Mirando con incredulidad lo cotidiano, y buscando humanidad en lo “exótico”.

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Wilkins duerme desnudo, dije.

perfumeHace algún tiempo leí algo sobre lo cual quise escribir, pero no lo hice entonces.  Creo que estaba muy ocupada, que no tenía tiempo, que no tenía energía…  O que no sabía a ciencia cierta qué decir.  Quería decir ALGO, de seguro, pero ¿qué?

¿Qué decir de la noticia, en noviembre, que nos anuncia alegremente que pronto estaría disponible el perfume basado en el ADN de Michael Jackson?

Es una de esas noticias que simultáneamente importan poco e importan mucho.  Es una noticia basura, realmente. Una enorme tontería. Y a la vez, tremendamente significativa, reveladora.

Creo.

Veamos.  Por un lado, existen noticias como el incendio de CAPECO (o el derrame de la Exxon), la masacre de la Tómbola (o las de Darfur), la cumbre de Copenhagen (o la de Kyoto), Evo gana las elecciones (o Chávez, o Zapatero…) Esas noticias que sin reparos podemos llamar “importantes”, esas que nos sentimos orgullosos de saber o de querer saber porque nos marcan como personas preocupadas, ciudadanos cabales, seres pensantes.

Luego están las que definitivamente son basurita noticiosa, las que nos averguenza un poco seguir: Otra chica más que alega haber sido amante de Tiger Woods, la nueva cirugía plástica de MariPili, un divorcio, una gordura, una adicción….la vida público-privada de los famosos.

Tengo un recuerdo muy claro, clarísimo, de estar de niña parada frente a la caja registradora esperando que mi abuela terminase de pagar nuestra compra. Por alguna razón, los ojos de los niños quedan óptimamente ubicados frente a las Veas, las TeveGuías y los Jazmines de la vida.  De repente me doy vuelta y le anuncio a mi abuela, en esa voz alta que los niños reservan para las noticias más inapropiadas  ”Viejita, aquí dice que Wilkins duerme desnudo.”  Salí, o más bien me sacaron, por el brazo del escandalizado local.  Creo que casi se nos queda la compra allí. Y yo no estaba sino leyendo, inocentemente,  un “titular”. Y aclaro que no había nadie desnudo en la portada.

¿Se llaman “titulares” esas líneas que en portada nos indican quién duerme desnudo, quién se divorcia, o quién se acaba de transferir grasa de un glúteo a una batata-o viceversa?  ¿O solamente los llamamos titulares cuando son “noticias”? No lo sé.  Pero en cuanto me planteé la pregunta, aquí mismo, ahora, en “real time”, abrí la portada de la edición electrónica del Nuevo Día y el “titular” me  notifica que Madonna prefiere comprar zapatos a tener sexo.

Bueno, pero sigamos, que no es de Madonna ni de zapatos (ni de sexo) que se trata esta entrada en el blog.  Les decía que hay un perfume que está basado en el material genético de Michael Jackson, y que eso por alguna razón me produjo deseos de decir algo pero que no estaba muy segura de qué…Creo que es porque se trata de una de esas “noticias”, que contrario a la de CAPECO o la de la Tómbola no nos dice mucho, empíricamente, pero revela mucho, metafóricamente, si se quiere.

Cuando leí lo de Michael y el perfumito que nos permite acceder a una especie de “trocito” de él, recordé que hace mucho leí en alguna parte un relato del tipo novela histórica, espantoso y encantador,  sobre el tránsito del cadáver de San Juan de la Cruz (creo que era San Juan) de una comarca a otra para ser enterrado. Aparentemente el cuerpo comenzó el trayecto entero (con todos sus pelos, sus extremidades, su ropa, su rosario, usted me entiende) y llegó al otro lado un tanto…menoscabado, por llamarlo de alguna manera.  Le faltaban cabellos, uñas, dedos, pedazos de ropa, prendas, cantitos de carne…Y esto no era vandalismo – era un acto de adoración póstuma de sus fieles seguidores.

¿Será que en siglo 16 los santos eran como las celebridades de ahora? ¿Y si Madonna o Ricky Martin se mueren, y da la mala pata que nos dá por transportarlos en burro, lentamente, a través de los Estados Unidos, sin mucha vigilancia, llegarían enteros al otro lado?

Supongo que será la marca del fanático fiel, untarse el perfume ese. Es como arrancarle un pedacito a ese ser que es mortal pero nos supera. Mortal pero no exactamente humano.  Tal vez las celebridades ocupan la zona gris de Hércules, o Aquiles – son casi humanos.  San Juan por la fama de sus milagros, Michael por los milagros de su fama.

Y hablando de perfumes, ¿recuerdan esa escena en la novela “El Perfume”? Si no se la ha leído, hágalo.  Es maravillosa, espectacular, y horrenda.  No la arruino, por si la va a leer-sólo permítame aludir a un momento en donde tras obtener, criminalmente, la esencia perfecta, un hombre que no es capaz de despedir olor o peste alguna se unta el perfume ideal, se acerca a una multitud,  y es tan exitoso su aroma que…no, no choteo. Pero le adelanto que hay mordiscos. Muchos. Cariñosos, inevitables. Todo el mundo quería un cantito del deseado.

