Yo también tengo amigos yoítos, y de otras nominaciones: Una propuesta
Los disparates (que fueron muchos) emitidos por los legisladores que intentaban frenar un proyecto para impedir el discrimen laboral por razones de identidad sexual fueron motivo de gran hilaridad en salas, cocinas y redes sociales.
Y es que hay que reírse. No solamente porque es cómico. Las risas, intuyo, nos venían a las bocas por la misma razón que los médicos hacen chistes inapropiados en la sala de operaciones. Para bajar el estrés. Para no llorar. Para no obedecer el impulso visceral de lanzarle un tomate, o un automóvil, como Hulk, a estos individuos.
No me basta con reír, sin embargo. Tengo que parpadear sobre este asunto, aunque el post sea un recuento de lo más o menos obvio. A falta de tomate, sólo me queda el análisis. Y tal vez una propuesta cultural.
Porque cultural es, absolutamente, el subtexto de las declaraciones del legislador que aseguró tener “amigos lésbicos” y de “todas las nominaciones sexuales” y quererlos mucho a todos, así como el subtexto implícito en las declaraciones del otro aparato que alegó no solamente tener amigos gay en su lugar de empleo, sino incluso haberlos rescatado heroicamente de la muerte segura que hubieran sufrido a manos de sicarios que, aseguró el flamante senador, ¡también eran gay!
Amigos lésbicos. Nominaciones sexuales. Sicarios “gay”. ¿Cuál es el subtexto? ¿De dónde se agarran esas ideotas?
Se agarran, para empezar, de un espacio (casi vacío) al cual mal-llaman “valores”. Es un espacio, parafraseando a Pablo Milanés, breve y en el que no están los valores que en todo caso deberían estar presentes en una discusión oficial y un espacio legislativo. Valores como la equidad y la justicia. No, en esos espacios cognitivos solamente cabe la intolerancia, y alguno que otro “principio” derivado de una biblia que seguramente no han leído en su totalidad. Hearsay bíblico.
Pero hay algo más allí en ese espacio, sí. Si fuera intolerancia pura y simple rociada con un poco de biblia no insistirían en ese asunto de que tienen “amigos” de esas “nominaciones”, en salvarlos de la muerte y de sí mismos. Esa insistencia es lo más interesante de todo esto, y creo que es una protección inconsciente.
Por un lado, tener “amigos lésbicos” y ser capaz de quererlos los separa de su decisión legislativa. Es decir, como individuos, estos tipos son capaces de querer y aceptar a esas “otras nominaciones”, pero como legisladores, alegan, responden a valores más altos, valores que los superan.
¡Qué pena que el espacio de esos valores sea tan breve y no incluya los valores apropiados a su gestión!
Por otra parte, el alegato de tener amigos gay les permite acercarse a las personas que suelen llamar constituyentes pero que en toda honestidad, deberían llamar “votos”, porque claramente son los votos lo único que les importa. Y es que toda familia puertorriqueña tiene gente de “otras nominaciones”, y estos señores no desean enajenar por completo a los que votaron y votarán por ellos.
Ese es el kid de la cosa. Los disparates están diseñados, en esas pobres cabezas con breves espacios de valores y raciocinio, para que sus votantes los quieran. Y el voto es importante no para permitirles construir un mejor país con mejores leyes, sino para seguir guisando a costa del pueblo.
Aclaradas así su lógica y motivaciones, y ya que están tan interesados en nombrar (¿”nominar”?) y categorizar a las personas que no quieren incluir en las protecciones legales, propongo que nombremos a SU categoría.
Nomino así a LOS YOITOS como una nueva “nominación. Los “yoítos” son seres, como bien dice su nombre, guiados únicamente por su propio bienestar. El “yo”, su ego y su persona, es “tó”, o todo para ellos. Son yoítos, y hay que evitar que nos gobiernen, o al menos que nos gobiernen desde el yoísmo.
Yo también tengo amigos yoítos y de otras nominaciones por el estilo. No es personal, queridos legisladores. No los estoy discriminando.
De hecho seré mucho más generosa de lo que ustedes fueron con sus compatriotas de “otras nominaciones” el otro día. Propongo que la ley proteja a todos los puertorriqueños, incluso a los yoítos, de discrimen por motivos religiosos. Que los yoítos son libres de creer en el dios que le de la gana y de trabajar en paz en un espacio para el cual estén cualificados. Es más: propongo proteger el derecho de los yoítos a casarse con quien les dé la gana, aunque sea otra yoíta o incluso, otro yoíto.
Propongo, en suma, que los derechos de los yoítos, y de cualquier otra nominación, sean los mismos derechos que yo quiero para mí y que, bajo los valores más fundamentales de la democracia, merezco.
Printtodoxs somos lesbianxs
Para Lisi, con amor y solidaridad.RB
Mi perrita Lucy descubrió hace algunas semanas que aún en el frío de la primavera, podía encontrar un rayito de sol en nuestro patio. Acostadita allí, cierra los ojos, y estoy segura de que siente algo así como la versión perruna de la felicidad.
El senado aprobó hoy el proyecto de ley que legisla en contra de la discriminación por identidad de género.
En términos de impacto y legislación, es un paso pequeño. Pero su valor simbólico es inmenso. Es mi rayito de sol.
Es un paso para que nos encontremos, todas y todos, y hagamos alianza alrededor no de las identidades que excluyen y separan sino alrededor de las que incluyen y hermanan. Nos acerca a los verdaderos valores que el estado tendría que representar. Los verdaderos valores. No son los cristianos, aunque por supuesto que cualquier cristiano, incluso si es senador, especialmente si es senador, debe apelar a ellos. Son valores como el amor, la justicia y la verdad.
Son los valores que trascienden cualquier libro sagrado, y que nos permiten hermanarnos en pos de una causa justa.
Plagiemos a un senador confundido: Hoy TODXS somos lesbianxs.
Y nos calentamos a la luz de un rayito de sol.
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Printprimera(s) damas(s): un wish list
Acabo de ver el video en endi.com de la entrevista a las compañeras de los candidatos a gobernador de Puerto Rico. No quiero hablar mucho de lo que les preguntaron, ni de lo que ellas respondieron, porque me da bochorno y un poco de tristeza. Aparte de algunos momentos buenos, el contenido de la entrevista da ganas de salir corriendo y enterrar la cabeza en algun arenal, o tal vez algún libro.
Tampoco quiero hablar (aunque sí habría que hablar de esto) de la institución de la oficina de la Primera Dama. La misma es probablemente, como han denunciado algunas personas, anacrónica e ineficaz. Pero ese no es el asunto que me trajo a escribir el parpadeo de hoy.
Lo que me planteo es algo más práctico, más simple: Si damos por hecho que la estructura del proceso político es la que es, y que la estructura del gabinete es la que es, y que de momento no va a cambiar, tenemos de momento las siguientes condiciones límite: que junto al candidato (por lo general y en este caso un “él”) corre también su compañera; que ésta tendrá, si así lo decide(n), acceso a alguna influencia y visibilidad a través de la oficina de la primera dama; que esa oficina se dedica tradicionalmente a asuntos relativos a la niñez, a la juventud, a la familia y a la mujer.
He aquí mi pregunta, limitada y simplona, sí, pero legítimamente ciudadana: Dentro de esas condiciones limitantes, como ciudadana y votante, ¿qué esperaría YO de mi primera dama? ¿Qué me hubiera gustado escuchar de las “candidatas”?
1. Que se sacudan (ellas, nosotras/os y los medios) esa dicotomía implícita entre la “carrera” de la susodicha y las obligaciones y actividades de la oficina de la primera dama. Para mí la expectativa está bastante clara: Dadas las condiciones límite explicadas arriba, si mi primera dama tiene acceso a una oficina con algunos recursos para hacer un trabajo en pro del país, mi expectativa como votante es que lo haga, no que me diga que estará ocupada con su carrera y que va a hacer de primera dama con la mano izquierda. Claro que si la carrera es de nadadora, gimnasta olímpica o modelo de pasarela se justifica la angustia (después de todo esas carreras tienen un vida muy corta). Pero en todo caso, hay una decisión que tomar: usted quiere ser primera dama o no quiere. Si quiere, y si usted es maestra, notaria, contable, madre full-time, comerciante o cualquier cosa, tráigase esas destrezas a la oficina y trabaje por el país. Si no puede o no quiere (y esto también es legítimo) entonces NO sea la primera dama, ponga a otra persona en su lugar y permita que esa persona haga el trabajo y converse con los medios sobre él. Pero ese asunto de discutir hasta la náusea, a la Women’s Day, el “balance” entre la carrera y la oficina o peor aún, entre la rutina hogareña y la oficina, a la hora de votar, no me interesan.
2. Si le angustian las limitaciones temáticas de la oficina (ver condiciones limitantes, arriba), sepa que no está sola: a mí también. De hecho a mí me angustia la existencia de la oficina completa. Pero ya está en la carrera eleccionaria, está aceptando de momento la estructura tal y como está, de modo que los y las ciudadanas merecemos conocer su agenda. Desde esos temas tradicionales se puede contribuir (con iniciativas y proyectos propios, y apoyando o presionando a las agencias encargadas) a asuntos tan importantes como los derechos reproductivos de las mujeres, la violencia machista, la desigualdad educativa que aqueja a los niños y jóvenes del país, la (in) sustentabilidad alimentaria, la crisis en salud preventiva…En fin. Que si una va a meterse en esto de la política tal y como existe hay que tomárselo en serio, desarrollar agendas y asumir posturas.
3. Yo quiero y merezco conocer sus posturas sobre los asuntos de género y de equidad que están ahora mismo cultural, mediática, ideológica y políticamente sobre el tapete. Merezco saber si usted apoya los derechos de la comunidad LGBTT y los derechos reproductivos de las mujeres, por ejemplo. Merezco que si usted está, después de todo, dispuesta y destinada a ocupar un puesto político, esté igualmente dispuesta a discutir públicamente sus posturas políticas.
4.Finalmente, (aquí no hablo necesariamente de la entrevista reciente sino en general) que se rebelen ante las preguntas del machismo bobo, relativas a lo que cocinan o a lo que se ponen; y a las preguntas del faranduleo bobo, relativas a cómo se sienten y a su felicidad matrimonial. Estar enamoradas de su compañero está muy bien, y decirlo en voz alta también; pero limitar su rol mediático a ser “cheerleader” o reina de belleza no creo.
5. Y, si mis candidatas NO creen en la oficina de la primera dama y no piensan que esta debería existir, también es super legítimo! Que lo digan. Que expliquen porqué. Que inicien una conversación sobre las alternativas. Que aprovechen su efímera presencia en la palestra pública para iniciar una conversación sobre el asunto.
*10 se septiembre: Regreso a esta entrada para añadir algo. He visto los comentarios bajo las fotos de estas mujeres en varios medios públicos. Muy pocos de ellos contienen críticas legítimas. Encuentro particularmente ofensivos aquellos comentarios que se dedican tanto a halagar como a insultar los atributos físicos de las compañeras de los candidatos a la gobernación, tanto los que expresan aprobación (cosas del tipo :”que buena está”) como los que expresan desaprobación (tipo “que fea es.”) Rara vez se refieren a ellas por sus nombres-prefieren decir cosas como “la del medio” o “la de Alejandro”. No existen más allá de su ubicación en la pasarela o su relación (de pertenencia) con su compañero. Es ofensivo, humillante, desagradable y francamente, injusto.
El punto es que los modos en que el “desayuno de las damas” es problemático son varios, y complejos. Y que incluyen no solamente problemas de articulación de mensajes claros y transparentes por parte de los partidos (que era el objetivo de mi post original), sino las formas en que de algún modo conspiramos (los medios, los políticos, y nosotros, la audiencia misma) para perpetrar y perpetuar el machismo, el estereotipo y la misoginia.
desde el zaguán
Recuerdo cómo, durante la huelga estudiantil de 2010-2011, altos administradores universitarios (así como varios políticos, “pundits” y/o columnistas) se indignaban con los estudiantes que ataponaban los portones con sus barricadas y sus cuerpos, porque hacían que la universidad perdiese dinero. Un millón diario, gritaban. Más adelante, culparon al movimiento estudiantil por otras tragedias, incluyendo el caos de la beca Pell (que nada que ver tenía con la huelga, y sí con la incompetencia administrativa y el mal manejo del papeleo de rigor) y el peligro de perder la certificación de la Middle States (que radicaba, mayormente, en un asunto de “gobernanza”, de nuevo, un problema administrativo.)
De hecho, culpar a los huelguistas era tan usual que se convirtió en una especie de chiste, al menos en Mayagüez. “Es culpa de la huelga”, bromeaban, con alguna amargura, los estudiantes, cada vez que llovía, o cada vez que alguien se golpeaba un dedo, viraba un vaso, chocaba un auto, perdía el trolley, sacaba mala nota en un examen. “Es culpa de los pelús.”
