maripositas verdes

En la escuela del mundo al revés, el plomo aprende a flotar y el corcho, a hundirse. Las víboras aprenden a volar y las nubes aprenden a arrastrarse por los caminos. E. Galeano, “Patas arriba.”
Todos los días les agradezco a la estructura y al azar trabajar aquí, en la Universidad. Aún cuando peleo, aún cuando me enojo, aún cuando la U me muestra su lado oscuro, prefiero este lugar a cualquier otro.
Pero amar no es un ejercicio carente de crítica. Loving critique, escuché o leí a alguien decir (o escribir) el otro día.
Me entero a través del servicio de “cartero” electrónico en mi recinto que el departamento de Humanidades, con el co-auspicio de -nada menos que- Lockheed Martin, ofrecerá seminarios -nada menos que- de…ética.
Claro que no debería sorprenderme, dirán algunos. Después de todo, Lockheed Martin es una presencia familiar, y hasta querida, en el recinto. Se la pasan aquí, reclutando ingenieros e ingenieras, especialmente, pero también otorgando donativos para actividades de alcance, como ésta. ¿Entonces qué es lo que me inquieta? Bueno, siempre me ha resultado bastante incómodo tener representantes de Lockheed Martin saltando por ahí, no porque como individuos me hayan hecho nada sino porque representan lo que antes se denunciaba como complejo industrial-militar y ahora, gracias en gran medida a la popularidad del libro de Naomi Klein, se reconoce como un complejo de guerra y desastres (war and disaster profiteering).
Lockheed Martin enseñando ética. La misma Lockheed Martin de los misiles; la misma de los escándalos de contratos millonarios otorgados sin mediar subasta ni competencia (y una, ilusa, aquí pensando que de competencia se trataba justamente el cacareado concepto de “libre mercado”); la misma que protagonizó la destrucción y más tarde, ironía de ironías, la reconstrucción de Irak en una ilustración grotesca del capitalismo del desastre; la misma que se metió también de lleno en el lucrativo y siniestro negocio de “interrogar” prisioneros de guerra; la misma que invierte asiduamente en los cabilderos que a su vez invierten asiduamente en los legisladores que facilitan o entorpecen el proceso legislativo a conveniencia de la compañía; exportadora de armas #1 en el mundo, acusada de pagarle cuantiosas sumas a jefes de estado extranjeros, fabricante de algunos de los aviones de guerra más letales. Esa misma.
Acá nosotros hablando de “manteníos” para referirnos al pobre que mal-vive del gobierno, y mientras tanto, Lockheed Martin obtiene el 84% de sus ganancias del gobierno (es decir, de los contribuyentes, los mismos contribuyentes que perdieron o vieron amenazados sus hogares, acciones y salarios recientemente) de Estados Unidos. Eso sí que es mantengo.
¿No es acaso un problema ético gigante una compañía que depende, para sus enormes ganancias, casi totalmente de la reproducción de la guerra y/o desastre permanente, y que otorga donativos de campaña y coloca a sus ejecutivos en posiciones de poder para tomar justamente las decisiones asociadas a la guerra y el desastre permanentes? ¿Y entonces, no es acaso una ironía inmensa, que sea esa compañía, y no otra, la que nos auspicie cosas relativas a la ética?
Y bueh. El caso es que ahora visitan mi universidad para darnos talleres de ética. Y de paso nos sirven de jurado en el Ethics Bowl de la Facultad de Administración de Empresas, junto a representantes de otras corporaciones como….Goldman Sachs.
Pero dejemos a Goldman Sachs para la parte dos, o para los comentarios, de esta entrada, porque quiero hablar de las mariposas. En un pasaje triste y hermoso de su maravilloso libro Patas Arriba: La escuela del mundo al revés, Galeano hace una historia que como todas las suyas es también fábula, dato, y metáfora. Nos dice que en 1994, la empresa petrolera Chevron, contaminante en grande del agua, aire y tierra californianos, estableció un refugio en los terrenos de la compañía para salvar de la extinción a una mariposita azul. El refugio costaba cinco mil dólares anuales. El lavado de cara publicitario protagonizado por la salvación de la mariposa costaba ochenta veces eso…por minuto. La impunidad, nos recuerda Galeano, es un producto muy barato.
