Mirando con incredulidad lo cotidiano, y buscando humanidad en lo “exótico”.

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todo por la belleza

brookeHace algunos días hablaba con mis estudiantes acerca de la paradoja de la belleza. La de cualquiera, pero especialmente la femenina.  Nos referimos al mito de la belleza, una noción acuñada por Naomi Wolf y que se refiere a la existencia de criterios de belleza poco realistas, reforzados por el mercadeo de cada vez más (y más caras, y más sofisticadas) rutas para alcanzar una belleza…inalcanzable.  Decíamos que es la imposibilidad misma de esa belleza lo que la vuelve poderosísima en términos de la mercantilización, porque abre espacios infinitos para la creación de productos que “ayuden” a las pobres mujeres, todas ellas inevitablemente  imperfectas, a acercarse a la meta.

Los ejemplos cotidianos del mito de la belleza abundan: Maniquíes insólitamente flacos, y sin rostro, nos espían desde los escaparates; las muestras que reciben las modelos para vestirse son de tamaño “cero”, un tamaño matemáticamente absurdo porque implica no pequeñez sino inexistencia; la alquimia de  unguentos milagrosos es una industria millonaria; y en un mundo donde los médicos escasean, las cirugías plásticas cosméticas son la orden del día.  La misma lógica mercantil post-industrial que nos atosiga de comida chatarra nos ofrece también el rímel,  la faja, el gimnasio y el fataché.

Poco después de la clase, una estudiante me envió un video que a pesar de ser en sí mismo una herramienta de mercadeo de una marca de productos particular, ilustra muy bien lo remoto que resulta este falso ideal de belleza:

El video es útil (gracias a Karla por compartirlo) porque muestra con claridad dos niveles de “falsificación” en esto de vendernos el mito de la belleza.  Primero, la modelo es maquillada, peinada, y arreglada hasta parecer otra.  Más adelante, su foto es manipulada hasta lograr una representación de la belleza que es todo excepto “natural”.

La modificación de una imagen usando photoshop (o su equivalente) implica la manipulación tanto de la imagen o foto como de las mentes vulnerables de consumidores potenciales. Otro tipo de manipulación, igualmente interesante, lo es el uso y modificación del arsenal médico para corregir “defectos” físicos según la moda.  Tratando de alcanzar lo inalcanzable, no solamente nos tostamos y pintamos el pelo y la piel, sino que le metemos cuchillo a párpados, narices, muslos, senos, batatas y panzas, unas veces para agrandar y otras para achicar.

Hace unos días me alertaron sobre la existencia de un producto que bota la bola; Latisse, se llama, y su portavoz Brooke Shields adorna este “post”.  Si usted no está contenta con el largo y densidad de sus pestañas, ya no tiene que pasar trabajo usando mascara, sino que puede untarse este líquido, que contiene a saber que químicos, en su párpado y voilá – pestañas gruesas y saludables.  Claro que puede enrojecer, irritar u oscurecer su piel, o causarle picor o conjuntivitis, y ni hablar de los efectos secundarios desconocidos en virtud de la premura con la que tenemos que lanzar todo fármaco al mercado, pero no importa. Todo sea por la belleza, y ahora hasta su doctor se apunta en esa gesta.

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los nuevos “joscos”

sotomayorLa candidata de Obama, Sotomayor, recientemente ha tenido que responder preguntas bastante..raras, por lo general enlazadas unas con otras en surreal y disparatada cadena racista-sexista.  Esta señora tiene una trayectoria políticamente centrista y jurídicamente conservadora.  Sacándole el binomio etnia-género a su perfil, éste sería absolutamente aceptable para los senadores estadounidenses en un gobierno de consenso.  Pero es evidente que la etnia y el género los ponen nerviosos.  [Puede ver una de esas secuencias de preguntas, sobre el "temperamento" de la juez, particularmente desagradable pero muy ilustrativa del tipo de interrogatorio al cual estuvo sometida Sotomayor,  aquí, y leer sobre otras secuencias sobre su supuesto "racismo"  acá].  Las preguntas (generalmente opiniones, más bien largas y no muy articuladas, disfrazadas de pregunta) delatan un sensación de incomodidad, que los comentaristas atribuyen (correctamente, me parece) a la etnicidad y género de la candidata.