Bueno, ahora resulta que la Universidad de Puerto Rico, a nivel central y en Mayagüez, está perdiendo una millonada en fondos de NSF. Propuestas en las que colegas docentes han invertido tiempo y esfuerzo y que habían sido tramitadas y recomendadas a través de un proceso estricto de revisión de pares en la National Science Foundation, propuestas que emplearían y entrenarían estudiantes graduados y subgraduados, propuestas que le traerían prestigio (y por ende mayor probabilidad de obtener otras propuestas) a la Universidad, propuestas completadas, propuestas aceptadas, propuestas por venir, imaginadas, todas ellas se van al zafacón en donde últimamente parecería que la administración ubica todo aquello que tenga que ver con calidad de la institución o tal vez, todo aquello que no entiende, y no quiere entender.
No me lo estoy inventando. Vea la carta de NSF pulsando aquí. La administración universitaria no está cumpliendo con la reglamentación de esa agencia, ya perdió los fondos vigentes y próximos, y se encamina a perder mucho más.
Me pregunto si en la Universidad nos dirán que es culpa de la huelga. Me pregunto si les importa que algunos de nuestros más brillantes investigadores han decidido renunciar, frustrados. Renunciar literalmente, abandonando la isla para proseguir carreras en universidades con administradores más competentes, o metafóricamente, aflojando los lazos emocionales con la institución, dedicándole cada vez más tiempo a actividades fuera de ella.
Este asunto se suma al recorte de cursos, la reducción de cupos, la entrega de terrenos, y el desastre con los papeleos de la beca Pell. Parecería que la institución ha decidido tener menos estudiantes, menos espacio y menos profesores. Menos importancia, menos relevancia en el país. Empequeñecerse, recortarse, replegarse, auto-mutilarse. Vine, ví, vencí, rompí.
La casa está tomada, dije en Parpadeando en el 2009 a raíz de la actividad policiaca en la Avenida Universidad. Me refería entonces al cuento de Cortázar, y lo vuelvo a resumir aquí:
En su cuento, “Casa Tomada“, Cortázar describe la toma implacable, en dos movimientos “simples, sin circunstancia”, del hermoso caserón antiguo donde viven dos hermanos, ella tejiendo, él leyendo literatura francesa. Primero “llegaron” (no dice quiénes. ¿Fantasmas? ¿Muertos? ¿Zombies?) por “el comedor, o la biblioteca”. Supieron de la presencia de esa otredad por el ruido-”impreciso y sordo, como un volcarse de silla sobre la alfombra o un ahogado susurro de conversación.” Se encerraron con llave en la otra mitad de la casa. Siguieron viviendo, pero “hubo pérdida”, como dicen por ahí. No les importó tanto perder el comedor, porque aún contaban con la cocina. Pero los libros, almacenados en la ahora inalcanzable biblioteca, sí dolieron. Se resignaron a la mitad del hermoso caserón. El hermano lector se dedicó a mirar a su hermana, virtuosa de la aguja, tejer. La vida continuó. Hasta que “la cosa” regresó – ésta vez más rápida. Más implacable. El mismo ruido, ahora en “su lado” de la casa. Sólo restó tiempo para salir al zaguán. Sin dinero, sin maletas. Habían quedado fuera de su casa, su propio hogar, heredado de sus bisabuelos, amado por sobre todas las cosas, ahora tomada por completo por…lo que sea. Una presencia opuesta, antónima, antipática.
Que no quede duda: los universitarios de toda pinta – los investigadores, los críticos sociales, los maestros, los activistas, los administradores decentes, los estudiantes, y las combinaciones varias y numerosas de esas categorías-estamos apiñados en el zaguán de una casa tomada.
postales desde el ocaso
Acabo de leer la columna (bueno, tiene poco más de 1200 palabras, de modo que no sé si sea una columna, o si su longitud la ubique dentro de algún otro género más laxo en cuanto a la economía textual) del ex-presidente de la Universidad de Puerto Rico José Saldaña. El argumento del autor es, por describirlo de alguna manera, complicado sin ser complejo, rígido sin ser riguroso, gritón sin ser sólido. La cosa es más o menos así:
- Partiendo de la premisa descriptiva de horrendos asesinatos con perfil similar, descritos como una dicotomía entre un criminal “sabandija” y una víctima valiosa con un futuro brillante, pasa a
- “demostrar”, aludiendo a ejemplos como una redada reciente, que la policía está haciendo un buen trabajo a pesar de
- estar intimidada por organismos tales como la ACLU y el Colegio de Abogados, que defienden criminales y que
- no acaban de aceptar que necesitamos con urgencia lo que Saldaña llama “grandes remedios”, entre los cuales destacan la implantación de la pena de muerte, el toque de queda y la eliminación del derecho a la fianza.
La palabra “sabandija” se repite con frecuencia en el texto y repica en mi cabeza. Repica porque funciona y porque no funciona, porque resuena pero es a la vez incómoda, cacofónica. Resuena porque frente a los crímenes que Saldaña elige para anclar su argumento, mi empatía naturalmente tiende a encauzarse en dirección a las víctimas, y especialmente las madres de las víctimas. Como académica y por ende parte de un sector relativamente privilegiado en el país, mi perfil se parece más al de esas madres que al de las madres de los asesinos, y el futuro de mis hijos está más alineado con el de Stefano que con el de sus victimarios. Aunque esa resonancia y esa empatía no dependen del todo de una cierta compatibilidad de clase: Hasta la madre de Alexis, uno de los dos participantes del carjacking, sintió, inevitablemente, empatía por esa otra madre, la de Stefano, que se quedaba ahora sin hijo, arrancado de su lado del peor modo posible.
Puedo imaginarme a Saldaña en otro momento histórico, en otro lugar, liderando o asesorando intelectualmente a una turba dispuesta a linchar a Alexis y a Menor, el otro joven, el que posiblemente le disparó a Stefano en la cabeza. La turba estaría movida por el mismo ímpetu de justicia y venganza que, sin el filtro civilizador del raciocinio y la ecuanimidad, nos convierte a todos en asesinos frente al asesinato, nos promete el alivio de asesinar al asesino, nos impulsa a renunciar a nuestros derechos ciudadanos y civiles para obtener la falsa seguridad de una policía y un ejército que, así amparados por una “necesaria” impunidad (sin ella, nos advierte Saldaña, estamos “castrando” a la policía), podrían protegernos mejor.
Es una pereza intelectual que, viniendo de un ex jerarca universitario, da miedo. Porque sabemos que la pena de muerte no ha funcionado como disuasivo criminal en los lugares en donde se ha impuesto. Porque sabemos también que hay muchos grises, en este pobre y corrupto país nuestro, entre las fuerzas dedicadas a protegernos y aquellas dedicadas a desangrarnos. Porque sabemos que la impunidad no nos protege, sino que nos amenaza más que la transparencia. Porque la marca de una civilización no es convertirse en la asesina formal de los que perpetran crímenes contra ella sino todo lo contrario. Porque la esperanza, la que le quede, a este país está más cifrada en nuestra capacidad, la que nos quede, de buscar soluciones pensadas para los problemas complejos y en evitar seguir disparando de la baqueta, con redadas, intervenciones, y legislaciones (a viva voz, porque la legislatura es cada vez más dada al grito y menos a la aritmética de contar votos) para criminalizar al que disiente. Porque arrestar a un activista disfrazado que protesta no traerá a Stefano de la tumba, y porque un país en donde ese activista puede ejercer su derecho a la protesta es un país en donde es menos probable que maten a un Stefano para robarle un carro, aunque esa realidad a Saldaña no le guste.
Si el asesinato arbitrario y cruel de Stefano de algún modo representa el ocaso de la esperanza en nuestra capacidad y voluntad de país, la columna simplona y grandilocuente de Saldaña representa, para mí, el ocaso de la capacidad y voluntad racional de la elite del país. En un libro reciente, Chris Hayes discute el concepto: La desigualdad extrema reduce el desarrollo psíquico, económico y cultural no solamente de los que menos tienen, sino también de los más privilegiados. Así, nos describe por ejemplo el caso del sur esclavista en la víspera de la guerra civil de Estados Unidos como un espacio donde ubicaban los individuos más ricos del país pero en donde su misma riqueza, y el uso inmoral de la mano de obra esclava para sostenerla, implicó menos riqueza para los estados del sur como región y menor capacidad para sostener su posición frente al norte. Puede leer más sobre el libro de Hayes aquí, y sobre la relación entre la desigualdad y el aumento de los crímenes violentos acá.
El punto es que la columna de Saldaña lee como un rayo de oscuridad, como una postal desde el ocaso de una elite cada vez más distante del grueso de la población, una elite con la capacidad para la empatía atrofiada, una elite que se presenta como intelectual pero a la vez es incapaz de proponer soluciones más allá de la venganza, el odio visceral, y el uso de la violencia para combatir a la violencia. Una elite que descarta el informe de la ACLU sobre la corrupción policiaca como “izquierdista”, que acusa al colegio de abogados de proteger a los criminales para hacer dinero defendiéndolos (!), que menciona los crímenes que afectan a los hijos del privilegio pero opta por no mencionar a los que afectan (y son tantos!) a los pobres: la niña muerta a manos de su padre, las mujeres asesinadas por sus parejas, los niños baleados en tiroteos y los jovencitos que día a día optan por arriesgar la vida propia y ajena en el sucio negocio del narcotráfico. El entrelíneas es que esas víctimas no merecen nuestra simpatía y nuestra acción.
Saldaña prefiere llamar a los asesinos “sabandijas” repetidamente, tal vez porque pensarlos como una plaga no humana, como cucarachas ponzoñosas, sierpes malintencionadas o ratas nucleares, para así matarlos sin reflexión y sin culpa, resulta más fácil para una elite en pleno ocaso que mirar asesinos a los ojos, reconocerlos como nuestro espejo y nuestra creación, y buscar soluciones valientes, cuidadosas, pensadas. Porque es más fácil destruir sabandijas que construir país. Porque es más fácil azuzar a las masas que contribuir a que las masas piensen. Porque hemos renunciado a pensar y esa renuncia es la misma que pone a mi vecina a ver la comai en lugar de leer un buen libro, la misma que pone a Saldaña a exigir la pena de muerte en lugar de usar sus 1200 palabras en un periódico de circulación amplia para ponernos a pensar con alguna profundidad, la misma que pone a Alexis y a Menor a buscar un carro a tiros en lugar de sentir empatía por el joven que han decidido matar, la misma que hace que el policía prefiera rajar una cabeza que investigar un crimen, la misma renuncia, es la misma renuncia, es la misma, y nos está asesinando al país.
¿Por dónde parte la soga?
¿Por dónde parte la soga? Por lo más fino. Y en el caso de las crisis, las externas y las internas, de la Universidad de Puerto Rico, lo “más fino” son las/los estudiantes.
Tome los cambios recientes, a nivel federal, en la elegibilidad de la beca Pell, la beca diseñada para que los estudiantes de escasos recursos económicos puedan estudiar. El tope es ahora seis años para un grado de bachillerato. Si en efecto los estudiantes en la UPR tuvieran acceso todos los semestres a los cursos que necesitan para mantenterse al día en su currículo y poder así graduarse en cuatro años, no habría problema. Pero el caso es que el proceso de matrícula NO es así. Todos los semestres, los cursos requisito se llenan y miles de estudiantes se quedan en lista de espera. Todos los semestres, estudiantes que estarían dispuestos a tomar quince o dieciocho créditos se quedan con doce, si tienen suerte. A veces no llegan a doce, y se tienen que ir, porque necesitan doce para obtener la beca. De doce en doce, nadie puede graduarse en cuatro años. Y el encarecimiento de los cursos de verano hace más difícil la alternativa de completar los créditos necesarios de ese modo.
La soga parte por lo más fino. Y lo más fino, en el caso del tope de seis años de la beca Pell, son los estudiantes que necesitan de la beca para estudiar, esos estudiantes que van, no por elección sino porque no hay espacios suficientes, avanzando en su currículo de doce en doce.
Pero bien dicen que las tragedias no vienen solas. Al tope de seis años, una crisis externa causada por la legislación federal, se le añaden medidas internas a nivel de sistema y de recinto. En el sistema, los estudiantes enfrentan una cuota de $800 que aunque muchos insistan en no creerlo, hace que mucha gente se tenga que ir. Mire el caso de un joven que llamaré Javier. Buenas notas, estudioso, trabajando part time para ayudarse y mantener a su hijita bebé. Residente de un caserío cercano a uno de los recintos grandes. Hace algún tiempo se tuvo que ir a trabajar, porque no tenía dinero para pagar la cuota y alguien en la oficina de asistencia económica le negó la prórroga necesaria para poder pagarla a plazos. No es sólo una pérdida (de oportunidad educativa y de movilidad social) para Javier: Es una pérdida (de talento y recurso humano) para el país.
