “desechables” (aquí lo único desechable parece ser el planeta), y no me habían dado las dos de la tarde y sin intentarlo, y sin ser particularmente botarata, ya había consumido más calorías y producido más basura que lo que consume y produce la mitad de la gente del planeta en su cotidianeidad…

Nuestra rutina diaria de consumo, aún la de aquellos que con cierto orgullo hacemos el intento de no pisar muy duro al planeta, es la “flecha de oro” que mueve el sistema que empieza con extracción, pasa por el consumo y termina con la basura – 99% de la producción es basura antes de cumplir los seis meses. Pulse aquí para verlo más clarito en el excelente video “story of stuff“. 4.5 libras de basura promedio por persona por día en Estados Unidos.

Reciclar está muy bien, pero es insuficiente. Tenemos que buscar formas de consumir menos. “I say the ones that are not being realistic are those who think we can keep up current rates of consumption“, como dice Annie Leonard.

Pero volviendo al Amazonas: El Foro Social Mundial de este año, decía, ha comenzado. Y más que nunca, los grupos indígenas del mundo se convierten en un símbolo potente. No tanto como la cosa folcórica y romanticona al estilo de la Pocahontas de Disney (que esos símbolos de Disney lo que hacen al final del día es generar más consumo y más basura), sino como portavoces de los peligros reales, gigantescos, que surgen de la relación disfuncional que las “economías desarrolladas” han creado con el planeta (sí, las mismas economías que se meten a darle consejos y préstamos de usura a las demás), para multiplicar el dólar y eliminar especies. No hay que ser muy de izquierda para ver que el esquema actual del capital por capital para capital no está funcionando. Eso, como los mil cuerpos que nos recomiendan salvar el Amazonas, se ve de lejos. SOS.

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¿agua gratis?

agua

“This was a clash between two cultures: A culture that sees water as sacred and treats its provision as a duty…and another that sees water as a commodity.” V. Shiva, Water Wars, p.x.

Hace un par de años, durante un viaje familiar, nos detuvimos en un negocio pequeño (esos que en Puerto Rico llamamos colmados, aunque sus góndolas no necesariamente lo estén). Buscábamos refrescos para los niños y agua para los adultos. Pero el dueño del colmado sólo quiso cobrarnos los primeros – cobrar por el agua lo hacía sentirse incómodo, no le gustaba, dijo. Después de alguna insistencia, pagamos por las cinco latas de refresco y agradecimos las dos botellas plásticas.

Ese incidente – todavía lo recordamos o mencionamos con cierta frecuencia en casa- me recuerda el pasaje introductorio de un libro de la científica y activista Vandana Shiva, Las Guerras del Agua (Water Wars), donde describe el siguiente contraste experimentado en un viaje de Delhi a Jaipur: En el tren, el servicio estándar incluyó la opción de agua embotellada, marca Aquafina; en Jaipur, encontraron Jal Mandirs, pequeños templos de agua que regalan agua al sediento.

La vida necesita agua-sin agua no hay vida. Frente a ese axioma, ¿podemos los humanos darnos el lujo de absorber el recurso agua dentro de la lógica corporativa? La foto en este post es una oferta (vigente) de una de esas cadenas en las cuales hay que hacerse socio para poder entrar a consumir…si reclutas a un amigo, te regalan agua. Las corporaciones saben que el agua gratis ha pasado de ser un oxímoron a ser algo bastante atractivo: a un precio típico de $1 o $1.50 la botella de 16 onzas, el agua está tanto o más cara que la gasolina…

El libro de Shiva, así como una película que ha salido recientemente y que estoy deseosa de ver, One Water, aclaran (o profundizan) conflictos “exóticos”, tales como aquel entre palestinos a israelíes cuyas tristes consecuencias hemos estado viendo últimamente, como parcialmente debidos a las guerras del agua. La lógica del recurso “agua” como propiedad exclusiva de un individuo o una nación contrasta con la necesidad que de ella tenemos todos.

Es un mundo curioso, éste en el que nuestro exceso consumista contamina, por un lado, las fuentes de agua del mundo, mientras por otro opta por comprar, en botellitas de plástico hechas del petróleo que también gastamos aceleradamente, el agua que cada vez es más cara porque las corporaciones que engordan a costa de nuestro consumo la han envenenado o hecho más escasa.

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Llanuras del pantano

urbanizacion“Santa Urbanización”…fue el pseudónimo que la colega Ivelisse Rivera Bonilla utilizó para designar la urbanización del área metro donde hizo su trabajo de tesis doctoral, Divided City. El nombre se refiere a una de las fórmulas más comunes para nombrar (¿bendecir?) esos espacios – San o Santa seguido del nombre de pila del santo en cuestión.