¿Se tratará de eso? ¿De tener un pedacito de Michael, de ese pobre ser atormentado? ¿Cuál será la audiencia del producto, el nicho del mercado? ¿Los fanáticos que quieran tener algo del ídolo en sí mismos, los morbosos que quieran ver a qué huele la esencia de un loco genial, los noveleros?

Recuerdo haber leído hace años otra novela.  No recuerdo como se llamaba.  En ella, una mujer enamorada decide comerse a su novio. La novela es bastante escueta en cuanto al asesinato se refiere – casi todas las páginas, si recuerdo bien, describen  la estrategia para preservar y consumir el gran cuerpo, y así preservar y consumar el gran amor.

Me imagino que cuando vea el cartel que me anuncia que la fragancia de Michael está disponible en el counter a mi izquierda, no la compraré. [Creo que tampoco le hubiera arrancado un dedo a San Juan de la Cruz.]  Pero probablemente me daré la vuelta, y con grandes ojos y en voz más alta de los debido miraré a mi esposo y le diré “Mira, mi vida, Michael tiene un perfume después de muerto. Lo hicieron con su ADN.”  Y tal vez mi abuela, desde alguna parte, suspirará y me sabrá incorregible.

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sustentabilidad subterránea

dontitoLa sustentabilidad subterránea. Tal vez la había visto antes, en el patio o el balcón de algún pariente, en una mata de malanga cerca de la carretera, o un tiesto de materiales para sofrito en Syracuse, NY.  Pero hoy la ví de cerca, y quizá esta vez mostré mayor interés.  Hablamos mucho de la “economía subterránea”, para referirnos a actividades productivas y de intercambio (especialmente lo segundo) que ocurren fuera del radar y del tributo gubernamentales, pero yo quisiera proponer un término paralelo para algo que podría parecerse, pero es otra cosa.   Porque mira que los académicos hablamos de sustentabilidad…pero hay quienes la practican sin darle ese nombre, como parte normal de la vida, y en pleno desparramamiento urbano y suburbano.

Pero más cuento y menos análisis.  Hoy visité al amigo Don Tito.  Don Tito se llama en realidad Aquilino y creo que casi nadie le dice Don, excepto yo.  Lo llaman Tito.  Vino de la República hermana, disfrazado de susto, de noche, de agua salada, en una yola compartida, hace más de veinticinco años.  Vivió por ahí sin papeles, trabajando en cualquier cosa: cocina, jardín, plomería, tendiendo mesas y lavando platos, pintando casas.  Toda chiripa se le daba bien, y poco a poco se le ordenó la vida, se le legalizó la situación, y se construyó una rutina laboral “haciendo patios”.  Así lo conocí yo.  Fue a cortar la grama en casa un día,  y de paso sembró una palma y un par de matas de guineo.  “Para los nenes”, me dijo.

Pues resulta que frente a la casita de Don Tito hay una carretera, y que en esa carretera y en ese barrio, como en tantos otros barrios playeros en Puerto Rico, iban a construir un “proyecto”, es decir sembrar algún aparato de cemento (la antítesis misma de la sustentabilidad, posiblemente) para el disfrute ocasional de aquellos que poseen segundas viviendas.  Pero tal parece que los dueños enfrentaron problemas para obtener los permisos necesarios, y mientras esperaban (aún esperan), la basura se acumulaba en el terreno, que medirá  una media cuerda.  Se estaba convirtiendo en ese otro fenómeno boricua, el vertedero clandestino.

Cuando yo me aburro, leo y escribo.  Alguno se ríe – después de todo, el trabajo de un académico es mayormente ese, y es gracioso que también pueda ser su distracción.  Pero parece que en eso, Don Tito y yo nos parecemos – porque cuando el hombre quiere “entretenerse”, un vertedero clandestino no es más que un patio en potencia.  O mejor aún, un huerto.  En sus ratos libres, el hombre limpió el basurero, evaluando cada pieza, botando algunas y usando otras.  Alquiló una máquina, preparó el terreno, y lo sembró no de cemento sino de maíz, calabaza, frijol, habichuela negra, plátanos, quimbombó…

Entre los objetos descartados encontró sillas, pailas vacías, y superficies con las cuales fue amueblando el ranchito.   Mientras una multitud dominguera se arremolina en mueblerías y ferreterías para comprar, de paquetón, los objetos que le sirvan para poner lindos la casa y el patio, Don Tito hace belleza, esculpe paisaje, con objetos descartados en una franja de tierra próxima a desarrollarse, a la espera del cemento inexorable.  Es verdad que para apreciar la estética del ranchito y del huerto hay que hacer como cuando se entra a un cuarto oscuro: parpadear, acostumbrar la vista, hacer ajustes, esperar un poco.  Nuestro paladar, borracho de dulces, pasa trabajo para poder apreciar el gusto de una fruta.  Cuando, desde mi auto, intenté ver la siembra que Don Tito, orgulloso, me señalaba, al principio no la ví.