Pero al parecer, al país no le importa que la soga parta por lo más fino, y que lo más fino sean los estudiantes.
A esas dos tragedias se les suma una tercera, completamente autoimpuesta y típica de los colectivos que deciden atender sus desafíos apuntando el dedo acusador y la medida represiva hacia algún chivo expiatorio. En el recinto de Mayagüez , Colegio, al que amo y al que pertenezco, han pasado por ejemplo medidas recientes para atender el problema de las bajas parciales. El subtexto de las medidas es claro: las bajas son culpa de los estudiantes, y los estudiantes que se dan de baja deben ser castigados. De ahora en adelante, ha anunciado el decanato de Asuntos Académicos, si un estudiante se da de baja de un curso, independientemente de su turno pierde la oportunidad de matricularse en el mismo durante los primeros días de matrícula.
Para los colegiales que han pasado por el proceso de matrícula, ya sea como estudiantes o como administradores, las implicaciones de esa regla están claras: Si usted se da de baja de un curso de alta demanda (matemáticas básicas, por ejemplo), a usted se le hará doblemente difícil conseguir ese curso y si lo consigue, será con el profesor que nadie quiere o en el salón dónde la voz del docente no se oye o la pizarra no se ve.
Todo esto en un mundo donde la educación universitaria se vuelve cada vez más crítica para obtener empleos y mover países hacia adelante, y en un país en donde la universidad pública al parecer ha decidido achicarse. Supongo que hemos decidido que nuestros estudiantes más pobres, y sus becas, deben irse a los institutos y universidades privadas. Que la educación pública se reducirá en alcance y tamaño. La “reforma universitaria” se hace a punta de tijera y puñal, y con la complicidad de los profesores y empleados que al parecer estamos más dispuestos a dar la batalla por el plan médico y los derechos adquiridos en el convenio que por los miles de estudiantes que se escapan por los agujeros de certificaciones punitivas, incompetencia administrativa, dejadez docente, y reducción de espacios y de ayudas financieras.
Recuerde el número fatídico que la Junta de Síndicos y el pasado presidente De la Torre usaron con tanta frecuencia en los medios: 50,000. Todos sus cálculos estaban basados en una universidad con 50,000 estudiantes. Y la universidad, a su llegada, tenía aproximadamente 65,000. ¿Cuántos se han tenido que ir? No lo sé. Y al parecer no preguntamos. El conocimiento es poder, dice el refrán, pero estamos a oscuras. ¿A dónde se han ido? Tal vez a su casa. Tal vez a chiripear en la calle, y digo chiripear, porque trabajo formal sabemos que no hay. Tal vez a una universidad privada, donde pagan más y se gradúan menos.
Si de verdad estuviéramos buscando soluciones, y no chivos expiatorios, a problemas como las bajas, estaríamos mirando como buenos ingenieros (no en balde, pensaría uno, que somos el recinto especializado en las ingenerías) el problema en su conjunto, identificando cursos requisito con alto volumen de bajas, e invirtiendo en esos cursos nuestros mejores profesores, nuestros mejores salones, y nuestras mejores tecnologías para maximizar el impacto de ambos.
En el Colegio, por cierto, hicimos un experimento así. La combinación de una profesora efectiva, avalúo continuo mediado con tecnología de clickers, y sesiones adicionales de práctica, logró aumentar las buenas notas y reducir significativamente los fracasos y las bajas en un curso de pre-cálculo. La inversión quedó más que compensada por los ahorros netos de las repeticiones evitadas. A pesar de sus buenos resultados, aún no se ha implantado de manera más amplia.
Y es que el punto, al parecer, no es solucionar: preferimos buscar el chivo expiatorio, y dejar que la soga parta por lo más fino. Y lo más fino, señores, son los estudiantes más pobres del país, que necesitan de la beca para estudiar y que mientras más pobres, más probablemente llegan con el tipo de necesidad académica que conduce a una baja en un curso “filtro” típico como las matemáticas. Los profesores hablan con frecuencia de “aquel estudiante” que se daba de baja de todos los cursos que no le gustaban, irresponsablemente. Ese estudiante existe, pero NO es la norma. ¿Cómo es que no hablamos de los casos en dónde dos profesores distintos, con el mismo curso, y los mismos exámenes, obtienen resultados radicalmente distintos en términos de bajas y fracasos? ¿Cómo es que no identificamos a los profesores exitosos y les damos el apoyo que necesitan para enseñarle a más estudiantes? Y a los que presiden cursos con excesivas bajas y fracasos, ¿cómo es que no les proveemos desarrollo profesional para hacer un mejor trabajo en el salón de clases, o alternativas de enseñanza lidiando con estudiantes menos vulnerables, o con cursos más avanzados?
Evidentemente preferimos que la soga parta por lo más fino, aunque lo más fino sean los estudiantes. Los cambios en legislación federal los atacan desde afuera. La cuota los ataca desde la administración central. Las medidas punitivas y la dejadez de nosotros los empleados los atacan desde sus recintos. El resultado de tanto ataque al estudiantado más vulnerable no será una mejor universidad, sino un peor país.
ángeles y demonios
Es difícil escribir parpadeos de lejos. Por definición, son usualmente narrativas en la primera persona que me permiten el participar, ver, o al menos estar territorialmente cerca del asunto. Pero hoy en el espacio entre mi isla y yo se asoman, hambrientos, sonrientes, los fantasmas del escritor ausente, los demonios pequeños, traviesos y mezquinos de la soberbia suave, el juicio mal disimulado, la crítica sin amor del pasajero de la guagua aérea que mira desde el otro lado de el enorme charco del Atlántico. Un charco que por supuesto, no es neutral.
Yo distraigo a mis demonios dejándolos tomar de mi café. A veces les doy chocolate. Cuando se pasan de la raya y tratan de treparse sobre el teclado, los miro mal y escribo sobre ellos, de ellos, desde ellos. No falla, la honestidad no les gusta. Se retiran decepcionados, fruncidos, como el Gollum de Tolkien. Juegan con mi pelo, desordenan mi escritorio, pero me dejan escribir.
Y hay tanto que escribir, y son tan fáciles, tan descubiertas, las metáforas, que casi casi se salen de la retórica e irrumpen, violentas, en el ámbito de la literalidad. Reconsidero ese “casi.” ¿Qué mejor metáfora para nuestra construcción tradicional de “la nación”, eternamente frágil, inocentona, vulnerable y estereotipada, que los estudiantes de una escuela elemental en Cayey vestidos todos de jibaritos y jibaritas?
Imagine la escena. Está en los periódicos. Los niños y sus maestras celebran el día de la puertorriqueñidad. (Whatever that means, murmura uno de mis demonios, y yo lo cito, para que se calle.) Las niñas con sus faldas blancas y sus cinturones rojos, con sus cabellos trenzados amorosamente por alguna madre, tía, o vecina. Los niños con los pantalones blancos y las pavas que representan el resultado de nuestra extraña negociación, en el siglo veinte (y todavía), con la historia violenta de centurias de complejidades raciales y de clase, una negociación que de algún modo redundó en el ensombrerado campesino, de blancas ropas e igualmente blanca tez, como símbolo nacional. Fuera quedaron la negritud, la costa, y el indigenismo. Pero me salgo del tema. El caso es que los niños estaban vestidos de jibarito y que, si le pongo a mis diablillos (que no son del todo malos, ojo, son mas bien malévolos) el pie en el cuello para que sepan que en mi teclado mandan, de momento, reacciones más positivas, puedo imaginarlos con ternura (a los niños, no a los diablillos) bailando y cantando, celebrando a la nación en su escuelita forrada de encantadores dibujos con mensajes como “alto a la violencia”, y “no tener miedo.” La escuelita pública, ese otro símbolo de la nación y sus aspiraciones.
Y entonces, frente a la escuela misma, frente a la metáfora de la nación frágil e infantil, frente al maltrecho templo a la niñez y sus posibilidades, de su capacidad para la aritmética, la lectura, y la convivencia, frente al deseo, tan básico, tan humano, tan razonable, de paz para la infancia, allí mismo, allí alfrente, un sicario mató al padre de dos de los jibaritos. 12 disparos, doce balas, en el cuerpo de Ángel González, que iba a recoger a sus niños en compañía de su esposa.
Mis diablillos ríen, traviesos, y se beben lo que queda de mi café. ¿Ángel, se llamaba? ¿En serio? En serio. Ángel murió asesinado frente a la escuela de sus dos jibaritos, a pocos metros de los carteles que leían “Alto a la violencia en Puerto Rico” y “Porque si tienes miedo, los criminales se van a apoderar de todos”.
Printgárgolas sin catedral
En estos días hay muchas razones para preocuparse por el futuro de la Universidad. Y del país.
A la entrada estrepitosa y violenta de la policía en los predios de la Yupi se le sumó la salida no tan violenta pero igualmente estrepitosa del presidente De La Torre, quien se llevó enredada consigo la tapa de la olla de grillos de la manipulación político-partidista tras bastidores. Grillos cuyo eco, por cierto, ya habíamos por supuesto escuchado, pero igual, quedaron plasmados en el periódico de récord sin que los acusados del susodicho manipuleo sintieran por ello la menor inclinación de explicar algo. La matrícula se redujo dramáticamente. El director del periódico Diálogo ha sido despedido de sopetón y reemplazado por alguien en nombre de una “reconstrucción”. Han despedido también a los directores de CAUCE en Rio Piedras y del Instituto de Investigaciones Interdisciplinarias en Cayey. En la legislatura autorizan una alocada “permuta” que le quita a la UPR tierra cultivable y continua a cambio de un grupo de parcelas inconexo e incoherente. Y un “comité asesor” anuncia que ya tiene un borrador de recomendaciones para “responder a los retos contemporáneos” que plantea “la sociedad del conocimiento”.
Si algún reto caracteriza la “sociedad del conocimiento”, llámele así a la modernidad del presente o llámele como quiera, es la necesidad imperiosa de buscar la sustentabilidad. Usted sabe: proteger los recursos no renovables, garantizar cosas como acceso a agua y aire limpios, ese tipo de cosa. Y desde la Universidad, a pesar de las nubes negras que sobre ella se ciernen, voces de cordura llevan tiempo hablando en contra del Gasoducto. De un lado, universitarios como Arturo Massol, Agustín Irizarry, Efraín O’Neill, Gerson Beauchamp y otros llevan un mensaje cuidadoso y articulado repleto de datos, hechos, referencias, y sugerencias alternativas. Del otro, los representantes gubernamentales nos venden el eufemismo de la Vía Verde en la factura y nos anuncian, de cuando en cuando, que han obtenido otro permiso más.
Si en serio creemos en eso del “conocimiento”, hoy más que nunca es crucial preservar la autonomía de las voces universitarias que permiten y nutren un despliegue de intelectualidad pública como el que hemos visto en contra del gasoducto. Las voces de los colegas que con paciencia, erudición y buena voluntad comunicativa nos hablan hoy representan una de las facetas más hermosas de la universidad pública: la capacidad y el deseo de informar responsablemente los asuntos públicos.
Sus voces, sin embargo, caen en el vacío de la falta de interlocutor. El pueblo los escucha, la prensa les da foros, pero el gobierno que representa los intereses contra los cuales se expresan ha seguido consistentemente la estrategia de no dialogar-ni pal cará.
Cuando el comité que estudia el futuro de la UPR ofrezca sus recomendaciones, y si las mismas de hecho proponen el fin de la permanencia y otras cosas que permiten que gente del calibre de los que hoy se expresan contra el gasoducto puedan hacerlo, sabré que lo que llaman “sociedad del conocimiento” no es sino otra instancia (¡otra más!) de lenguaje orwelliano. Que lo que se busca es rechazar el conocimiento, especialmente si el mismo resulta inconveniente. Que lo que se busca es el oscurantismo.
En peligro las becas Pell. En peligro el acceso a la educación superior.
Columna publicada en el Nuevo Día de hoy sábado. Pulse aquí para visitar el original en endi.com.
Últimamente muchos se cuestionan el verdadero valor de un grado universitario. Pero lo cierto es que alcanzar un grado universitario aumenta las probabilidades de obtener un empleo, así como la calidad de vida, el salario promedio de un empleado y su potencial contribución al fisco a través del pago de impuestos.
Nuestros estudiantes puertorriqueños saben esto, y por ello se matriculan en grandes cantidades, cada año, en alguno de los programas universitarios disponibles en la isla.
En gran medida, pueden hacerlo gracias a la existencia de ayudas financieras, la más importante de las cuales es la beca federal Pell. Un total de 276,549 estudiantes en Puerto Rico reciben beca Pell, incluyendo dos de cada tres estudiantes matriculados en alguno de los recintos del sistema de la Universidad de Puerto Rico.