El cuento es interesante y viene al caso por dos razones: Primero, porque demuestra una estrategia frecuente de relaciones públicas – buscar una causa simpática y “auspiciarla”, movida especialmente efectiva si el recipiente de la generosidad se encuentra en crisis fiscal (nuestro caso, justamente); segundo, porque con frecuencia estas aparatas (me refiero a las compañías como Lockheed y Chevron) eligen como “causa simpática” precisamente lo mismo que con su otra mano (con su mano dominante) destruyen. Así, Chevron elige una causa ambiental, y Lockheed opta por auspiciar la “ética” y la “paz”.
¿Seremos nosotros, los académicos, los colegiales, las maripositas (verdes) del Lockheed Martin?
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AM: homofobia que mata, viernes negro y fuga de cerebros

Escuche el podcast…
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Hoy, 23 de noviembre de 2009, en PARPADEANDO, la sección de comentario dentro del programa Dialogando, de WPRA990:
- Homofobia que mata. En el primer segmento, hablamos del asesinato de Jorge Steven, un joven gay de 19 años. La comunidad gay, lésbica, bisexual y transgénero en Puerto Rico, así como las muchísimas personas heterosexuales que los apoyan, exigen que se clasifique y procese este acto como un “crimen de odio”. ¿Por qué nos referimos a este crimen como un “crimen de odio”? ¿Cuál es la importancia jurídica y social de esa categoría? En la primera parte del programa, distinguimos al crimen de odio de otros crímenes por ser una especie de micro-genocidio. En la medida en que es un crimen basado en características que vinculan a la víctima con un colectivo, una minoría, el crimen de odio atenta contra la esencia misma de la democracia-la igualdad básica de todos los ciudadanos.
- Viernes Negro. En el segundo segmento, atamos cabos: La legislatura expande los horarios dominicales con la nueva Ley de Cierre; El DACO nos aconseja comprar, pero dentro de un presupuesto y de manera ordenada; y el gobernador anuncia que el bono de Navidad se le entregará a los empleados públicos no la segunda semana de diciembre, como de costumbre, sino esta semana del 23 de noviembre. Justo a tiempo, murmura Puerto Rico, para las compras del famoso “Viernes Negro”. En este segmento recordamos a George Bush, que le pidió a los estadounidenses que ejercieran su patriotismo gastando en las tiendas tras la tragedia de septiembre 11, 2001, y discutimos la gran cadena que une los diferentes eslabones de la economía mundo: extracción, producción, distribución y consumo. Terminamos apoyando la sugerencia de la bloguera “Enfogoná”, del blog “Clientela Furiosa”, que nos conmina a evitar la mega tienda y a regalar cosas de aquí en esta Navidad.
- Y hablando de economía, en el tercer segmento atendimos la pregunta de un radioescucha que nos pidió que discutiéramos la “fuga de cerebros”. Esta frase se refiere a la emigración al exterior de puertorriqueños con grados universitarios (típicamente a Estados Unidos), y suena en Puerto Rico todo el tiempo, pero suena especialmente en periodos de crisis económica. Para responderle, conversamos con el Dr. José L. Cruz-Rivera, ex-vicepresidente de Asuntos Estudiantiles de la UPR, quién nos explicó que “la fuga de cerebros es como el colesterol. Hay una mala y otra buena.” En la buena, los talentos influencian de forma positiva el futuro económico del país, ya sea actuando como embajadores de Puerto Rico en otras partes del mundo, o regresando con nuevas experiencias. “En realidad yo no hablaría tanto de “fuga de cerebros” como de “circulación de cerebros” …Lejos de ser un problema individual, donde cada ciudadano debe agonizar con la decisión de quedarse o irse, es un problema del Estado. Es decir, le corresponde al estado preocuparse por este tema y desarrollar las estrategias que permitan que el balance neto de los cerebros que se van y los cerebros que regresan represente una ganancia para el desarrollo socioeconómico del país”.