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Pero contaba con mi guía, que me llevó primero a ver el maíz.  Mientras me mostraba la siembra puso dos mazorcas a asar en el mismo fuego de leña donde se cocinaba lentamente una enorme olla de carrucho, “para ahorrar gas”, me dijo.  De ahí pasamos a las abejas.  Sí, Don Tito ’siembra” abejas, y las consigue justamente en aquellos hogares de donde lo llaman para que las elimine.  Se las lleva con todo y reina, y las va acomodando por ahí, para hacer miel. Las abejas son “basura” para el otro, pero en el rincón de Don Tito no se pierde nada.

abejas

“No se asuste”, me decía, refiriéndose a las abejas dentro de un tronco próximo a nuestro comedor.  Yo sentía mas bien una especie de estupor, pero no se debía a las abejas, sino mas bien a lo lógico, bonito y ordenado que de repente resultaba todo.  Las sillas, las mesas, los escondrijos de las abejas y de las gallinas que estaban poniendo huevos y criando pollos por ahí, las abejas mismas, la leña de la fogata, todo era, antes, “basura”, maleza, plaga, estorbo.

Pedí permiso para tomar estas fotos. Devoré mi mazorca, que estaba lista, y deliciosa.  Me despedí de Don Tito, murmurando una promesa vaga de escribir algo sobre “sustentabilidad”.  “¿Sobre qué?”, me preguntaron sus ojos.  “Sobre su siembra, las abejas, y eso”, me corregí.

carrucho

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garrapatitas y garrapatas

garrapataLos ceibeños están asentados en un canto de terreno deseable, y eso parece impacientar a algunos personajes que están locos por meterle mano a ese paisaje, por construirle encima, decorarlo, y maquillarlo para el deleite de los (turistas) bendecidos.  Primero les dijeron a los de Ceiba que “así es la vida”, en referencia al contraste entre la fealdad y la realidad de la pobreza local, y la belleza y fantasía de la riqueza visitante.  Ahora han tildado al liderato comunitario, percibido evidentemente como parejero, de “crápulas”, “garrapatitas” y “vividores”.

Mucha gente se ha ofendido, y con mucha razón.  Hasta el presidente de la junta de directores del dichoso proyecto ha dicho que las expresiones de Madera fueron “desafortunadas” y “contrarias a la política pública del gobierno de Fortuño”, aunque más abajo explica que lo son porque “aunque pueda haber diferencia de opiniones en sectores de nuestra sociedad, no se debe recurrir a adjetivos peyorativos”.  En otras palabras, el problema no es tanto de política pública como de relaciones públicas.  Madera y González fallaron, según esta lectura, por ser bocones sin tacto, no por lo que piensan sobre el desarrollo de Ceiba, sobre el proyecto, o sobre la resistencia de los residentes.

Es en ese sentido que a mí me resultan útiles, incluso refrescantes, las cosas que dijeron ambos bocones.  Por lo impulsivas, por lo cándidas, y porque los portavoces del gobierno de turno las rechazan por razones de “estilos” pero no las desmienten en su contenido.  Las expresiones que usaron primero González y luego Madera para articular la manera en que aprehenden el significado de la resistencia de la comunidad de Ceiba nos dicen así mucho no solamente sobre lo que piensan González y Madera, sino sobre lo que piensa un sector importante (en poder, no en tamaño) del país.  Lo que piensan (su ideología) justifica, explica y apoya lo que hacen (sus acciones, sus prácticas.)

Y, ¿qué es lo que piensan?  Podemos dedicarle a esto varias entradas de blog, pero adelantemos que sus palabras delatan una visión particular sobre el desarrollo, y sobre la pobreza, que es compartida con el gobierno de turno y que de hecho, en sus contornos principales, es compartida por muchos grupos dominantes a través del mundo y hasta por muchos ciudadanos comunes y corrientes, sin darnos cuenta.  Se trata de una forma de entender la pobreza que la plantea 1) como inevitable y natural, 2) como reflejo de alguna falta, de alguna carencia de mérito, inteligencia, carácter o alguna otra cualidad y 3) como un estado en donde la única forma de dignidad accesible consiste en aceptar, con resignación y hasta alborozo, la condición propia y admirar la del más afortunado “otro” que nos visita.

Es en ese contexto que se genera la ristra de insultos de Madera.  Los líderes de Ceiba son, en su libro, “garrapatitas” porque en lugar de agradecer la llegada de la salvación en forma de desarrollo turístico, la cuestionan.  Lo interesante del insulto elegido es que parecería tener mucho de proyección: El arácnido chupa-sangre es una metáfora para el comportamiento parasítico.  Madera, un señor que genera ingresos a través de contratos con el gobierno y que costeamos al final del día los pobres pendangos que seguimos pagando impuestos, este señor que iba a generar 130K así, por el ladito, fácil, con la mano izquierda, “asesorando” para facilitar una “transición” de junta, ese señor le está diciendo “vividores” a los líderes ceibeños.