Pero las becas Pell corren peligro y el silencio de nuestros políticos con respecto a ese peligro no deja de asombrar. Hace algunos meses, nuestro comisionado residente, confiadamente, indicó que no habría recortes a la beca Pell. Sin embargo, en estos momentos, tanto la Cámara como el Senado estadounidenses discuten proyectos de presupuesto y muchos de esos proyectos, algunos con apoyo de ambos partidos, incluyen propuestas que cortan significativamente los fondos asignados al programa Pell.
El presupuesto aprobado por la Cámara recientemente reduciría significativamente la elegibilidad de la Pell y también reduciría el máximo de beca a $3,040 por estudiante por año. Eso es $2,010 menos que el máximo actual.
En Puerto Rico, ello implicaría que cerca de 22,000 estudiantes que hoy reciben beca Pell ya no serían elegibles y la perderían, y que aquellos que mantengan su elegibilidad experimentarían una reducción promedio de $1,881. Ello justo después de que la matrícula de la universidad menos costosa de la isla ha sufrido un aumento de $800 por año, y que la inversión promedio anual de un estudiante en libros de texto y materiales ronda los $1,137.
Tenemos un gobernador republicano y un comisionado residente demócrata. ¿Qué están haciendo ambos para evitar lo que a todas luces sería un desastre para la educación puertorriqueña?
no queremos ángeles

Una niña de cuatro años ha muerto ahorcada por su padre.
¿Qué decir? No hay nada que decir. Mejor dicho, yo no tengo nada que decir. Si fuera un suceso aislado, una ocurrencia extraordinaria, podría escribir “es un suceso aislado, una ocurrencia extraordinaria”. Pero no lo es. Es uno de tantos crímenes monstruosos, monstruosos porque en ellos no podemos siquiera hallar el consuelo de algún raciocinio, de cualquiera. El de la ambición, por ejemplo. El del odio. El del fanatismo. Algo horrendo, pero al menos inteligible, o no tanto inteligible como familiar, reconocible.
El hombre se suicidó de inmediato. Había sido acusado de violencia doméstica recientemente.
Es el sin sentido extremo, la patología desnuda, el fétido vapor del basurero moral sobre el cual, en el optimismo inexplicable del que somos capaces los humanos, seguimos construyendo vidas y proyectos. Y no da visos de amainar.
Cuatro añitos.
Tenía cuatro añitos, y eso es intolerable. La imagen de esa nena me persigue. Su rostro desconocido y tierno se mezcla en mi imaginación dominical con las caras maduras y austeras de Sábato y Saramago, que con un gesto de cariñosa decepción me dicen, sin decirme, te lo hemos dicho, pelotudita…que así están las cosas, así está el mundo.
¿Se está poniendo peor? ¿Hay más crímenes de estos en las estadísticas nacionales? ¿O es que sencillamente salen con mayor frecuencia en las primeras planas?
Sus familiares declararon que su padre no la había llevado al punto acordado de encuentro la noche anterior, y que por ello llamaron de inmediato a la policía. Una ex dijo que el hombre la despertó de madrugada para pedirle perdón. Una abuela contó que la nena, la misma nena, con su voz de nena, la llamó tras haber marcado el número con sus deditos pequeños de nena y le pidió que la fueran a buscar, que su papá estaba “como loco”…
¿Y qué uno hace? ¿Dejar de leer noticias? ¿Enajenarse? ¿Dejar el cuerpo del asesino a la intemperie, como hacían algunas culturas antiguas, para garantizar su eterno tormento? ¿Desarticular puntos de droga? ¿Rezar? ¿Buscar alguna explicación en las entrañas de un cerdo, o en la borra del café de media tarde?
¿Decir, como dijo el superintendente interino en el Senado hace un par de días, que la violencia doméstica no es asunto de la policía?
¿Balbucear alguna cosa sobre los “valores” y su ausencia?
¿Escribir?
Si fuese mínimamente inteligible, sería menos desgarrador…Tal vez por eso es que los comentarios de los lectores de los periódicos me dicen cosas como que “todo está escrito”, me hablan de “el día del juicio”, anotan que “es culpa de la madre, por no saber bregar con los problemas matrimoniales” o tratan de venderme alguna cosa con un estratégicamente colocado spam…
Alguien calificó al hombre como “un buen padre”, y a la niña como “un angelito.”
Printel nombre de la torre
No sé ni para qué miro el video provocadoramente titulado “De La Torre se confiesa“. La “confesión” en cuestión la conocíamos. Yo no soy malo, estoy frustrado, me engañaron, me obligaron a hacer nombramientos, tomaron decisiones por mí, y luego me dejaron solo….Pues sí, le creemos. ¿Y?
Supongo que una lee y mira esas cosas, esas “confesiones” que no son tales, en búsqueda de cierre, de eso que en Hollywood y en el self-help llaman closure. No siento odio por este individuo. Ni siquiera ira, francamente. Un poco me lo imagino en su casa, un abuelito (no MI abuelito, MI abuelito jamás hubiese aceptado una invitación como la que le hicieron a De La Torre, hubiera dicho mmmmm, como el jibarito que nos dice que no fía), un abuelito, decía, con una saludable opinión acerca de sí mismo y de sus logros académicos y administrativos, y con la aspiración razonable de dejar alguna impronta en la historia del país antes de ponerse a viajar con su señora. Me lo imagino en su butaca, sopesando la cosa, preguntándose podré correr la universidad, y contestándose que sí, que podría hacerlo. Digo, y en el país donde el Chuchin es senador y Maripili es empresaria, tal vez no debe extrañarnos que este señor se haya empezado a imaginar presidente de la Universidad…
Dicen que el poder corrompe. Lo que no te advierten es que el poder corrompe a priori, que no es sólo el poder actual, presente, sino el acicate del poder futuro, del poder posible…Es más, creo que ni siquiera es el poder: Basta con un poco de reconocimiento, una distinción, un título sonoro e importante (Señor Presidente, tiene al Secretario de la Gobernación en la línea uno) y nos derretimos, nos hacemos una porquería, empezamos a aceptar lo inaceptable. Al menos a juzgar por las confesiones de este señor. Porque desde el principio, dice, el nombramiento estuvo sujeto a que él a su vez hiciera unos nombramientos particulares. Luego sujeto a ser espiado. Luego sujeto a no tomar ninguna decisión por su cuenta, sino más bien a acatar las que por él se tomaban. Y entonces, dice, la traición suprema: Lo dejaron solo.
Una vez escuché a un buen líder, a un líder sólido, decir que había que tener unos valores básicos, fundamentales, y dejar que fuesen ellos los que dictaran la acción cotidiana en el ejercicio del liderato. Me pareció una obviedad, la primera vez que lo escuché. Pero es más difícil de lo que suena. Se trata de la capacidad de mirar la tentación (del poder, del reconocimiento, del ego, de la vagancia, de la dejadez, de lo fácil, de lo estereotipado, de lo aceptable) a los ojos, alinearla con los valores más esenciales, y si no cuadra…dejarla atrás. Decirle que no.
En este caso, tan pronto como escuchó “te dejamos ser presi, pero tienes que nombrar a esta gente, y tomar estas decisiones…” en ese momento, y no un año después, el líder que aspire a dirigir los destinos de la Universidad del país tiene, TIENE que ser capaz de decir que no. Es de humanos ceder, por supuesto que sí. Pero es de humanos que no están capacitados para presidir la universidad, una institución que más que ninguna otra necesita una independencia de criterio básica no sólo para funcionar sino para ser.
Veo y leo la entrevista de De La Torre, y sí que me da un poco de lástima. La universidad está rota, tal vez irreparablemente rota, y este señor participó (de algún modo, tal vez pasivo) en su ruptura, y ahora intenta (de algún modo, tal vez pasivo) rendir cuentas…Evidentemente se siente traicionado. Supongo que es un sentimiento razonable. Que ciertamente ha sido traicionado.
Pero un picor mental, una imagen borrosa, me atormenta: Un monumento en llamas, tal vez una fabulosa, laberíntica biblioteca medieval, como la de Eco en El Nombre de la Rosa, se quema todo, se quema tanto, y un hombre se queja, porque le han chamuscado un dedo, es más, la mano entera…¿Cuál es el crimen de verdad? ¿Traicionar al retirado que una tarde decidió, sentado en su poltrona, que el título “Presidente” le caía bien? ¿O herir de muerte a la institución, a la idea, a la casa de estudios, de la rebeldía, del error y la contrapropuesta, de la apuesta, más o menos siempre perdida pero viva, viva mientras le quede conocimiento y praxis, de la apuesta, decía, a la democracia de verdad, la que se ejerce con la mente y el corazón, no con el voto y el bolsillo?
Un señor, aturdido, traicionado, se lame las heridas, mientras la universidad pierde lustre, potencia,esperanza y gente. Al fondo, una torre en llamas. Tal vez el rosado de un crepúsculo gentil.
Printrecortes al futuro
Otra vez. Se tranca la economía, y algunos (muchos) políticos a nivel federal (bueno, a todos los niveles) buscan ahorrarse unos pesitos metiendo la mano en los (cada vez menos) espacios diseñados para preservar alguna movilidad social en Estados Unidos.
En esta ocasión pretenden, y plasman orgullosamente en el presupuesto aprobado el viernes pasado por la Cámara de Representantes para el 2012, recortar dramáticamente los fondos destinados a la beca Pell. De un máximo actual de $5,550 anuales, ahora pasaremos a un máximo posible de sólo $3,040.
Esto afecta a todos y todas los/as estudiantes pobres y de clase trabajadora en Estados Unidos. En Puerto Rico, donde la universidad pública es (por el momento) más barata pero el salario promedio es mucho más bajo, será probablemente catastrófico también. Combinado con el potencial encarecimiento de la UPR que se nos viene encima, este asunto de la reducción de la Pell es muy grave.
!No espere por Pierluisi! Ya la Cámara se pronunció, pero estamos a tiempo: visite esta página para leer más y para firmar la petición que Ed Trust está circulando para ejercer presión en el Senado en Washington:
SPEAK UP: Tell the Senate to save Pell
Firme la petición. Si la Pell le permitió a usted y/o sus hijos/as estudiar, puede contar su historia allí mismo. Firme, firme, firme….la cosa urge.
Printhyde?
…it was the best of times, it was the worst of times…empieza una gran novela de Dickens. Un poco así me sentí ayer, cuando ví, incrédula, las imágenes de una turba estudiantil atacando a la rectora de Rio Piedras.
Era una turba. No se trataba, me parece, del movimiento que he visto actuar en tantas otras ocasiones. No sé si algunos de los actores eran los mismos. Tal vez sí, tal vez no.
Pero el movimiento es el que se reunió, una y otra vez, a conversar y debatir entre sí, a construir posturas concertadas, a hacer democracia desde abajo y hacia los lados, a exigir diálogo, a resistir pacíficamente, a inventar, escribir, comunicar, crear. Ese es. Porque si algo ha aprendido el país de sus estudiantes, es la importancia que tiene pensar y discutir , en colectivo, para la democracia. Y de preservar los espacios para ello.
La turba es la que (frustrada) ataca y grita. La que le permite al oponente cínico asumir el high moral ground. La que arroja objetos, la que ataca a su enemigo con las armas que lleva ya algún tiempo repudiando. Con las que todos debemos evitar.
Con toda mi alma espero ver de nuevo al movimiento. Para turbas-ya tenemos a la legislatura.
Printsorpresa
Es cierto que no debería sorprenderme. No deberíamos. Digo, si fuéramos seres perfectamente racionales, de seguro no lo haríamos. Pero no somos seres perfectamente racionales, y aún nos sorprendemos cada vez que Chuchin farandulea, cada vez que Chemo monta una expedición para cazar gárgolas, y cada vez que Evelyn dice un disparate; Nos sorprendemos y decepcionamos al descubrir (¡como si alguna vez hubiese estado ‘cubierto’!) que el hombre que nos gobierna está viviendo en otro país; Nos sorprende que la rectora de la Yupi se encierre en su oficina en medio de un motín, o que no solamente acepte sino que solicite activamente la presencia de la policía (armada, montada, y numerosa) en el recinto centenario.
Seguimos abriendo la boca en un clásico gesto de sorpresa cada vez que el presidente de la universidad del país abre la suya para acusar a los estudiantes de toda y cualquier violencia, para llamarlos anarcolocos, o para regañarlos por andar propasándose con eso de la libertad de expresión.
Cierto que no debería sorprenderme. Pero me sorprendo, y sospecho que tú, lector, también. [Me ha dado hoy por hablarle al lector de tú, como hacen los gobernadores en sus discursos.] Vamos, lector, haz la prueba. La próxima vez que el liderato político, incluyendo el universitario, diga o haga alguna barbaridad, como eso de ponerse a beber y a gritar durante el discurso del gobernador, dentro del capitolio, examina tu reacción física. No la interpretes, de momento. Sé que quieres llamarla ira, y tal vez algo de eso hay. Sé que usamos el humor, y que quieres llamarlo burla, y algo de eso hay también. Pero fíjate bien en el rostro y los brazos tuyos, y del que te acompaña. Y lo verás. Los ojos se crecen, la boca se abre, las cejas se alzan, los brazos aletean. Parecemos búhos, búhos presos de un ataque de pánico y prestos para volar… a alguna parte, a cualquier parte,a sentarnos con calma en alguna rama y procesar el asunto, para entonces poder hacer el chiste, o indignarnos comodiosmanda.