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CAPECO Y YO-carta a dos voces para el pueblo de Puerto Rico
La carta que publica CAPECO en los diarios del país es una joya de las relaciones públicas. En lugar de CAPECO, nos pone el familiar sellito de la GULF, como para que nos sintamos un poco cómplices de la cosa-después de todo, ¿quién no ha echado gasolina de esa marca alguna vez? Y en lugar de decirnos cosas, no dice nada – se lo deja todo al entrelíneas, al silencio, al white space. De modo que la transcribo pero añado mis comentarios, en itálica y entre corchetes. Veamos. Dice así la versión que salió el jueves en el Caribbean Business:
“Por décadas, Caribbean Petroleum Corporation ha sido una parte importante de Puerto Rico ofreciendo empleos dignos a familias puertorriqueñas y aportando al quehacer económico y social del país. [Empleos, dicen, mágica palabra en el país del desempleo, en el momento en que tanta gente ha perdido el suyo, en el país que perfeccionó el arte de incentivar para emplear y donde "crear empleos" ha sido parte de las campañas, de todas, incluyendo la última, que redundó en veinte mil botados más...]
Lamentablemente, fuimos afectados [esto NOS ocurrió, nosotros no hicimos nadita para merecerlo, dice aquí] por un incendio de incomparables proporciones [esto de incomparable es para que no nos pongamos a hacer comparaciones, para intentar que veamos el evento como una cosa excepcional, inexplicable, única, irrepetible...Para una lista de comparables, digo, de accidentes de este tipo en varias partes del mundo compilada para CNN, presione aquí] que ha detenido parte de nuestras operaciones.
Agradecemos la paciencia que ha demostrado tanto el pueblo, los clientes y los medios de comunicación al habernos permitido enfocarnos 100% en lo más importante: Proteger la seguridad de cientos de vidas y controlar el siniestro. [Y yo aquí, ilusa ulisa de la cibernia, creyendo que los que protegían y controlaban eran los bomberos y resto del personal gubernamental asociado al manejo de emergencias, y ahora resulta que eran los de capeco, que estaban enfocados. Aunque más abajo le agradece a las agencias, alcaldías, y a "cientos de héroes."]
…..
Como siempre confiamos en que Dios nos continúe ayudando a todos como empresa y como país para sobrepasar esta lamentable situación. [Por si acaso no te agarraron, lector, con lo de los empleos, ahora intentan apelar a un cristianismo que las estadísticas les indican persiste en una proporción importante de la audiencia. Irte en contra de CAPECO, desconfiar de la buena voluntad de la GULF, es desconfiar de Dios mismo, renunciar a esa fe compartida. Y está generalizada, la cosa, porque entre los legisladores haciendo invocaciones antes de legislar locuras, Santini invocando a Papito Dios cada cinco segundos, Fortuño bendiciendo al pueblo antes de dejarlo sin empleo, y ahora CAPECO diciéndome que anda de la mano de dios...¿Qué pasó con la cuestión esa de no tomar el nombre de Dios en vano? ]“
La carta cierra asegurándonos que “contamos con el esfuerzo”, con el “compromiso incansable” y con el “servicio de calidad” de CAPECO. Y yo cierro el blog para dormir el sueño de los intranquilos.
sustentabilidad subterránea
La sustentabilidad subterránea. Tal vez la había visto antes, en el patio o el balcón de algún pariente, en una mata de malanga cerca de la carretera, o un tiesto de materiales para sofrito en Syracuse, NY. Pero hoy la ví de cerca, y quizá esta vez mostré mayor interés. Hablamos mucho de la “economía subterránea”, para referirnos a actividades productivas y de intercambio (especialmente lo segundo) que ocurren fuera del radar y del tributo gubernamentales, pero yo quisiera proponer un término paralelo para algo que podría parecerse, pero es otra cosa. Porque mira que los académicos hablamos de sustentabilidad…pero hay quienes la practican sin darle ese nombre, como parte normal de la vida, y en pleno desparramamiento urbano y suburbano.