Esa es la palabra clave.  Incomodidad.  Unease. Es distinta del racismo/sexismo tradicional, porque no se manifiesta o se activa sencillamente con la presencia del objeto que se tiene, consciente o inconscientemente, en poca estima (el negro,la mujer, el árabe) sino más bien cuando el objeto en cuestión se pone “parejero”, upitty. Cuando (con frecuencia, e irónicamente, como resultado de seguir las reglas del juego impuestas por el grupo que lo desprecia) a la mujer latina o al hombre negro les dá por hacerse de una carrera ilustre, saltan un montón de obstáculos, y adquieren (horror de horrores) poder político.  A esa mujer o hombre latino/a o negro/a (en cualquier combinación) les toca entonces hacer malabares de diplomacia.  El hombre negro tiene que ser particularmente suave, softspoken, y mesurado, para no agitar estereotipos de “negro violento” en las mentes de los amables blancos que lo rodean.  La mujer latina tiene que seguir una línea jurídicamente conservadora porque si no, será “acusada” (y sí, es una acusación) de liberal.

[Esto aplica a otras minorías también: el hombre y la mujer gay tienen que "disimular", ella llevar el pelo largo y aretes, él vestirse de manera evidentemente (pero no excesivamente) masculina, ninguno de los dos tener pareja en público, todo esto para lograr "aprobación" incluso de muchos de aquellos que alegan simpatizar con su opresión.  Obama está obligado a ser conciliatorio y a no subir la voz, cosa que McCain no tenía que hacer porque los señores mayores blancos sí pueden subir la voz.  Hillary tenía que ser de centro y hasta de derecha, militarmente halconesca, rotunda en sus decisiones - de otra manera se hubiera proyectado como "girlie". Pero volvamos a Sotomayor y la "parejería".]

En una columna reciente en el Washington Post, Eugene Robinson discute el parecido entre el caso de Sotomayor y el arresto reciente de Gates  justamente en estos términos.  Gates, al momento de su arresto, había dejado claro que era el dueño de la casa. Imaginen la escena: El policía blanco se encuentra un señor con bastón, que le dice (probablemente de manera grosera y a gritos) que esa es su casa y que se vaya pal….., de modo que lo arresta.  Lo arresta, no por pillo, sino por parejero.  Que no es lo mismo que decir que lo arrestó por arrogante – en ese vecindario, nos recuerda Robinson, encontrarse con un profesor que resulte ser arrogante  es como encontrarse con un jugador de baloncesto que resulte ser…alto.  No, señor.  Lo arrestó porque era arrogante y negro.  Porque esa combinación disgusta, porque la perdonan en el ámbito del entertainment (se la perdonan a los cantantes de rap) pero en el de la política, en ese espacio que define quién tiene más o menos poder y que le aplica tanto a la interacción con el guardia como al senado, no se perdona sin que el objeto de la incomodidad racista y/o sexista haga penitencia.

¿Recuerdan “Bagazo”, de Díaz Alfaro?  En una escena genial, y tristísima, el obrero (negro y a pie) de la caña, pobre y sin trabajo, intercepta a su superior (blanco y a caballo) para pedirle trabajo.  El otro le dice que no.  Entonces el obrero agarra la brida, para evitar que se vaya, para insistirle,  y escucha: “No sea parejero, suelte esa brida.”  Si usted es negro y pobre, en otras palabras, no se atreva a sujetar la brida del supervisor blanco, no ose interrumpirlo.

Lo mismo le están diciendo a Sonia Sotomayor.    Si usted es un juez blanco, hombre y de derecha, por supuesto que puede decir cosas como que su experiencia de vida es relevante y tiene algún papel que jugar en sus decisiones jurídicas.  Si usted es Latina y mujer, ni se le ocurra.  Quédese en el centro o mejor aún, en la derecha de los issues.  No mencione el barrio, ni el racismo.  Ni se atreva a hablar en español.  No interrumpa las larguísimas (y profundamente estúpidas, en muchos casos) “preguntas” de los senadores.  No sea parejera, suelte esa brida.

Imagen tomada de: WhiteHouse.gov,”Sotomayor Bio: Pictures from Throughout Judge Sotomayor’s Life“, commons 3.0 license.

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promesas, promises…

men-bathroom-1Sigo un tanto inquieta con el asunto este de la “promesa de hombre” que se utilizará para atender el grave problema que es la violencia contra las mujeres. Por varias razones. Porque ignora, incluso refuerza, las raíces ideológicas (superioridad de género, infantilización de la mujer, etc.) de esta particular forma de violencia; porque impone una estructura (¡otra más!) burocrática en un ya hiper-burocratizado sistema que está tan empapelado de formas y procesos que no aguanta un papelito más; porque trivializa un asunto serio. Etc.