Creo que en el fondo, nos sorprendemos no por ingenuidad sino por una decencia básica que tal vez hay que proteger. Que en el fondo, los pueblos tienden no a creer, ni necesariamente a confiar, en su liderato, pero sí a desear que éste quede bien. Y que esto no ocurre sólo en las democracias. No sé si has visto, lector, la película The King’s Speech. En ella el monarca inglés, Jorge VI, asciende al trono un poco por accidente y tiene que dirigirse a su pueblo en el mismísimo umbral de la Segunda Guerra Mundial. Lo que no es poca cosa, y se agravaba terriblemente porque el rey era gago, gaguísimo, famosamente tartamudo y le daba la chiripiorca esa especialmente frente a los micrófonos. Bueno, en la historia, el rey tiene un terapista del habla muy simpático que lo ayuda mucho, y debe ir al cine a verla si no lo ha hecho, pero el punto aquí no es ese, sino que cuando el rey va a hablar, el pueblo se pega a la radio, y todos, el viejito, la viejita, la madre rodeada de nenes, el adolescente, todos y todas desean, con toda su alma, que su rey quede bien. Nadie tiene particular interés en gufeárselo, nadie lo está descartando a priori pensando “el gago ese no podrá hacerlo”. Todos quieren que su rey quede bien.
Cierto que la historia está ficcionalizada, de seguro, para la pantalla grande, pero igual me parece que ahí, en esa expectativa bien intencionada del pueblo inglés, hay algo que verdaderamente define a todos los pueblos que aún están vivos. Y creo que en el fondo, cada vez que el gobernador se dirige a nosotros, algo dentro nuestro verdaderamente quisiera que dijera la verdad; que cada vez que la rectora de la universidad se dirija a la prensa, algo vivo en nosotros quisiera que anunciara su decisión de solicitar que la policía salga del campus; que cuando el presidente De La Torre abra la boca, se abra también la nuestra pero esta vez no por el usual insulto al estudiantado sino porque diga algo así como que la libertad de expresión se respeta, como que la presencia de la fuerza de choque entorpece la posibilidad del diálogo, y que para que el diálogo sea tal tiene que haber voluntad de cambio y flexibilidad de ambas partes, incluyendo la suya.
Quizás la capacidad para sorprendernos es buena, y de algún modo esperanzadora, siempre y cuando no nos lleve a la parálisis. Y entonces, en lugar de despreciar nuestra sorpresa como si la misma fuese un síntoma de credulidad, podemos aceptar que no es obstáculo para la ira, el humor, o la acción, y podemos mirarnos con la boca abierta frente al espejo que es el conciudadano y confirmar, juntos, que aún estamos vivos.
PrintPicada de ojos: la upr y la brega “chicky starr”
Un buen número de partes de prensa (pulse aquí y aquí para ver algunos) resume hoy las últimas noticias de nuestra Universidad. Los empleados de Capitol (compañía de seguridad privada) vinieron de noche a arrancar los portones de la YUPI.
Y así, a primera vista, podríamos pensar sacar los portones no está mal…Yo estudié mi doctorado en una universidad de Estados Unidos que no tenía portones, sino que participaba de una estética distinta, donde el campus se fundía con la ciudad. La guardia universitaria ayudaba a patrullar la ciudad, la guardia citadina entraba y salía si le daba la gana, etcétera.
Pero lo que pasó anoche es muy distinto. Timing is everything, dice un refrán estadounidense, y location location location, dice una de las reglas de bienes raíces de esa misma etnia…
Lo que pasó anoche sería hasta pintoresco, si no fuese tan triste y peligroso. Aparentemente fue una reacción al hecho de que los estudiantes del recinto de Rio Piedras, reunidos en asamblea, han decidido irse a huelga si la administración insiste en la imposición de la cuota.
(¿Que usted no quiere la huelga? Pues por favor, no deje de leer. De hecho me parece que la inmensa mayoría de los estudiantes “huelguistas” tampoco la quieren. A nadie le conviene un cierre. A nadie. Pero este enorme lío NO puede definirse como una decisión en contra o a favor de la huelga. Ese “framing” dicótomo de “anti-huelga” y “pro-huelga” [ver algo sobre el uso del "framing" para romper la universidad apretando aquí] resulta fatal para el entendimiento y la acción colectivas. Este asunto tiene que pensarse como el asunto complejo que es, y el movimiento de resistencia como el movimiento complejo que es con los obstáculos complejos que enfrentan.)
Seguimos con el cuento. Con la decisión estudiantil, pasaron varias cosas interesantes. Una, que en algunos recintos tomaron una decisión parecida, pero en otros no. Otra, que un grupo de profesores presentó una propuesta, titulada ‘sumando ganamos todos’, que tiene las siguientes características: Todos los sectores universitarios sacrifican algo (los estudiantes pagan una cuota más pequeña, los profes y empleados renunciamos a un aumento ya acordado, recortamos unos gastos adicionales en la U) y el gobierno reconsidera la decisión, a todas luces errada, de quitarle chavos a la U que tomaron con la Ley 7, y le devuelve fondos. En otras palabras, un grupo de profesores presentó una propuesta que aunque imperfecta, como cualquier otra propuesta, está pensada, bien planteada, y preparada con cariño y cuidado. De hecho, los estudiantes habían presentado una igualmente cuidadosa y trabajada, el 29 de noviembre, que puede leer pulsando aquí.
O sea, que tanto estudiantes como profesores habían presentado propuestas en las que evidentemente gente inteligente ha invertido tiempo y esfuerzo. En otras palabras, se habían comportado como universitarios.
Por su parte, la administración ha hecho lo siguiente:
- Celebrar las becas de la legislatura, a sabiendas de que la legislatura está atrasadísima en sus pagos de la ya existente beca legislativa y renunciando a su deber fiduciario real, que debería ser exigir que esos dineros (35m) le sean otorgados a la Universidad directamente y utilizados para reducir el monto total de la controversial cuota estudiantil (40m).
- Prohibir las patinetas y las protestas en la mayor parte de los espacios del campus de la YUPI.
- Rehusarse a sentarse a dialogar con los estudiantes. Decir que sacarían huelguistas “a patadas”.
- Ignorar el planteamiento de los profesores.
- Llamar a Capitol Security, compañía de seguridad dirigida por el famoso Chicky Starr, que aparentemente no deja de “bregar chicky starr” aunque haya cambiado de profesión, y ponerse a arrancar portones. Chicky Starr cuelga un anuncio en FaceBook donde solicita hombres dispuestos a hacer el trabajo por 10 pesos la hora. Y con la tasa de desempleo trepada en sobre 20%, no me extraña que hayan conseguido voluntarios rápidamente.
- Hacer llamados al “respeto y a la tolerancia”, mientras aumentan la seguridad privada, elaboran nuevas prohibiciones, y evaden los reclamos de diálogo.
- Llevarse una muchacha arrestada por “agresión”. ¿Cuántos policías arrestaron por las patadas en los genitales, los golpes en la cara, los tasers, los tiros accidentales y las embestidas con gas pimienta? Jum.
- Prepararse para lo peor. Ygrí ha indicado que no tiene intención de dialogar, y que si se cierra la Universidad, se cierra. Se pierde la certificación. Se hiere de muerte la institución centenaria, tal vez la mejor inversión que ha hecho el país. ¿Y la Junta de Síndicos y el presidente? Pues bien, gracias.
Cualquier administración universitaria normal, en casos como este, se sienta a dialogar con los constituyentes, pronto. Más aún cuando existen dos propuestas concretas, pensadas, académicamente responsables, que pueden utilizarse como punto de partida.
¿Por qué? ¿Por qué la administración que se supone vele por los intereses de la UPR sigue en un curso de acción que a todas luces nos lleva hacia la confrontación y la erosión de la calidad institucional, de su relevancia para el país, de su capacidad de ayudar a Puerto Rico?
La respuesta es compleja, y he escrito un poco sobre ella aquí y aquí. Pero una parte importante de ésta estriba en la cuestión moral. Me refiero a que en este momento, la prioridad de los administradores que prefieren tirar a pérdida la institución antes que reconocer que deben sentarse a negociar con los sectores que la componen, es CASTIGAR. No solamente porque en lo personal, puedan tal vez sentirse humillados por un movimiento estudiantil que ha mostrado más madurez y destreza política que los mucho mas poderosos “adultos” que enfrentan, sino porque el castigo como un rol central del estado tiende a cobrar fuerza, irónicamente, cuanto más “liberal”, o mas bien “neoliberal” económicamente es ese estado.
[Pulse aquí para una lectura buena sobre el tema, de Paul Treanor.]
Piense en las protestas en Seattle, o en Génova. Las fuerzas policiacas en ambos casos resultaban francamente desproporcionadas. Su meta, claramente, era hacer un “show of force”, amedrentar, aplastar. No se trataba de proteger a los líderes mundiales que se reunían allí a hablar de negocios globales-se trataba de castigar a los protestones peludos, ambientalistas, izquierdosos del mundo por…atreverse a protestar.
Parte del prefijo “neo” del neoliberalismo viene justamente de esa cuestión que podríamos llamar “moralista”. El neoliberalismo no es es sencillamente una doctrina económica, sino un deseo intenso, una ideología, una cultura, una doctrina que quiere intensificar y expandir el mercado a través del aumento, eterno, sistemático, tanto del número de transacciones comerciales como de la cantidad de cosas que se constituyen en “mercancías”. Y necesita eso para alimentarse, porque está, curiosamente, predicado sobre la idea de que las economías pueden y deben “crecer” eternamente. (Cada vez que se le tranca el bolo a esa idea y la economía no ‘crece’ tenemos una “crisis”, y convertimos algo público en mercancía o nos inventamos una mercancía nueva-por ejemplo, privatizamos el agua potable y las ambulancias, o creamos los complejos aparatos financieros que causaron la crisis hipotecaria y los vendemos por ahí, causando la pérdida de hogares y la quiebra de bancos nacionales.)
Es por ello que los gobiernos como el nuestro, que creen con todas sus fuerzas en la primacía no solo económica sino moral de los mercados y por ende en la necesidad de que los ciudadanos entiendan el consumo (y no la libertad de expresión, o el acceso al conocimiento) como derecho primordial, creen tan ferozmente en la “ley y el orden”. Cuando crece el neoliberalismo como ideología, crecen también las fuerzas dedicadas a la ley y el orden, de hecho en casos extremos (véase Chile, 1973-1990) se constituyen en la función principal del estado y se dedican principalmente no a la protección de los ciudadanos sino a la protección de los mercados. De EL mercado.
Y fue en ese contexto ideológico que en plena primavera, los muchachos y las muchachas huelguistas se tiraron a la calle, cerraron portones, se disfrazaron, cantaron, bailaron, cogieron cantazos, escribieron argumentos jurídicos, crearon un cuerpo de prensa independiente, publicaron columnas, hicieron blogs, abrieron y mantuvieron estaciones de radio, sembraron huertos, y se asomaron por el capitolio en bonche a enterarse de las tramas sobre el presupuesto nacional, todo ello en nombre de preservar la (gulp) educación superior pública.
Por supuesto que hicieron enojar a esta adminstración universitaria, que no cree en eso de “lo público”, y que sí cree en la “ley y el orden”. Pero el reclamo del país debe ser claro. No se trata de huelga sí o huelga no. Se trata de que las propuestas de los profesores y de los estudiantes merecen interlocutores serios, y de que la universidad merece un mejor trato. Merecen que no les breguen “chicky starr”.
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foto:primera hora
Una trata de escribir sobre otra cosa, cualquier cosa, por aquello de no convertir el comentario social en cantaleta antisocial, pero no hay caso. No hay nada que hacer. Todos los caminos de esta especie de columna cibernética que es “parpadeando” conducen a Fortuño y su gente, últimamente.