Pero más cuento y menos análisis. Hoy visité al amigo Don Tito. Don Tito se llama en realidad Aquilino y creo que casi nadie le dice Don, excepto yo. Lo llaman Tito. Vino de la República hermana, disfrazado de susto, de noche, de agua salada, en una yola compartida, hace más de veinticinco años. Vivió por ahí sin papeles, trabajando en cualquier cosa: cocina, jardín, plomería, tendiendo mesas y lavando platos, pintando casas. Toda chiripa se le daba bien, y poco a poco se le ordenó la vida, se le legalizó la situación, y se construyó una rutina laboral “haciendo patios”. Así lo conocí yo. Fue a cortar la grama en casa un día, y de paso sembró una palma y un par de matas de guineo. “Para los nenes”, me dijo.
Pues resulta que frente a la casita de Don Tito hay una carretera, y que en esa carretera y en ese barrio, como en tantos otros barrios playeros en Puerto Rico, iban a construir un “proyecto”, es decir sembrar algún aparato de cemento (la antítesis misma de la sustentabilidad, posiblemente) para el disfrute ocasional de aquellos que poseen segundas viviendas. Pero tal parece que los dueños enfrentaron problemas para obtener los permisos necesarios, y mientras esperaban (aún esperan), la basura se acumulaba en el terreno, que medirá una media cuerda. Se estaba convirtiendo en ese otro fenómeno boricua, el vertedero clandestino.
Cuando yo me aburro, leo y escribo. Alguno se ríe – después de todo, el trabajo de un académico es mayormente ese, y es gracioso que también pueda ser su distracción. Pero parece que en eso, Don Tito y yo nos parecemos – porque cuando el hombre quiere “entretenerse”, un vertedero clandestino no es más que un patio en potencia. O mejor aún, un huerto. En sus ratos libres, el hombre limpió el basurero, evaluando cada pieza, botando algunas y usando otras. Alquiló una máquina, preparó el terreno, y lo sembró no de cemento sino de maíz, calabaza, frijol, habichuela negra, plátanos, quimbombó…
Entre los objetos descartados encontró sillas, pailas vacías, y superficies con las cuales fue amueblando el ranchito. Mientras una multitud dominguera se arremolina en mueblerías y ferreterías para comprar, de paquetón, los objetos que le sirvan para poner lindos la casa y el patio, Don Tito hace belleza, esculpe paisaje, con objetos descartados en una franja de tierra próxima a desarrollarse, a la espera del cemento inexorable. Es verdad que para apreciar la estética del ranchito y del huerto hay que hacer como cuando se entra a un cuarto oscuro: parpadear, acostumbrar la vista, hacer ajustes, esperar un poco. Nuestro paladar, borracho de dulces, pasa trabajo para poder apreciar el gusto de una fruta. Cuando, desde mi auto, intenté ver la siembra que Don Tito, orgulloso, me señalaba, al principio no la ví.

Pero contaba con mi guía, que me llevó primero a ver el maíz. Mientras me mostraba la siembra puso dos mazorcas a asar en el mismo fuego de leña donde se cocinaba lentamente una enorme olla de carrucho, “para ahorrar gas”, me dijo. De ahí pasamos a las abejas. Sí, Don Tito ’siembra” abejas, y las consigue justamente en aquellos hogares de donde lo llaman para que las elimine. Se las lleva con todo y reina, y las va acomodando por ahí, para hacer miel. Las abejas son “basura” para el otro, pero en el rincón de Don Tito no se pierde nada.

“No se asuste”, me decía, refiriéndose a las abejas dentro de un tronco próximo a nuestro comedor. Yo sentía mas bien una especie de estupor, pero no se debía a las abejas, sino mas bien a lo lógico, bonito y ordenado que de repente resultaba todo. Las sillas, las mesas, los escondrijos de las abejas y de las gallinas que estaban poniendo huevos y criando pollos por ahí, las abejas mismas, la leña de la fogata, todo era, antes, “basura”, maleza, plaga, estorbo.
Pedí permiso para tomar estas fotos. Devoré mi mazorca, que estaba lista, y deliciosa. Me despedí de Don Tito, murmurando una promesa vaga de escribir algo sobre “sustentabilidad”. “¿Sobre qué?”, me preguntaron sus ojos. “Sobre su siembra, las abejas, y eso”, me corregí.









