Bien dicen que siempre habla el que menos puede.  Me pregunto si usó el diminutivo porque está consciente de la existencia de garrapatas gordas, grandes y poderosas que están más que listas para parasitear en Ceiba, de la misma forma en que parasitean al país en tantos otros ámbitos.

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picada de ojos:dos países bajo el sol

casetas-en-la-pargueraLos rescates de tierra (donde un grupo de personas, típicamente familias, sin hogar propio o desplazadas, ocupa algún terreno baldío y levanta sus casitas en él) han sido parte de nuestro paisaje por mucho tiempo y de hecho constituyen una suerte de tradición – muchas comunidades que el público percibe como legítimas hoy son de hecho el resultado directo de acciones como ésta.

[Dos libros muy buenos para estudiar el tema de los rescates más a fondo: Liliana Cotto, Desalambrar, y Llanes-Santos, Desafiando el poder.]

Ando de prisa, pero me gustaría hacer hincapié sobre sólo dos de los muchos elementos importantes del asunto de Villas del Sol aquí: Lo que nos dice acerca de espacio, clase social y vivienda en Puerto Rico, y lo que nos subraya acerca de la desconexión, la enajenación ideológica, de la administración actual y sus funcionarios.

Que en Puerto Rico las personas invadan, colectiva e ilegalmente, un “espacio” y lo conviertan en un “lugar”, en una comunidad con identidad propia, no es nada nuevo.  Joyuda en Cabo Rojo y La Parguera en Lajas son casos pintorescos y conocidos por muchos puertorriqueños.  Lo curioso, y esto se ha dicho en algunos medios, es el trato diferencial que los invasores reciben.  Por un lado, tenemos “invasores de lujo” en La Parguera que poseen (y venden, y compran, y alquilan) viviendas (llamadas casetas) en la bellísima costa del Caribe, que reciben (y pagan por) electricidad y agua, que poseen lo que un periodista llamó una vez “legalidad de facto”, y a quienes casi nunca (y digo casi porque el DRN alguna vez, un tanto tímidamente, intentó llevar el asunto a las cortes) el gobierno trató de sacar. De hecho, y tras recibir un tour del área de un casetero, el ex gobernador Pedro Roselló indicó en los noventa que las casetas estaban ahí para quedarse.

Fast forward al 2009.  Los habitantes de Villas del Sol están amenazados en las cortes y asediados por la policía.  Su servicio de agua y luz ha sido interrumpido en medio de una pandemia de gripe contra la cual, reconocen todos los expertos y las mismas agencias gubernamentales, la mejor arma es la higiene personal.  Y nuestro gobernador y sus portavoces dicen, públicamente, cosas como que “no se puede pretender que esas personas reciban agua y luz pagados por otros”, o que “se le han presentado sus alternativas como plan 8 y residenciales”, o que “están ahí de forma ilegal, y tienen que salirse”, o mi favorita: “ese es un lugar peligroso y tienen que salirse, por su seguridad y la de los rescatistas que tendrían que sacarlos en caso de inundación”.

El caso con esos comentarios es que suenan tan…ingenuos, que sorprenden.  ¿Por qué? Porque 1) los residentes han ofrecido y solicitado que se les permita pagar por los servicios de agua y luz, 2) la mayor parte del país sabe que la oferta de plan 8 se ha reducido y que las listas de espera para apartamentos en residenciales públicos son larguísimas, 3) en lugares como La Parguera hay viviendas ilegales y nadie saca a sus dueños y 4) la peligrosidad del “área inundable” se le aplica solamente a los pobres – imagino que ese valle en Toa Baja no puede ser más peligroso que el margen mismo del mar que ocupan las pintorescas casetas parguereñas.

El peor comentario del gobernador ha sido tal vez aquel en donde indica, en respuesta al asunto de  la dificultad de lavarse las manos regularmente sin servicio de agua, que los niños deben lavarse en las escuelas.  De un plumazo demuestra su total desconexión no con una sino con tres realidades urgentes en el país, tres de esas cosas cruciales que deberían ser no sólo del conocimiento de un gobernante sino parte de su agenda consciente todo el tiempo: la salud (en medio de una epidemia), la educación (en medio de una epidemia y una crisis agencial) y las profundas divisiones de clase en Puerto Rico.

Porque sí.  En este rectángulo insular nuestro, famoso por su pequeñez, tenemos dos países.  En uno, llevamos en auto a los nenes a la escuela privada que escogimos con cuidado, les sacamos cuentas de banco para que aprendan a ahorrar, vivimos en urbanizaciones con acceso controlado, unas más caras que otras, unas con piscina y otras no, unas con servicio doméstico y otras no, pero todas ellas vendidas como “seguras” y con “buenos vecinos”, cambiamos de automóvil de vez en cuando por aquello de que no nos deje a pie, nos preocupamos por el futuro, por la universidad,  y nos indignamos cuando escuchamos que algún colectivo de vagos nos roba el agua y la luz que pagamos con el sudor de nuestra frente.  En el otro país, no hay seguridad de vivienda porque hay fila para plan 8, los caseríos están llenos, tenemos que pasar frente al punto camino a la escuela para llevar a los nenes, tenemos que vender chocolates o botellas de agua en la luz para comprar uniformes, no tenemos empleo en parte porque no estudiamos mucho pero en gran medida porque NO HAY empleo suficiente, no tenemos verdaderamente selección de escuela así que si la escuela del barrio está en problemas ni modo, comemos la comida más barata que es también la peor, y estamos (sorpresa!) más a la merced de males sociales, educativos, y de salud que otros sectores sociales.