Hoy, por ejemplo, me dije “hay que escribir, hace mucho que no posteamos un parpadeo, no escribiré ni sobre la Universidad ni sobre el abuso policiaco ni sobre cómo las libertades individuales se ven amenazadas por cámaras y macanas, ni sobre cómo insisten en pasar la ley del karso, ni sobre el descaro de romper el país mientras alegan salvarlo…”, y me senté, y estoy escribiendo, y decido que hablaré (bueno, que “hablaré”, virtualmente, usté me entiende) sobre los juegos centroamericanos y no sobre el abucheo no reconocido sino sobre alguna otra cosa…
Y sí que hay de qué hablar. Los atletas compitiendo, y ganando, por ejemplo. El manejo exitoso del tránsito y de la llegada de visitas a Mayagüez. La duda del “que será” de esas enormes estructuras que nos dejan los juegos, si se usarán, si no se usarán, si lograremos mantenerlas. El pueblo fantasma que es el caserío Kennedy, vacío y deshauciado, justo al lado de los juegos…
Pero acabaré hablando de Olga Tañón y Cordelia González. O más bien, de su “intercambio” reciente, reseñado en Primera Hora, con el presidente de WIPR, Ray Cruz. El contenido del intercambio es interesante: Tañón y González, en declaraciones aparentemente independientes, critican la cobertura televisiva de la ceremonia inaugural de los juegos y responsabilizan a Ray Cruz. Éste, por su parte, se enoja y riposta (“despotrica”, dice el periódico). Ellas indican que las imágenes eran de poca calidad, que faltaba comunicación entre los diferentes integrantes del proceso, y que hubo cambios de libreto a última hora. Él dice que fue la tromba.
Lo que me llama la atención, lo que me hace parpadear, sin embargo, es el contraste entre los mensajes. Me explico: básicamente, la cosa se puede resumir así:
Olga: Las imágenes y la transmisión no me gustaron, me decepcionaron. Intenté comunicarme con el director y su equipo pero no fue posible. Espero que el gobernador tome cartas en el asunto y que la transmisión de la clausura sea mejor.
Cordelia: Hubo mala coordinación. Estuvimos trabajando en el libreto un año y de repente nos cambian todo de la noche a la mañana. Responsabilizo a Ray Cruz por todo ello.
Ray: Si tenemos en cuenta la tromba marina del sábado, todo fue un éxito. Olga es una criticona. De hecho ella vive en Orlando, así que no tiene patriotismo ni quiere al país. Yo se de música, by the way, y su canción no servía, es lo peor que ha hecho…Cordelia, por su parte, es una irrespetuosa y lo que está es enchismá porque en lugar de contratarla a ella, contraté a Johanna Rosally…
Las artistas critican algo específico: una transmisión, la organización, y responsabilizan a…el responsable de la emisora. Éste último, por su parte, las critica a ellas, de forma personal. Tal vez se cree que todavía está en NotiUno, y no en WIPR.
Pero el caso es que suena familiar. Otros personajes del elenco fortuñista reaccionan también así. Cuando le preguntan a Figueroa Sancha sobre el carpeteo de video en una manifestación pacífica, por ejemplo, el hombre riposta que es “para mantener un record de lo que sucedió”, e indica que “ellos también nos graban a nosotros”. Ese “ellos” vs. “nosotros”,por cierto, me atormenta desde hace rato. ¿De cuando acá pensamos a la policía, armada, forzuda, entrenada, y al pueblo, desarmado, manifestante, diverso, no-policiaco, como dos “bandos”?
Suena más familiar aún la reacción del ejecutivo. Dijo Fortuño, en incondicional espaldarazo al jefe de policía que insiste en conceptualizar la relación entre pueblo y policía como una antagónica, que todo ello se justifica porque “aquí estamos haciendo un trabajo… estamos desmantelando organizaciones del crimen a nivel internacional.”
La cosa es el tono, o el método, más bien, de la respuesta. Si le preguntan por los estudiantes, Fortuño habla de la gran e inminente amenaza de un socialismo fantasmal y globalizado…Si le preguntan por los manifestantes, habla de los criminales organizados y establece una comparación implícita entre los jóvenes y las abuelitas que marchaban el domingo y…Junior Cápsula.
De aquí, pa’ Hollywood, como decía el comercial.
Printbananas

foto:primera hora
Hace algunos días, en ocasión de la protesta universitaria en el Jardín Botánico, el gobernador Fortuño, un tanto asqueado, se refirió a la escena como una digna de “una república bananera en revolución.” En ese momento, pensé que se trataba de un acto de ignorancia exhibicionista de su parte, una revelación de su desconocimiento de la historia, un error.
Hoy creo que fue un lapsus, una confesión, tal vez la articulación a destiempo de su visión para el país.
Según wikipedia, la república bananera tiene tres características principales: Inestabilidad política, dependencia en productos agrícolas limitados, y una camarilla corrupta y ricachona en el gobierno.
Dos de tres, supongo. Faltan los guineos.
Mi primer contacto con la idea de “república bananera” fue en mi adolescencia, cuando leí la saga de los Buendía y de su soledad, relatada tan magistralmente por García Marquez. De modo que lo primero que supe, o que pensé, de las “repúblicas bananeras”, es que en ellas se desataba la violencia indiscriminada de un estado corrupto sobre una población empobrecida que protesta.
Y de hecho, el gobierno de Fortuño nos ha traído lo más parecido a esa imagen que he visto en Puerto Rico.
En las repúblicas bananeras, esa violencia estatal actúa en función de los intereses de corporativos y/o de algunas familias poderosas. El ejemplo más famoso, históricamente, es el de la masacre colombiana de 1928, donde murió un número indeterminado de huelguistas. Los huelguistas querían mejores salarios. Los soldados querían proteger los intereses de Chiquita Banana.
¿Qué intereses estarían protegiendo hoy los puertorriqueños enchalecados, enmacanados y encasquetados que embestían gente desarmada en las escaleras del capitolio? Ya sabemos que parte de los fondos ARRA que le negaron a la universidad fueron pasados ágilmente al departamento de Educación y de allí convertidos, en esa prodigiosa alquimia legislativa, en asignaciones de fondos para cosas como la bibliotecas de Roselló y de Cuchín…Sabemos también que algo se traen, para hacer chavos metiéndole mano al (des)protegido karso….Sabemos que no les gustan la Universidad pública, el Instituto de Cultura, el Colegio de Abogados, los corredores ecológicos, la propiedad colectiva de lugares potencialmente lucrativos, como el Caño…Sabemos que creen que los servicios públicos deben ser manejados por manos lo más privadas posible, hasta para el “servicio público” de botar servidores públicos…Sabemos que son machos machazos masculinos y que si un senador protesta le dicen cua cua y que si la prensa se asoma la botan. Sabemos que les encantan los barriles.
Sabemos que el gobernador piensa que la Universidad es un gasto, y esa apreciación es consistente con el asquito que le tiene a la república bananera que le ha tocado regir, y en la educación superior de la cual, quizás piensa, no vale la pena invertir…Mejor rodearla de soldados.
Sabemos, especialmente, que hoy los legisladores tienen en su agenda lo que tal vez debería ser la decisión más pública y más transparente: el presupuesto de Puerto Rico y su distribución. En él plasman, en principio, su visión de país, las promesas que los llevaron al poder, el programa de gobierno…
Pero no hay que estar allí para saber cuál es el programa ese, supongo. Ya nos lo dijo el gran jefe, a destiempo, hace unas semanas. La república bananera lo asquea, pero es la verdadera visión, una visión compartida por la legislatura.
Sólo nos faltan los guineos.
Printpicada de ojos: la universidad, enmarcada.
El mensaje del gobernador, especialmente la sección sobre la UPR, fue indignante. Nefasto. Y efectivo.
Y al decir “efectivo” no quiero decir ni que tiene razón ni que habla con verdad. De hecho hay varios momentos que ejemplifican muy bien el uso resbaladizo, fragmentado, que suele dársele a la verdad en este tipo de mensaje político, independientemente de los bandos, los colores, o la ocasión histórica. Como cuando habló del “porciento fijo” que representa el presupuesto de la Universidad pero olvidó aclarar que la base sobre la cual se calcula ese porciento fue alterada, como parte de los contenidos aprobados en la todopoderosa Ley 7.
Pero no vengo a hablar de las medias verdades sino de la efectividad del mensaje. Por “efectivo” quiero decir que probablemente logra su cometido. Cometido que, por cierto, no tiene nada que ver con convencerme a mí. Ni a mí ni a los tantos otros que vivimos enamorados y enamoradas del concepto, del espacio, de la idea, de la metáfora, de la institución y del proyecto cultural que es la Universidad de Puerto Rico. No. De hecho, una de las cosas que hace efectiva esa sección del mensaje es justamente eso-que de entrada, el gobernador NO nos está hablando. Ha decidido no hacerlo. Nos “tira a pérdida”, no intenta convencernos, y convierte ese exilio (no somos parte del acto comunicador sino espectadores del mismo) en parte de la estrategia de comunicación.
Y esto no es una movida discursiva particularmente original, ni nueva. Es un clásico de los comunicadores políticos conservadores en Estados Unidos. Lakoff y otros linguistas lo llaman “framing”, y se trata de una forma de comunicación política estudiada, probada, y en el desarrollo de la cual se ha invertido mucho dinero.
Es importante recordar que “framing” tiene el significado literal de enmarcar (lo que le hacemos a las fotos y los cuadros) pero también el más metafórico de incriminar (lo que le hacemos a las personas cuando los hacemos quedar mal, o como falsamente culpables.)
El framing funciona así: Cada palabra está atada a un marco conceptual, del cual somos más o menos conscientes. Un ejemplo que provee Lackoff es el de Arnold Schwarzenegger aceptando la gobernación, y diciendo “cuando el pueblo gana, la politiquería (politics as usual) pierde.” ¿Qué logra con eso? Logra enmarcarse a sí mismo, el ganador, como el resultado de la elección del pueblo y la encarnación de esa victoria, y a a la legislatura demócrata como “politics as usual” y pronta perdedora. Todo esto por adelantado, anticipándose al debate.
Otro ejemplo que usa Lackoff: la frase “alivio contributivo” (“tax relief”). Ésta enmarca no tanto al “alivio” como a las contribuciones – si hay “alivio” esto implica que las contribuciones son una “dolencia”, una “enfermedad” de la cual hay que aliviarse. De manera similar, los conservadores en Estados Unidos se han apoderado de cosas como “los valores”, la “vida” , la “familia” y hasta de la “libertad”.
¿Y qué tiene que ver todo esto con el mensaje de hoy y con la universidad? Veamos el discurso de Fortuño:
“Como hemos dicho en el pasado, estabilizar nuestras finanzas y reconstruir la economía de Puerto Rico es tarea compartida de TODO nuestro pueblo…Es por eso que nuestra gente no entiende por qué, si todos nos hemos tenido que ajustar los pantalones en los pasados años, la Universidad de Puerto Rico no pudo hacer lo mismo.”
De entrada, hay un framing – una dicotomía entre EL PUEBLO y SU UNIVERSIDAD- colocados de repente, gracias al lenguaje, en bandos opuestos. No se trata de la UNIVERSIDAD DEL PUEBLO, sino de una universidad distante del pueblo, y de sus sacrificios. La UPR queda enmarcada desde el arranque como una entidad ajena, elitista, enajenada y engreída.
Y así se desarrolla el resto de ese capítulo del mensaje: De una parte, la universidad del estado, representada por seres que en la narrativa de Fortuño, se rehúsan a reconocer su privilegio y a “ajustarse los pantalones”. De otra parte, todo el resto del país. Como lo hace aquí,
“O sea, que la matrícula que pagan los estudiantes de la UPR cubre apenas el 3% del presupuesto de la Universidad…el resto lo pagamos NOSOTROS LOS CONTRIBUYENTES. Por eso es que nuestro pueblo—que es un pueblo justo y noble, pero que también es un pueblo de ley y orden que cree en la democracia—se molesta cuando ve y escucha lo que todos hemos presenciado en la Universidad en los pasados días.”
cuando pone de una parte a los contribuyentes (a.k.a. “el pueblo”, y justo en abril, cuando todavía nos duele el bolsillo), a la ley, y al orden, y de la otra parte a los estudiantes huelguistas (y por extensión a la no-ley, y al desorden.) Y aprovecha la alianza linguística para lanzar la no-muy-velada amenaza:
“El respeto al principio de la autonomía universitaria nos obliga a ser prudentes y no intervenir hasta que nos lo requieran las autoridades universitarias. Pero a las autoridades universitarias les digo: estamos aquí, listos y dispuestos para brindarles la ayuda que ustedes estimen necesaria, cuando ustedes así lo determinen, para proteger los derechos de TODOS los estudiantes….etc etc.”
Aquí hay varios “marcos” adicionales, actores de carácter en el drama linguístico entre el “ellos” de los universitarios y el “nosotros” del pueblo trabajador y desempleado: desde afuera, las autoridades gubernamentales, la “ley y orden” que se ha declarado ausente, esperan la invitación de las autoridades universitarias, “enmarcadas” como inefectivas. Paternal, pero por supuesto en el rol de “padre severo” que tanto les gusta a los conservadores de este corte, le dice a la universidad lo que tiene que hacer-y espera. Espera para aplicar la “cero tolerancia”, la “mano dura”, la “ley y el orden”.
