Mirando con incredulidad lo cotidiano, y buscando humanidad en lo “exótico”.

¿Regalo inesperado o acto de justicia?

800px-SunFromCloudsLa comunidad Villas del Sol recibió ayer buenas noticias.  El Dr. Ibarra, presidente del Colegio de Médi­cos Cirujanos de Puerto Rico, decidió pasar­les 17 cuerdas de terreno que posee en Arecibo. La noticia me provoca una tremenda alegría, tanto por la comunidad como por el optimismo que provoca ver el gesto admirable del médico.

También me provoca algún desa­sosiego.  Primero, porque…lo que se le hace a un individuo con el corazón bien puesto relativa­mente fácil le resulte tan tremenda­mente difícil al estado.  Ese estado que debe­ría proteger el bien común, una misión notoria­mente difícil para los individuos y por ende depositada en las manos de los gobiernos, no lo hace-lo hacen individuos como Ibarra. Me produce miedo pensar que cosas frágiles como la naturaleza, la vivienda digna, y la salud, no sean protegidas por el estado, sino que dependan de la caridad de personas como el generoso médico.

(Vea por ejemplo las entra­das recientes en la blogosfera (pulse aquí y aquí)  sobre la elimina­ción del título de “Reserva Natural” para el Corredor Eco­lógico del Noreste.  Vea en otro ejemplo la tranquilidad con la que tanto Santini como Fortuño le trastea­ron a los vecinos del caño Martín Peña su titularidad, o con la que hicieron caso omiso de los recla­mos de acceso a agua potable para la comunidad Villas del Sol en plena epidemia de monga porcina. No, si es que es de miedo.)

Pero me conforta el hecho de que Ibarra no llamó a su gesto uno de “caridad”.  Ni siquiera lo llamó, como hace el Nuevo Día, “regalo”. La noticia de Prensa Asociada que apareció publicada en el Daily Sun cita al benefactor de los vecinos de la villa diciendo que es un acto de “justicia social”.  Ese fraseo me parece tanto más apropiado, y tanto más esperanzador…Ibarra parece estar consciente de que vivimos en una isla con dos países, uno que tiene y otro que no.  Y asume su espacio de privilegio con los ojos y el corazón abiertos.  Ojalá que nuestros gobernantes pudiesen hacer lo mismo.

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