La revelación de la existencia de ese segundo país es la que me acecha tras las fotos de Villas del Sol, fotos que recuerdan algunas favelas brasileras.  La realidad de que hay un montón de gente que no tiene casa ni acceso a una vivienda digna. Aquí.  En este país.

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Si la mejor respuesta práctica que puede generar el gobierno de turno es cortar agua y luz, si lo mejor que puede hacer y articular es la mano dura, otra vez, tenemos problemas serios. Porque la pobreza en Puerto Rico, con sus tasas de desempleo que llegan, aún en los estimados más generosos, al doble dígito, con el 80% de los niños del país en escuela pública y con cerca de la mitad de ellas en el llamado “plan de mejoramiento”, donde si calculáramos el total de personas que viven en plan 8, comunidades especiales, residenciales públicos, arrabales y zonas rescatadas obtendríamos una proporción sustancial de la población puertorriqueña…la pobreza no es una cosa aislada e infrecuente, ni una cosa criminal.  Es la realidad de un montón de gente. Y súmele la gripe y la crisis mundial.   Si nuestros líderes no pueden reconocer y bregar con eso, con que Villas del Sol no es una cosa excepcional, marginal, o criminal, con que el nuestro es un país pobre y que esa gente pobre también votó por ellos, no deberían liderarnos.  Están gobernando en otro país.

Imagen de las casetas tomada de universia.com.  Foto de Villas del Sol tomada de indymediapr.org.

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del narcotráfico y la marginalidad

walmart-evilUna noticia reciente en el periódico Primera Hora (pulse aquí para leerla, y gracias a al colega y amigo David por compartirla) reseña la situación actual del narcotraficante José García Cosme, a.k.a. “Papo Cachete”, preso desde finales de los noventa en una carcel federal tras declararse culpable de varios cargos de narcotráfico.  García expresa su opinión acerca de las fuerzas que lo condujeron, a él y a tantos otros, a envolverse en el trasiego de drogas, diciendo que lo motivaba “la ambición por el dinero, la ambición de tener lo que tenían otras personas”, lo que lo llevó a controlar un negocio multimillonario desde su residencial, Turabo Heights.  El recluso entiende que si el gobierno quiere prevenir que la juventud se meta en el negocio, y en la violencia que el mismo genera, tiene que “reevaluar sus estrategias”, en especial las de la llamada “mano dura” de intervención policiaca en los caseríos, y proveer más oportunidades educativas.

Resulta fácil reaccionar con desprecio, desde la altura moral (y moralista) que nos permite nuestro relativamente limpio estatus.  Resulta fácil decir “que tipo!”, juzgar su “ambición”, y asumir el asunto completo como un problema no tanto del país, como de los residenciales y otros espacios marginados que sirven como base de operaciones para este tipo de actividad delictiva.  Resulta facilísimo suponer que, con cupones y otras ayudas gubernamentales, el tema de la comida y necesidades básicas está cubierto para los pobres del país, de modo que la “ambición” que describe “Papo Cachete” se nos antoje casi un capricho, una forma de querer, de desear,  lo inmerecido. Resulta incluso fácil burlarnos de la sugerencia de García de que la policía no intervenga – después de todo, si hay drogas, la policía tiene que intervenir, ¿cierto?

Resulta fácil, pero no particularmente útil.  Porque de alguna manera, todo lo que dice ahí García es cierto.  Miremos por ejemplo el tema de la ambición.  Para empezar, cualquiera que se tome la molestia de comparar el monto total de los cupones típicamente otorgados a una famila de cuatro sabe que sencillamente..no dá.  Sirve para costear tal vez un total calórico más o menos adecuado, si la familia se dedica a consumir harinas refinadas y porquerías (después de todo, el refresco es más barato que el jugo, los granos refinados más baratos que los integrales, etc.)  Pero ese no es el issue central, me parece, de la ambición a la que se refiere.  Sí, las familias en el caserío, como el resto de las famlias del país, quieren darse unos lujos, quieren comprar la pizza del cumpleaños, pedir el catering del quinceañero, tener ropa nueva, comprar materiales escolares, y hasta botar chavos comprando porquerías.  Los nenes en el caserío, como los nenes en el resto del país, viven probablemente obsesionados con los aparatos electrónicos de moda: PSP, Gameboy, PS, etc.