Pero lo que más me preocupa es que tanto el mejor de los casos como el peor nos plantean escenarios negativos.  Aquí, en otras palabras, no hay final feliz.  Miremos primero el mejor de los casos: que la promesa funcione.  ¿Como se medirá la eficacia de esta promesa? Si en efecto funciona y muchos chicos varones deciden denunciar a sus padres, hermanos o amigos abusadores, ¿qué seguimiento se le dará a esas familias para asegurar que no haya represalias? ¿Están preparadas las agencias envueltas para proteger la seguridad de las víctimas,potenciales y actuales? Aquí en este blog, hace algún tiempo, pregunté retóricamente que pasaría si de repente todos los tecatos boricuas decidieran rehabilitarse: ¿Estaría este país, que tanto los juzga y critica, listo para apoyarlos en su proceso? Cabe preguntar lo mismo aquí.  ¿Si de repente los niños y jóvenes puertorriqueños, abrumados ante el peso de la promesa, inundan las oficinas de las trabajadoras sociales en las escuelas, que pasará? ¿La escuela trabajará armoniosa y eficientemente con Familia, Policía, Organizaciones Comunitarias…? No creo, al menos no en una gran mayoría de los casos.  Si no se altera el sistema tal y como existe, tendremos problemas de manejo de casos, y podríamos acabar precipitando no menos, sino más violencia.  Y eso implica una inversión (dinero, recursos humanos, entrenamiento, rediseño) en el aparato estatal que evidentemente no está en los planes de la administración actual.

De modo que en el mejor de los casos, que la promesa en efecto funcione, no estaríamos listos para responder.

Pero francamente, sospecho que el peor de los casos, que NO funcione, es más probable.  Pienso en los tan cacareados programas de abstinencia sexual, esos que envolvían también una promesa por parte de adolescentes norteamericanos.  Janet E. Rosenbaum, de la Universidad de Johns Hopkins, y su equipo de trabajo compararon 289 adolescentes que participaron en el programa de la promesa (virginity pledge) en 1996 con  645 adolescentes que no prometieron nada pero que eran comparables con los anteriores en criterios como visiones religiosas, familia, y opiniones acerca del sexo y de la planificación familiar.

¿Qué encontraron?  Primero, que la promesa no alteraba la probabilidad de que sí tuvieran relaciones sexuales pre-maritales en los cinco años subsiguientes.  En otras palabras, que los adolescentes que prometieron abstenerse no se abstuvieron ná, y su comportamiento sexual no difiere, en frecuencia, de los que no habían hecho promesa alguna.

Pero eso no es todo, ni es lo más preocupante.  Lo peor es que aunque comparables en todos los criterios, incluyendo la frecuencia de distintas actividades sexuales, había una diferencia crucial: Los chicos y chicas que habían “prometido” abstenerse reportaron un uso menor de mecanismos de protección tales como condones. De guatemala a guatapeor, como dicen.

El lenguaje de la promesa criolla, que puede tener buenas intenciones,  me resulta preocupante.  [Puede bajar la promesa completa en el sitio de fortaleza.]  El firmante promete nunca “cometer, tolerar, o mantener silencio” frente a la violencia doméstica; promete también, con un aura de virilidad enfatizada durante el discurso de presupuesto, “retar” a hombres violentos para que reconozcan que pueden “ser fuertes, sin agredir”.

La promesa de abstinencia en EU no solamente no funcionó, sino que tuvo un efecto peligroso al reducir el uso de condones.  ¿Y si ocurriese algo así con nuestra tan alabada (porque mira que la aplauden, políticos y funcionarios penepés y populares,por igual) “promesa de hombre”?  A saber qué efectos inesperados tendrá la firma del papelito sobre nuestros muchachos y muchachas.  Los problemas complejos con frecuencia requieren soluciones complejas, estudiadas, pensadas.  Esta de la promesa de hombre me parece en ocasiones un “prop”, un recurso de espectáculo sin esperanza de impacto real, y en otras un peligro.

enlaces para leer más sobre el tema:

aquí en este blog:  pulse aquí

en la blogosfera local: pulse acá

en el periódico: pulse acullá

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picada de ojos: special “capitolio” edition

foto de primerahora.com

foto de primerahora.com

Las “picadas de ojos” suelen ocurrir en este espacio como respuesta rápida a noticias que por alguna razón sorprenden.  Alguno me dirá que las noticias políticas  no deberían sorprenderme.  Pero no puedo evitarlo.  Hoy en el trabajo andábamos muchos  y muchas así, como medio en piloto automático, pensando en el espectáculo este nuestro de cada día, en ese carísimo reality show que es la política local, tratando de sacarle algún sentido… Es que no hay ni como comentarlo. Mejor hagamos unos bullets:

  • Ayer, en el mensaje de presupuesto.  El gobernador no desiste de su decisión de despedir miles de empleados públicos. Orgullosamente declara, sin embargo, que nos garantiza la ausencia total de impuestos a los celulares o la gasolina.  Creo que más surreal aún que la contraposición de ambos (celular vs. empleo de un ser humano, una familia) resulta el aplauso que recibió al decir esto.
  • Y hablando de aplausos, ¿qué decir del aplauso enorme que recibió una “certificación” “oficial”  del tamaño del déficit?  ¿Probar que el partido de oposición no tenía razón les causa felicidad aunque implique que estamos quebrados?
  • Pero ya que mencionamos los aplausos enormes, el más ensordecedor y de consenso fue el de la novedosa ‘promesa de macho…’ er…’ hombre’.  Para bregar con el tema de la violencia doméstica, los hombres van a prometer ser unos caballeros y tratarnos bien.  Y el gobernador les advierte que ello no va en menoscabo de su virilidad. Ah, bueno.  Que alivio.  Respiren tranquilas, mujeres boricuas.  Y si igual les pegan, o las asesinan, se trata, by the way, de un problema de “comunicación”, según el mensaje.
  • Mismo mensaje.  Otra “solución” muy parecida a la promesa: El restablecimiento, “por fin”, del “derecho” de todos los niños y niñas del país a cinco minutos matutinos de reflexión.  [reflexión: "hecho de considerar detenidamente algo"-no es esto parte de todo proceso pedagógico? sobre qué van a estar reflexionando?]
  • Y hablando de reflexiones: Hoy la legislatura cuelga el nombramiento de la procuradora de las mujeres.  Algunos y algunas legisladores/as tenían “issues” con asuntos “morales” asociados a su resumé. Tanto así, dijo la prensa repetidas veces hoy, que la han colgado por descargue y ANTES DE LA INVOCACIÓN de rigor.  ¿¿¿¿Escuché/leí bien????? Sip.  Al parecer en el hemiciclo regularmente se reza antes de empezar a colgar nombramientos, crear leyes insólitas, extraer refritos del cajón, pedir investigaciones sobre el precio de la comida y otras gestiones legislativas.  No me sorprende tanto que hayan colgado el nombramiento.  Igual es mejor para esta funcionaria, quien es al parecer una persona cuerda y mesurada – después de este circo, yo en su lugar saldría corriendo rápidamente, no vaya a ser que se arrepientan y decidan nombrarme de nuevo.   Pero a nadie parece sorprenderle el tema este de que recen allí.  ¿Separación de iglesia y estado, anyone?  Tal vez son los legisladores los que deberían hacer los minutos de reflexión esos que le quieren endilgar a los nenes de la escuela.

Todo esto me recuerda, por alguna razón, a la comedia italiana. Creo que me voy a leer algo sobre arlequín, polichinela, y otros personajes por el estilo.

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picada de ojos: medicina amarga y violenta

rmontiel85_p5210162Según compartieran ayer en conferencia de prensa los doctores  José Gorrín y  Ana Parrilla, el informe de Estadísticas Vitales del Centro Nacional de Salud de Estados Unidos reveló que el 49.2% de los 46,636 nacimientos que hubo en Puerto Rico en 2007 fueron por cesárea. Ese mismo año, en EEUU, la tasa de cesáreas fue de 32%.  El índice de cesáreas de un país, según la Organización Mundial de Salud, no debería superar 10% o 15%. [Pulse aquí para ver la noticia completa en El Vocero.]

Todo esto es consistente con la experiencia cotidiana visible de ser mujer y estar embarazada en Puerto Rico.  La mayor parte de las mujeres que conozco han tenido sus hijos por este método.  En un caso reciente y querido, la pareja había esperado tres días con contracciones, tenía tanto comadrona como médico, y la madre había roto fuentes hacía días y estaba agotada. Parece una cesárea legítima, una de esas del 10% que recomienda la OMS, un caso de los que podríamos llamar “claros”.