Tan flexible es el lenguaje y tan efectivo el “framing”, que algún ciudadano podría olvidar, de momento, lo absurdo de un escenario donde los “malos” son los estudiantes que han dicho CON LA UNIVERSIDAD NO SE METAN, y los “buenos” son el gobernador, la legislatura,la policía, la fuerza de choque, las universidades privadas, los estudiantes que no quierem paro, los que no saben si quieren paro o no, los ciudadanos que trabajan y pagan impuestos, los que no pagan impuestos porque ya no trabajan, porque los botaron, la Ley 7 que los botó, la administración universitaria…
El desafío es claro. Hay que recordarle al país que la UPR es el sistema universitario del país, del pueblo. Que su costo real por crédito es mayor que el de las privadas no porque sea más “ineficiente” sino porque se trata de un proyecto cultural que va más allá de (y que enriquece) las aulas. Que sus tasas de graduación son las mejores del país. Que produce la mayor parte del conocimiento científico y humanístico del país. Que su destino y el de Puerto Rico están atados uno al otro con lazos de fuerza, de antiguedad, y de una lógica racional y emocional que tal vez al gobe se le escape pero que no deja por ello de existir. Que la universidad nos permite imaginar y construir futuros. Que romper a la universidad es en cierto modo romper el espíritu colectivo, el ethos, la cosa, el no sé qué. ¿Que se equivocan (nos equivocamos) a veces los que la habitan? Pues claro que sí. Pero la UNIVERSIDAD es mucho más que las partes que la componemos, y (¡tan distinta del mercado!, ¡y de la ley!) nos perdona. Es otra cosa. Es nuestra.
Y esa cosa, esa cosa que es el país, nuestro gobernador y su bandera no la entienden. Busquemos de nuevo el lenguaje, expliquémosla otra vez. Algunos ya han empezado-para leerlos, pulse aquí, aquí, aquí y aquí. Yo me voy a dormir, y a buscar las palabras.
Printparos. parálisis. y parra.
Las descripciones del paro iniciado ayer en el recinto de Mayagüez de la Universidad de Puerto Rico varían. El corazón de la discrepancia es un asunto numérico, una diferencia entre 1) las narrativas que alegan que “una minoría” del estudiantado (a.k.a. grupito, grupúsculo, y sector), descontento con un voto “abrumador” en contra del paro, tomó los portones por sorpresa y 2) las que describen la cosa indicando que aunque el paro de 48 horas fue rechazado en la votación, la segunda ronda (el paro de 24 horas) resultó mucho más cerrada, que los que se oponían al paro evitaron que hubiese quorum para votar apropiadamente sobre el asunto, y que cerca de la mitad de los estudiantes apoyaba el paro.
La diferencia, por supuesto, se amplifica a partir de ahí, agarrándose para ello de las abundantes herramientas disponibles en el imaginario ideológico: Los que favorecen y operacionalizan el paro son llamados (por adversarios y periodistas) “mafuteros” y “revoltosos”, los que se oponen se convierten en “vende-patrias”, y así por el estilo. Las pancartas que portaban los estudiantes durante la asamblea reforzaban esta cuestión identataria, esta división en crescendo entre “ellos” y nosotros”: Las pro-paro leían “SI TIENES CHAVOS VETE PA LA INTER”, las anti-paro ripostaban “SI QUIERES PARO VETE PA LA YUPI.”
Los empleados de la universidad seguíamos el proceso con fascinación. De hecho el país sigue lo que ocurre en la universidad, especialmente en los portones de la YUPI, con igual fascinación. Independientemente de lo que piensen sobre los muchachos, convenientemente (y estereotipadamente) transformados en dos “bandos” en la imaginación colectiva. ¿Por qué son tan importantes los eventos liderados por estudiantes en la universidad y sus recintos?
Hace algún tiempo, desde arriba nos advirtieron que venía la “medicina amarga”. Poco después, comenzaron a administrarla. Descubrimos que la medicina era como la que aplicaban los barberos-médicos del medioevo, es decir, basada principalmente en purgas de diversos tipos. Si el paciente estaba malito, le sacaban sangre. Hoy, si el país está malito, botan gente.
Mucha gente. Y ese tipo de medida drástica tiene unos correlatos que la acompañan, aquí y en muchos otros países en distintos momentos del mundo. Aumento en la cantidad e intensidad de la actividad policiaca, por ejemplo.
Shock and awe, se llama la estrategia. Shock and awe, technically known as rapid dominance, is a military doctrine based on the use of overwhelming power, dominant battlefield awareness, dominant maneuvers, and spectacular displays of force to paralyze an adversary’s perception of the battlefield and destroy its will to fight.
Como parte de esa purga “medicinal”, a la UPR le alteraron la base de la fórmula que le da al sistema UPR los fondos recurrentes para operar. Unido a la contracción de la economía, la universidad está corta por un número que se ha estimado entre 130 y 200 millones. Durante algún tiempo, ocupados con la toma administrativa de la UPR, o tal vez pasmados, en shock, paralizados por el despliegue de vigor y de fuerza de la agenda de la “medicina amarga”, no pasó nada.
Y de repente, surgen los muchachos, las muchachas. Muchos o pocos, peludos o pelones, de primer año o de octavo, con voto gritado, contado o de colores, emplazados o por emplazar, con una agenda clara o sin ella, sea como sea. El caso es que surgieron, tal vez porque
levantan el pecho
cuando le dicen harina
sabiéndose que es afrecho,
y no hacen el sordomudo
cuando se presenta el hecho (VP)
Y les han caído arriba, por supuesto. Rodríguez Ema dijo hace un rato en la radio, refiriéndose a los que protestan en la YUPI, que se trata de “un grupo muy minoritario”, que no respeta que “la mayoria tiene unos derechos” que “están por la libre”. Habló de la importancia de la ley y el orden. Figueroa Sancha, hace ya algunos días, declaró con una autoridad que del conocimiento no salía que esos muchachos eran “estudiantes eternos”, “los mismos de siempre” que incluso estaban en la YUPI cuando él (!) estudiaba. También habló de “ley y orden”. Y esta mañana, en un sonoro ejercicio editorial, una emisora de radio importante declaraba que “nuestro pais es uno de ley y orden”, que “…hemos visto como el mismo grupito utiliza cualquier excusa para tomar la universidad” y que se trata de una intentona para “traer una ideología” (presumo que se refieren a la independencia) “por la cocina”.
Yo no sé. Seguiré mirando. Por lo pronto, sin embargo, mi primera impresión, mi sentimiento inicial, es el de que alguien, por fin, guiado por a saber que cosa (¿la energía de la juventud? ¿realmente importa?), salió del shock, salió del awe, y entró en acción, como dijo Violeta Parra, a quien le gustan los estudiantes,
que con muy clara elocuencia
a la bolsa negra sacra
le bajó las indulgencias.
Porque, ¿hasta cuándo nos dura
señores, la penitencia?
Caramba y zamba la cosa
¡Qué viva toda la ciencia!
Foto: Diálogo Digital
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[Edito para añadir lecturas recomendadas: columna de Efrén Rivera Ramos y comunicado de Cátedra UNESCO]
PrintPicada de ojos: Universidad…¿para quién?
Una columna en la sección VOCES del Nuevo Día de hoy trae al periódico lo que ya hace algún tiempo es tema de discusión, chisme, y susurro: el espectro de un alza en la matrícula, y los disturbios que la misma generaría. El texto esboza un argumento para que se aumente la matrícula, y propone algunos parámetros o criterios para guiar el aumento en cuestión.
Se trata de un tema antiguo, y espinoso. Por un lado están los que piensan que el costo por crédito (unos 45$ para estudiantes sub-graduados, con un ajuste anual que lo aumenta levemente para cada clase entrante) en la universidad del país es demasiado bajo, y que los estudiantes deberían contribuir a los costos de su educación, que suman unos 500$ por crédito. Del otro lado, están los que piensan que la universidad debería ser gratuita, y que cualquier costo (y cualquier aumento) mercantilizaría algo que no debe, que no debería, ser mercancía: el conocimiento, la oportunidad.
No voy a debatir, aquí, ahora, los méritos de cada postura, aunque supongo que es bastante claro que la segunda me resulta más simpática. Aclaro de entrada que me gustaría habitar (y construir) un país en donde la educación, desde pre-kinder hasta el doctorado, fuese buena y gratuita, donde cada ciudadano pudiera recibir, sin trabas económicas, tanta educación de calidad como quiera o aguante. No se si eso sea, en este momento, realista o posible.
Y no es eso lo que me motiva a escribir esta entrada.
Lo que me llamó la atención de la columna de González Taboada es el cierre, que lee así:
“Debe además tomarse en cuenta el potencial de ingreso de cada disciplina. Me parece muy justo que un estudiante de educación pague menos que uno de contabilidad, dado que su potencial de ingresos es mucho menor.”
No es la primera vez que escucho esa sugerencia. Y me parece bastante peligrosa. Descontextualizada, suena razonable, con esa especie de lógica interna que tiene una hoja de cálculo de excel. Pero examinémosla. Hacer que los jóvenes paguen por sus estudios, no basándonos en su capacidad de pago en el presente sino en la que tendría la carrera que eligen, reproduce, y solidifica, las ya patentes diferencias de clase social evidentes en la “selección” actual de disciplinas. En arroz y habichuelas, y siempre con sus excepciones, la tendencia en el presente es clara: A mayor ingreso familiar, mayor la probabilidad de que un joven estudie una carrera con mayor potencial de ingreso. Subirles el precio precisamente a esas carreras haría aún más difícil el acceso a las mismas.
La educación superior pública ha sido históricamente un mecanismo para la movilidad social. También ha sido uno para la reproducción de las diferencias sociales. ¿Queremos restarle potencia al primero, y agravar el segundo? ¿Queremos instituir una escala de precios que se convierta en otro obstáculo más para el muchacho o la muchacha que quiere ser ingeniero/a y que viene de una familia pobre?
Creo que no. Y creo que en medio de la crisis fiscal que la universidad atraviesa, hay que tener especial cuidado. Cuidado con las soluciones precipitadas que resuelvan un problema fiscal pero agraven uno social. Que las medidas diseñadas para “salvar la casa” (perdonando la expresión) no la destruyan, por favor. La Universidad de Puerto Rico es la universidad del país, y al país se debe. ¿Qué tipo de país queremos tener? Yo quisiera uno en la que trabajemos para quitar, no para poner, trabas en las aspiraciones de las poblaciones más desventajadas.
Printmaripositas verdes

En la escuela del mundo al revés, el plomo aprende a flotar y el corcho, a hundirse. Las víboras aprenden a volar y las nubes aprenden a arrastrarse por los caminos. E. Galeano, “Patas arriba.”
Todos los días les agradezco a la estructura y al azar trabajar aquí, en la Universidad. Aún cuando peleo, aún cuando me enojo, aún cuando la U me muestra su lado oscuro, prefiero este lugar a cualquier otro.
Pero amar no es un ejercicio carente de crítica. Loving critique, escuché o leí a alguien decir (o escribir) el otro día.
Me entero a través del servicio de “cartero” electrónico en mi recinto que el departamento de Humanidades, con el co-auspicio de -nada menos que- Lockheed Martin, ofrecerá seminarios -nada menos que- de…ética.
Claro que no debería sorprenderme, dirán algunos. Después de todo, Lockheed Martin es una presencia familiar, y hasta querida, en el recinto. Se la pasan aquí, reclutando ingenieros e ingenieras, especialmente, pero también otorgando donativos para actividades de alcance, como ésta. ¿Entonces qué es lo que me inquieta? Bueno, siempre me ha resultado bastante incómodo tener representantes de Lockheed Martin saltando por ahí, no porque como individuos me hayan hecho nada sino porque representan lo que antes se denunciaba como complejo industrial-militar y ahora, gracias en gran medida a la popularidad del libro de Naomi Klein, se reconoce como un complejo de guerra y desastres (war and disaster profiteering).
Lockheed Martin enseñando ética. La misma Lockheed Martin de los misiles; la misma de los escándalos de contratos millonarios otorgados sin mediar subasta ni competencia (y una, ilusa, aquí pensando que de competencia se trataba justamente el cacareado concepto de “libre mercado”); la misma que protagonizó la destrucción y más tarde, ironía de ironías, la reconstrucción de Irak en una ilustración grotesca del capitalismo del desastre; la misma que se metió también de lleno en el lucrativo y siniestro negocio de “interrogar” prisioneros de guerra; la misma que invierte asiduamente en los cabilderos que a su vez invierten asiduamente en los legisladores que facilitan o entorpecen el proceso legislativo a conveniencia de la compañía; exportadora de armas #1 en el mundo, acusada de pagarle cuantiosas sumas a jefes de estado extranjeros, fabricante de algunos de los aviones de guerra más letales. Esa misma.