La clave está en el colectivo: la “ambición” de la que habla Papo Cachete es una compartida por todos los sectores sociales en este pobre país nuestro, en su totalidad.  La enfermedad del consumo nos aqueja a todos y a todas.  Los “malls” siempre están llenos.  Vivimos endeudados hasta las teleras.  Queremos cosas, más cosas, muchas cosas, hasta que se nos llena la casa de cosas y las botamos y compramos otras cosas más nuevas, más brillantes, más bonitas.  Queremos pintarnos los pelos, coleccionar zapatos, tener carros nuevos, y asegurarnos de que el estilo de nuestras gafas esté “in”.  La gran diferencia estriba, probablemente, en que para el nene del caserío, la ruta de las drogas es una más visible y posible para obtener esas cosas en el corto plazo.  Y obtener esas cosas, como a cualquier otro nene, le provee estatus.  Y el estatus, señores, en absolutamente todas las sociedades humanas, es algo que la gente busca tener.

Hace algún tiempo, uno de mis hijos llevó unas maltas a una reunioncita de amigos, y lo molestaron porque no eran “de marca”, sino genéricas.  Nuestro intento de ahorrarnos unos centavos redundó en una pérdida de estatus para el muchacho.  Y no importó mucho – se le explicó el asunto, y santo remedio.  Pero el caso es que, en esto de vivir con menos, a veces es más fácil para una familia de clase media con unos recursos educativos particulares convencer a los niños de que deseen menos, que para una familia que vive en una comunidad marginal.  Después de todo, si yo opto por no tener televisión,  mis hijos tienen patio para jugar.  Si la señora que vive en el residencial caliente opta por no tener televisión, sus hijos se le van afuera, donde corren el riesgo de ser atraídos por la abundancia consumista del “punto”, o de ser jamaqueados por un policía “interviniendo”. (Piense en eso la próxima vez que vaya a criticar la antena de satélite en el techo del residencial más cercano – para algunas familias es un asunto de supervivencia). Otro tanto ocurre con los estudios: Los niños y niñas de las clases medias y altas escuchan el mensaje universitario desde la cuna.  Para el nene del residencial, la idea de la universidad es más distante, más abstracta, y estadísticamente menos frecuente.

De modo que aunque no admiro a este señor Cachete, ni me gustan las decisiones que tomó en su vida, reconozco dos cosas: Primero, que tiene razón.  Hace falta más educación, menos “mano dura”, más oportunidades reales, para los jóvenes que viven en comunidades marginadas.  Y segundo, que la culpa, la patología del narcotráfico, al final del día no es de los residenciales.  Es del país, es una patología mucho más amplia y profunda, tiene que ver con esa ambición idiota que tenemos como pueblo y que nos impulsa a querer poseer más cosas pero que no nos sirve para sacar el país hacia adelante, y al final del día, no la podremos atender hasta que no la reconozcamos como una patología de todos.  Seguir vapuleando, física, social y moralmente, a los residentes de los espacios donde la realidad del narcotráfico es más evidente y donde la población está más desprotegida NO es la solución.

Imagen de: http://willpen.wordpress.com

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picada de ojos: medicina amarga y violenta

rmontiel85_p5210162Según compartieran ayer en conferencia de prensa los doctores  José Gorrín y  Ana Parrilla, el informe de Estadísticas Vitales del Centro Nacional de Salud de Estados Unidos reveló que el 49.2% de los 46,636 nacimientos que hubo en Puerto Rico en 2007 fueron por cesárea. Ese mismo año, en EEUU, la tasa de cesáreas fue de 32%.  El índice de cesáreas de un país, según la Organización Mundial de Salud, no debería superar 10% o 15%. [Pulse aquí para ver la noticia completa en El Vocero.]

Todo esto es consistente con la experiencia cotidiana visible de ser mujer y estar embarazada en Puerto Rico.  La mayor parte de las mujeres que conozco han tenido sus hijos por este método.  En un caso reciente y querido, la pareja había esperado tres días con contracciones, tenía tanto comadrona como médico, y la madre había roto fuentes hacía días y estaba agotada. Parece una cesárea legítima, una de esas del 10% que recomienda la OMS, un caso de los que podríamos llamar “claros”.

Los demás casos se dividen en los “grises” (los de “podría ser, que sé yo, no soy doctora”) y los “descarados” (esos que producen un “por favor!!!!! cualquiera con dos dedos de frente se da cuenta de que hubo cesárea sospechosa, foul play, whatever.”)  Entre los grises está el de alguien muy querido a quien le practicaron una cesárea porque llevaba muchas horas pariendo, unas doce, y porque el bebé pesaba más de nueve libras. Puede ser.  Pero era primeriza, lo que quiere decir que el tiempo promedio de parto tiende a alargarse, estuvo un rato acostada con un monitor fetal, lo que también alarga los tiempos..No sé. Gris.