Esa formula no es la única. Otras igualmente comunes incluyen la palabra compuesta y descriptiva del sitio (por ejemplo, Miramar) o algún nombre propio endilgado al espacio por razones históricas (como es el caso de mi propio hábitat, Mendoza.)Pero esas son urbanizaciones de alguna edad. Entre las más nuevas, veo (cada vez con más frecuencia) una fórmula para nombrar que por alguna razón me inquieta. Una referencia topográfica, que sumada a otra geográfica resulta en una conceptualizacion que suene atractiva para un potencial comprador.

Por ejemplo: Llanuras (topografía) del Mar (geografía.)

Ahora bien, usar esa fórmula obliga a los desarrolladores y/o sus publicistas a decir la verdad, hasta cierto punto. Que sé yo, si una urbanización está en una colina en Camuy, no puede llamarse Llanos del Sur, ¿o sí? De modo que con un poco de maña y esfuerzo, un comprador aguzao puede sacarle informacion comprometedora a la mas poética de las direcciones. Veamos algunos ejemplos:
  • Praderas del Sur – ¿recuerdan a los perros de la pradera, unos animalitos de lo más lindos y sociables que cavan túneles en las llanuras así llamadas? Este nombre sugiere muchas casitas de cemento pegaditas en un espacio plano y bajo el sol candente de los llanos de la región de Ponce, Guánica, o similar.
  • Campo del Mar – Ajá…un campito, cerca de una zona de playa…este nombre sugiere el siguiente proceso: dueños de casas humildes vendieron sus casitas por lo que probablemente sonaba como mucho dinero. Mas adelante, el desarrollador contruye unas casas más deluxe, les pone acceso controlado, y voilá.
  • Campo Escondido – con este nombre, sabemos que estamos en el proverbial middle of nowhere. Destinados para siempre al conmute. A menos que nos espeten un canto de autopista y un peaje. O un mini mall. O ambos.
  • Laderas del Monte- Si en efecto se trata de una ladera, puede que estemos en zona de derrumbes. AKA jarda o jalda.
  • Valle del Oeste (o Valle Hermoso, Valle del Río, Valle del Bosque, o cualquier variación por el estilo) – Casi invariablemente, indica que estamos atrapados en una zona inundable. A no ser que aplanen las colinas circundantes (y se lleven los árboles enredaos en el proceso) para construir alguna otra cosa.
  • Valle EscondidoSonamos, como diría Mafalda. Porque ésta suena a zona inundable… in the middle of nowhere. Hasta que llegue un desarrollador y nos compre la casa barata para contruir alguna cosa tipo Mansiones del Secreto para un segmento demográfico que la use no para vivir sino para descansar. O hasta que la urbe se desparrame en nuestra dirección y ya no estemos escondidos…ni tengamos paz.
Ojo, que los nombres no siempre son así de honestos. Ayer vi unas Estancias de la Sierra…sin una loma cerca. Nada de relieve. Ab-so-lu-ta-men-te plano. Pero me parece que en general, estamos hablando de nombres atractivos para un producto que debería ser difícil de vender en estos tiempos. Un producto caro que casi invariablemente trae consigo una deuda enorme.La fórmula aquí descrita parece cobrar particular relieve ahora – el periódico y el paisaje están repletos de urbanizaciones nuevas. Cosa curiosa, en momentos de crisis económica, cuando las clases medias lo piensan dos veces antes de hacer el “upgrade” a la marquesina doble o los cuatro cuartos y las medias altas evitan la compra de segundas viviendas. (Me limito a mencionar esas dos porque las altas siempre compran,  y para las “bajas” nadie construye.)

En un mundo más lógico, uno esperaría que se le aplicase a la compra de viviendas la recomendación ambientalista que intentamos aplicarle a productos más modestos: Reducir, reusar, reciclar. Que, en otras palabras,nos quedáramos en la casa que estamos, compráramos una casa usada, o construyéramos/remodeláramos en los ahora fantasmales espacios antes ocupados por urbanizaciones que han pasado de moda.

Pero los que toman las decisiones subsidian los “proyectos nuevos”, para que el desarrollador no pierda. Porque proteger la economía del país siempre se traduce, insólitamente, en la protección de banqueros y desarrolladores esmandaos. Nunca se traduce en proteger al ciudadano común que quiere cantar

yo tengo ya la casita, que tanto te prometí, cubierta de margaritas, para ti…

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