Acá nosotros hablando de “manteníos” para referirnos al pobre que mal-vive del gobierno, y mientras tanto, Lockheed Martin obtiene el 84% de sus ganancias del gobierno (es decir, de los contribuyentes, los mismos contribuyentes que perdieron o vieron amenazados sus hogares, acciones y salarios recientemente) de Estados Unidos. Eso sí que es mantengo.
¿No es acaso un problema ético gigante una compañía que depende, para sus enormes ganancias, casi totalmente de la reproducción de la guerra y/o desastre permanente, y que otorga donativos de campaña y coloca a sus ejecutivos en posiciones de poder para tomar justamente las decisiones asociadas a la guerra y el desastre permanentes? ¿Y entonces, no es acaso una ironía inmensa, que sea esa compañía, y no otra, la que nos auspicie cosas relativas a la ética?
Y bueh. El caso es que ahora visitan mi universidad para darnos talleres de ética. Y de paso nos sirven de jurado en el Ethics Bowl de la Facultad de Administración de Empresas, junto a representantes de otras corporaciones como….Goldman Sachs.
Pero dejemos a Goldman Sachs para la parte dos, o para los comentarios, de esta entrada, porque quiero hablar de las mariposas. En un pasaje triste y hermoso de su maravilloso libro Patas Arriba: La escuela del mundo al revés, Galeano hace una historia que como todas las suyas es también fábula, dato, y metáfora. Nos dice que en 1994, la empresa petrolera Chevron, contaminante en grande del agua, aire y tierra californianos, estableció un refugio en los terrenos de la compañía para salvar de la extinción a una mariposita azul. El refugio costaba cinco mil dólares anuales. El lavado de cara publicitario protagonizado por la salvación de la mariposa costaba ochenta veces eso…por minuto. La impunidad, nos recuerda Galeano, es un producto muy barato.
El cuento es interesante y viene al caso por dos razones: Primero, porque demuestra una estrategia frecuente de relaciones públicas – buscar una causa simpática y “auspiciarla”, movida especialmente efectiva si el recipiente de la generosidad se encuentra en crisis fiscal (nuestro caso, justamente); segundo, porque con frecuencia estas aparatas (me refiero a las compañías como Lockheed y Chevron) eligen como “causa simpática” precisamente lo mismo que con su otra mano (con su mano dominante) destruyen. Así, Chevron elige una causa ambiental, y Lockheed opta por auspiciar la “ética” y la “paz”.
¿Seremos nosotros, los académicos, los colegiales, las maripositas (verdes) del Lockheed Martin?
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Printpicada de ojos: “desarrollo económico” para Puerto Rico
Me dice el Nuevo Día que “el secretario del Departamento del Trabajo, Miguel Romero, anunció hoy la creación de 1,040 empleos, mediante un contrato con Walmart.”
Aparentemente se supone que se trate de una buena noticia. Que me alegre. Porque resulta que, según me indica el titular, esto implica un “anuncio” de “puestos de trabajo para cesanteados.”
Primera Hora me confirma que en efecto, la intención va por ahí, y cita a Romero:
Tal vez en efecto sea buena la noticia. Después de todo, los únicos empleos anunciados después de la botada masiva de empleados gubernamentales en Puerto Rico eran en la industria de la construcción, haciendo que muchos se preguntaran cómo exactamente absorbería esa industria al personal cesanteado de tipo gerencial, secretarial y burocrático.
¡Walmart al rescate! Ahora los cesanteados podrán trabajar cobrando nada menos que hasta diez o quince centavos por encima del salario mínimo por hora en las tiendas Sam’s, Walmart, y Amigo, que continúan, indica la noticia, “creciendo”, y que por lo tanto absorberán a 1,040 desempleados, 60% de ellos a tiempo completo, el resto a tiempo parcial. Todo eso por la bagatela de tres millones de pesos de “subsidio” de WIA.
Tres millones de subsidio..añádale el subsidio menos visible, o mencionado, del seguro médico y otros beneficios que el estado tendrá que seguir pagando, por lo menos para el 40% que se queda part-time…Buen negocio, éste. No para el empleado, que de seguro trabajará mucho, cobrará poco, tendrá pocos o ningún beneficio y no podrá unionarse nunca, (cortesía del exitoso “modelo Walmart”) sino para la corporación, que de alguna manera ha logrado que le subsidiasen empleos que evidentemente tenía intención de crear al invertir en la construcción de las nuevas tiendas.
Puerto Rico, el paraíso: Donde la gente compra mucho y compra en Walmart porque es barato y los chavos están escasos, donde hay mucho desempleado dispuesto a trabajar treinta horas semanales en horarios impredecibles y sin beneficios y aceptar que eso se defina como un “part-time”, donde se pagan pocos impuestos y se repatrian muchas ganancias, y donde para completar, te subsidian los salarios, ya bajos de por sí.
Walmart, la compañía: La del ingreso bruto que supera al de algunos países; la que enfrenta uno de los mayores pleitos de clase en Estados Unidos, por discriminación salarial; la que se ha hecho famosa por despedir empleados de manera preventiva, para evitar uniones; la que si fuese un país, sería el número siete en relaciones comerciales con China, de donde obtiene muchos de los productos que vende; la que ha generado resistencia y, más tarde, resentimiento, por sacar pequeños negocios (sí, esos que al final del día empujan más la economía local, pagan impuestos y reinvierten en el país) que no pudieron competir con los bajos precios que los bajos salarios, tanto en la tienda como en las fábricas de donde obtienen sus productos, permiten ofrecer. Walmart, nuestro socio, nuestro “partner” para el desarrollo económico.Cuatro de los diez estadounidenses más ricos son de la familia Walton, la familia que todavía es dueña de 40% de las acciones de la compañía.
Hace algún tiempo comentaristas auto-identificados como “de clase media” tronaban en facebook y subtitulaban la prensa en línea contra las “guimas” y “los manteníos” “de caserío” porque recibirían una tarifa fija de luz.
¿Y contra las corporaciones mantenías, quién truena?
Printpicada de ojos: nuestros ‘compassionate conservatives’
Pensé esperar, y escribir sobre esto luego, porque el evento que estoy a punto de contarles significa mucho más de lo que en justicia puedo esbozar aquí, ahora, en el blog. Pero es verdaderamente una picada de ojos. No debería sorprenderme, supongo…pero me sorprende. De hecho me pasma un poco.
Aquí va la noticia, que estoy viendo en el periódico Primera Hora, versión en línea: La senadora Lornna Soto (parecería haber ahí una ‘n’ de más, pero la estoy copiando verbatim) tuvo la genial idea (y ya sabemos que estos señores del Capitolio inmediatamente que paren las geniales ideas las convierten en proyecto de ley) de legislar diciendo que los familiares de los desamparados (léase gente sin techo, sin servicios básicos, sin alimentos) atendidos por entidades sin fines de lucro, deben pagar por los servicios que estos desamparados reciben.
Libertarianismo vulgar, leí el otro día que alguien bautizaba este tipo de cosa, refiriéndose a las ideas y políticas que se recuestan del principio de que cada quien es individualmente responsable por su estatus, que el estado no es reponsable por los ciudadanos que “pierdan la guagua” del libre mercado y de sus oportunidades, y que inevitablemente suele redundar en una división en donde “The good guys…are the rich and powerful, [and)...[t]he bad guys are the consumer and the worker, acting to enrich themselves from the public treasury.” [los buenos son los ricos, los poderosos, y los malos son el consumidor y el trabajador, acusados de enriquecerse a costa del erario público.]
Es la misma postura que le permite a los legisladores criticar a “los revoltosos” que se fueron de tiendas a dar y recibir empujones en el viernes negro, sin criticar al mercado que construye el fenómeno del viernes negro to begin with. Porque son las tiendas, no los consumidores, las que optan por producir “especiales” de corta duración en la madrugada del último viernes de noviembre. Es a las mega tiendas a las que beneficia ese “caos”, no a los consumidores, que generan un ahorro dudoso y muchos dolores de cabeza. [Hoy en el programa de radio hablamos bastante sobre el Viernes Negro. El podcast estará disponible mañana aquí en el blog].
La senadora Soto quiere que sean los familiares los que paguen por los ya exiguos servicios a los que los ciudadanos más marginados,más desamparados, más lejos de la guagua del estado y de la bonanza que espera a las APP y de la dignidad básica (muy, muy básica: techo, comida caliente) que todos merecemos, reciben. Para colmo, el proyecto de marras parece implicar que organizaciones ya cargadas de un trabajo que el estado no se resigna a hacer y el cual ha delegado en la caridad del prójimo, tienen también que ponerse a facturar. No debe extrañarnos que la Fondita de Jesús, con mucha razón, se oponga al proyecto.
Las familias de los desamparados son, con mucha frecuencia, muy pobres. ¿Merecen la factura? ¿Pueden pagarla?
Si no podemos esperar del estado la protección más básica, el plato de comida cuando hambrientos y más en el fondo estamos, ¿de qué estado estamos hablando exactamente? ¿De qué democracia?
picada de ojos: Fortuño vs. Obama, 2012

La versión en línea del Primera Hora de ayer miércoles cita una noticia de Prensa Asociada que a su vez hace referencia a una columna de Newsweek que, dice el PH, menciona a Fortuño como posible compañero de papeleta de Palin. Cuando se me pasó un poco el susto, busqué la columna original de Andrew Romano en newsweek.com. Parece, en primer lugar, que en la cadena formada por Newsweek, AP y PH pasó un poco como en ese juego de niños donde alguien dice un mensaje al principio de la fila, se lo pasan de oreja a oreja y al final llega convertido en otra cosa. Porque la columna original, titulada Absurdly Premature 2012 Watch…the Governor or Puerto Rico…for President? de lo que habla es de Fortuño como posible candidato (sin la Palin) a la presidencia.
Ahí me volvió el sobresalto. Pero yo soy de esos desafortunados seres que cuando más se asustan es cuando más tienen que mirar – de los que por ejemplo, tienen que examinar la aguja, con los ojos bien abiertos, mientras les sacan la sangre en el laboratorio clínico. De modo que seguí leyendo. Y escribiendo esto, para compartir con ustedes mi alarma así, en “real time”. La columna de Romano, que empieza por reconocer abiertamente y desde el título mismo lo absurdo que resulta discutir candidaturas republicanas con tres años de anticipación, relata lo que constituye, fundamentalmente, un chisme interesantísimo, un faranduleo político encantador. El hombre divide a los posibles candidatos a presidente en cuatro categorías – los evidentes (gente como Romney y Huckabee), los “wild cards”, como Palin o Gingrich, los “long shots” (republicanos prominentes que podrían correr, si quisieran), y…Fortuño.
¿Por qué Fortuño? Porque se lo mencionó personalmente al autor, como posible candidato, un personaje de nombre Grover Norquist, muy mentado e influyente en círculos republicanos, que entiende que Fortuño podría surgir rápidamente como un candidato nacional viable, y que ha logrado cosas “impresionantes” en Puerto Rico:
“He could pop up on the national level like that,” said Norquist, snapping his fingers. “I’m very impressed with both his presentation and what he’s accomplished so far.”
¿Quién es este señor Norquist? Es un republicano firmemente ubicado a la derecha de la derecha, emisor de la famosa cita “Yo no quiero abolir el gobierno [federal]. Simplemente deseo reducirlo a un tamaño que pueda arrastrar hasta el baño y ahogar en la bañera. (“I don’t want to abolish the government. I simply want to reduce it to the size where I can drag it into the bathroom and drown it in the bathtub.”) Su causa más sonada ha sido la reducción del gobierno y de los impuestos utilizados para sostenerlo, y es el autor del libro Leave us alone: Getting the government’s hands off our money, our guns, and our lives.
¿Y por qué esta persona está “impresionada” con Fortuño? Porque, dice Romano en la columna, Fortuño ha logrado utilizar efectivamente el estímulo que resulta de las políticas de “big government” de Obama para hacer todo lo contrario – recortar la nómina gubernamental. También, dice Romano que le dijo Norquist, Fortuño aprovechará que tiene una “legislatura republicana” (ejem…reality check para la mayoría de los legisladores, que se pensaban demócratas) para pasar dos medidas más, al gusto de sus colegas en el continente: Un proyecto de “school choice” (léase privatización del sistema de educación público) y otro de “reducción del tope de impuestos” a los que más ingresos generan.
El autor de la columna deja claramente establecido que la idea de Fortuño como candidato es lo suficientemente remota como para salirse incluso de la categoría de “long shot”. Pero una cosa es clara: Las políticas públicas y las ideologías que aquí están haciendo a Fortuño cada vez menos re-elegible en unas elecciones boricuas son dulce carnada para la extrema derecha norteamericana, que ha demostrado ser capaz de aceptar como parte del club a políticos minoritiarios ultra-conservadores (¿se acuerdan de Condoleeza Rice? ¿y de Alberto González?) y que necesita caras nuevas y jóvenes con bocas que emitan mucho la palabra “cambio”.
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