Entre los casos descarados, están las cesáreas que se hacen para proteger a la madre de los dolores de parto, las que se hacen porque el doctor o la doctora se va de vacaciones, las que ocurren para que todo coincida con la licencia de maternidad o paternidad, o las que, como las de alguien también muy querido, se hacen porque, en opinión del médico, la madre es “muy cobarde”, y no podría tolerar las dificultades naturales del proceso.  Esas que se calendarizan a conveniencia del médico porque la madre tuvo una cesárea anteriormente, o porque su madre y su abuela tuvieron cesáreas, o porque lleva gemelos.  O porque sí – también he conocido mujeres que tienen una cesárea calendarizada y no saben a ciencia cierta por qué.

Entiendo que Gorrín y Parrilla han dado en el clavo cuando denuncian la práctica excesiva de la cesárea (del latín cesaere, que significa ‘cortar’) como una forma subestimada  de violencia de género.  De hecho, el proceso completo de parir en Puerto Rico, de principio a fin, está plagado de momentos que son incongruentes con el hecho de que en la inmensa mayoría de los casos, parir no es un asunto médico, ni una enfermedad, sino un momento de transición que debe ser manejado de la manera más natural posible.  Desde las largas esperas a las que las mujeres embarazadas tienen que someterse para un examen de rutina en la oficina del médico; pasando por el tratamiento humillante en los hospitales donde las afeitan, las desnudan, y las ignoran por muchas horas; siguiendo con que las acuestan amarradas a un monitor fetal durante horas en una posición que atrasa el momento del parto y por ende aumenta la probabilidad de una cesárea; añadiendo insulto a la afrenta ofreciendo drogas como pitusina (una forma sintética de oxitocina, que acelera las contracciones y aumenta el dolor) para acelerar la cosa;  continuando, en casi la mitad de los casos, con una cesárea innecesaria, con frecuencia solicitada por la madre para atajar el dolor ocasionado por la pitusina; con la separación de su bebé,  inmediatamente después de parirlo,  para meter a ese nuevo humano en una incubadora que, en nueve de cada diez casos, no necesita, que interfiere con la lactancia,  y que sería perfectamente reemplazable por el calorcito de su madre…Y todo esto sin mencionar que al padre no lo dejan entrar sin un certificado, que otros familiares tienen que esperar afuera, y que la estadía (en la mayor parte de los casos innecesaria) en un hospital aumenta la probabilidad de una infección o complicación post-parto.

Claro que esta violencia médico-hospitalaria no es exclusiva del género.  Se practican otras formas de violencia medicalizada, algunas de las cuales nos son comunes a todos independientemente de variables de género, edad o clase, y otras que son particulares a ciertos grupos.  Algunos ejemplos reales: El concepto de “orden de llegada”, que nos hace perder días de trabajo y exponernos a todo tipo de microbios para evitar que el doctor pierda chavos (se parece al “overbooking” de las aerolíneas); una paciente de la reforma a quien tardaron muchísimo tiempo en tratarle un serio problema respiratorio porque su generalista evitaba hacer el referido de una buena vez; un ancianito diabético que espera, regularmente, siete u ocho horas para que lo atiendan en el internista, donde por cierto, no cuentan con suficientes sillas y la gente (en su mayoría ancianos) espera de pie;  la familia de un paciente pediátrico que necesita cirugía mayor y tiene que recurrir a pedir chavos en la luz, porque en esta democracia nuestra los transplantes dependen del estatus social o de la caridad.

Ahora que estamos en crisis económica y todo eso, aprovechemos para ahorrar dejándole las cesáreas, y las incubadoras (pulse aquí para el ejemplo latinoamericano del llamado ‘mamá canguro’), a aquellas madres e hijos que realmente las necesiten.  Haciendo alianzas entre médicos y comadronas.  Practicar medicina preventiva.  Y hacer que ese parto natural, y ese transplante de hígado o médula ósea, sean concebidos no como un privilegio de clase sino como un derecho humano.


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excomunión

glasscn_1451El Vaticano defendía ayer la excomunión de los médicos y la madre de una niña de nueve años.  A los primeros, por ayudarla a abortar fetos gemelos. A la segunda, por permitirlo.

“The regional archbishop, Jose Cardoso Sobrinho, pronounced excommunication for the mother for authorising the operation and doctors who carried it out for fear that the slim girl would not survive carrying the foetuses to term.” (Pulse para ver la noticia completa en AP)

Lo curioso es que la Iglesia ha excomulgado a la madre de la chica por autorizar la operación, pero no al individuo que la ocasiona.  Su crimen, el de violar y embarazar a una niña de nueve años de quien abusaba desde que tenía seis, es ‘menos grave’ que la terminación del embarazo:

“He also said the accused stepfather would not be expelled from the church. Although the man allegedly committed “a heinous crime … the abortion – the elimination of an innocent life – was more serious”.”

A las críticas, que por cierto, y por suerte, han sido abundantes, Cardoso ha respondido que” la ley divina está por encima de la de los hombres.”  Pero parpadeamos.  No sé.  Al menos en esta ocasión, los médicos que él define como asesinos parecen ser mucho, pero mucho más misericordiosos que el dogma católico,  ese dogma que le hubiese sumado al suplicio horrendo de la violación, el riesgo terrible de un parto de alto riesgo y de una maternidad prematura a un cuerpo y un alma de nueve años.