Los demás casos se dividen en los “grises” (los de “podría ser, que sé yo, no soy doctora”) y los “descarados” (esos que producen un “por favor!!!!! cualquiera con dos dedos de frente se da cuenta de que hubo cesárea sospechosa, foul play, whatever.”)  Entre los grises está el de alguien muy querido a quien le practicaron una cesárea porque llevaba muchas horas pariendo, unas doce, y porque el bebé pesaba más de nueve libras. Puede ser.  Pero era primeriza, lo que quiere decir que el tiempo promedio de parto tiende a alargarse, estuvo un rato acostada con un monitor fetal, lo que también alarga los tiempos..No sé. Gris.

Entre los casos descarados, están las cesáreas que se hacen para proteger a la madre de los dolores de parto, las que se hacen porque el doctor o la doctora se va de vacaciones, las que ocurren para que todo coincida con la licencia de maternidad o paternidad, o las que, como las de alguien también muy querido, se hacen porque, en opinión del médico, la madre es “muy cobarde”, y no podría tolerar las dificultades naturales del proceso.  Esas que se calendarizan a conveniencia del médico porque la madre tuvo una cesárea anteriormente, o porque su madre y su abuela tuvieron cesáreas, o porque lleva gemelos.  O porque sí – también he conocido mujeres que tienen una cesárea calendarizada y no saben a ciencia cierta por qué.

Entiendo que Gorrín y Parrilla han dado en el clavo cuando denuncian la práctica excesiva de la cesárea (del latín cesaere, que significa ‘cortar’) como una forma subestimada  de violencia de género.  De hecho, el proceso completo de parir en Puerto Rico, de principio a fin, está plagado de momentos que son incongruentes con el hecho de que en la inmensa mayoría de los casos, parir no es un asunto médico, ni una enfermedad, sino un momento de transición que debe ser manejado de la manera más natural posible.  Desde las largas esperas a las que las mujeres embarazadas tienen que someterse para un examen de rutina en la oficina del médico; pasando por el tratamiento humillante en los hospitales donde las afeitan, las desnudan, y las ignoran por muchas horas; siguiendo con que las acuestan amarradas a un monitor fetal durante horas en una posición que atrasa el momento del parto y por ende aumenta la probabilidad de una cesárea; añadiendo insulto a la afrenta ofreciendo drogas como pitusina (una forma sintética de oxitocina, que acelera las contracciones y aumenta el dolor) para acelerar la cosa;  continuando, en casi la mitad de los casos, con una cesárea innecesaria, con frecuencia solicitada por la madre para atajar el dolor ocasionado por la pitusina; con la separación de su bebé,  inmediatamente después de parirlo,  para meter a ese nuevo humano en una incubadora que, en nueve de cada diez casos, no necesita, que interfiere con la lactancia,  y que sería perfectamente reemplazable por el calorcito de su madre…Y todo esto sin mencionar que al padre no lo dejan entrar sin un certificado, que otros familiares tienen que esperar afuera, y que la estadía (en la mayor parte de los casos innecesaria) en un hospital aumenta la probabilidad de una infección o complicación post-parto.

Claro que esta violencia médico-hospitalaria no es exclusiva del género.  Se practican otras formas de violencia medicalizada, algunas de las cuales nos son comunes a todos independientemente de variables de género, edad o clase, y otras que son particulares a ciertos grupos.  Algunos ejemplos reales: El concepto de “orden de llegada”, que nos hace perder días de trabajo y exponernos a todo tipo de microbios para evitar que el doctor pierda chavos (se parece al “overbooking” de las aerolíneas); una paciente de la reforma a quien tardaron muchísimo tiempo en tratarle un serio problema respiratorio porque su generalista evitaba hacer el referido de una buena vez; un ancianito diabético que espera, regularmente, siete u ocho horas para que lo atiendan en el internista, donde por cierto, no cuentan con suficientes sillas y la gente (en su mayoría ancianos) espera de pie;  la familia de un paciente pediátrico que necesita cirugía mayor y tiene que recurrir a pedir chavos en la luz, porque en esta democracia nuestra los transplantes dependen del estatus social o de la caridad.

Ahora que estamos en crisis económica y todo eso, aprovechemos para ahorrar dejándole las cesáreas, y las incubadoras (pulse aquí para el ejemplo latinoamericano del llamado ‘mamá canguro’), a aquellas madres e hijos que realmente las necesiten.  Haciendo alianzas entre médicos y comadronas.  Practicar medicina preventiva.  Y hacer que ese parto natural, y ese transplante de hígado o médula ósea, sean concebidos no como un privilegio de clase sino como un derecho humano.


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