Mirando con incredulidad lo cotidiano, y buscando humanidad en lo “exótico”.

el diluvio que llegó

monsoon2No sé en los pueblos de ustedes, pero acá en Mayagüez no ha parado de llover. Todos los días, a eso de las tres de la tarde.  Y no es una lluvia de esas, normalitas, tipo sandwich,  que empiezan y terminan con llovizna y dejan lo mejor para el medio, no: más bien, esta­mos hablando de un torrente que te cae encima sin avisar, a mitad de camino, y que te deja en shock, sin saber qué proteger: los libros, la cartera, el bulto, el pelo…no hay sombrilla que nos salve. El viento que acompaña el asunto se asegura de que el agüita llegue de diferentes direcciones y en abundancia.  Y encima (o más bien, abajo) están los charcos (o más bien, pantanos) que, con alguna ayuda de conductores, pies y ciclistas histéri­cos, completan el trabajo de la lluvia. Acaba uno como un pollito, indefenso, espelusao, preo­cupado por el estado de la propiedad portátil, un poco estupefacto, y con unas leves e incomprensibles ganas de tomar chocolate caliente allí mismo, en la acera, bajo el agua, y con sorbeto.

No es por abusar de la metáfora, pero qué más da, para eso son las metáforas: Ese monsoon se me antoja parecido a  este extraño día a día nuestro. De arriba y sin llovizna que avise te caen los despidos masivos y el desbarajuste de instituciones que alguna pátina de civiliza­ción nos daban (cosas como el Colegio de Aboga­dos, el Instituto de Cultura, el Consejo de Educa­ción Supe­rior, el Noticiero del 6, la Universidad…).

De frente, en medio del pecho, los muertos en masacres grandes y pequeñas, 714 muertos durante ataques que llevan del narcotráfico el sello y que no pueden sino hacernos preguntar si hare­mos bien en celebrar la captura de los grandes narcos , o si esa captura tiene unas consecuencias que habría que calcular, y prevenir, antes de meternos a machos, o a monos, o a machos monos, y considerar, al menos por un momento, bajo la lluvia, si tal vez, tal vez, tal vez, tendría sentido legalizar la mal­dita porque­ría de una vez y trabajar el asunto como el problema médico que es…Y hablando de  esas cosas, cuidado con protestar muy duro, abra la boca para emitir un insulto soez, como hizo el Residente, y aunque usted sea un regetonero y se gane la vida encadenando y rimando palabras soeces lo llama­rán tecato, le amarga­rán la vida y le cancela­rán conciertos.  No, si esta lluvia no perdona a nadie. Y al Residente lo han tratado casi bien-al último que le dijo algo a Santini lo amenaza­ron con una “gasnatá”…

Y hablando de gasnatás, ahora tendre­mos unos cuantos policías ocupa­dos protegiendo de gasnatás propias y ajenas a los ilustres ex goberna­dores, a un comedido Pedro que sola­mente la necesita cuando venga de visita, a un risueño Cuchín que con su boca de comer y sonreír alega que se “hizo justicia”, y a un airado Romero, más indignado y gritón que nunca, que le reclama al pueblo de Puerto Rico que cumpla con su “compromiso…porque los compromisos no se cuestionan…la gente ahora no puede  estar cuestionando el compromiso que hizo conmigo…”. Esta es la lluvia fría que ataca por la espalda mientras uno, bípedo iluso carga bultos, trata de taparse con una sombrillita y sólo logra sacarle el ojo al bípedo de al lado.

Los charcos pantano­sos en la abusada metáfora climatólogica (y déjeme abusar tranquila de la metáfora, que si el goberna­dor puede yo también, caramba) son…el engaño, el cinismo y el desdén.  El portal del trabajo.  Las apepés.  La promesa de hombre.  Todas ellas desdeñan la tragedia y el derrumbe.  Tranquila­mente, aumentan la ya peligrosísima distancia entre el que tiene mucho y el que tiene poco, entre las opciones de la mayoría y las de la élite, y le añaden a la ya existente afrenta de la desigualdad el des­agradable insulto del…insulto.  Porque muévase un poco, incómodo, e inmediata­mente lo llaman crápula, garrapatita, tecato o terrorista, le dicen que se quede quieto, que such is life, y que lo peor ya ha pasado.

Que lo peor ya ha pasado.

Acaba uno como un pollito, indefenso, espelusao, preo­cupado por el estado de la propiedad portátil, un poco estupefacto, y con unas leves e incomprensibles ganas de tomar chocolate caliente allí mismo, en la acera, bajo el agua, y con sorbeto.

Edito para añadir entra­das relaciona­das a esa otra metáfora lamentable y relacionada: EL FUEGO Y EL HUMO, en la blogosfera del patio:

en sin mordazas

en ElColao

en antrópico

en país de los ciegos

Bookmark and Share
Email This Post Email This Post

5 Responses to “el diluvio que llegó”

  1. myrisa says:

    alla es lluvia, acá es fuego, fuego de metralleta,fuego de la gulf.

  2. Canny says:

    me encanta leerte como si te estuviera escuchando. me imagino tu voz en torrente verbal con las inflexiones a veces de sorpresa otras de coraje, frustra­ción y desasón, así hasta imaginar­nos a todos mojaditos y espelusaos — y me meto en tu metáfora (no es difícil viviendo en medio de los chaparrones mayaguezanos) por que el frío me cala los huesos y el desconcierto de esta era me corroe hasta la esperanza. yo sé que la lucha comienza en la denuncia y por eso este pueblo habló y no ha parado de denunciar… pero luego qué nos queda? cuando y de qué manera llegará ese chocolatito caliente para reconfortar el alma? como lo preparamos?

  3. Rima Brusi says:

    Myrisa, esta­mos estupefactos mirando el fuego. Es una cosa de locos, todo esto. Supongo que en eso de las metaforas, nos queda todavía la de la ceniza.

    Canny querida, gracias por leer siempre. No hay chocolate que valga-es sólo un wichful thinking bajo la lluvia, mientras arde el pobre país-y los nerones hacen música.

  4. Pues en estos pagos, los de endemismo vemos el fuego y la lluvia con alguna naturalidad. Solo el aire, agua y alimento son trascendentales para sobrevivir.
    La literatura, poesia, imagenens i embelecos.…para personas ocio­sas envueltas como capullo en el YO. Suerte y exito en la Sultana.…

  5. Rima Brusi says:

    Antigonum, gracias por los buenos deseos.

Leave a Reply

PARPADEANDO on Facebook