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mucho ruido y pocas nueces

hotblack_20070610_squirrel2¿Qué hace a un “experto”?  Me refiero a los personajes que adornan los programas radiales y televisivos con su conocimiento acerca de un tema particular.  Especialmente a aquellos que por alguna razón se convierten en visitantes regulares o incluso obtienen su propio espacio para “analizar” en vivo los temas del momento. ¿Qué hace que algunos de ellos tengan más éxito que otros? Tal vez esos tienen más conocimiento sobre el tema de su expertise?

Un ensayo reciente de Sharon Begley, resumiendo los resultados del trabajo del psicólogo Philip Tetlock, de la universidad de Stanford, sugiere que no necesariamente.  Tetlock ha estudiado la precisión de unas 80,000 predicciones realizadas por expertos, televisivos y radiales, mayormente en Norte América.  Sorpresa: Resulta que la habilidad para predecir de los expertos NO parece estar relacionada con tener o no un grado avanzado en el área, mayor acceso a información privilegiada, posturas políticas particulares, o muchos años de experiencia.  No, señor.  Y es curioso, porque esas son justamente las cualidades que las estaciones utilizan para mercadear o anunciar al experto en cuestión.  Pero estadísticamente, la relación más sólida descubierta por Tetlock no fue ninguna de ellas.  El indicador más fuerte de  la probabilidad de que la predicción de un experto  esté correcta es…la fama. El éxito mismo.

Excepto que la relación es negativa. Al revés.  Patas arriba.  Contrario a lo que nos parecería más lógico a primera vista, MIENTRAS MAS FAMOSO SEA EL EXPERTO, MAS PROBABLE ES QUE SE EQUIVOQUE EN SUS PREDICCIONES.

¿Irónico, no?  Una manera de explicarlo es la siguiente. Las mismas características que aumentan la popularidad de un experto son aquellas que hacen que tienda a equivocarse.  Tetlock dice que estos señores y señoras tienden a tener una Gran Idea – es decir, una obsesión particular, típicamente asociada a una postura política concreta e inflexible, y le aplican esa Gran Idea a…er…TODO.  Como el mundo y los humanos son bastante complejos, aplicar la Gran Idea en blanco y negro,  constantemente,  aumenta la probabilidad de error.  Pero también hace que las aseveraciones de los expertos suenen sólidas, claras, y consistentes. Y esa fuerza,  claridad, y consistencia parece gustarle al público.

Creo que el fenómeno no ocurre solamente en el vecino gigante a nuestro norte, donde trabaja Tetlock.  Ayer por la mañana escuché una muestra local en nuestra radio AM. (Ya sé, prometí no escuchar esas cosas, en esta entrada anterior, pero ya ven…no lo pude resistir…)  Escuché, decía, a un “analista” (ese es el nombre que le damos a nuestros “expertos”, en Estados Unidos los llamarían “pundits”) citando estadísticas con mucha convicción.  Los porcentajes que citaba estaban relacionados con una Gran Idea, una obsesión personal suya, que trae con frecuencia (y frecuentemente por los pelos) a su programa.  Y eran números distintos a los de la semana pasada.  Y tan erróneos (porque resulta que esa información, como tantas otras, está mas o menos disponible, si uno busca) como los de la semana pasada.  Se los estaba sacando, como decimos aquí, de la manga.  Pero los repetía, con firmeza, certeza, convicción, pasión, y energía. Y así es que nos gustan nuestros pundits:  Firmes, sólidos, incluso un poco gritones.  Su programa es, por supuesto, muy exitoso.

Abundan los ejemplos en la radio local.  Anécdotas descontextualizadas presentadas como “historia”.  Chismes vociferados como “dato” o evidencia.  Opinión planteada como “hecho” contundente.  Grandes Ideas, explícitas o implícitas,  como manera única de interpretar la realidad.  Ah, y los emplazamientos…..  A cada rato, y frecuentemente a gritos, emplazan figuras públicas a pasar por la estación a responder acusaciones.  O a escuchar al “pueblo” que los llama por teléfono.

Abundan también los ejemplos en la televisión norteamericana.  Por suerte Stewart nos ha resumido, eficaz y jocosamente, algunos errores predictivos, gritos, y emplazamientos de los pundits de allá en este video del Daily Show:

Gracias, Stewart!  [Que sistema el nuestro - tenemos que recurrir a los comediantes para que obtener noticias más confiables que las que podemos esperar de la prensa formal... Pero en fin...]

De vuelta a los pundits, locales o no.  Las cualidades que según el trabajo de Tetlock aumentan el éxito de las predicciones “expertas” son rasgos de personalidad y actitud que tienden a hacerlos menos, no más, populares.  Es decir:  los analistas más certeros hablan… ¡con menos certeza!  Son más cautelosos, cambian de opinion si es necesario, estudian mucho, están más abiertos a análisis alternos y se informan constantemente.  Aunque eso implique reconocer errores o quedarse callado.  Tal vez esos son los “pundits” que necesitamos, en cualquier parte del mundo.  Menos ruido. Más nueces.

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