Mirando con incredulidad lo cotidiano, y buscando humanidad en lo “exótico”.

steven

stevenTenía diecinueve años, y lo mataron. Lo mataron porque “no era una mujer”. Lo mataron con saña y con violencia. Eso es lo único que importa.

No me malentienda: Soy la primera que reafirma, siempre, el valor de la historia. La historia en detalle y con contexto, densa como la bautizó Geertz cuando dijo que la descripción debería incluir no sólo el comportamiento sino todos los significados y referentes posibles de ese comportamiento, conectados entre sí por una especie de bellísima tela de araña, o de humanidad que construimos, que nos da vida, que nos atrapa.

La antropóloga en mí preferiría querer explorar esa tela de araña en sus personajes, en sus matices, en sus narrativas. Querría sentir alguna simpatía, si no por el individuo que mató a Steven, sí al menos por su historia. Quisiera pensarlo víctima también, de alguna cosa.  La cárcel, tal vez, como él sugiere.

Pero no puedo.  No puedo ni recordar el nombre del asesino.  El nombre de su víctima, Steven, se me quedó en la mente enseguida, en cuanto leí la primera noticia, acompañado en mis circuitos neuronales por la imagen que de él ví en el periódico.  Una criatura.

Me dicen que Steven, justo antes de su muerte, se prostituía. Me lo dicen como si eso fuese a inspirarme algún rechazo.  Imagino que lo hacía por el dinero,  tal vez por la caricia, quizás por ambas.  Todo lo que me ocasiona esa otra historia, esa especie de acusación póstuma,  es una ternura implacable.

Lo mataron con saña y con violencia.  Lo mataron porque “no era una mujer”. Aquí, a mí, y ahora, eso es lo único que importa.

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2 Responses to “steven”

  1. Rima Brusi says:

    Myrisa,

    tu comentario tan certero como siempre. Atacaron a esa chica por ser mujer; por mirarlo mal, por abrir la nevera, por sonreír, por querer separarse de él, por no querer separarse de él, por burlona, por seria, por fría, por hablar mucho, por hablar poco…a saber.

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